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14/07/2008
VACACIONES
Este año no he podido restregarle mi felicidad a los compañeros. No he hecho ningún bailecito idiota, ni les he improvisado unos ripios de felicidad. No les he sofronizado con una cuenta atrás. Nada. No he hecho ninguna de las cosas que hacemos los que nos vamos de vacaciones. No he metido el dedo en ningún ojo ni en ninguna llaga. Simplemente, me he ido.
Este año he llegado muerto a las vacas que hoy empiezo, arrastrándome cual polilla torpe sin alas por el suelo. Estas últimas semanas han sido matadoras en el curro. Lo habréis notado porque apenas he podido escribir nada en este blog. Además de las mil gaitas que tenía en el periódico, me urgía terminar un texto para un museo que se instalará en Vera de Moncayo y un par de cosillas que tenía pendientes. Así que al librito que a estas alturas del año pensaba que estaría ya concluido todavía le quedan un par de últimos e imponentes empujones. A la vuelta le daré la puntilla. O las puntillas, y os contaré de qué va la gaita. Por cierto, que cabe una remota posibilidad de que cuando vuelva en agosto me convierta en esporádico tertuliano audiovisual. Ya os contaré, pero sería ya la rematadera: que me pagasen por parlotear delante de una cámara.
Ahora ha llegado el momento de aparcar las penas, de vaguear, de darse al goce. Y, sobre todo, de hacer lo que más nos gusta: viajar.
Mañana martes empezamos una ruta europea que me apetece un montón, porque tiene ribetes decimonónicos. Es un viaje que hemos planificado en ratos muertos y que creo que ha quedado muy bien. En Barcelona nos montaremos en un tren que nos dejará en Ginebra, y desde allí iremos subiendo en varios días, pasando por Lausanne, Montreaux, Berna e Interlaken, hasta Zúrich. Todo este trayecto pienso hacerlo con los poemas de Shelley en una mano y con el Frankenstein de su mujer en la otra. En Zúrich cogeremos uno de esos eficaces trenes alemanes y nos plantaremos en Múnich, desde donde iremos subiendo en varias etapas hasta Berlín. Tenemos previsto hacer parada y fonda en Nuremberg, Weimar, Dresde y Leipzig. A Berlín le dedicaremos sus buenos ocho días, para empaparnos a gusto de aquello.
Lo de ir a Ginebra en uno de esos trenes semilujosos es un capricho que me rondaba hace tiempo. Una de las cosas que quería hacer antes de morir era tomarme un whisky a las dos de la madrugada en un vagón semivacío mientras afuera centellean las luces de las estaciones y de los pueblos dormidos de la Francia meridional. Sí, lo sé, demasiado cine y demasiada Patricia Highsmith. Qué le voy a hacer, todos tenemos nuestros vicios, ¿no? Y un vicio ha de ser frívolo o no ser.
Iré posteando a lo largo de la ruta, intentando componer una crónica viajera entretenida. Sobre todo, entretenida para mí, que soy el que la escribe. Lo haré si el wifi y la cerveza alemana lo permiten.
Salud, compañeros.
Ah, por cierto, se me olvidaba. Los tres fotógrafos del Colectivo Anguila, con Pedro Hernandez como cabeza visible y barbada al frente, inauguran una pequeña exposición mañana por la tarde en Bodegas Almau, en el Tubo de Zaragoza. Si os gusta la música, pasaos a verla, pues ya sabéis que los Anguila sólo hacen fotos de rockeros rocosos dentro y fuera del escenario. Son los Anos Leibowitz de la estepa aragonesa. Sí, habéis leído bien: Anos. Es que son unos fistros diodenales.
03/07/2008
DAR EJEMPLO
Chascarrillo que circula por ahí y que me han recordado hace poco unos amigos.
Ante unas elecciones, tiene usted estos tres candidatos:
Del candidato A se sabe que padece una grave enfermedad y miente en público sobre su recuperación, ha engañado a su entregada esposa dos veces con dos tórridas amantes, fuma constantemente y aparece en público bebiendo martinis.
