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Resumen

UN LUGAR EN LA CUMBRE

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Echo un ojo a las novedades literarias que vienen después de la vorágine navideña y me encuentro con que Impedimenta, esa editorial indie entre las indies, acaba de editar la novela de John Braine Un lugar en la cumbre. Qué noticia tan estupenda, ya se me hacen los dedos huéspedes esperando tenerla en mis manos y revivir las sensaciones que disfruté cuando vi la peli en la que está basada.

Un lugar en la cumbre (la peli) es una de las mejores obras de Jack Clayton, un director inglés que sólo firmó como realizador diez películas entre 1944 y 1992, pero entre ellas estaban, además de Un lugar en la cumbre, El gran Gatsby y una adaptación de Otra vuelta de tuerca, de Henry James, que él tituló The Innocents. Las tres, adaptaciones literarias. ¿Casualidad?

Le tengo cariño a esa peli porque la primera vez que la vi, en Madrid, sólo entendí un 75 por ciento o así. La pasaban en la filmoteca, en la sala grande del cine Doré, que tenía un sistema de subtitulado electrónico horroroso. Ese día tenía un poco de conjuntivitis y no pude ponerme las lentillas (sí, soy medio ciego, un cuatro ojos salvado por la tecnología de las lentes de contacto, alabada sea), y como la amiga que me acompañaba llegó tarde, no pudimos pillar asiento delante y nos tuvimos que meter en la última fila. Vamos, que no veía una mierda. Los personajes y lo esencial de las escenas sí, sin problemas, pero de los subtítulos, ni hostias, ni media letra. Así que puse oído, me concentré mucho y descubrí que lo entendía todo mucho mejor de lo que pensaba. Supongo que la vocalización high class de los personajes burgueses ayudó lo suyo, pero mi ego salió muy reforzado, no sabía que comprendía el inglés tan bien, fue un descubrimiento. Volví a ver la peli a la semana siguiente en otro pase y comprobé que no me había perdido nada sustancial.

Anécdotas estúpidas al margen, el caso es que Un lugar en la cumbre me enseñó el gusto por lo inglés, por su elegancia cínica cuando se ponen a narrar, por su capacidad de pasar de la melancolía a la carcajada sin transición, por la forma en la que tensan la cuerda, por cómo saben moverse por los barrancos sinuosos del melodrama sin caer casi nunca en lo cursi. Por lo bien que cuentan lo que cuentan.

Al resto de naciones no nos sale igual. Hay dos clases de escritores: los ingleses y el resto. Algunos americanos que han recibido una educación protobritánica en la Costa Este se parecen, pero no del todo, no terminan de cogerle el tono. Sí, Henry James y Poe podrían pasar por británicos, pero siempre les acaba saliendo una debilidad honesta o de integridad moral que un inglés no dejaría que asomase. Para ser un escritor inglés hay que haber nacido, al menos, en la Commonwealth.

No basta con empaparse de Oscar Wilde, Evelyn Waugh, Charles Dickens, Robert Louis Stevenson y Somerset Maughan (sí, ya sé que en esta lista hay también irlandeses y escoceses, pero como están muertos no pueden impedirme que les ponga la etiqueta de inglés, gentilicio que me introducirían por el recto si me leyeran). Puedes esforzarte mucho, ver miles de obras de teatro en Londres, salir de caza con el Príncipe de Gales, practicar el idioma hasta tener el acento de un docorando de Oxford, coger una cirrosis rebañando pintas en los pubs de Westminster y tragarte un período de sesiones entero en la Cámara de los Lores, y aun así, aunque tú creas que ya le has cogido el punto, no escribirás como un escritor inglés.

Supongo que tiene que ver con la falta de melanina, con una dieta de gachas pobre en vitaminas y rica en... ¿mierda? Habrá que respirar esa atmósfera húmeda desde niño, habrá que crecer con un fantasma en el ático, tendrás que haber sido educado en el desprecio hacia el sistema métrico decimal y en la glorificación de un rey que decapitaba a sus esposas. Son tantas cosas que lo hacen inimitable: para escribir como un inglés hay que ser un inglés. No hace falta haber nacido en Francia para ser un escritor francés (miren a Cortázar), ni haber nacido en Estados Unidos para ser un escritor norteamericano (miren a Carlos Fuentes), ni haber nacido en Argentina para ser un escritor argentino (miren a Vila-Matas), pero no hay escritores ingleses que no hayan nacido en las islas.

Bueno, quizá haya uno, la excepción que confirma la regla: Jorge Luis Borges.

Pero él lo tenía fácil, pues era medio inglés y fue educado como tal en un país que estuvo a punto de ser colonia inglesa.

Un lugar en la cumbre me abrió las puertas al universo cínico, amoral, contradictorio y clasista de la literatura inglesa contemporánea. Me ayudó a comprender las claves de ese mundo y me enseñó a quererlo.

En Malas influencias, el libro que saco en febrero, intento escribir como un escritor inglés en un par de relatos. Por supuesto, no me sale, pero me divertí mucho fingiendo ser lo que no soy. Para eso está la literatura, ¿no?

Y ahora, si me disculpan, me voy a preparar un dry martini al estilo de Winston Churchill.

Foto: Jack Clayton.

03/01/2009 00:05 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

COTILLEO LITERARIO

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Uno de los géneros periodísticos más curiosos es el del cotilleo literario. O la crónica social literaria, si quieren ponerlo en fino. En realidad, es un género antiperiodístico, porque si el periodismo tiende a la explicación y a la divulgación, el cotilleo literario es reconcentrado, críptico y viene redactado en clave. Sólo unos pocos elegidos manejan el código para descifrar los artículos y saber de qué demonios están hablando.

Algunos cotillas literarios oficiales de esta España nuestra actual: Juan Palomo en su sección La Papelera de El Cultural de El Mundo y Juancho Armas Marcelo en su paginita de los sábados en ABC Cultural son los profesionales más especializados del género, dedicados en cuerpo y alma a él. Lo cultivan con muchísima frecuencia, hasta el punto de haber creado escuela, Javier Rioyo y Juan Cruz. Y Elvira Lindo hace incursiones guerrilleras en él. En Aragón, maestros hay que podrían ejercer, pero son bastante discretos y no cultivan el cotilleo en la prensa de aquí (sospecho que se debe, además de a una escasa predisposición a los bulos y chascarrillos, a que las cuatro capillitas literarias que hormiguean en redacciones, universidades y diputaciones oregonesas no dan para grandes chismes). Favor que nos hacen.

La verdad es que es un lujazo el cotilleo literario: no se exige rigor ni contraste de las afirmaciones. Vale con un "me ha dicho un pajarito que...". Despachas filias y fobias a gusto, aparentas saber más de lo que sabes y lanzas pullazos que sólo entiende el agredido y cuatro tipos más. No hay profano que se aclare. Si no has estado en tal presentación de tal libro y no has escuchado a un tal Fulano decir tal cosa de Zutano, el artículo es un galimatías.

Armas Marcelo, por ejemplo, amenazaba este sábado con tirar de la manta y largar miserias de "cierta escritora catalana" que, a su vez, había amenazado con escribir un libro en el que iba a contar miserias de Armas Marcelo y de amigos suyos (o eso creí entender) y en el que iba a poner de vuelta y media a los literatos y editores de Madrid. Pim-pam-pum. Hostia va, hostia viene. A mí no me importa que se peleen. Soy humano, tengo un sano y afinado mecanismo del morbo siempre alerta, y me gusta ver a dos ególatras zurrarse en la plaza pública como el que más, pero sin nombres propios, la cosa pierde toda su gracia.

