Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2009.
Resumen
- 01/02/2009 18:40 - ADOLESCENTES DISMINUIDOS
- 02/02/2009 23:19 - HOSPITALES SIN MÉDICOS
- 02/02/2009 23:55 - MALAS INFLUENCIAS, EN MUY POCOS DÍAS
- 06/02/2009 00:04 - ¡NON FUYADES, WYOMING!
- 06/02/2009 23:52 - RENUNCIO A SER MODERNO
- 07/02/2009 21:13 - UNA DE LIBROS
- 09/02/2009 23:51 - METÁFORAS MÉDICAS
- 10/02/2009 23:28 - LA COLITA DEL SEÑOR DALÍ
- 11/02/2009 13:19 - ESTIGMA
- 11/02/2009 23:23 - TRAGOS LARGOS
- 13/02/2009 21:16 - EL ASESINO CATÓDICO
- 15/02/2009 00:56 - TURA, PURA TURA
- 16/02/2009 00:12 - COMO ACTORES SECUNDARIOS
- 16/02/2009 23:38 - LOBO EN RETIRADA
- 18/02/2009 00:00 - MALAS INFLUENCIAS, AL FIN
- 18/02/2009 20:36 - MALAS INFLUENCIAS: ESTE DOMINGO EN LA SER
- 20/02/2009 20:20 - TODO ES POCO PARA ELLOS
- 22/02/2009 20:52 - LA VOCACIÓN ANACRÓNICA
- 25/02/2009 02:16 - CON CARIÑO
- 25/02/2009 17:36 - CURRAR ES UNA JUERGA
- 26/02/2009 00:14 - LAST CALL FOR ZARAGOZA
- 26/02/2009 12:49 - CHEWICA CONVOCA AL SARAO DE ESTA TARDE
- 26/02/2009 16:58 - LAS DIEZ PREGUNTAS
- 28/02/2009 00:11 - HANG OVER
ADOLESCENTES DISMINUIDOS

La voz en off de Lester Burnham decía al principio de American Beauty (peli de la que se cumplen ahora diez años. Escribiré un post sobre el inlfujo de esta obra en la primera década del siglo XXI, que creo que es grande):
Jane es la típica adolescente: insegura, malhumorada... Me gustaría decirle que se le pasará, pero no quiero mentirle.
El adalid de la literatura postmoderna (o post lo que sea. Hemos tenido tantos post-algo que ya no sé qué viene después de qué) Michel Houellebecq, en Ampliación del campo de batalla, escribe:
La adolescencia no sólo es una etapa importante de la vida, sino que es la única etapa en la que se puede hablar de vida en el verdadero sentido del término. Los atractores pulsionales se desenfrenan en torno a los trece años y luego disminuyen poco a poco, o más bien se resuelven en modelos de comportamiento que a fin de cuentas sólo son fuerzas petrificadas. La violencia del estallido inicial hace que el resultado del conflicto pueda ser incierto durante muchos años; es lo que se llama, en electrodinámica, un régimen transitorio (...). Lo cual puede expresarse de forma más brutal y menos exacta diciendo que el hombre es un adolescente disminuido.
Cuando en el instituto escandalizamos al profesorado con una revista en la que pusimos todas las inconveniencias políticas y sexuales que se nos ocurrieron y el consejo escolar amenazó con expedientarnos, un profesor dijo (y así fue publicado en el siguiente número, donde se glosaron las reacciones a nuestra gamberrada):
Es como el acné, una típica adolescentada.
Herbert, uno de los protagonistas de Malas influencias -minutos publicitarios: el libro saldrá a la venta probablemente la semana que viene-, dice (o le hago decir):
Una adolescentada enorme y maloliente de la que incluso hoy me avergonzaría si fuera capaz de recordarla.
Vergüenza, atrevimiento, sexualidad atronadora. La región más complicada de la vida de un ser humano. Hormonas en ebullición, niños que juegan a un juego cuyas reglas no comprenden, que hacen cosas de las que su yo adulto se arrepentirá. No como en la infancia, donde todo era fácil, donde las cosas podían ser como uno quisiera que fueran con tan solo decirlo en voz alta. La treta ya no vale después, y encima hay que lidiar con esas erecciones, con esos furores y con esa rabia. Nostalgias neolíticas. Nostalgias de un tiempo en el que podían desfogarse como ciervos en berrea, en ritos de iniciación, en orgías a la sombra de los dólmenes.
La patria del hombre no es la infancia, es su adolescencia. Los afectados por el síndrome de Peter Pan no quieren ser niños eternos, quieren ser adolescentes eternos.
Adolescentes disminuidos. Lester Burnham lo sabía bien. Así se nos va pasando la vida.
HOSPITALES SIN MÉDICOS
Todos habréis visto ya este vídeo:
Y todos sabréis ya que se trata de un montaje, como se cuenta aquí.
El intermedio se la coló a Intereconomía TV. Los de esta tele recibieron por mail el vídeo de Wyoming abroncando a una supuesta becaria y, sin hacer pregunta ni comprobación alguna, lo dieron por bueno y lo emitieron. Además, lo colgaron en YouTube y se convirtió en la comidilla del día.
Nunca más pondré en duda las dotes interpretativas de Wyoming. La bronca era más que verosímil. En mi vida profesional, yo he asistido a broncas de calibre mucho mayor -por fortuna, ninguna dirigida a mí-. He visto salir a gente llorando a moco tendido, a gente destrozada después de haber sido arrollada por una máquina de emitir berridos. Y supongo que vosotros también (espero que desde la barrera abroncada y no abroncadora, no seais cabrones). Así que si hubiera sido una bronca real, no me habría extrañado nada, por más que alguna gente que ha trabajado en el cogollo de Mediapro (propietaria de La Sexta y Público, además de concesionaria de los informativos de la autonómica aragonesa) me haya dicho que Jaume Roures no consentiría jamás algo así, que esas cosas se miran mucho en sus empresas. Incluso aunque amigos y conocidos de Wyoming que no estaban en el ajo hayan publicado en sus blogs que jamás le han visto dar una voz más alta que otra.
Me alegra que la reputación de mi admirado Wyoming no sólo siga intacta, sino que se engrandezca con esta travesura catódica, y con la carcajada todavía resonando en mi caja torácica, me atrevo a lanzar un par de reflexiones a vuelapluma.
Habrá quien interprete este acto de sabotaje a la luz de la Internet 2.0, de las nuevas formas de comunicación que se van imponiendo. Y sí, tienen razón: pone de manifiesto la brecha entre quienes saben aprovecharse de las nuevas herramientas de comunicación y quienes están a verlas venir y se comen los mocos. Pero hay mucho más. Creo que esta broma ha sido posible hoy, en 2009, pero impensable, por ejemplo, en 1985. No porque entonces no hubiera email (se puede enviar una cinta de vídeo por correo ordinario) sino porque en 1985 los medios de comunicación todavía estaban en manos de periodistas. Y en 2009, no.
Como en 2009 ya no hay periodistas, cuando llega algo a una redacción, el personal no sabe darle un tratamiento periodístico, siguiendo los protocolos de la profesión. ¿Se imaginan qué pasaría si las urgencias de un hospital estuvieran llevadas por ejecutivos de marketing o por diseñadores de interiores? Las salas estarían perfectamente diseñadas y el hospital proyectaría una imagen sensacional y moderna al exterior, pero cuando llegase un enfermo, nadie sabría qué hacer con él, se moriría entre muebles neomodernistas. Pues eso pasa ahora mismo en muchos medios, especialmente en estos de chichinabo, como Intereconomía TV y demás.
Un médico sabe que cuando llega un enfermo hay que seguir un protocolo que le han enseñado y en el que ha sido entrenado, para diagnosticarlo y tratarlo. De la misma forma, un periodista sabe que cuando llega un material a su ordenador o a su mesa hay que seguir unos pasos, un protocolo profesional, antes de que ese material se convierta en una información. Cuando un periodista recibe un vídeo así, se interesa por quién se lo ha pasado, dónde lo ha conseguido esa persona y con qué intenciones se lo da. Al igual que los niños bien criados, un periodista no acepta regalos de desconocidos, tiene que fiarse de quien le cuenta las cosas. Y luego contrasta todo eso con las fuentes interesadas.
Pero como ya apenas quedan periodistas que hagan periodismo, se puede colar cualquier cosa. Por eso los medios actuales son terreno fértil para bromistas y saboteadores como el Follonero. Han descubierto que es muy fácil colársela a unas redacciones precarias, débiles, con muy poquita formación y cultura y desposeídas de las más básicas nociones de periodismo. Eso sucede cuando los contenidos de los medios se deciden en el despacho de marketing y no en la sala de redacción. El periodismo murió hace años, y estas bromas folloneriles sólo vienen a certificar su muerte.