Del candidato B sabemos que nunca se despierta antes de las 11 de la mañana, que le han despedido de varios sitios por conflictivo, que le gusta trasnochar y pasa las tardes y las noches bebiendo whisky. Es más, le ha puesto su nombre a un dry martini que le gusta servir en encuentros internacionales. El cóctel tiene las proporciones alteradas: siete partes de ginebra por una de vermouth, para alegría de las transaminasas. Ah, también le ha dado al opio de joven, y no le hace ascos de mayor.
El candidato C es famoso por la vehemencia con la que defiende sus principios y por cómo los aplica sin fisuras incluso en la vida privada. Es austero, madruga mucho, no se le ve nunca en ninguna jarana ni en ningún entretenimiento frívolo, se dedica intensamente a la causa de su partido, ha escrito un apasionado libro donde expone con claridad sus ideas y valora la lealtad y la amistad. Además, es vegetariano y no prueba una gota de alcohol.
¿Por cuál votaríais? ¿Por el C? Enhorabuena, habéis elegido a Adolf Hitler. El A es Franklin D. Roosevelt y el B, Winston Churchill (un tipo que pasó los últimos años de su vida en una borrachera contínua. Hígado de hierro, le llamaban).
Es uno de tantos jueguecillos que circulan por ahí y que pretenden advertir sobre la impostura de la propaganda electoral. Me ha venido a la cabeza al pensar en la "pedagogía" que este gobierno nuestro quiere establecer en todo momento. Aunque no me preocupa tanto esa vocación educativa como la impresión de que muchos ciudadanos le exigen que la desarrolle. Esos ciudadanos que no quieren gobernantes, sino papás o profes que "den ejemplo".
¿Ejemplo de qué? ¿Desde cuando los ministros son un modelo a imitar? ¿Desde cuándo los adolescentes tienen pósters de Solbes en su cuarto? ¿Cuándo dejaron los niños de querer ser bomberos o astronautas y dijeron que querían ser ministros de Igualdad? Me revienta que me traten como a un menor de edad, pero me revienta mucho más que haya conciudadanos míos que anhelen ser tratados como adolescentes, que quieran que les digan a qué hora se tienen que ir a la cama, cuántas piezas de fruta han de comer al día y los kilómetros que han de caminar por la tarde para llegar como robles a la jubilación. Por dios, que son mayorcitos, no se dejen avasallar así.
Yo, desde luego, cada vez que el Gobierno me dice que lea libros o que no me drogue me dan ganas de vender toda mi biblioteca y fundirme la pasta en farlopa. Además, si el tráfico de drogas y conducir borracho son delitos, persígalos, detenga a gente, sancione, llene las cárceles, pero no sermonee, por dios.
De seguir así, acabaremos eligiendo un modelo intachable de conducta. Otro Adolf Hitler. Y a mí, las personas sin aristas y sin debilidades no me parecen admirables, me dan repelús.
02/07/2008
MANIFIESTO POR LAS PAPAS BRAVAS
Dado que ahora vuelve a estar de moda sacar manifiestos (una cosa tan vintage, tan de tomar café en Zurich en 1916), yo también saco el mío, para no ser menos. Pueden adherirse en los comentarios.
"Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación gastronómica de las papas bravas, la única ración común al gusto de todos los españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural -nuestras papas gozan de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por las gambas orly y las croquetas caseras- sino de una inquietud estrictamente hostelera: se refiere a su papel como principal tapa democrática de este país, así como los derechos gustativos y electivos de quienes la tienen como tapa de cabecera o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de matahambre, acompañacañas y socialización de vermú
Por consiguiente, los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa de rango adecuado para fijar inequívocamente los siguientes puntos:
1) Las papas bravas son comunes y oficiales a todo el territorio nacional, siendo la única tapa cuya degustación puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.