Porque lo que distingue este cotilleo literario del cotilleo a secas es que en aquel se omiten los nombres. Todo son referencias vagas, todo son "distinguidos editores barceloneses", "ese narrador que organiza fiestas en la Sierra" o "aquella chica que bebió ginebra de un zapato la noche que le dieron el Planeta". Son mensajitos privados, puñaladas muy poco elegantes y escritas con mucha menos elegancia si cabe. Menos mal que yo tengo mis topos en ese mundillo de víboras, y cuando veo que empiezan a repartir estopa, les pregunto de quién cojones están hablando, quién es el infortunado que recibe los mandobles. Ellos me dan enseguida los nombres, y me aportan dos o tres detallitos más, pero lo tienen fácil porque están en el ajo. Los demás, mejor que pasemos página.

Yo reclamo combates a cara descubierta, que hagan crónicas con todas las de la ley, con sus nombres propios escritos con todas sus letras, sin iniciales ni seudónimos ni motes. Queremos ver cómo se arrojan premios Cervantes unos a otros, cómo instalan piezas artilleras que disparan tochos de Javier Marías como munición, cómo se retan a duelo al amanecer y con público. Y si no, que se ahorren los articulillos, o que se los envíen por mail a los interesados.

Ah, y si triunfa la costumbre de que los escritores se calienten la cara, abro una web de apuestas y pongo mil euros a favor de Elvira Lindo, que aunque ahora sea una señorita de Sexo en Nueva York, se crió en Carabanchel y sabrá clavarle a su oponente en los ojos los tacones de sus manolos. Por Pérez-Reverte, en cambio, no daría un duro. Perro ladrador, poco mordedor. Seguro que se cae al suelo al primer hostiazo.

Foto: este señor es Rafael Cansinos Assens, pionero del cotilleo literario en España en los años 20, hasta el punto de que su mejor libro es la biblia del cotilleo literario: La novela de un literato, uno de los tochos de memorias más amenos que me he echado a mis maltrechos ojos.

04/01/2009 23:41 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 8 comentarios.

QUESO Y CERVEZA

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Hay dos etimologías alimenticias que me resultan de lo más sugerentes, que hablan del trasiego de los pueblos de Europa, de esa cultura milenaria que une a los moradores de este continente más allá de guerras y fronteras. Son dos productos primigenios, básicos, fundacionales de la sociedad, que han evolucionado hasta formas complejísimas, del mismo modo que los poblados del neolítico se han convertido en ciudades con rascacielos. Son el queso y la cerveza.

El queso es una de las constantes de todas las culturas del planeta, porque da respuesta a la necesidad que tenemos los humanos de conservar un producto muy perecedero: la leche. Depurando las técnicas de cuajado y curado, nuestros tatatatatatatarabuelos descubrieron que se podía elaborar un producto delicioso y muy nutritivo, que admite infinidad de formas de preparación, modalidades, texturas y sabores. Algo parecido sucedió con la cerveza: las técnicas de conservación del cereal propiciaron el descubrimiento de la fermentación en agua, del que resultaba un brebaje rico "que ponía contenta a la gente", según decía una tablilla babilónica. Hay centenares de cervezas distintas, y en más de un 99% son originarias de Europa (en el siglo XX se han desarrollado estilos propios de Estados Unidos y Japón, pero los clásicos son europeos).

Hay miles de variantes regionales y locales de cerveza y queso en todo el continente, pero de los Urales a Irlanda y de Dinamarca a Gibraltar, los europeos sólo sabemos decir queso y cerveza de dos formas distintas.

Los castellanos, alemanes, ingleses, portugueses y holandeses usan la palabra latina ’caesus’ para decir queso (evolucionada a kässe en alemán, cheese en inglés, queijo en portugués y kaas en holandés). Los catalanes, italianos y franceses usan otra fórmula latina, ’formaticum’, que los filólogos dicen que denominaba al molde con el que los romanos fabricaban el queso (evolucionada a formatge en catalán, fromaggio en italiano y fromage en francés). Miles de quesos, solo dos formas de referirse a ellos.

Con la cerveza ocurre algo muy parecido. Los habitantes de la Península Ibérica utilizamos una palabra derivada de la diosa romana Ceres (cerveza en castellano, cerveja en portugués y cervesa en catalán). En el resto de Europa se emplea una palabra de origen galo (bière en francés, beer en inglés, bier en alemán y en otras lenguas germánicas como el holandés y birra en italiano). En realidad, en castellano se usa también coloquialmente la fórmula gala de birra. En francés también existe la forma cervoise, pero está en desuso y sólo la emplean los pedantes. Por lo visto, en uno de los dialectos del romanche suizo también se dice gervosa, algunos especulan que debido a una difusa e indemostrada influencia ibérica.

Pero la etimología cervecera tiene una vuelta de tuerca más que la del queso. Uno de los estilos clásicos de cerveza, originario de las Islas Británicas, es el estilo ale. De hecho, en el Reino Unido y en Irlanda, la palabra ale se emplea a menudo como sinónimo de cerveza, tomando la parte por el todo. Da la casualidad de que ale es una palabra muy antigua de origen nórdico que viene del noruego øl, que en las lenguas nórdicas significa cerveza.

Son todas palabras muy antiguas, que varían muy poco de unos países a otros, y eso es porque se refieren a dos elementos fundamentales -y fundacionales- de nuestra cultura. Son palabras que tienen sabor, que concentran en sus sílabas siglos de placer y sabiduría compartida, que resumen una forma de gozar del mundo que nuestros antepasados nos han legado y que nosotros no sólo hemos preservado, sino que hemos ido mejorando generación tras generación.

Cuando en la Unión Europea hablan del acervo comunitario, ¿incluirán el queso y la cerveza en él?

Por cierto, que el único lugar de Europa donde se marida a la perfección estos dos productos es Bélgica, donde es costumbre beber cada cerveza acompañada por un queso especialmente elaborado para ella.

AGUSTINA JOLIE (O LARA CROFT DE ARAGÓN)

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Hoy he publicado esta noticieta, que podéis leer en heraldo.es pinchando aquí para ver más fotos y comentarios, y que también os pego aquí. Hasta este momento es la cuarta información más leída en la web de Heraldo y la segunda más enviada.

 

 

Una Agustina erótica y violenta, en un cómic y en un posible filme

Una productora finlandesa busca financiación internacional para rodar en Argentina una película sobre la heroína de los Sitios, basada en un tebeo escrito y dibujado por dos publicitarios zaragozanos.

SERGIO DEL MOLINO. Zaragoza
Tras el fiasco de ’¡Independencia!’, la adaptación de la novela de José Luis Corral que iba a rodarse en Zaragoza, la gran película sobre los Sitios podría hacerse realidad en 2010. La productora finlandesa Iron Sky, especializada en coproducciones internacionales, está buscando inversores y patrocinadores en Europa, Estados Unidos y América Latina para rodar ’Agustina’, un largometraje basado en un tebeo homónimo que se presentó en el último Salón del Cómic de Zaragoza y se va a publicar a finales de febrero.

Alguien de la productora ha filtrado en foros de Internet -una práctica cada vez más común en la industria del cine- que la joven actriz inglesa (pero hija de españoles) Natalia Tena es una de las candidatas que se han tanteado para el papel de Agustina. Tena es famosa por interpretar a Nymphadora Tonks en la saga de Harry Potter. De momento, son rumores, nadie confirma ni desmiente nada, pero aseguran que hay gente interesada en financiar la cinta, que se rodaría en Mendoza (Argentina), en localizaciones que ya se han buscado.

Olvídense de la imagen clásica de la heroína transmitida por el monumento de Querol de la plaza de los Sitios o por las películas de los años 40 y 50. Esta Agustina está directamente emparentada con la neumática Lara Croft de ’Tomb Rider’ -que encarnó Angelina Jolie-, viste ligera de ropa, es valiente, desinhibida y seductora. En su historia hay sexo y violencia en dosis generosas, y la sangre y los desnudos salpican por igual las viñetas (y, previsiblemente, las secuencias de la futura película).

"Hemos construido una Agustina muy cañera, una heroína de cómic con todas las letras", dice el zaragozano Fernando Monzón, guionista del cómic y artífice de todo el proyecto. Los dibujos son del también zaragozano Enrique Mendoza. Ambos son publicitarios y trabajan en la agencia 3 Lemon, con sede en la capital aragonesa.