Quedan reductos, excepciones a esa sentencia de muerte, pero cada vez pintan menos y se van arrinconando a los espacios marginales de los medios. Me gusta pensar que estoy enrocado en uno de esos reductos, que todavía puedo responder con dignidad profesional de lo que lleva mi firma.
Yo he rechazado historias que no me merecían confianza y que luego he visto publicitadas en otros medios. Unas pocas las he rechazado por exceso de celo, y al final han resultado ser ciertas, pero la mayoría de las veces se ha confirmado que eran un bluff. He metido la pata como todo el mundo, pero mis errores nunca se han debido a tocar de oídas ni a dar pábulo al primero que pasaba por mi puerta.
Quiero creer que podré seguir así, enrocado pero sin mancharme. A ver cuánto dura esto.
MALAS INFLUENCIAS, EN MUY POCOS DÍAS

Haré recordatorios, que todavía queda mucho, pero como ya está anunciado en la agenda de la Fnac (podéis verla en PDF aquí), os cuelgo el cartel molón que han hecho en la misma Fnac -a baja resolución, no se ve una mierda, pero ya lo veréis en grande dentro de pocos días- y os anuncio dos cositas:
- Malas influencias saldrá a la venta en librerías probablemente la semana que viene. Anunciaré el día exacto y detallaré los distribuidores que lo llevarán en España y Latinoamérica, para que lo podáis pedir también en librerías minúsculas y recónditas.
- La presentación en Zaragoza será el jueves 26 de febrero a las 19.30 en el Fórum de la Fnac de Plaza de España. En marzo haremos otra en Madrid, en fecha y sitio por determinar. Estáis todos invitados y si me hacéis el honor de pasaros por allí, os obsequiaré con un vinito (aunque si sois muchos no llegará para todos, claro).
Como todavía queda bastante, habrá recordatorios para que nadie diga que no se enteró. No me empacha ser plasta.
¡NON FUYADES, WYOMING!

¿De qué va González Urbaneja? ¿A qué viene este berrinche contra el Wyoming? ¿De qué está hablando este buen hombre? ¿Qué son esos balbuceos, esas frases sin sentido? ¿Tiene un neurólogo una explicación?
Pues que la dé ya, porque yo lo de este señor es que no lo entiendo. Si fuera de la Asociación de la Prensa de Madrid (y tampoco soy de la de Aragón) me borraría inmediatamente. Bueno, probablemente me habría borrado en un rebuzno anterior, porque Urbaneja lleva unos años dando el espectáculo, encarnando en su verbo pastoso y en su mirada vítrea toda la decadencia y el descrédito de la profesión que algunos nos empeñamos en seguir ejerciendo. A pesar de los Urbanejas que la pueblan.
En un ridículo espantoso, antes de que se supiera que lo de Wyoming era una broma, Urbaneja se interesó por la pobre becaria maltratada. Sí señor. Las asociaciones de la prensa, ahondando con tenacidad en su lucha por defender la dignidad de la profesión y los eslabones más débiles de la misma, acudieron en defensa de la dama en apuros. ¡Non fuyades, Wyoming, que probarás el frío filo de mi fierro!
Nos preguntábamos dónde estaban las asociaciones de la prensa cuando se negoció el ERE del Grupo Zeta, que deja a más de 400 compañeros en la calle, o cuando la redacción de El País fue a la huelga, o cuando RTVE hizo una limpia de viejunos, despachando sin honores a algunos de los mejores periodistas televisivos que ha dado este país cuando todavía tenían mucho que decir y sabían decirlo mejor, o cuando la Cope difunde al éter cada día mil mentiras chuscas y venenosas que vende como si fuera periodismo. Nos preguntábamos dónde estaban las asociaciones de la prensa cuando pasaban estas cosas y muchas otras más que la gente no ve pero que los que estamos en el ajo olemos a diario. Creíamos, malpensados, que se limitaban a silbar con disimulo, a hacerse los suecos y a echar unos vinos con Pedro J. y Jiménez Losantos.
Pues no. Hemos de tragarnos nuestra insidia, porque Urbaneja no se interesó por estos asuntos porque estaba ocupado salvando a una becaria de las fauces de un cómico talludito. Todo un galán este Urbaneja. Un tío que sabe dónde hay que estar.
Cada vez que una becaria siente los rechonchos dedos de su jefe en el culo, Urbaneja presenta batalla.
Cada vez que una becaria escucha que su trabajo no vale ni para limpiarse el mismo culo que antes había sobado su jefe, Urbaneja presenta batalla.
Cada vez que una becaria reconoce que no sabe quién es Zapatero y es humillada por las carcajadas de los redactores, Urbaneja presenta batalla.
Venga, Urbaneja, confiesa, ¿qué querías hacer tú con la becaria de La Sexta, pillín? ¿Consolarla en tus anchos y viriles hombros? ¿Invitarla a una copa para que se desahogue? Ay, Urbaneja, que eres muy mayor para estas cosas, que ya no tienes edad de ser su padre, sino de ser su abuelo.
Así de planchado se quedó el pobre cuando descubrió que aquella chica no era becaria ni era nada. Perdió el interés. Estaba demasiado crecidita para él. Se ve que sólo le interesan las criaturas precarias, indefensas y sin desflorar. Por eso las y los periodistas adultos y en pleno ejercicio le damos igual.
Lo siento, tenía que desahogarme. Lo de este señor me parece muy fuerte. Si quiere defender la dignidad de la profesión, tiene muchos otros frentes abiertos. Pero que no se moleste ya, que a todos llega muy tarde: el campo de batalla está arrasado y los pocos supervivientes que quedamos sólo podemos lamernos las heridas. Eso sí, agradeceríamos de vez en cuando un poco del interés que ha demostrado tener por la becaria ficticia. Que no me sienta representado por él ni por ninguna asociación de la prensa no quiere decir que le haga ascos a unas carantoñas de cuando en cuando. Todos necesitamos amor, Urbaneja.
RENUNCIO A SER MODERNO
Columna Del revés, publicada este viernes en el MVT:
Renuncio. Se acabó. Lo he intentado durante varios años y hoy, por fin, en presencia de testigos, anuncio mi dimisión del club de la modernidad, donde creo que ni tan siquiera llegué a ser admitido. Y no será porque no mendigué mil solicitudes de membresía (apostilla: quizá el empleo de la expresión 'membresía' me desacredite de buenas a primeras como aspirante al club de la modernidad. Y puede que 'apostilla' también. Es más, dudo mucho que los modernos, si quieren ser modernos, se agrupen en un club, que suena a cosa antigua).
¿Ven lo difícil que es ser moderno? Hay que pasar todos los días un examen muy duro. No basta con estar al tanto de las tendencias, hay que anticiparse a ellas. Las dudas asaetean el corazón constantemente (sí, sí, sí, tampoco es moderno asaetear, pero a mí ya me da igual todo). Uno se mueve constantemente en el filo. Un paso en falso y caes en el foso de los horteras y los desfasados. Una frase inadecuada basta para arrumbarte al final de la barra, donde se apelotonan los recién divorciados con corbatas de piano que compran reediciones de discos de Enya.
Hay que atinar en el momento y el lugar adecuados. Según los días, proclamar tu admiración por Christina Rosenvinge puede elevarte al Parnaso de la modernidad o hacerte pasar por viejo verde iletrado. En un solo segundo, Paco Martínez Soria puede pasar de entretenimiento de abuelas a icono pop -como, de hecho, casi ha sucedido-, y hay que saber cuándo se produce exactamente el quiebre: si le reivindicas como icono pop un segundo antes de que realmente sea proclamado como tal, caes en el rincón de los divorciados. Y de ese rincón ya no se sale.
Así que renuncio. Han sido muchos años de sufrimiento innecesario, de tomar apuntes al dictado de los 'cool hunters', de concienciarme de que ahora no basta con ser moderno, sino que hay que ser postmoderno. Basta ya. Desde este momento asumo para siempre que no valgo para esto, que no le veo el brillo pop a Paco Martínez Soria por ninguna parte de la boina y que Rosenvinge me parece de una noñez más empalagosa que un kilo de merengue. Seré clásico, antiguo y muermo, pero viviré sin tensiones ni úlceras.
UNA DE LIBROS
Apuntes sobre algunos de los libros que he devorado estas primeras semanas de 2009. Brevemente y a mogollón.
- Un lugar en la cumbre, de John Braine (Impedimenta).
Maravillosa. Una novela-botella de vino, que mejora conforme te la vas bebiendo. En parte, porque el vino libera todas sus esencias poco a poco, y en parte, porque con cada nueva copa estás un poco más borracho y tu entusiasmo por lo que tienes delante crece. Fino cinismo británico y mezcla de elegancia y sordidez -que se entreveran en la novela como en un buen jamón-. Libro de personaje, al estilo de El rojo y el negro de Stendhal, sólo que el Joe Lampton de Un lugar en la cumbre es mucho más ágil, divertido y menos escrupuloso que el Julien Sorel de Stendhal.