2) Los ciudadanos que lo deseen tienen derecho a ser alimentados con papas bravas, sea cual sea su dieta de origen. Los platos regionales deben figurar en los menús de las tascas en sus respectivas comunidades autónomas en diversos grados de oferta, pero nunca como plato del día en exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los parroquianos la degustación de la tapa común.
3) En las autonomías "bitapas", donde las bravas compiten en igualdad con una especialidad regional muy asentada, cualquier parroquiano español tiene derecho a que le sirvan papas bravas o la especialidad regional por igual. Lo cual implicará que en las tascas públicas habrá siempre personal capacitado para preparar ambos platos. En las no públicas, el servicio a la clientela será discrecional.
5) Los representantes políticos degustarán habitualmente en sus saraos institucionales de ámbito nacional las papas bravas, lo mismo en España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones. En los parlamentos de doble especialidad en tapas y raciones podrán emplear, indistintamente, cualquiera de las dos tapas oficiales".
Espero que con este manifiesto logremos subvertir la seria amenaza que pesa sobre esa tapa que nos une a todos los españoles (por recoger en su presentación los colores de la enseña patria), y acabemos con la pésima hegemonía de los calçots, la txaka y el lacón con grelos. Que ya está bien, hombre, que ya está bien.
Y cuando ganemos esta batalla, lucharemos por los calamares en su tinta, por los callos con garbanzos y por la tortilla de patatas con cebolla. Nadie nos va a parar.
01/07/2008
JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS
Nuestra vida tiene puertas giratorias en varios sitios. La gente entra por una de ellas y sale por la otra. Unos lo hacen fugazmente, sin que te dé tiempo a retener su cara. Los hay que no se quedan mucho rato, pero el rato es tan intenso que dejan un recuerdo imborrable en la habitación. Toda tu vida podrás evocar su rostro, sus manos, su olor, la forma en que te miraron, pero nunca volverás a ver ese rostro, esas manos, ese olor, y nunca nadie más te mirará como te miraron ellos. Otros se apalancan ahí para siempre, dividiéndose en dos grupos: los que siempre están pero nunca terminas de saber muy bien qué hacen ahí ni quiénes son (esos compañeros de trabajo con los que no acabas de intimar, un primo del pueblo, tu peluquero gay...) y los que con su presencia ininterrumpida hacen feliz y vivible tu vida, aunque con un cambio de viraje sutil también pueden convertirla en un puto infierno (tu pareja, esos amigos con los que sales todas las noches y con los que tienes un initmísimo nivel de intimidad, compartiendo secretos y complicidades, tus padres...). Pero hay otro grupo de personas, que salen y entran por las puertas giratorias a capricho, aunque sabes que nunca se van realmente. Llegaron para quedarse, pero su culo inquieto o los azares del camino les impiden estar sentados y quietecitos como los del grupo anterior. Pueden pasar años sin volver a entrar en tu vida, pero no importa, porque realmente no se han ido de verdad: les has estado guardando el sitio, sabedor de que un día u otro acabarán ocupándolo. No permites que nadie se siente en su sillón, y cuando aparecen, aunque hayan pasado años, es como si les hubieras visto el día anterior. Se sientan en su sitio con la misma naturalidad y enseguida retoman la conversación donde quedó inconclusa, como si nada. Y tú, tan feliz. Ese grupo es muy pequeño, y hay intrusos que quieren infiltrarse en él, gente que aparece un buen día después de diez años y se sienta sin educación en un sillón que cree reservado para él. Sólo con verlos sentarse te das cuenta de que no hay nada que retomar, que ese tío es un extraño, un fantasma que habla sin ningún derecho en nombre de tu pasado.