Monzón, además, es hermano de Óscar Monzón, que, como infografista y animador, es uno de los miembros destacados de la empresa Next Limit, que el año pasado ganó un Óscar técnico por desarrollar una tecnología para efectos especiales y animación. Como agencia, 3 Lemon tiene de clientes a Filmax y a otras empresas del mundo del cine. A algunas les han presentado ya el proyecto, en el que llevan trabajando desde 2006, y están dispuestas a invertir.

Cambiar enfoques


"Hemos hecho el cómic para que el guión se ciña a la historia y el proyecto esté cerrado -explica Monzón-, para que luego no nos quiten ni nos pongan personajes o nos cambien los enfoques".

Porque los autores tienen muy clara la historia, que arranca con el famoso cañonazo. "Pero es un episodio casi anecdótico -matiza-. Más que el disparo, subrayamos la mirada de Agustina para dejar claro que nos importa el personaje. A partir de ahí, nos centramos en su personalidad, en sus emociones, en su lado más íntimo y en los conflictos que tuvo con la parte más conservadora de la sociedad. Nuestro modelo es la Agustina que idealizó Lord Byron, una heroína que no gustaba a la Iglesia católica, una mujer demasiado desinhibida a la que acusaron de bígama y a la que negaron los honores militares que le correspondían".

Padrinos, a priori, no le faltan. A ver si no se frustra, como la malograda ’¡Independencia!’.
08/01/2009 13:03 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Arte Hay 2 comentarios.

TRANSCRIPCIONES

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Ha nevado. Poco, no ha cuajado, pero hace un frío del recopón. Yo me aseguro de que la calefacción está a tope y aprovecho la mañana de fiesta que tengo para terminarme una novela de Edmundo Paz Soldán.

Mientras, Barajas se colapsa, los pueblos se quedan aislados, la gente se agarra un cabreo de tres pares de cojones. Y yo leo en el sillón.

Mientras, en Gaza sigue la matanza y Putin deja sin calefacción a media Europa del Este. Y yo leo en el sillón.

¿Egoísmo? Por supuesto, idéntico al tuyo. No sé qué decir de Gaza, no sé qué decir de Putin. Hay verbos que se crecen con la rabia. El mío se achica. Cualquier cosa que diga sonará banal, innecesaria, oportunista, facilona, inútil. Iré a la manifestación contra la guerra, como fui a las de 2003, pero ahora sólo aspiro a leer en el sillón. Quiero que mi banalidad, oportunismo, facilonería e inutilidad se queden en mi mundo banal, oportunista, facilón e inútil, que se concentra en mi hueco en el sillón, en la ventana a través de la que veo caer la nieve y desde la que he hecho esta foto moteada de copos.

Acabo de leer Río fugitivo, una de las primeras novelas de Edmundo Paz Soldán, que ha reeditado en España ese editor de lance que es Luis Solano, el baranda de Libros del Asteroide. Paz Soldán es la gran esperanza blanca literaria de un país, Bolivia, que no ha dado grandes nombres a las letras latinoamericanas, y Río fugitivo, que es lo primero que he leído de él, me ha parecido una novela interesante y, a la vez, muy imperfecta. Y muy interesante en sus imperfecciones también, porque apuntan una gran ambición literaria y un talento desesperado por probar sus límites y forzarlos. Pero esto lo tengo que confirmar con la lectura de otros libros suyos.

Río fugitivo es la reescritura actualizada de La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa. Las dos son novelas iniciáticas, las dos pretenden ser corales (pero sólo una lo consigue), las dos se desarrollan en un colegio masculino elitista, las dos tienen un trasfondo autobiográfico, las dos pretenden apuntalar una reflexión muy vasta y muy politizada sobre las contradicciones de la sociedad latinoamericana y en las dos hay un crimen que puede ser también un simple accidente. Hay muchas más similitudes, pero esas son las básicas.

Se diferencian en que Vargas Llosa emociona más, escribe mejor, es menos sentimental con sus personajes y sabe darles una voz más profunda y propia. Pero, pese a todo, el experimento de Paz Soldán es muy loable, y como lector, gratificante: porque es honesto, es arriesgado y es ambicioso, y esas tres virtudes compensan todas las demás faltas, que tampoco son tantas.

Río fugitivo es Cochabamba, una ciudad de provincias en la Bolivia de los años 80 contada por un narrador en el último año de bachillerato en el Don Bosco, el colegio de las élites de la ciudad, donde no hay cholos (que es como los blancos se refieren despectivamente a los que tienen rasgos indígenas).

En la contraportada, el editor ha pegado un fragmento de una reseña del escritor José María Merino que dice así: "Novela coral que expone con verosimilitud ciertos comportamientos colectivos y motivaciones de los personajes pertenecientes en su mayoría a la alta burguesía de su país".

Esta frase ilustra muy bien hasta qué punto la crítica literaria se hace ensartando tópicos y frases huecas como chorizos. A veces, me da la impresión de que los reseñistas ni siquiera se molestan en releer las frases que escriben.

Pues siento contradecir a todo un académico de la RAE, pero Río fugitivo no es una novela coral. Su modelo, La ciudad y los perros, sí, pero el relato de Paz Soldán está contado en primera persona y tiene un protagonista que sobresale muy por encima de los demás, que actúan de secundarios. De coral, nada, es una novela de personaje, una novela iniciática de las clásicas.

También dice que "expone con verosimilitud ciertos comportamientos...". Pues me va a disculpar de nuevo, señor Merino, pero a no ser que usted haya vivido en Cochabamba en la primera mitad de los años 80 y frecuentado a los miembros de la alta burguesía de esa ciudad, ¿qué cojones sabrá si Paz Soldán "expone con verosimilitud" esos comportamientos? Si me habla de verosimilitud narrativa, estoy de acuerdo, es una narración redonda, pero no tengo ni idea de si esos niños bien blanquitos se parecen en algo a los niños bien blanquitos de Cochabamba. Me tendré que fiar de lo que me diga Paz Soldán y encogerme de hombros.

Se leen con demasiada frecuencia tonterías de ese calibre: "Qué bien refleja la España del siglo XVII". ¿Y usted qué sabe? ¿Ha viajado en el tiempo?

A mi me importan tres pimientos bolivianos que la Cochabamba de Río fugitivo se parezca o no a la Cochabamba que espero visitar como turista algún día. Lo que me importa es que me creo a los personajes que la pueblan, que empatizo con sus sentimientos, que me conmueven sus miedos, que me reconozco en sus palabras y en sus actos. Ahí está la verosimilitud, ahí está la fuerza de la novela.

Y si me reconozco es porque la vida imita al arte. Paz Soldán ha metido su vida y sus recuerdos en el molde de La ciudad y los perros de Vargas Llosa, y decidió meterla porque en La ciudad y los perros no vio Perú, no vio el barrio de Miraflores de Lima, no vio los años 40, sino que se vio a sí mismo cuando era adolescente, entendió lo universal del libro. Entendió que Vargas Llosas no estaba retratando un lugar ni una época, sino que hablaba de la condición humana y del doloroso descubrimiento del mundo.

En términos musicales, el verbo transcribir define el proceso de adaptación de una partitura escrita originariamente para un instrumento para que se pueda tocar en otro. No todas las partituras se pueden transcribir a instrumentos distintos a los que se han concebido, pero Paz Soldán ha demostrado que la partitura que Vargas Llosa compuso para la Lima de los años 40 vale perfectamente para la Cochabamba de los 80. Y seguro que vale también para la Zaragoza de 2009, para el Hong Kong de los años 50 o para la isla de Tasmania del año 2078.

¿A que parece obvio? Pues hay críticos que no se enteran.