Como el título indica, la obsesión es medrar, ser alguien, trepar hasta la cómoda posición de la alta burguesía. Me gusta mucho que Lampton, narrador en primera persona, centre las descripciones de los personajes en cómo visten y en lo que llevan. Cuando se describen unos pantalones, se especifican la tienda donde se compraron y su precio aproximado. También se fija en la marca del tabaco que fuman, en la calidad de los alimentos que se sirven en la mesa, en si los peinados son o no de peluquería y en la marca de whisky que se pide en la barra. Brillante. Una gran novela. Pretende ser una crónica de su tiempo (los años 50 en Inglaterra), pero como toda buena novela-crónica, acaba trascendiendo su tiempo y su espacio y retrata lo universal. Es un libro sobre la ambición perfectamente aplicable hoy. Y muy bueno, además.
- Poe. Una vida truncada, de Peter Ackroyd (Edhasa).
Un poco decepcionante esta anunciada biografía de mi querido Poe. Demasiado plana y lineal. A estas alturas, con todo lo que sabemos del autor de El cuervo, esperaba mucho más que un simple relato de las anécdotas de su vida. Esperaba una interpretación del personaje. Esperaba la confirmación o la refutación del mito, pero no he encontrado ni una cosa ni la otra. Un buen relato biográfico, pero insuficiente. No se moja ni se adentra en las turbias marasmas mentales de Poe. No vale describir hechos aliñados con comentarios de texto de sus principales obras. Eso está ya muy visto. Un personaje como Poe tiene muchos recovecos para explorarlo.
Me gusta, eso sí, que se detenga mucho en la faceta de polemista de Poe, que se enemistó prácticamente con todos los escritores americanos de su generación. A todos les puso a caldo en las reseñas, destrozaba sus libros. Casi toda la literatura americana de su época le parecía pobre, pretenciosa y paleta. Y es posible que el tiempo le haya dado la razón, porque, ¿cuántos coetáneos de Poe han pasado a la inmortalidad?
Otra cosa que me gusta son las últimas líneas, cuando enumera a los escritores cuya obra ha estado directamente inspirada en la de Poe. Tras citar a Baudelaire, Valéry, Gide y Yeats, dice: "Las obras de ciencia-ficción de Julio Verne y H. G. Wells tienen contraída con él una gran deuda, y Arthur Conan Doyle rindió asimismo tributo a su dominio del género detectivesco. Nietzsche y Kafka lo honraron igualmente, vislumbrando en su triste carrera un bosquejo de sus propias almas doloridas. Fue asimismo admirado por Fiódor Dostoyevski, Joseph Conrad y James Joyce, que vieron en él la semilla de la literatura moderna. El huérfano encontró por fin a su verdadera familia".
Esta última frase me emociona, aunque es mentira. Me emociona porque para mi Poe es algo que llevo muy dentro, es una lectura rabiosa y adolescente, la tengo casi injertada en el ADN, y la desgracia vital de Poe siempre me pone muy triste. Sufro por su vida de mierda como sufriría por la de un amigo íntimo, y creo que es verdad que todos los que le hemos leído y querido le sentimos parte de nuestra familia. Muy pocos autores han tenido la suerte de pertenecer a la familia de Baudelaire, de Kafka y de Conrad, pero es mentira que él haya encontrado a su verdadera familia. Nosotros, sus lectores, le hemos encontrado a él, pero él no pudo encontrarnos a nosotros. Se murió sin saber lo felices que nos ha hecho. Murió solo, con el amor incondicional de María Clemm como único aliado, despreciado por todos. No encontró a su familia, murió huérfano, la condición que siempre subrayó.
- El círculo cerrado, de Jonathan Coe (Anagrama).
He hablado en este blog de mi afición por este escritor inglés que casi suena como Poe. Me gusta mucho -no como Poe, por supuesto- y envidio enormemente su capacidad de narrar con sencillez y de manejar con soltura hasta diez personajes a la vez cuyas vidas se cruzan y se descruzan sin que la trama se le vaya de las manos. Es un gran artesano de la novela, aunque no llegue a la talla de gran escritor. El círculo cerrado es la segunda parte de El club de los canallas, que fue lo primero que leí de él (así que ya me estaba jodiendo mucho que no apareciera la anunciada continuación).
En la primera novela se cuenta, un poco alla maniera de La ciudad y los perros, la vida de unos chavales obreros en un instituto de Birmingham en los años 70, en plena recesión, cuando se barrunta el ascenso de Margaret Thatcher y la eclosión punk (de hecho, uno de los personajes descubre a The Clash en un club de Londres, y la descripción del concierto es de los mejores relatos sobre el rock que he leído nunca).
El círculo cerrado se ambienta en los comienzos de este siglo XXI, cuando la vida ha dispersado a la pandilla y le ha dado a cada uno lo suyo. Los mismos personajes, treinta años después. Buen material para adentrarse en la Inglaterra de hoy. A través de sus personajes, Coe -que podría definirse como un laborista de izquierdas desencantado- hace una crítica feroz de su país. Pone de relieve el cinismo, la hipocresía y la mezquindad de sus clases dirigentes, y no siente empacho -como ha hecho en otras novelas- en meterse en la piel de un joven diputado que quiere medrar en el nuevo laborismo de Blair. No cae en la caricatura, y eso es de agradecer, pero a este libro le falta algo del mordiente de El club de los canallas. Parece un libro menos sentido, más artificial. Interesante, en todo caso. Es uno de los grandes narradores ingleses, y ser grande en un país de grandes narradores es mérito mayor.
He leído alguna otra cosilla, pero me guardaré los comentarios para mejor ocasión, que creo que ya he dado suficiente la tabarra.
METÁFORAS MÉDICAS

Aunque ya esté incorporado como acepción en el diccionario, en su origen, el uso del término corrupción para referirse a la res pública era una metáfora. Y como toda metáfora, encubre o proyecta -o las dos cosas a la vez, aunque suene paradójico- una visión del mundo. Es decir, una ideología.
Es una metáfora anatómica, que presupone que el Estado es un ser vivo afectado por gérmenes que lo corrompen. Gérmenes que vienen de fuera, una enfermedad que hay que extirpar. Una vez extirpada, el Estado recupera el vigor y la salud originales. Pero también puede suceder que la corrupción avance, que los anticuerpos no puedan hacerle frente y acabe matando al Estado.
Esa es la idea que prevalece. Con el tema de la corrupción en el PP, ya son legión los periodistas que se han apresurado a aclarar que este episodio es una infección que se atajará con una buena dosis de antibióticos Garzón. Un par de chutes de garzonina en la Audiencia Nacional y a otra cosa. A seguir disfrutando en plenos y comisiones.
Es una metáfora médica muy conveniente y muy tranquilizadora para los defensores sin fisuras del tinglado tal y como funciona ahora, pero cabe preguntarse si esta corrupción es consecuencia de una enfermedad o si, por el contrario, es una consecuencia natural de la forma en la que está estructurado el Estado. En ese caso, la metáfora médica ya no serviría, a no ser que hablemos de una enfermedad autoinmune y genética, pero una metáfora que hay que explicar y detallar no es metáfora ni es nada.
Pensemos un instante. Con malicia, eso sí: en este sistema, casi todos los servicios y prestaciones, por ley, debe proveerlos la administración. Debe recoger las basuras, construir autopistas, gestionar el transporte público, vigilar que los coches pasen la ITV, construir viviendas de protección oficial, hacer radiografías, programar temporadas de ópera en liceos públicos... En fin, imagínense. Pero las administraciones no hacen estas cosas directamente, con su estructura y su personal a sueldo, sino que la mayoría las delega. Así, un montón de empresas privadas hacen cosas de las que la administración es responsable. Lo hacen en nombre de la administración y, por supuesto, cobran por ello.
De acuerdo: hay mecanismos de concesión y de concurso público sometidos a la ley y a los tribunales. Y la mayoría de las veces, sorprendentemente, se cumplen. Pero, ¿no es este sistema una invitación irresistible a la corrupción? ¿No es un sistema perfecto para que los políticos paguen favores, coloquen a cuñados o hagan la puñeta a sus enemigos? ¿Qué concurso o concesión pública es lo bastante estricto y transparente como para impedir que mangonee en él quien tiene la capacidad de mangonear? No hace falta incurrir en algo descarado: basta con diseñar un concurso público que valore las características concretas que sólo la empresa de tu primo tiene. Caben mil y una sutilezas en este entramado clientelar.
Lo raro, queridos aficionados a las metáforas médicas, es que no haya mucha más corrupción de la que hay. El nivel de corrupción es irrisorio para la cantidad de oportunidades que tienen alcaldes y concejales de meter mano a la caja constantemente.
Hay mil pequeñas trampas, mil pequeños tejemanejes que, sin salirse en absoluto de la legalidad, amparan un sistema clientelar: concesiones que se deciden en cenas y no en despachos de técnicos, sobreprecios que se apalabran en pasillos... Y las dos frases que más se escuchan en la administración: "¿Qué hay de lo mío?" y "Dile al chaval que venga y que diga que va de mi parte".