Hace poco, uno de esos sillones que tenía reservados ha sido ocupado de nuevo por su propietario legítimo. Creo que lo ha encontrado cómodo, con las mismas hendiduras que dejó al marcharse. Hemos empezado a hablar y hemos redescubierto esas pequeñas cosas que conforman de verdad una amistad, ese sentido del humor afinado en la misma clave, esa rapidez de aguilucho para ver las intenciones del otro, esas zonas de sombra compartidas que pocos más pueden pisar. Es curioso: hay gente a la que no le puedes aplicar nunca el prefijo ex-, porque nunca han salido de verdad de tu vida, sólo han ido a por tabaco o a por más cerveza.
Así, mientras la vida se te llena de ex novias, apenas acumulas ningún ex amigo. Creo que eso sucede porque el amor es básicamente un proyecto en común, y cuando el interés por construir el proyecto decae, no queda apenas nada que una a esas dos personas, más allá de tres o cuatro sentimientos frustrantes. La amistad, en cambio, es sólo un estado de ánimo, un territorio compartido que no se construye y que no quiere ir a ningún sitio, que estaba ahí: los amigos se limitan a descubrirlo, sin erigir castillos encima de él. Cuando un amigo ha alcanzado tus zonas de sombra y ha conocido tu núcleo fuerte, ese amigo te va a reconocer siempre, por muchas capas que te pongas encima, por muchas vueltas que tu vida haya dado. Él será capaz de mirar por encima de la mierda que la vida va depositando encima de nosotros. Ésa es la complicidad que ves en sus ojos: sabes que él no está viendo al periodista, ni al bloguero, ni al lector de Cortázar, ni al frustrado novelista, ni al tío de la barba: él solo ve a Sergio, esa parte esencial que permanece tras las capas. Como yo le veo a él por encima de las cubiertas de mugre que se han ido acumulando.
Es un sentido anglosajón de la amistad, como de club de caballeros británico. No importan los años que Sir Aldrin haya pasado contrayendo enfermedades venéreas en islas de la Micronesia o poniéndose hasta las trancas de opio en un arrabal de Shanghai, porque cuando vuelva a Londres, encontrará su sillón del Reform Club libre, con su vaso de ginebra Bombay al lado, y a las siete de la tarde podrá comentar el editorial del Times con Sir Eliot, como si el Times fuera el del día siguiente a su partida, y no el de cuatro años después. La amistad es una de las formas en las que se nos presenta ese concepto tan difícil de aprehender llamado "hogar".
He sido críptico, antiliterario. Debería contar esto sin abstracciones ni metáforas: con nombres, calles, ciudades, bares, marcas de licores, diálogos y acciones ejecutadas de madrugada. Algún día lo haré, pero hay cosas que no deben salir todavía de la zona de sombra compartida.
27/06/2008
SORPRÉNDEME
20/06/2008
UN FOLIO EN BLANCO
Tarde de abuelos cebolleta. Han reabierto El Plata, un viejo cabaret mugriento y fascinante que cerró hace no sé cuanto. El local fantasma se había conservado intacto, y todos los años saltaban dos o tres alarmas de reapertura. Rumores que acababan en el periódico y que se desinflaban meses después. Pero esta vez ha sido de verdad. Se enteró mi amadísima (qué cursi este superlativo, ¿no? Pues lo voy a dejar) Ana Usieto, siguió la pista y destapó el pastel: el mismísimo Bigas Luna estaba detrás de todo, como director del espectáculo que se va a poder ver en el escenario.
Zaragoza y yo todavía no éramos pareja de hecho cuando El Plata era El Plata, y todo lo que sé del lugar me lo han contado mis amigos viejunos, que se corrieron sus buenas juergas allí, cuando las vedettes eran las pescaderas del Mercado Central. Ellos se enamoraron de su aire decadente, de su aroma desconchado, y lloraron su cierre como el fin de su particular belle époque. Hoy, en la redacción, estaba rodeado de antiguos parroquianos del viejo Plata, y todos se han desmelenado como grandísimos abuelos cebolleta. Ha sido divertido, aunque mucho más para ellos.