09/01/2009 17:46 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

EN EL CALDO Y EN LAS TAJADAS

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¿Conocen ustedes a esos tipos que siempre quieren contentar a todo el mundo, que ríen todos los chistes, hasta los de su suegro, que nunca están a mal con nadie y que defienden por encima de todas las cosas la máxima de tener amigos hasta en el infierno? Esos vendedores de enciclopedias, esos eternos adolescentes que buscan desesperadamente la aprobación del prójimo, que amoldan su armario a los gustos de la pandilla, y que siempre están dispuestos a corroborar las afirmaciones y opiniones de todo quisqui. Seguro que conocen a alguien así, que lo mismo encaja en una misa adventista que en un grupo de nu metal kropotkiniano. Esos que no se cambian de chaqueta, sino que directamente hacen ilusionismo con ella.

La cuestión es sentir la aprobación general, molarle a todo el mundo.

Son gente que vive en una angustia permanente: de tanto retorcerse para amoldarse a los gustos ajenos, pueden acabar rompiéndose. Llega un día en el que te pescan, una noche en la que tu compañera de la congregación adventista entra por casualidad en un bar heavy y te pilla maquillado y con tachuelas tocando en plan air guitar un tema satánico de Slayer. Y entonces, lo único que te puede salvar es que tanto tu compañera de la congregación adventista como tus colegas adoradores de Satán sean lo suficientemente gilipollas como para tragarse las excusas que balbucearás.

A Zapatero le ha pasado. Este domingo le han pillado in fraganti. Pero, por suerte, su parroquia tiene la gilipollez muy desarrollada, y se ha tragado su "no es lo que parece". Item más: eran tan gilipollas que Zapatero ni siquiera ha tenido que esforzarse en inventarse una excusa, pues nadie se la ha pedido.

El PSOE, partido del que Zapatero es secretario general, estaba entre los convocantes de la marcha para protestar contra la invasión de Gaza. Y ese mismo Zapatero ha estado fumando puros metafóricos y dándose palmetazos en el lomo con los que mandan los tanques y los aviones sobre Gaza. ¿Se puede coleguear al mismo tiempo con los invasores y con los que protestan contra la invasión? Sí, se puede.

Sí, es cierto, ayer mismo, Zapatero pidió a Israel un alto el fuego. Y después, mandó a su partido a la mani. Superbien. Superguay que te cagas, tío. Qué firmeza la tuya.

Hablando en plata: ¿cómo tiene el PSOE los santos testículos de convocar una manifestación contra una invasión mientras el gobierno -que, que yo sepa, depende del PSOE y está presidido por su secretario general- no hace nada por frenar esa invasión? Esta manifestación contra la guerra debería ser también una manifestación contra el gobierno, contra un gobierno que no ha movido un dedo, más allá de una bravuconada retórica sin efecto político alguno, para que Israel se retire de la franja. Esta manifestación tendría que haber servido para exigir al gobierno que llame a consultas a su embajador en Tel Aviv, que retire las credenciales al embajador israelí en Madrid, que corte las relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, que promueva un bloqueo comercial en la UE, que promueva una declaración de condena en la ONU, que promueva el envío de una fuerza de paz como se han enviado a otros sitios. Por ejemplo, entre otras muchas cosas que se me ocurren que puede emprender la maquinaria de un Estado poderoso e influyente.

Repito: ¿qué coño hacía el PSOE manifestándose? ¿Protestan contra su propia pacatería, contra su propia parálisis, contra su propia cobardía? Si el PSOE quiere de verdad parar la invasión, que utilice todos los mecanismos diplomáticos y económicos del Estado que administra. Que demuestre la influencia que dice tener en el mundo. ¿O me van a decir que un gobierno que perdió el culo por sentarlo en una mesa de mandamases en Washington para mariposear sobre la crisis financiera no es capaz de hacer nada por Gaza? ¿Me van a decir que la novena economía mundial, la que tiene cogida por los huevos a Latinoamérica, no puede hacer nada más por Gaza que enviarles una caja de tiritas, un par de cartones de leche y unas bolsas de las que usa el SAMUR para llevarse a los fiambres?

Por supuesto, estas reflexiones no se han formulado en la manifestación. Porque el PSOE, entidad convocante, no va a decir tales cosas de sí mismo. Eso sí, para la foto, todos han salido muy guapos. Ana Belén, la que más. Bellísima, divina, radicalmente bella. Mirándola al frente de las masas, tan radiante ella, se me venía al hipotálamo esa gloriosa teta de Delacroix, pero no sé si la cirugía estética ha alicatado esa zona del cuerpo de la bella Ana Belén, así que mejor dejémosla tapada, no vayamos a maldecir a Newton y su ley de la gravedad.

Ay, José Luis, que te han visto el plumero. Y no contento con todo, le reprochas a Rajoy que no condene la invasión. Señor presidente: puedo ser muy ignorante, pero, que yo sepa, quien controla las embajadas y la política exterior de España es usted, no el PP ni Aznar ni nadie. Usted y el ministro y los embajadores que nombró. Pídase cuentas a usted mismo. No fuerce su suerte: esta vez se ha librado, pero hasta los más tontos de los tontos acaban por descubrir al farsante adulador. Y el día que eso pase, ni Carmen Machi ni Ana Belén podrán salvarle.

11/01/2009 23:25 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 9 comentarios.

INTELECTUALADAS

Sé que escribir cosas como las que colgué aquí ayer es diseminar material inflamable que te puede hacer pasar por lo que no eres. Claro que me ha asqueado ver en boca de individuos infectos las mismas opiniones que yo defiendo, pero no voy a dejar de hablar porque coincida o deje de coincidir con la tertulia de la sacristía.

Hoy la caverna le ha reprochado a Zapatero algunas de las cosas que yo también le reprochaba. Por el ala izquierda no escucho nada parecido, pero si yo fuera militante de Izquierda Unida me asquearía mucho compartir manifestación con el partido del gobierno. Cuestión de coherencia.

Quizá mis escrúpulos y mi falta de compromiso se deben a que no soy un intelectual como los que iban en la mani. Un intelectual como el de la canción de los Petersellers:


Como te reías en el cole, maricón,
porque yo leia Mortadelo y Filemón,
por tus reyes, El Quijote,
por tu cumple, Platón,
tus gafillas ajustadas a tu cara de melón.

Todo el puto día en tu agujero a devorar,
con tu musiquila celta y tu pipa pa fumar,
las peliculas de cine, en versión original,
infusiones orientales y verdura pa cenar.

Intelectual,
intelectual,
intelectual, cabrón.

Cambiaste al Che Guevara por Mandela y Lech Valesa,
el pañuelo palestino por la pajarita inglesa,
el Dos Caballos por la moto japonesa.
Jugando al diccionario eres el amo de la mesa.

Todos tus amigos leen los editoriales,
filólogos, expertos, ingenieros industriales,
¡amazonas para todos! ¡salvad a los animales!
Ballenas, focas, nutrias, ozono y osos polares.

Intelectual,
intelectual,
intelectual, cabrón.

Ah. intelectual, amigo mio. Tanto estudiar, tanto estudiar…¿para qué?
Sí, sí sabes mucho deeee otras cosas…
… pero de la noche, de las tías, de la vida, de la juerga…no sabes ¡nada de nada!

Por ejemplo, en tus fiestas… en tus fiestas ¡no hay tias!
Nunca hay whisky suficiente,
siempre te quedas sin hielo,
los sandwiches se te quedan duros.

¡Intelectual, nunca, nunca tenías que haber sido un puto hombre!

PS: Hablando de intelectualadas. Quizá estos días bloguee con algo de intermitencia y abandono, porque me han llegado las pruebas de Malas influencias y tengo que repasarlas bien palabra por palabra, ya que es la última revisión antes de la imprenta. He engañado a un fotógrafo muy molón para que me haga las fotos de la solapa y de promoción del libro. A ver si es verdad que a retratista bueno no hay retratado feo. Ya tenemos fecha y lugar para la presentación del libro en Zaragoza. La de Madrid está todavía por hablar. Se irá informando de todo a su debido tiempo. Cuando esté lista la portada, la colgaré para que la veais (si a mis editores no les importa, claro, que ya se sabe cómo son estos editores de raritos).