La administración podría gestionar todas esas cosas ella misma para ahorrarse estas tentaciones. Pero, claro, eso sería comunismo o algo así. Iría en contra del libre mercado. Y no queremos contrariar al libre mercado, ¿no?
Así pues, consuélense con metáforas médicas si quieren, pero aquí el que no pilla cacho es porque no quiere. Quizá para usted el Estado sea el garante de la convivencia y la forma más sofisticada y racional de organizar una sociedad. Para ellos, sólo es una tarta que hay que zamparse rápido, antes de que venga otro y se lleve más trozo.
Lo que me sigue maravillando es que, pese a todo, la cosa funciona razonablemente bien y el nivel de mamoneo se mantiene muy bajo. Tenemos suerte de que, en general se tienda a la honradez y a la responsabilidad -va a tener razón Summers: to er mundo e güeno-, pero el sistema no puede depender de la buena voluntad de la gente, tendría que ser algo más firme. Vamos, creo yo.
Foto: iba a poner una foto de Roldán, el chorizo, pero me ha parecido mejor poner a este otro Roldán, el de la brecha y la Chanson. Es el que está tieso en el suelo. El del caballo, que parece mirarlo como diciendo "este tío es tonto", es Carlomagno. Las montañas del fondo, no sé qué son. Los navarros dicen que Roncesvalles; los aragoneses, que Ordesa, donde está la Brecha de Roldán. Para aclararlo le preguntaron a Roldán, que les dijo que esas montañas ya no están donde estaban, sino en una cuenta de un banco privado de Aruba.
PD: Malas influencias se retrasa un pelín y no estará listo esta semana, como dije. Anunciaré la fecha de lanzamiento exacta. Se mantiene la presentación para el día 26 en Zaragoza, eso sí.
LA COLITA DEL SEÑOR DALÍ
"Y entonces las suecas cogían al pato, le cortaban el cuello, y la colita del señor Dalí iba al ano del pato".
Entrevistó Buenafuente el otro día a la Señora Ríus, institución burdelera de Barcelona -cuya vida se ha recogido en un libro- que contó este episodio sexual del señor Dalí, que ella presenció cuando era novicia. Yo no conocía esta anécdota. Habrá quien la vea como un acto surrealista y habrá quien diagnostique dos graves desórdenes en la conducta sexual de Dalí: zoofilia y necrofilia. Yo prefiero verlo como un acto precursor de la cocina de Ferran Adrià. El maestro del Bulli iría un paso más allá, embadurnando de nitrógeno líquido pato y pene (o pene y pato, no sabemos qué fue antes de qué) para crear una delicada espuma. El plato se llamaría: suave lecho de canard relleno de colita de Dalí. El precio sería, por supuesto, exorbitado, pero qué quieren: no todos los días se puede comer el miembro de un genio surrealista (salvo si eres bailarina de Pigalle, doctorando en Bellas Artes o crítico de prestigioso suplemento cultural a color, claro).
Y no sigo hablando de comida, que seguro que os entra hambre, como a mí.
Lo que de verdad me mola del tema es la expresión empleada por la Señora Ríus: "la colita del señor Dalí". Encantadora, fantástica. Si fuera poeta, titularía así mi próximo poemario. He leído todo Sade y no he hallado nada igual en sus páginas.
He aquí la parte de la entrevista donde se cuenta la anécdota. Abstenerse canónigos y catequistas:
ESTIGMA

Sigo mucho el blog de Mi madre es idiota. Me he encariñado de Beta, de su humor, de su estilo y de su naturalidad. Hay algo también personal en mi afición a su blog, porque lo que cuenta y como lo cuenta me recuerda a alguien que fue muy querido para mí. Por eso me he llevado un poco de disgusto cuando he leído esta entrada. En ella cuenta que le han echado para atrás un artículo en el portal Soitu (donde colabora escribiendo de cine) argumentando que era demasiado personal. No creo que lo hayan rechazado por ser demasiado personal, sino porque en él hay dos palabras tabú: "brote psicótico".
Si Beta hubiera contado cualquier otra experiencia de su vida, por chusca, turbia o íntima que fuera, estoy convencido de que lo habrían publicado sin problema, pero el relato de un trastorno mental, con psiquiatras y pastillas antipsicóticas de por medio, ya no le hace gracia a nadie. No es que no haga gracia, es que nadie lo quiere cerca. Es el último tabú. Se aceptan relatos de enfermos de cáncer o de sida, de víctimas de accidentes de tráfico, de lo que sea, pero la enfermedad mental no vende. Aunque a simple vista parezca lo contrario.
Al gran John Cheever, que también tenía problemas -acentuados por el abuso del alcohol- para discernir lo real de lo imaginario, le rechazaron uno de sus grandes cuentos. Se lo rechazó el también escritor William Maxwell, editor de The New Yorker. Fue personalmente a su casa, con cara larga, y le dijo que lo sentía, que al leer ese relato se había dado cuenta de que Cheever estaba perdido para siempre, de que había perdido completamente el sentido de la realidad. Lo rechazó porque le aterraban las brumas mentales que se entreveían en las líneas del texto. El cuento, por supuesto, apareció publicado en otro sitio.
Hace un par de años me documenté muchísimo para construir un personaje esquizofrénico. Estudié libros de psiquiatría (que ocupan un estante de mi biblioteca), me empollé la historia de la enfermedad, traté de comprender -un poco por encima- el funcionamiento químico del cerebro y cómo los antipsicóticos actúan sobre él. Quería escribir una novela creíble sobre un antiguo terrorista esquizofrénico en la que no quedase claro si sus asesinatos estaban motivados por su ideología o por su cerebro trastornado. No me salió, pero, rescatando la esencia y uno de los personajes de aquel proyecto frustrado, acabé construyendo un relato corto que está incluido en Malas influencias. Se titula El doctor Chase, y escribirlo me ha ayudado mucho a comprender el porqué del estigma social de la locura.
En realidad, lo comprendí mucho antes, en las mismas librerías, cuando me acercaba a pagar a la caja con unos cuantos libros con títulos como Superar la esquizofrenia, Guía para familiares de enfermos psicóticos o El cerebro y los antipsicóticos. Notaba la mirada del librero, que evitaba el contacto visual y ponía un gesto a medio camino entre el miedo y la compasión. Y lo peor de todo es que me he dado cuenta de que, gracias a los avances farmacológicos de los últimos treinta años, la esquizofrenia puede tratarse de forma parecida a la diabetes, controlando con relativa facilidad los síntomas. La ciencia comprende ahora bastante bien cómo funciona la enfermedad y, aunque quedan muchísimos puntos oscuros, saben dónde buscar y cómo mantenerla a raya. Sigue siendo degenerativa, sigue siendo incurable, sigue siendo implacable, pero no es, ni mucho menos, como hace veinte años. No hay forma: el estigma sigue allí. El caso de Beta -que, al parecer, es solo un brote, no la enfermedad con toda su fuerza- lo prueba.
Es terrible que así sea, porque ese estigma arrumba en la sombra a mucha gente que podría llevar una vida perfectamente normal, que no se atreve a llamar a las puertas de un psiquiatra por miedo al qué dirán y que sólo acaba en tratamiento cuando ya es demasiado tarde, cuando la bestia ha salido con toda su fuerza y ya hay consecuencias serias que lamentar, como intentos de suicidio.
No tiene que ver con esto, pero igual que Beta, yo también estoy un poco cabreado porque no va a salir publicado un reportaje mío sobre el 25 aniversario de la muerte de Cortázar. Vamos cortos de papel en las páginas de cultura y, por supuesto, hay que eliminar las efemérides superfluas para dar algo de información del día. No es censura, ni mucho menos, pero me jode trabajar para nada. Así que me desquitaré escribiendo algo en el blog.
Foto: es Beta, en una foto cogida prestada de su blog.
TRAGOS LARGOS

Una amiga quiere -o quería, no sé si ha desistido ya- montar un bar de cócteles. No creo que funcionara en España, pero sería una maravilla tener a mano una coctelería de verdad, como las de Francia y Estados Unidos.
De hecho, me gustaría salir sentado, como hacen en casi todo el mundo. Será más animado apretujarse en los baretos de pie, pero yo echo de menos boîtes agradables con música no muy alta y horario generoso donde echar las horas disfrutando de un trago largo (trago largo: me encanta esta traducción latinoamericana del inglés longdrink). Un sitio donde emborracharse con dignidad, como un caballero, sin tener que andar haciendo equilibrios.