13/01/2009 00:59 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 3 comentarios.

LA BELLA ISABEAU

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Hace mucho que no hablo de cómic aquí, y qué mejor que un clasicote francés para retomar el hábito. Había manoseado ya Los pasajeros del viento, de Bourgeon (grande entre los grandes de la gran patria del cómic, Francia) en las tiendas de BD de muchas ciudades gabachas, pero nunca me había dado por comprármelo. Están traducidos al castellano, pero las ediciones están agotadísimas, así que debo agradecerle mucho muchísimo a Rondabandarra que me los haya dejado -en su original francés, como ha de ser- para que hoce con ellos en mi cochiquera.

Es la obra grande de Bourgeon, la que le descubrió como gran comiquero, y con la que deslumbró a todos hace treinta años en el Salón del Cómic de Angouleme. Y es normal, porque lo tiene todo: aventuras, trasfondo histórico (está ambientado a finales del XVIII, en el declinar del ancien régime), un dibujo detallista hasta el último botón, un guión que desarrolla a unos personajes turbios y llenos de oquedades, mamporros y espadazos, paisajes africanos y malos remalos.

Pero, sobre todo, tiene a Isabeau. Isabeau vestida de hombre con pantalón ceñido marcando culo. Isabeau con los ojos azules llenando la viñeta. Isabeau con un moño. Isabeau con la melena negra suelta y agitada. Isebeau en pelotas en el agua. Isabeau corriendo en pelotas. Isebeau corriendo en pelotas de espaldas. Isabeau en pelotas follando con Hoel. Isebeau con camisón empapado con el que se le transparentan las tetas. Esa es la especialidad de Bourgeon: los paños mojados. Como Fidias, el escultor griego. Sólo que para Bourgeon, los paños mojados no ocultan, sino que muestran.

Ese catálogo de planos de Isabeau debería bastar como reclamo erótico, pero es que además tenemos a una Isabeau adolescente enseñando a masturbarse a Agnés en un carruaje, y a Isabeau en pelotas compartiendo cama con Mary en pelotas, que es como Isabeau, pero en pelirroja e inglesa, en una insinuación poco sutil de la naturaleza de su amistad.

La ambigüedad sexual y la fogosidad desbordante de Isabeau son dos de los ejes de Los pasajeros del viento. No es un cómic erótico, pero cada página rezuma lubricidad. La mayor parte de la historia sucede a bordo de dos barcos, y Bourgeon hace que sientas transpirar a esa humanidad apelotonada en alta mar, esa masa de hormonas que se atraen y se repelen, que lo mismo se matan a cuchillazos que se follan desesperados. Qué calentón marinero. Qué salidos y qué furiosos están todos, y qué bien sabe contarlo y transmitirlo Bourgeon con ese dibujo tenso y académico al tiempo. A la vez nervioso y reposado en el detalle.

Mola un montón. Me gustaría ahondar más en el cómic, hacer una reseña con un poco de enjundia, pero no doy más de mí. Isabeau me ha alegrado una semana intensa. He tenido mucho trabajo en el periódico y he tenido que dedicar las noches a las correcciones de Malas influencias. Ya están terminadas. Alea iacta est. Lo reescribiría todo de nuevo, pero entiendo que alguna vez hay que dejar volar el libro. El momento es ahora.

16/01/2009 01:16 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cómic Hay 2 comentarios.

HOW ARE YOU DOING, AMIGO?

 

Venimos del concierto de Calexico cargados de espíritu fronterizo, de esa música de la raya, del lugar donde rompen dos mundos. Calexico es California y México, es ese trozo del desierto donde Estados Unidos se confunde con México, donde el folk recupera su razón de ser, donde las energías populares y las tradiciones enfrentadas durante siglos encuentran un acoplamiento sonoro que apunta directamente a la caja torácica de quien escucha.

De todas las fronteras, la de México y la de Estados Unidos es una de las que más nos concierne a los que vivimos en este país. Porque en ella chocan y se contaminan dos culturas que hemos mamado: el american way of life y el barroco mexicano. Dos mundos poderosos, dos culturas brutalmente dominadoras, la anglosajona protestante y la hispánica católica, convergen en Tijuana y San Diego. El choque tiene que ser brutal por fuerza: ahí se libra la batalla que no pudo presentar Felipe II con la Armada Invencible. Ahí no hay mar. Sobre el desierto, los dos mundos pueden colisionar con la violencia que tanto complace a ambos. Nosotros, hijos por igual de los cuadros del Bosco y de Cheers, no podemos quedarnos indiferentes ante ese espectáculo. A los españoles, la música de Calexico nos toca fibras muy hondas y muy bien afinadas.

Quizá la fusión de la cultura mexicana y la estadounidense empezó en la batalla de El Álamo, pero yo prefiero ver a Ambrose Bierce como el pionero de este mestizaje. El escritor que inspiró Gringo viejo a Carlos Fuentes salió de San Francisco en 1910 para unirse a la revolución de Pancho Villa y nunca más se supo de él. Se lo tragó el desierto.

La frontera como obsesión y como tema está en la Sed de mal de Orson Welles y en casi todas las películas de Sam Peckinpah (Calexico habría puesto una banda sonora espléndida a las pelis de Peckinpah). También está en Iñárritu y en la música de Abierto hasta el amanecer. La frontera es rock de largas notas y voces agudas.

La frontera es Roberto Bolaño. El mejor libro de la literatura de frontera escrito en español es 2666.

Para los americanos, el otro lado es el reverso tenebroso, el santuario de los fugitivos, el lupanar donde aparcar las inhibiciones y quemarse el hígado, el paraíso de las 72 vírgenes. Para los mexicanos, el otro lado es el del curro duro, el de la honradez, el de la cuenta de ahorro, el de la hipoteca, el de la casa con jardín.

A priori.

Siempre he creído que esa dialéctica de dominadores y dominados explicaba el mundo de la frontera. Ahora dudo. Ahora pienso que es todo más complejo, que también hay dominados entre los dominadores y dominadores entre los dominados, que el juego de fuerzas en la sociedad fronteriza es mucho más sutil, que la contaminación no siempre se escurre de arriba abajo, sino que también trepa y se enrosca. Que cuando dos culturas con una personalidad tan fuerte se encuentran, el resultado del encuentro no se puede explicar en un esquema de tesis-antítesis.

Calexico son un ejemplo de ello: un grupo de dominadores, de californianos anglos bien situados, fascinados por la música del sur. Entienden que lo mexicano forma parte de su cultura fronteriza tanto como Shakespeare, y lo integran orgullosos, sin mirar por encima del hombro, sin pretensiones ni doblez.

El discurso oficial de Estados Unidos, la mitología de masas que se enseña en la escuela dice que lo anglosajón es la espina dorsal de la cultura del país, y que todos los demás elementos son secundarios. Pero cada vez son más los estadounidenses que reniegan de ese dogma y sienten -con sobrada razón-, que su país tiene varias espinas dorsales, y que la herencia hispana es tan reivindicable y poderosa como la anglosajona. Los viejos espaldas mojadas les están ayudando a verlo así, les están ayudando a reencontrarse con una parte de su país que desconocían. Por eso Calexico suena tan auténtico: porque es folk vivo de verdad, porque son los sonidos sentidos de la tierra. No es mestizaje, es música de frontera, es la música de una generación abierta que no quiere oponer ningún nosotros a ningún ellos. Es la música del mundo en el que yo quiero vivir.

19/01/2009 01:22 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 4 comentarios.

ESTO NO ES SERIO

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Me habría gustado escribir algo sobre el bicentenario de Poe en Heraldo, pero cuando se lo propuse a Antón para el Artes y Letras él ya lo estaba escribiendo para las páginas de Cultura (la pieza central del artículo de Antón Castro se puede leer pinchando aquí). Tengo que espabilar más en el próximo centenario: me pido desde ya hacer un reportaje sobre el tricentenario de Poe. Vayan reservándome unas páginas para el 19 de enero de 2109.

Mientras llega ese día, me queda el blog, donde puedo soltar algunas tontadas más personales y menos formales sobre el pobre y desgraciado Edgar.

¿Quién no es fan de Edgar Allan Poe? Sólo un trozo de carne con ojos o un mendrugo prehomínido puede quedarse indiferente tras la lectura de La caída de la casa Usher, Berenice, El corazón delator, Los crímenes de la calle Morgue o William Wilson, que es uno de mis preferidos. Sí, también hay un Poe poeta (disculpen la cacofonía), pero ese me interesa menos, la verdad.

Qué mal lo pasó el pobre Poe y qué buenas compañías encontró tras su muerte y al otro lado del charco. Sus cuentos pasaron al francés de la mano de Charles Baudelaire, su más incondicional fan, perdidamente enamorado de su literatura. Y al castellano pasaron -en traducción canónica e intocable- de la mano de Julio Cortázar, que era tan fan de Poe como Baudelaire, hasta el punto de que reescribió uno de sus cuentos ambientándolo en el metro de París (Manuscrito hallado en un bolsillo, en el libro Octaedro). ¿Cuántos escritores pueden presumir de haber tenido dos traductores tan insignes y tan fans?

Dicen los que saben de estas cosas, y así lo enseñan en las universidades, que el cuento o relato corto moderno tiene dos tradiciones fundamentales: la realista, que apadrina Chéjov, y la fantástica, que apadrina Kafka. Borges y Cortázar estarían en el lado de Kafka, y Raymond Carver, Bukowski y la gente de la escuela del realismo sucio estadounidense estarían en el de Chéjov.

Pos bueno, pos fale, pos malegro. Ya sabéis que sólo los hooligans dividen el mundo en blancos y negros. Ojalá fuera todo tan fácil, ojalá las cosas se ordenaran ellas solitas así de bien, ojalá el pan fuera siempre pan y el vino, vino.

Cortázar y otros escritores que se han preocupado por la historia del cuento (el más problemático y moderno de todos los géneros literarios, hasta el punto de que muchos niegan incluso que sea un género) se remontan a antes de Chéjov y de Kafka. Es más, Cortázar creía que Chéjov y Kafka estaban ya contenidos en la prosa de Poe. Edgar Allan Poe es algo así como el big bang del cuento: contiene toda la materia del universo. No hay nada en los cuentistas posteriores que no esté ya -siquiera insinuado- en Poe. Inventó y cerró el género. No sólo marcó sus líneas maestras, sino que lo concibió en su totalidad, y ha obligado a los cuentistas posteriores a adaptarse a la ars poetica que impuso con su obra. Hasta hoy mismo: también mis cuentos estaban ya contenidos en Poe antes de que me pusiera a escribirlos, pero no se lo digas a nadie, que el plagio no vende.

Para Poe, el cuento era un género a medio camino entre la poesía y la novela. Estéticamente, funciona como un poema, pero se construye como una novela. Y también al revés: condensa en la estructura de un poema la densidad de una novela. Es versátil, juguetón, se resiste a las taxonomías de los filólogos, hace burlas a los críticos literarios que intentan estudiarlo, es libre y perverso.

Pero estas son cosas que sólo preocupan a los raros que escribimos cuentos. Al lector de cuentos -esa rara especie que los editores niegan que exista- lo que le fascina es la sensación de estar haciendo algo prohibido: una novela exige un compromiso y una disciplina, tienes que avanzar despacio, tener paciencia, desbrozarla con un machete, acumular horas y horas de lectura en sus páginas. Un cuento no. Si la novela es un matrimonio, el cuento es un polvo esquinero, un aquí te pillo aquí te mato, un folleteo sin compromisos, un divertimento de adultos sin ataduras ni planes de boda. Lo coges, lo lees y te largas dejando una nota de despedida sin tu número de teléfono. Sin ni siquiera dar nombres: ha estado bien, pero no insistas en verme otra vez, sólo quería echarte un polvo, paso de que me des conversación.

Por eso mola y por eso tiene un público minoritario, porque lo que triunfa en las masas son las bodas y los viajes de novios a Punta Cana. Porque la gente no folla por follar, sino porque busca algo más: echar un polvo casi siempre es un medio, sólo los crápulas lo consideran un fin. Por eso prefieren la novela, que es una cosa seria, como dios manda. Los cuentos son para perdidos, para mala gente de hábitos nocturnos.

Poe lo entendió perfectamente, y sus contemporáneos vieron por dónde iba, así que lo destrozaron, lo hicieron ser un infeliz, un outsider. ¿Por qué no escribe novelas como Dickens, señor Poe? ¿Qué cojones son estos textitos que se leen en diez minutos? Déjese de canapés y póngase a hacer chuletones. Siente la cabeza, por dios, que las grandes obras no se construyen con jueguecitos infantiles.

Escribir cuentos no es serio. Ni alla maniera de Kafka ni alla maniera de Chéjov. No hay una forma honorable de escribir cuentos. Esa es la mayor enseñanza que nos dejó Poe, y eso es lo que fascinó a Baudelaire y a Cortázar.

Salud, maestro, siga disfrutando de su tumba.

19/01/2009 20:47 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

EL MAESTRO SANMARTÍN

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Me siento en el colmo del lujo. Esta es la portada que Óscar Sanmartín ha hecho para Malas influencias, el libro de relatos que va a salir publicado en breve. La foto de solapa (que es la que he puesto en la barra de al lado) ha corrido a cargo del Colectivo Anguila, y hasta me han sacado medio bien. Con semejantes artistazos involucrados en el libro, lo de menos es lo que yo pueda haber escrito. Qué gusto.

Próximamente anunciaré fechas de lanzamiento, la dirección de un blog dedicado al libro (y donde podréis comprarlo online a través de enlaces a librerías) y presentaciones en Zaragoza y Madrid. Estáis todos invitados y procuraré que no sean un muermo, a ver si nos lo pasamos bien.

20/01/2009 00:21 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 13 comentarios.

OBAMA DE NAZARETH

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Y entonces Obama dijo: levántate y anda. Y Stephen Hawking anduvo, y hasta corrió.

Y los leprosos sanaron y los ciegos vieron y los muertos resucitaron y los calvos agitaron sus melenas al viento y Paquirrín aprobó la ESO.

Y cuando estaban a punto de volver a meter en la cárcel a Paris Hilton, atajó a la multitud y les dijo: "Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra". Y Paris, agradecida, cogió primorosamente con ambas manos la Verga Sagrada de Obama (Obama’s Holy Whip) y le hizo su más esmerada fellatio. Y después colgó el vídeo en YouTube.

Y el vídeo recibió millones de visitas de todos los rincones de la Obamidad, adorado como la Sagrada Mamada (The Holy Blow Job), pero unos fariseos la mancillaron, superponiendo la voz de Chiquito de la Calzada y de Cañita Brava a la de Obama de Nazareth mientras ungía a la redimida Paris con su Santo Esperma Negro (The Holy Black Sperm). Pero Obama de Nazareth no atendió a los gritos de venganza de sus apóstoles y perdonó a los fariseos invitándoles a un bautismo-quedada en Facebook.

Y Sarkozy de Tarso se acercó con su caballo, se cayó a los pies de Obama de Nazareth y lo vio todo claro como la pantalla de un iPhone, y predicó la llegada del mesías en las paganas tierras de Europa.

Alabado seas, Obama Superstar. La Obamidad celebra tu ansiada venida con cánticos de aleluya en Twitter.

Del Evangelio de San Steve Jobs, 1:35

20/01/2009 19:44 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 13 comentarios.

PIE FORZADO

El insigne Pablo Ferrer me ha propuesto un reto: en mi columna del Muévete de esta semana tengo que introducir la frase "¿Nueva Zelanda? No, Albacete". Tiene que fluir natural, no desentonar con el texto, estar bien insertada, que no parezca un pegote.