En España seremos muy salidores, pero no tenemos buenos bares. Esa es la verdad. Sabemos armar gresca y arrejuntarnos en mogollón, pero no sabemos disfrutar de la noche como gentlemen. Y yo, que soy un estirado aficionado a los tragos largos, echo de menos que se me hagan las claras con mis amigos en sitios donde no tenga que competir por un hueco en la barra o mantener una conversación a gritos. En Zaragoza, antes teníamos el Vinilo, de ambiente semiafrancesado y horario generoso, pero ha cambiado de dueños. En Barcelona hay algunos, pero insultantemente caros e insufriblemente esnobs. En Madrid resiste el Manuela, antro de mis entretelas y de largas tardes de domingo, donde lo mismo te sirven un café con bollos que te preparan unos dry martini casi helados, blancos, que te acuchillan la glotis.
Pero son islas en el desierto nocturno.
¿Me obligarán a beber en casa? ¿Me obligarán a surtir mejor mi mueble bar? ¿Me obligarán a darle más uso a mi coctelera? Tras un tiempo manteniendo la llama encendida a medio gas, ¿han llegado a su fin los días de mis noches? Espero que no. Espero que me sirvan todavía muchos tragos largos. Y que mi hígado lo vea.
EL ASESINO CATÓDICO
Columna Del revés, publicada hoy en el suplemento MVT de Heraldo.
La peli de la que hablo, como providencialmente ha investigado el detective Rondabandarra (gracias, amigo), existe, no la soñé. Se titula Kamikaze, la dirigió en 1986 Didier Grousset y uno de sus guionistas fue (cágate, lorito) Luc Besson. Así que no iba muy desencaminado en mis delirios (perdonad las erratillas, si las hay, pero es que he tenido que cortipegar desde el PDF y el volcado de texto da errores que hay que corregir a mano. Puede que se me haya pasado alguno).
Puede que lo soñara -aunque espero que no, ya que, si así fuera, debería empezar a contarle mis sueños a un buen psicoanalista lacaniano de la línea dura-, porque la he buscado por Internet no he encontrado nada que se le parezca, pero juro o prometo que vi hace años una película espantosa y delirante de un tipoque asesinaba a presentadores de la tele a través de un pistolón de rayos que apuntaba a lapantalla de su televisor. El rayo mortífero hacía el recorrido inverso a la señal catódica hasta llegar a la cámara del plató, salía por el objetivo y dejaba frito al presentador. Tras unas cuantas muertes, las teles dejaron de emitir en directo, y los sagaces investigadores concluyeron que el asesino tenía que ser un sociópata adicto a la tele, que la tuviera encendida incluso aunque no hubiera programación. Así, rastreando a los que ven la tele entre las dos y las cinco de lamadrugada en París -sí, amigos, la película era francesa hasta las cachas: ¡toma excepción cultural y NouvelleVague!- localizaron al criminal. Obviamente, se trataba de un friki gordo y resentido que envidiaba a los guapos y listos que salían por la tele y que se había fabricado un cacharro de rayos para cargárselos. Otro talento que la NASA pasó por alto.
Bien pensado, puede que aquello no fuera un bodrio, sino una sofisticada alegoría de la postmodernidad. De hecho, creo que algún libro de Michel Houellebecq o de Le Clézio o de Amélie Nothomb -o de los tres a la vez- tiene un argumento parecido.
Hoy, en cualquier caso, esta alegoría sería imposible, pues la emisión de las cadenas es contínua las 24 horas, y ese es unode los mayores errores que han cometido los programadores. Porque hoy ya no podríamos localizar al gordo matapresentadores, porque la Familia Real no puede salir despidiendo la emisión con el himno, porque la niña de ‘Poltergeist’ ve anuncios de alargadores de pene en vez de los fantasmas de toda la vida y porque -y los noctámbulos que no madrugan coincidirán conmigo- no, ¡no queremos ver vídeos porno de Lucía Lapiedra en el móvil! Echamos de menos los tiempos en los que la tele descansaba por la noche, cuando el argumento de esa peli todavía era posible.
TURA, PURA TURA

Quería escribir algo sobre el 25 aniversario de la muerte de Cortázar, pero no puedo. Se me atascan las palabras, así que, citándome a mí mismo, recupero este texto que escribí en París el 16 de marzo de 2007, hace casi dos años. Es un texto que gustó a Antón Castro y que, de su mano -y bajo el título excesivo de Cortázar, visto por Sergio del Molino-, fue rulando por internet de blog en blog, así que sospecho que ha tenido unos cuantos lectores. En la foto estoy tras el cronopio que corona la tumba parisina de Cortázar.
Siento ser tan pelma, pero me veo obligado a seguir hablando de Cortázar porque vengo de ver una exposición que creo que ya se exhibió en Madrid, pero que hasta el 30 de marzo puede verse en la Maison de l’Amerique Latine y en el Instituto Cervantes de París: Cortázar, le voyage infini (Cortázar, el viaje infinito). Una nueva vuelta de tuerca a la mitomanía que nos subyuga a algunos.
Lo que se expone en las salas es parte del legado que Aurora Bernárdez, viuda de Julio, cedió el año pasado a la Xunta de Galicia (ya que ella es hija de emigrantes gallegos) y que ahora se pasea por varias ciudades europeas antes de reposar en un centro que el gobierno gallego habilitará para ello. Son fotos, cartas, documentos, objetos personales y algunas películas locas y absurdas rodadas en Super 8 durante algunos de sus viajes. La reseña que ha hecho Le Monde de la exposición es muy poco complaciente (de hecho, la pone a parir en tres párrafos), pero se comprende la crítica, porque la verdad es que los comisarios no la han adaptado al público local: ninguna carta ni documento está traducido al francés, y los audiovisuales (entre ellos, una crucial entrevista que concedió a TVE en 1977) no están ni subtitulados ni doblados. Vamos, que si no sabes español, no te enteras de nada, porque las explicaciones en francés de los paneles son mínimas. Y es una pena, la verdad, porque, al fin y al cabo, Julio era también un parisino.
Es una muestra para fans muy fans (como es mi caso). Están las fotos que Carol Dunlop hizo para Los autonautas de la cosmopista. Están las gafas, la pipa y la máquina de escribir. Está la citadísima carta de agradecimiento (Cortázar siempre guardaba una copia de todas las cartas que enviaba, y eso ha permitido reconstruir todo su epistolario) que mandó a su editor, Francisco Porrúa, cuando recibió por correo desde Buenos Aires un ejemplar de la primera edición de Rayuela (que, por cierto, en el mercado anticuario se cotizan ya a 300 y 400 euros la unidad) en la que le reprocha elegantemente lo rácano que ha sido con el grosor del papel y en la que anuncia: "Pronto cumpliré 50 años. Será hora de que empiece a dedicarme a algo serio". Está la carta que envió a Luis Buñuel cuando éste se interesó por adaptar uno de sus cuentos. Están las primeras fotos que envió a su madre desde París, con unos párrafos llenos de entusiasmo. Otra carta donde confiesa su admiración por Alejandra Pizarnik. Está también su pasaporte y el visado consular de su madre. Hay también una serie de fotos absurda y cronopial en la que coloca a una muñeca en varias posturas pornográficas. Hay un vídeo en el que él y Octavio Paz aparecen bailando con unos niños en la India, en la época en la que Paz era diplomático allí e invitó a Julio y Aurora. Hay también muchos cronopios, pero ningún fama. También han puesto un rincón donde te puedes sentar a escuchar el jazz que le gustaba y del que tanto escribió. Hay tura, pura tura, y hay himperfecciones himportantes, habsurdas y hortográficas y esa-picazón-que-sientes-en-la-nuca-cuando-te-quedas-mirando-fijo-el-cielo-raso.
Podría parecer un panteón, pero es Julio. Es juego, es divertido. Aurora Bernárdez, que sigue como loba celosa el papel de guardiana de la memoria del que siempre fue su gran amor, lo está haciendo muy bien, dosificando con elegancia y manteniendo viva la versión que Cortázar quiso dar de sí mismo. Chapeau.
COMO ACTORES SECUNDARIOS

Parental advisory: este post no es apto para menores proclives al botellón. Niños, no hagáis esto en vuestras casas.
Hará un par de semanas quedé con un amigo a echar una caña antes de cenar. Un plan reposado: un poco de charleta literaria -los dos le damos a la tecla por oficio y vocación-, contarnos lo que tenemos cada uno entre manos y a casa.
Pero la cosa se lió, empezamos a dejar de pedir el vino por copas para pedirlo por botellas y apareció por ahí un montón de gente que saludaba, bebía, brindaba con nosotros y se despedía. Hacia la medianoche cenamos cochifrito (o algo así), se presentaron nuestras respectivas -por lo demás, sobrias y pacientes- y acabamos todos a las dos de la mañana ciegos como piojos en un concurrido antro de modernos con nombre de atracción de feria. Mi amigo y su respectiva hicieron mutis en algún momento indeterminado y yo fui remolcado hasta el hogar mientras decía un montón de inconveniencias y cantaba clásicos de Lluís Llach a voz en grito.
No se puede salir de casa, pensé.
La resaca fue fina, por supuesto, y juré, instantes antes de volver a salir, que a Marx ponía por testigo de que nunca más bebería alcohol. Pero mi day after debió de ser mucho más suave que el de mi compañero de farra, que me mandó un sms disculpándose por lo impropio de su conducta y esperando no haberme ofendido ni a mí ni a mi señora.
Pues sí que estamos bien -seguí pensando, con gran esfuerzo y después de tomarme un sobre de ibuprofeno antirresacoso-, ahora me vienen con culpas judeocristianas. Lo que nos faltaba.
El remordimiento, ese gran enemigo interior.
¿Qué mundo es este en el que uno no se puede salir un poco de madre de cuando en cuando? ¿Qué tristeza de vida es esta que nos avergüenza de nuestras pequeñas -misérrimas- debilidades? Ni que hubiéramos cometido un crimen, digo yo. El crimen lo cometí yo contra el repertorio de Lluís Llach, pero salvo la dignidad de la cançó catalana, nada más resulto herido aquella noche, que por lo demás recuerdo grata e ingeniosa.
La culpa se extiende como el aceite entre los hijos del mayo del 68. Qué generación de mierda esta a la que pertenecemos que es más carca que la de sus padres. Bien está que no busquemos playas bajo los adoquines porque ya sabemos que bajo el pavimento sólo hay cloacas, y destaparlas es insalubre, pero de ahí a que nos avergoncemos del desfase, a que no podamos ni zamparnos una fabada por el qué dirán...
He aquí un retrato generacional, cortesía de Barricada en el disco Por instinto:
Puedes observar como empieza
aunque no lo entiendas
y nadie te lo explique.Puedes creer que estás equivocado
porque todos parecen divertirse.Como actores secundarios
demasiado preocupados
en llevar puesto el sombrero
y poner cara de tiernos.Son chicos muy listos,
todo lo hacen bien.
Son como gusanos
que no paran de comer.Aburrida, vaya generación.
Ser aburridos es nuestra vocación.¡Ven, ven, ven!
A mirar el precipicio.
¡Ven, ven, ven!
Todo lo haces por instinto.
¡Ven, ven, ven!
Ven a mirar, salta de aquí.Llegas con retraso, tu tiempo va al revés.
La aguja se volvió a romper.Si intentas decirme algo, esa historia ya la sé.
Puños cerrados golpean la sien.Muy arriba o muy abajo,
ni delante ni detrás,
quédate con lo que quieres,
no hablaremos nunca más.
No he encontrado el vídeo de la canción, pero os pongo esta versión de Los Gandules del No hay tregua, frente a los mismos Barricada. A mí me parece tronchante, pero reconozco que soy muy primario:
Estamos tan empeñados en hacerlo todo bien, en ser perfectos, en lucirnos, en brillar, en destacar en el histérico resorte de la vida (de la vida laboral, vaya, la del éxito, la del reconocimiento), que no toleramos la imperfección, que no soportamos la fluidez del vino cuando se ha perdido la cuenta de las copas y la anestesia de la parte frontal del cerebro, la que controla la inhibición, la que nos lleva al borde del precipicio. Somos actores secundarios demasiado preocupados en llevar puesto el sombrero y poner cara de tiernos.
Y ya está bien, hombre: es feo que alguien sienta que se tiene que disculpar por emborracharse con un amigo, digan lo que digan los de Proyecto Hombre y los de Alcohólicos Anónimos.
LOBO EN RETIRADA

Dice António Lobo Antunes que una más y se marcha. Lo dice aquí, en el Diário de Notícias, en ese bello portugués que tan bien se entiende. Dice que saca la novela que tiene entre manos y que ya nunca más volverá a publicar nada. Ni en formato de libro ni en artículos ni en nada. Que se acabó, que nos vayamos haciendo a la idea. Que el hombre tiene ya una edad, y escribir, dice, "es muy cansado".
Qué osado, mi admirado Lobo Antunes. ¿Por qué anuncia su retirada? ¿Por qué correr el riesgo de desdecirse? Si dentro de unos años le pica volver a escribir, le van a afear mucho este anuncio de retirada. Lo mejor es despedirse a la francesa. Pero, claro, Lobo Antunes es portugués, y los portugueses han hecho de la despedida un arte que ellos llaman fado. Y uno de los libros que más me gusta de Lobo Antunes se titula precisamente Fado alejandrino.
No sé si sucumbirá al arcano y turbio placer de faltar a la palabra dada, pero se le echará de menos. Los que hemos aprendido a hacer contorsionismo para movernos entre su frondosísima y exuberante prosa le echaremos a faltar. Extrañaremos sus jóvenes lisboetas que follan con negros, sus veteranos de Angola a los que nadie va a recibir en el muelle del Tajo, sus niños angoleños comidos por las moscas, sus ollas cociendo a fuego lento y derramando sus aromas concentrados por las calles de la Alfama de Lisboa y sus apartamentos lisboetas con reloj de pared, papel pintado y abuelo malcarado que come sopa en silencio.
No tema desdecirse, don António, que no le haremos ascos a otro libro suyo, de verdad.
Entiendo su cansancio, eso sí. Es cierto que escribir es muy cansado. Es un oficio agotador, siempre que se intente hacer bien. Exige demasiado de uno mismo, chupa mucha sangre y necesita de un entrenamiento casi atlético. Toda atención es poca en su ejercicio, y la búsqueda de la voz -que es la única razón por la que se escribe- puede dejarte afónico.
La voz. Afortunados los que la encuentran. Afortunados los que saben abrir un estilo, los que saben ser reconocidos detrás de cada texto sin que el texto se asfixie con su presencia. A Lobo Antunes le pasaba. Tenía voz. Gustase o no, eso ya va por barrios, la tenía, y se entiende que prefiera acallarla antes de que se le pierda en palabrerías.
Por suerte, no he agotado su lectura. Seguiré esforzándome en ella.
Un crítico de Lisboa tradujo hace tiempo al portugués un articulillo que escribí aquí sobre En el culo del mundo. Podéis echarle un ojo a mi versión portuguesa pinchando aquí. Yo me veo muy suelto hablando el idioma vecino. Mirad qué bien lo escribo, según esa web. Así sueno en portugués:
Sim, é denso, arcaico em certas ocasiões, como um velho e artrítico deus. Cinzento e metafísico e com uma tendência barroca que com frequentemente enfeita o ritmo da narração. Mas gosto dele, desfruto-o, estremece-me. E isso não me classifica em nenhum lote intelectual, porque também gosto de muitos autores que se situam no extremo oposto, do contundente e cómico estilo desnudado.
¿A que sueno mejor que en castellano?
MALAS INFLUENCIAS, AL FIN

Estos días voy a dar un poco la brasa con el librito, pero estoy de promoción, qué se le va hacer.
Veamos, noticias frescas: Malas influencias ya está distribuyéndose, así que a lo largo de esta semana y la siguiente irá colonizando las librerías de España. Es probable que a partir del jueves pueda comprarse ya en grandes superficies, anunciaré cuándo estará disponible online. Hemos creado un blog en Wordpress donde se irá informando de la promoción y se colgarán las reseñas, entrevistas y hazañas sexuales del autor. Desde esa dirección se podrá comprar en línea. Podéis leerlo pinchando aquí, y también está en los enlaces de la barra de la derecha, junto al de mi editorial, Tropo Editores.
Recuerdo que la presentación en Zaragoza será el jueves 26 de febrero, a las 19.30 en la Fnac. Habrá vino y espero no olvidarme el boli, porque los que compréis ese día os llevaréis, si así lo queréis, la primera página emborronada con mi horrible caligrafía y una obscenidad a modo de dedicatoria.
Os cuelgo aquí la nota de prensa que han elaborado Óscar y Mario en la editorial y que ya rula por las secciones de cultura de los medios de comunicación patrios:
Tropo Editores presenta el lanzamiento del libro: Malas Influencias de Sergio del Molino Tamaño: 22x14 cm Páginas: 158 páginas ISBN: 978-84-96911-11-6 Próximamente en su librería Un psiquiatra cirrótico que no cree en las pastillas, la hermana de un terrorista esquizofrénico, la poeta Sylvia Plath planificando su propia muerte, la extraña cicatriz en la espalda de un anciano que luchó en la guerra, una vieja gloria de las letras encerrada en un piso con una pierna gangrenada, un desahuciado que se niega a salir de la cama, una diva aficionada a la masturbación, un ejecutivo incapaz de controlar la ira y un tal Federico Jogenzoler empeñado en cumplir la promesa de asesinato que le hizo hace treinta años a su amigo Gregorio. “Por mi buen hacer de chico bien criado, nadie llegó a tiempo aquella mañana. Cuando la chica australiana leyó la nota «Llamen al doctor», lo único que pudo hacer el médico fue firmar el certificado de defunción. Así fue como supe que yo ayudé a suicidarse a Sylvia Plath.”