Por supuesto, he recogido el guante de Ferrer. ¿Seré capaz de estar a la altura? Todavía no la he escrito. La respuesta, este viernes en Heraldo (y para los que no viváis en el viejo Reyno de Aragón o no os dé la gana leer el periódico decano, la colgaré aquí al día siguiente).

EL RESULTADO DEL RETO

Pues aquí está, para los que no hayáis podido leerlo en papel. Juzgad vosotros si he ganado el reto con dignidad. Al final, lo que hice fue expandir la frase hasta convertirla en una columna entera. Llené de argumentos el vacío. Pablo Ferrer insiste con otros retos, pero tampoco hay que pasarse, que dentro de poco me tiraréis cacahuetes mientras deletreo palabras polisilábicas haciendo el pino puente. Y yo las acrobacias circenses siempre las he reservado para mis veladas sexuales y privadas.

NOCILLEROS Y CHANANTES

La gente que se dedicó a imaginar cómo viviríamos en el proceloso siglo XXI, desde Nostradamus hasta Miguel Ríos (¿quién no recuerda eso de "año 2000, llega el año 2000"?), pasando por Julio Verne, pensaron en megalópolis, coches voladores y seres hechos de energía pura. Hay que reconocer que, andado el siglo, el que más se ha aproximado a ese ideal de seres de pura energía es Bunbury, con su vestuario y su pasión por Bruce Chatwin, uno de sus escritores de cabecera, un inglés obsesionado con los aborígenes australianos.

Bunbury siempre ha querido estar en las antípodas, como Chatwin, buscando el rincón más alejado posible del planeta o de la galaxia, como soñaron para nosotros los agoreros del pasado. Pero estamos en 2009 y seguimos sin viajes espaciales. Ni siquiera supersónicos. Y tampoco tenemos ganas de hacerlos. Resulta que nos gusta quedarnos en casita, con la Play y la tele de plasma. No estamos a la altura de la imaginación viajera de Verne. Salvo para Bunbury y otros seres espirituales de pura energía, ¿sabéis cuál es el referente geográfico más poderoso de la juventud de esta España del siglo XXI? ¿Nueva Zelanda? No, Albacete.

¿Quién le iba a decir a ese erial manchego que iba a irradiar tanta luz campestre y provinciana sobre la cultura juvenil española? ¿Ejemplos? Los tengo a puñados. Como precedente de los años 80, 'Amanece que no es poco', icono del humor absurdo ambientado en las serranías albaceteñas.

Pero fue Joaquín Reyes, primero con 'La hora chanante' y luego con 'Muchachada Nui', el que extendió una neolengua basada en el dialecto de su tierra, Albacete, con expresiones como "a cascoporro" o "regulero". En el plano musical, en Albacete se regeneró el rock patrio de la mano del Viña Rock, masivo festival veraniego celebrado en Villarrobledo. Y en literatura, Albacete es el epicentro de la llamada "generación Nocilla", los narradores de moda. Su biblia, 'Nocilla Dream', de Fernández Mallo, oscila entre dos desiertos, el de Nevada y el de Albacete.

Qué frustrantes somos. Nuestros abuelos nos soñaron galácticos y cosmopolitas, y les hemos salido del mismo Albacete.

BURGO DE PALETOS

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Piqué el anzuelo. De verdad. Creí que la cosa iba en serio, que íbamos a sacar algo en claro, que nos íbamos a divertir, que saldríamos a jugar a la calle. Pero no. Los paletos han vuelto a ganar. Los zombies* dominan la ciudad.

Una de las cosas buenas del regreso del PSOE a la alcaldía de Zaragoza fue la recuperación del ciclo En la frontera, que durante unas pocas semanas al año llenaba el centro de la ciudad de arte fresco y divertido, que invitaba a pensar sobre la ciudad y nuestro papel en ella. Por unos días, dejabas de envidiar a los neoyorquinos y a los londinenses: era como si la Tate se desparramase por las calles. Los viejos refunfuñaban al no entender lo que veían, la gente apacible sonreía con curiosidad y los niños se atrevían a subirse, ensuciar y romper las obras, que para eso estaban (los niños entienden enseguida el mecanismo del juego, para eso son niños, no necesitan saber nada de la internacional situacionista para gozar con el arte). En la frontera no se celebró el año pasado ni se celebrará este año. Los aburridos dicen que no hay dinero: hay que pagarle un nuevo estadio al Real Zaragoza y comprar goyas de tercera división.

En 2007, en su última edición, se organizó la muestra callejera Tercer Asalto. Grafiteros y muralistas de España y de Europa fueron invitados por el ayuntamiento a llenar con sus obras varias fachadas del deterioradísimo Casco Histórico. Cambiaron las calles y las perspectivas, dieron alegría, frescura y modernidad a rincones tristes y húmedos. Nos alegraron la vida. Así de simple.

Pues bien, esta semana, los zombies de Urbanismo, que al parecer sólo entienden de cloacas y de farolas, han enlucido todos los murales. Un gris pastoso cubre las obras: el gris de la medianía, el gris de los paletos, el gris de las beatas de misa de 12, el gris provinciano, casposo y vetustiano que se disemina desde las torres mudéjares para que lo respiremos y nos provoque un enfisema pulmonar. Para que nos ahoguemos en su reconcentrado aliento cateto, caciquil y malencarado. Esta es la Zaragoza de después de esa Expo de las maravillas. Esta es la Zaragoza que aspira (agárrense a los machos) a ser capital cultural europea en 2016. Daría risa si no diera tanto asco.

Estos murales tenían muchos enemigos en el ayuntamiento. Zombies que preferían ver las fachadas cubiertas de trampantojos rococós, con escenas de antaño, con Agustinas lanzando zambombazos contra soldaditos de plomo, con señoras con miriñaque y sombrilla, con Alfonsos XII montados en caballos blancos que cabalgan sobre mantos de flores. Horteras de tomo y lomo que no soportan la felicidad ajena, que quieren encerrarnos a todos en una caja de música antigua con bolas de alcanfor. Han llegado a decir que esos murales son de mal gusto, que aquello no es arte, que se sienten agredidos.

¿Cómo se puede mantener esta discusión en una ciudad europea -que, insisto, tiene los santos testículos de aspirar a la capitalidad cultural, ni más ni menos-? ¿Qué clase de personaje paleto e iletrado es capaz de cuestionar a estas alturas si el muralismo urbano es arte o no? ¿No es ésta una discusión del siglo XIX? ¿Estamos discutiendo las ventajas de la electricidad o del ferrocarril? ¿De qué narices hablan? ¿En qué mundo de mesas camilla y pastas rancias viven?

Me siento muy gilipollas. Había picado en el anzuelo, me había creído que por el valle del Ebro bajaba algo más que cierzo, que esta vez sí nos íbamos a subir al carro del siglo XXI, que nos comportaríamos como la gran ciudad europea que las estadísticas dicen que somos. Hace años, cuando un amigo de Madrid venía a Zaragoza, yo se la enseñaba feliz, le mostraba una ciudad alegre y optimista, llena de gente joven y amistosa, con el ansia de los que quieren perderse en el mundo y concentrarlo en su casa al mismo tiempo. Parecía que aquello vibraba, que íbamos a realizar el sueño de nuestros padres y abuelos, que nuestra luz iba a deslumbrar a los del otro lado de los Pirineos, y no al revés, como había pasado siempre.

Pero no. Seguimos siendo un burgo podrido con munícipes cubiertos de pelo de la dehesa. Paletos dignos de guardar las llaves de la casa de Bernarda Alba. Qué ascazo y qué aburrimiento más grande. No me termino de creer que estemos así a estas alturas, tan rancios, tan levíticos, tan garrulos.

*La referencia a los zombies se la debo a Un lugar en la cumbre, la novela de John Braine que estoy leyendo. Así es como el protagonista llama a los funcionarios municipales, a la gente gris, mediocre y severa.

25/01/2009 14:13 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Arte Hay 11 comentarios.

LA MUJER BIODRAMINA

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Como todos los tontacos que siguen las series, estoy enganchado a Mad Men, la serie de los publicistas malotes, de los tíos engominados con hígados de acero inoxidable que fuman como locomotoras y se follan a sus secretarias.