Son algunos de los protagonistas de Malas influencias, un libro donde Sergio del Molino presenta unos finales de raza que aspiran a morir matando o a matar muriendo; seres inadaptados que se arrancan de la piel las palabras que forjan sus historias.
Un libro de intimidades y frustraciones en el que aletean sombras muy diluidas del realismo sucio americano.
Ya hay cerradas algunas entrevistas, que anunciaré con antelación y, si me dejan, colgaré en el blog del libro. Me vais a sufrir en prensa, radio, televisión y en persona. Vais a acabar tan hartos de mí, que no os va a quedar más remedio que comprar y leer el libro, aunque sólo sea para descansar del tormento de escucharme y verme por ahí.
Más noticias: empiezo una sección de libros en Heraldo. Una vez por semana, recomendaré brevemente unas cuantas novedades para todos los gustos. Y próximamente empezaré también a escribir un blog literario en heraldo.es. Se titulará De reojo, y espero que arranque dentro de muy poquito: habrá reseñas, comentarios, crónicas y adelantos editoriales.
Y una última novedad más que no me está permitido detallar todavía: casi con toda seguridad voy a impartir unos talleres de escritura. En cuanto pueda, os diré fechas, horarios y dónde se puede solicitar la matrícula, por si a alguno le interesa.
En fin, que estoy a tope, voy a necesitar drogarme para aguantar el ritmo. Menos mal que desayuno frosties.
MALAS INFLUENCIAS: ESTE DOMINGO EN LA SER

Para vuestras resacas: este domingo 22, después del boletín informativo de las 13.00, Miguel Mena me entrevista en el programa A vivir Aragón -desconexión autonómica de A vivir-, para todas las emisoras de la Cadena Ser en Aragón (en Zaragoza, 93.5 FM). Si salís el sábado, ya sabéis, un Alkaseltzer, un café negro y a despejar la resaca con mis tonteridas habladas.
TODO ES POCO PARA ELLOS
Columna Del revés, publicada hoy en el suplemento MVT de Heraldo.
Qué pesadez más pesada la promoción que le han dado a ‘El luchador’, que se estrena hoy. Qué de toneladas de miel se han dilapidado en las loas al trabajo de Mickey Rourke. Ya puede ser buena, ya, porque si es un poquito menos que excelsa no va a estar a la altura del bombo proclamado. Y eso que va de un tipo que hace ‘pressing catch’, esa cosa ridícula de los combates amañados donde dos horteras con sobredosis de clembuterol se dan cachetes coreográficos mientras los palurdos les jalean en las gradas. Yo ahí veo material para una comedia, no un drama. No termino de empatizar con esos personajes, pero habrá que echarle un ojo antes de juzgarlo.
Eso sí, operaciones de promoción al margen, entiendo perfectamente que se admire a los actores hasta el paroxismo. Hasta tirarse de los pelos y arrancarse los ojos con las uñas. Seré un frívolo indigno de pisar el mundo, pero pienso que un actor brillante merece una vida millonaria y los excesos y los caprichos de divo. Le disculpo cualquier defecto de carácter, le perdono hasta los crímenes que pueda cometer. Creo que un actor grande -pero grande de verdad- debe ser mimado más allá de toda mesura. Murámonos de hambre si es necesario; regalémosles nuestras casas si se les antojan.
¿Qué precio le pondríais a la sonrisa de Michael Caine al final de ‘El hombre que pudo reinar’? ¿Cuánto dinero vale el "si me necesitas, silba" de Lauren Bacall? ¿A cuántos euros se cotiza la frase: "Lo conseguí, ma, ¡la cima del mundo!", dicha por James Cagney antes de ser devorado por las llamas al final de ‘Al rojo vivo’? ¿Y la mirada rabiosa del propio Mickey Rourke en ‘La ley de la calle’?
Cuando un actor brilla, se mete en nuestra piel, atraviesa músculos, cartílagos y huesos para colarse en nuestra médula. Y una vez dentro, la cosquillea, la retuerce, la arrasa. Hace con ella lo que quiere. Y lo hace con su propio cuerpo, con sus gestos, con su mirada. Sin más artificio que su persona. Él mismo se convierte en obra de arte, desencadenando una magia antigua cuyos resortes solo ellos manejan. Nos encantan como a serpientes.
Seguro que Mickey Rourke está estupendo. Seguro que está a la altura de su leyenda (y de su promoción).
LA VOCACIÓN ANACRÓNICA
Miguel Mena se ha currado un montón la entrevista que me ha hecho este domingo en su programa de la Ser. Me he sentido un poco como en un especial de Esta es tu vida, con intervenciones estelares de Alberto Serrano Dolader y de Sergio Navarro. Yo no sabía nada, ha sido todo sorpresa. Un placer, la verdad. A ver si me pasan la grabación y puedo colgarla en algún sitio. Creo que he dicho muchas tonterías, como siempre.
Sergio Navarro ha dicho -o he creído entender- que una de las cosas que le atraen de este rinconcito digital es que un tipo jovenzano como yo (aunque encanezco y se me despeja la coronilla a ojos vista) tenga entre sus variadas obsesiones y afinidades a actores de cine mudo, a gente de otras épocas y a escritores que llevan mucho tiempo criando malvas... No sé cómo de variadas son las obsesiones que vuelco en este blog, porque a mí me da la sensación de que siempre estoy dándole vueltas a las mismas monsergas, pero al escuchar a mi tocayo me he acordado de una vieja competición de anacronismos.
Hace años, una amiga y yo coincidíamos en que los dos éramos seres anacrónicos, y que en lo único en lo que nos diferenciábamos era en las épocas que habíamos escogido para nuestros anacronismos. Ella se sentía más años 20 y yo me identificaba más con el feísmo post-hippie. A ella le molaba el mesmerismo, y a mí, la lisergia mental sin ácido. Ella iba más de fox-trot, y yo, de guitarreo prepunk. Ella era de Houdini, y yo, de Juan Tamariz. Ella era aristócrata, y yo, comunista. Ella iba de Nabokov, y yo, de Cortázar.
Todo muy dispar, apenas coincidíamos en nada. Y, sin embargo, nos entendíamos, había compenetración. Según ella, la clave de nuestra afinidad era que, más allá de los hitos concretos, los dos éramos seres anacrónicos. O mejor: los dos teníamos una vocación anacrónica. Y en esa vocación germinaba nuestra intimidad.
Ser vocacionalmente anacrónico no significa que sientas nostalgia de un tiempo no vivido, ni que te mueras por meterte en una máquina de tiempo, ni siquiera que quieras recrear ese tiempo en la actualidad. Ni mucho menos. La vocación anacrónica convierte el pasado elegido en energía creadora para el presente y para el futuro. No busca revivals ni teatrillos ni Cuéntame cómo pasó. No se trata de imitar ni de recrear, sino de parasitar la esencia de una época y de un lugar y aprovecharlo hoy.
Es algo sutil, difícil de explicar y difícil de comprender para uno mismo. Pero los anacrónicos nos entendemos.
Gracias, tocayo Navarro, por esa intervención radiofónica. Colorao me he puesto y todo. Miguel Mena ha sido testigo (qué cabrón, menuda encerrona...).
CON CARIÑO
Dos comentarios recientes en este blog, en el artículo La colita del señor Dalí. Los dos tienen la misma IP (es decir, que han sido escritos desde el mismo ordenador):
Lo que queda claro en este articulo es que vas de pseudoculto y en realidad lo que te mola es que se follen un animal tras cortarle el cuello... eso lo dice todo de ti. Eres basura desechable.
Por tu articulo diría que ansias una penetración anal urgente. Deberías aunque sea pagar por ella... no sea que tu depravación vaya a peor... quien sabe que será lo siguiente que te guste.
Lo que me fascina de este tipo o tipa es que crea que ser culto o ir de pseudoculto sea incompatible con follarse a un animal tras cortarle el cuello. Hay gente que cree que la cultura es como un buen detergente, que elimina las perversiones. Como si leer a Schopenhauer y exterminar judíos no maridasen bien.
Me fascina también mucho el razonamiento del segundo comentario: debería pagar por una penetración anal urgente (bueno, a lo mejor una reposada también me servía) para que mi depravación no vaya a peor. Quiere decir que si calmo mis ansias y ardores de ser penetrado analmente, no iré más lejos. No lo tengo yo tan claro: a lo mejor entro en una espiral de depravación imparable y acabo forzando penetraciones por las orejas y por las fosas nasales. Tampoco sé si el comentario es una invitación a abonarle los servicios de una penetración anal urgente. ¿Alguien sabe a cuánto se paga una penetración anal urgente? ¿Si es sólo certificada me sale un poquito más barata? ¿Tienen vales descuento?
Hay odios que no entiendo. Literalmente. Creo que me están mandando a tomar por el culo, pero no me queda del todo claro, la verdad. Yo soy partidario de un insulto más directo. La perífrasis y la ofensa no se llevan bien. Hay que ir al grano para ser hiriente, si no, sólo haces el ridículo.
En cualquier caso, amigo o amiga, deseo que tus penetraciones anales, amén de gratuitas, sean reposadas y lubricadas, sin urgencias ni sequedades.
CURRAR ES UNA JUERGA
Me dispongo a escribir mi columna de los viernes en el suplemento Muévete. Entro en la maqueta y me encuentro que Pablo Ferrer ha puesto algunas gracias en ella. En el título ha puesto "Moliendo café, treleré". Ha redactado un arranque que dice:
Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal aprieto; solo una vez, cerca de Loreto, cuando hube de comprar un cabrestante. Yo pensé que no hallara navegante, pero encontré la tienda de Gepetto; como al lado había un bareto, reemprendí mi vida de tunante...
Y en el sumario-destacado de la columna ha colgado:
Un choneto me manda hacher Violanche, que en mi vida me he vichto en chal apriecho...
Cada semana me sorprende con una coña parecida. Uno de estos días le seguiré el juego, dejaré lo que él escriba y seguiré a partir de ahí. Hoy no, todavía no me atrevo.
LAST CALL FOR ZARAGOZA

Llegó el día, amiguitos. Hoy jueves, a las 19.30, en el Fórum de la Fnac de Plaza de España de Zaragoza, presentación de Malas influencias.
Se ruega asistir arreglado, pero informal. No habrá aparcacoches ni bellas azafatas sirviendo copas. Para colmo, los tres tíos que nos vamos a sentar en el escenario somos feúchos tirando a desgarranglaos, y es probable que para esa hora de la tarde acusemos cierto grado de etilismo que nos haga imprevisibles, soeces y de verbo incoherente. O no. A lo mejor tenemos el mal gusto de acudir sobrios al evento. He preparado un discurso muy breve, unos 600 folios a un espacio, así que no os dará tiempo de aburriros. Se ruega a las señoras que no lleven pamelas demasiado ostentosas en aras de una buena visibilidad del barbado autor y que los caballeros guarden sus estuchitos de rapé hasta que termine la ceremonia.
Nos vemos esta tarde, amiguetes.
PS: por supuesto que iremos sobrios, porque todo este sarao no es más que una excusa para irnos luego de borrachera por los antros de la Inmortal Ciudad.
CHEWICA CONVOCA AL SARAO DE ESTA TARDE

La gran Chewica convoca a los lectores de su blog a que vengan esta tarde a la presentación de Malas influencias en la Fnac. Ha escrito una cosa tan maja y tan anonadadoramente cariñosa, que tengo que colgarla aquí. La voy a contratar de jefa de prensa:
Esta tarde repito en la fnac. El autor de mi blog favorito, va a publicar su primer libro. Y ahí estaré cual groupie, a las 7:30 esperando con el libro entre mis manos, para que me eche una firma como si fuera una carpeta forrada con fotos de l Pitt y la Jolie.
El señor del Molino es un tío comprometido, aunque a veces vendería su alma (y la de sus más allegados) por una jarra de cerveza. He oído que fuma puros y bebe coñac en los clubs de fumadores ingleses, aunque creo que sus cigarros favoritos son de marca Apple y los comparte con su colega Marv en los clubs de striptease de Sin city. Dicen que Sergio del Molino es periodista, y que escribe en el Heraldo de Aragón, aunque he oído varios rumores sobre que en realidad tiene su residencia habitual en un suburbio de París y ejerce de detective privado mientras su vida se consume en un mar de whisky y bourbon. Y que para sacarse un sobresueldo los fines de semana trabaja en una empresa de paquetería llamada Planet express. Que adora leer a Cortazar mientras escucha a las Vulpess a todo trapo. Que le ofrecieron ser integrante del grupo Leño, pero que tuvo que renunciar porque tuvo que sustituir a El predicador acompañando asesinos al infierno cuando este se ganó unas pequeñas vacaciones. Que adora las calles de Nueva York, pero si se le quiere encontrar cuando se pierde, hay que buscarle en el sitio más recóndito de la tierra ¿Nueva Zelanda? No, Albacete. Son muy nombradas sus cineforums sobre la Nouvelle vague, que se hacen cada jueves para un grupo selecto de invitados y, cuenta la leyenda, que solo se han cancelado dos veces desde que empezaron: la primera cuando del Molino viajó al Belgrado Arena para asistir al festival de Eurovisión y el día en el que se emitió por televisión por primera vez el episodio de Star Wars de Padre de familia.
Todo eso dicen que es Sergio del Molino. ¿Cómo no voy a estar nerviosa al ir a conocerle en persona esta tarde? Rumores aparte, lo que es cierto es que SdM ha publicado un libro titulado Malas influencias, que se presenta esta tarde, y que tiene una pinta buenísima. Yo no me lo perdería.
LAS DIEZ PREGUNTAS
He de confesar una cosa: he escrito el libro sólo para que me propongan cuestionarios de esos de las revistas donde digo lo que más valoro de mí y lo que me gusta de los demás. Antón Castro me ha hecho uno en el suplemento Artes y Letras hoy. Además, ha escrito esta amable entrada en su blog. Un lujazo. Os cuelgo el cuestionario:
¿Su rasgo principal?
La somnolencia matutina.
¿Qué aprecia en sus amigos?
Que me inviten a muchas (y caras) copas.
¿Un país para vivir?
La Pompeya romana, como patricio adinerado.
¿Lo que más detesta?
A la gente que sigue la dieta Special K.
¿Sus narradores?
Sobre todo argentinos: Cortázar, Filloy, Arlt, Borges, Bioy...
¿Tres libros?
’Rayuela’, ’Los emigrados’ y ’Sobre héroes y tumbas’.
¿Sus héroes de ficción?
La Maga (’Rayuela’) y Griffin Dune (’Jo, qué noche’).
¿Sus artistas?
Me gustan las fotos de Lotte Jacobi y la pintura de Pollock.
¿Sus compositores?
Me tira más el rock clásico, guitarrero y peleón.
¿Su pasión secreta?
Responder a cuestionarios de suplementos como éste.
HANG OVER

Ya está, el niño ha echado a andar. Ya lo hemos presentado en el parnasillo local y ya viaja de estante en estante. Lo del jueves en la Fnac de Zaragoza fue mucho más bonito y emotivo de lo esperado, pese a la lúgubre apariencia de esta foto. Aquí estamos, de izquierda a derecha, Santiago Paniagua, un servidor y Óscar Sipán, el editor culpable del invento. El Fórum se llenó y unos cuantos tuvieron que aguantar nuestras plomizas intervenciones de pie. Como los focos me daban en la cara, sólo veía que había un montón de gente, pero apenas distinguí tres o cuatro caras. Luego me dijeron que asistieron amigos y conocidos a los que no pude abrazar y me hubiera gustado, pero en cuanto acabé mi discursito me tuvieron un buen rato firmando ejemplares y no pude charlar con casi nadie. Daros por saludados y considerad este post una forma de humilde agradecimiento por acompañarme en este día.
Gracias sobre todo a Santiago Paniagua por una apostilla a su presentación. Después de decir muchas tontadas sobre mis facetas periodística y juntaletrística, añadió: "Y, además, es mi amigo". De todas las atribuciones que me hicieron en las glosas y perfiles, la condición de amigo de Santi es, sin duda, la que más me enorgullece. Se lo digo aquí, por escrito y a la chita callando, porque los dos somos tíos chapados a la antigua, que prefieren expresar su afecto palmoteándose el lomo y mentándose a la madre.
Gracias también a Óscar Sipán, que se curró un speech en el que demostró que no sólo había leído el libro, sino que lo había diseccionado hasta la última subordinada. Le agradezco su lectura esmerada y puntillosa, pero lo que nunca podré agradecerle con palabras es que me haya incluido en la nómina de su crecientemente exquisita editorial, ennobleciendo mi plebeyo nombre.
Fue fantástico compartir ese pequeño momento ritual con tanta gente querida. Un buen porcentaje de las personas a las que más quiero en este mundo estaban reunidas en la sala aquella tarde, y me encantó maquearme con una americana ad hoc y charlar un ratito con ellas sobre el libro.
Pero lo mejor, como siempre, no se puede contar. Ya sabéis: brindis, cena y cachondeo con la panda de siempre. Al día siguiente, resaca equina, pero mereció la pena.
Han escrito una cosita al respecto en el Heraldo. Lo puedes leer pinchando aquí o yendo al blog de Malas influencias, que enseguida va a ir engordando con material diverso.
PS: no me olvido de Ángel Gracia, director de comunicación de la Fnac, que organizó el sarao a las mil maravillas. Me ha dicho que las ventas de la presentación han ido muy bien, y la verdad es que a mí casi me dio calambre de firmar libros. Ojalá haya muchos días así. Como siempre, un placer, Ángel.