Una de esas secretarias es Joan Holloway, interpretada por Christina Hendricks. Se pasea por la agencia de publicidad embutida en ceñidísimos trajes rojos que le marcan unas eses que no se pueden seguir con la mirada sin sentir mareos. Hay que tomarse una biodramina para seguir los pasos de esta mujer.

Parece un personaje de cómic, está logradísima. Esas caderazas, esas tetas que se acercan a la esfericidad perfecta, ese caminar bamboleante sobre tacones... Tiene un cuerpo de los que ya no se llevan. Es una mezcla entre Betty Boo y Sofia Loren. Es magnética, pero en el sentido literal: tiene su propia fuerza gravitatoria, consigue que el mundo haga órbitas en torno suyo.

¿Dónde ha estado esta chica todo este tiempo?

Alguien se ha dedicado a recopilar momentos suyos en la serie poniendo encima música de Queen. Disfrutadlo:

27/01/2009 01:18 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 1 comentario.

UN TÍO CHANANTE

Tengo un querido y admiradísimo compañero -admiradísimo de verdad, y no por estas frases, que también-, al que no le gusta verse citado en ningún sitio, así que le llamaré X, que nos deleita cada tarde con mil expresiones chanantes. Tiene un repertorio amplísimo. A los becarios les dice: "Tenéis suerte de escuchar estas cosas, porque expresiones como estas ya solo se oyen en España entre los estibadores del puerto de Barcelona y en la redacción de Heraldo de Aragón". Y yo estoy de acuerdo. Iré recopilando frases suyas, pero aquí dejo una mínima minimísima muestra de cuatro de sus expresiones impagables:

-Se ha pasado el día rastrillándose los cojones.

-Fue hasta el despacho con trote cochinero.

-Vengo de hacerle una visita al proctólogo (cuando cae un marrón de la jefatura).

-Puse cara de bogavante expuesto en una pescadería de lujo.

Esta última es la mejor, sin duda.

De propina, una perla de Futurama, serie tan admirada como el genio de mi compi:

-No podemos competir contra Mama, Inc. Ella es una empresa grande y mala, y la nuestra es pequeña y neutral.

LA LITERATURA DE LOS NÓMADAS

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Babelia dice que el cuento está de moda en España, que vive un momento dulce, que hay muchos cuentistas. A ver si es verdad. Como cuentista lo deseo, pero no sé hasta qué punto es cierto. El otro día hablaba, a propósito de Poe, de lo que significa el cuento para mí, y hoy he tropezado con estas palabras de John Cheever, uno de los grandísimos narradores breves de Estados Unidos en el siglo XX, que me gustaría compartir con vosotros. Pertenecen al ensayo Why I write short stories, publicado en la revista Newsweek. La traducción es del escritor argentino Rodrigo Fresán:

¿Quién lee cuentos?, uno se pregunta, y me gusta pensar que los leen hombres y mujeres en salas de espera; que los leen en viajes aéreos transcontinentales en lugar de ver películas banales y vulgares para matar el tiempo; que los leen hombres y mujeres sagaces y bien informados quienes parecen sentir que la ficción narrativa bien puede contribuir a nuestra comprensión de unos y otros y, algunas veces, del confuso mundo que nos rodea. La novela, en toda su grandeza, exige, al menos, algún conocimiento de las unidades clásicas, que preservan ese lazo misterioso entre la estética y la moral; pero que esta antigüedad inexorable excluyera la novedad en nuestras formas de vida sería lamentable. Algunos conocemos esta novedad a través de La guerra de las galaxias, otros a través de la melancolía que sigue al error cometido por un jugador que no batea en las últimas entradas de un partido de béisbol. En la búsqueda de esa novedad, la pintura contemporánea parece haber perdido el lenguaje del paisaje y -mucho más importante- del desnudo. La música moderna se ha separado de aquellos ritmos profundamente enraizados en nuestra memoria, pero la literatura aún posee la narrativa -el cuento- y uno defendería esto con la propia vida. En los cuentos de mis estimados colegas -y en algunos míos- encuentro esas casas de verano alquiladas, esos amores de una noche, y esos lazos extraviados que desconciertan la estética tradicional. No somos nómadas, pero -sin embargo- subsiste más que una insinuación en el espíritu de nuestro gran país, y el cuento es la literatura de los nómadas.

John Updike, discípulo directo de Cheever, también fue un nómada. Creo que Updike ha muerto porque no ha soportado la ausencia de su némesis, Norman Mailer. Se pasaron media vida zurrándose el uno al otro, mientras sus literaturas parecían converger en un oscuro horizonte. Nadie puede sobrevivir sin su némesis. Hasta siempre, Conejo.

29/01/2009 16:52 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

UN MISMO PAÍS

Como dos enemigos que se odian, Francia y Estados Unidos se parecen muchísimo. Aunque -especialmente Francia- tiendan a presentarse como la antítesis del otro, tienen muchas más cosas en común de las que los separan. Si queréis irritar a un francés o a un yanqui, hacédselas notar. Les haréis sangrar la glándula chovinista, que ellos tienen debajo del páncreas.

  • Franceses y americanos están convencidos de que viven en el mejor de los países posibles, y en esa creencia educan a sus vástagos. En otros países esto no ocurre: españoles, italianos, portugueses, ingleses y argentinos tendemos a pensar que vivimos en el peor de los países posibles, y en esa creencia educamos a nuestros vástagos.
  • Cuando un intelectual francés o americano habla de "la sociedad" o del "mundo", en realidad está hablando de "la sociedad francesa o americana" o del "mundo francés o americano". Lo que hay afuera es un magma de bárbaros que no merece ser llamado "sociedad" ni "mundo".
  • Los dos países tienen mitos fundacionales republicanos que funcionan casi como religiones de Estado. El respeto a los padres fundadores y a su mitología es sagrado y tiene proyección universal.
  • El granjero o campesino es uno de los ejes del Estado y una de sus señas de identidad. A diferencia de lo que ocurre en otros países desarrollados, mantienen sociedades rurales poderosas, con férreos valores tradicionales que pueden llegar a condicionar la conducta del Estado. En ambos países, el granjero es a la vez mito nacional y emblema de lo palurdo. Lo mismo se le adora que es objeto de bromas, y esa contradicción mantiene enhiesta su figura.
  • Estados Unidos tiene una versión en negativo de su país en México. Francia estaba acostumbrada a tenerla en España. Que España haya dejado de serlo ha afectado mucho a su autoestima. Los franceses no se han recuperado del golpe, no asumen que los españoles hayan dejado de ser mano de obra barata y vacaciones baratas. Los americanos pueden seguir gozando de México en ese sentido.
  • La mayor ambición de los literatos de ambos países es aprehender su espíritu y su época en sus obras. Los americanos suspiran por "la gran novela americana" y los franceses intentan apresar la crisis decadente en la que su país dice vivir desde que el mundo dejó de admirarlo (es decir, desde siempre). A los literatos ingleses, por ejemplo, esto les importa más bien nada, y a los españoles se la suda ampliamente.
  • Tienen paisajes urbanos muy uniformes y muy reconocibles. Basta un detalle en una foto -una señal de tráfico, la forma de una ventana o de un semáforo- para saber que ha sido tomada en una ciudad francesa o americana. Las ciudades españolas son muchísimo más heterogéneas.
  • Pero la semejanza definitiva, la prueba insoslayable de que ambos países son variaciones de uno solo es lo mucho que se odian: para Francia, Estados Unidos es el colmo de la vulgaridad y de la prepotencia, y para Estados Unidos, Francia es el colmo del amaneramiento y de lo vacuo. Y mientras se insultan, nadie repara en que José Bové es clavadito al John Doe de la peli, o que Frank Sinatra apesta a club parisino.

Además, qué cojones: que hasta tienen la misma bandera, con los mismos coloricos.

30/01/2009 19:50 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.