A su lado, me he sentido como un folio en blanco. He visto los Plata que me quedan por cerrar, los gigantes que veré caer y los mitos que oiré desplomarse (aunque en el desplome apenas hagan un leve ruido sordo, nada de estruendos), y he sentido los ojos palpitar con ansia. Qué arda Troya, y que me dejen ver cómo se quema.
14/06/2008
¿LEÍAN LOS ROMANOS A LOS BÁRBAROS?
A veces alucino de que haya gente que dedique ingentes recursos y capacidades a investigar lo obvio. Leo en El País que en Estados Unidos sólo el 3% de los libros que se venden son traducciones. Y se llevan las manos a la cabeza, y dicen que cómo es posible, con la rica literatura española que se están perdiendo, y el negoción que están perdiendo los autores españoles por no conseguir que les traduzcan, bla, bla, bla.
Dice Antonio Muñoz Molina, desde su puesto avanzado en New York City: "Estados Unidos ha preferido ser monolingüe y dejar que el mundo aprenda su lengua en vez de hacer el esfuerzo de traducir e impulsar el multilingüismo". Pues claro, elemental, querido Muñoz. Vamos a ver, si tú eres quien corta el bacalao, son los demás los que tienen que hacer el esfuerzo por hablar como tú, y no al revés. ¿Se imaginan al poeta Marcial instando a los romanos a aprender burgundio y celta para reconocer al fin el multilingüismo del imperio? Es más, ¿se imaginan a su vecino, al propio Muñoz Molina o a ustedes mismos aprendiendo rumano o árabe para estrechar relaciones con las realidades multilingüísticas del entorno? ¿Conocen ustedes o Muñoz Molina aunque sólo sea el nombre de los autores que marcan el canon en Marruecos o Rumanía? Yo no, desde luego. Y apuesto mi brazo a que ningún editor español se ha planteado traducirlos.
Maquíllenlo como quieran, hagan los estudios que sean menester, alíñenlo con toda la jerga erudita que les guste, pero la realidad es que, desde que el ser humano es sedentario (y puede que antes), son los criados los que aprenden a hablar la lengua de los amos. A la larga, los criados incluso llegan a perder su lengua y, en un par de generaciones (si no antes), hablan sólo la de sus amos. Dominio y supervivencia, es muy sencillo, no hace falta ser un doctorando en sociología para darse cuenta.
Así que, díganme, ¿para qué narices van a leer los americanos literatura de culturas bárbaras? ¿Leían los romanos y los europeos del primer medievo las sagas vikingas? Es más, ¿las consideraban siquiera literatura? Pues eso. Hay dos opciones: o romanizarse y olvidar tus raíces o resistir y seguir con tus cosas independientemente de lo que haga el Imperio. Y conste que hoy por hoy ambas me parecen igual de legítimas, pero lloriquear porque el amo no te hace caso es de lo más patético y lameculero que se puede hacer. Y que en un mismo periódico se lamente al mismo tiempo que los americanos no lean literatura extranjera y que los españoles no sepan hablar inglés es delirantemente esquizofrénico. ¿En qué quedamos? ¿Les invadimos o nos dejamos invadir? Las dos cosas no pueden ser.
12/06/2008
APOCALIPSIS CAMIONERO 3

Una cosa buena de esta huelga es que me está permitiendo conocer más a fondo el carácter aragonés. En Mercadona no quedaba casi nada de nada y habían arrasado especialmente con la leche. "Sólo he podido traer unos pocos cartones de esta marca, la única que quedaba", dice Cris como si volviera del frente, solemne, lacónica, como diciendo: "He visto cosas terribles, tío, no me preguntes".
Primer punto del comentario: ni siquiera en caso de histeria colectiva los aragoneses son capaces de comprar productos catalanes etiquetados en catalán. La consigna es: "Antes hambriento que catalán". No sabía que la animadversión hacia los vecinos llegara a esos extremos. Lamento mucho ese cerrilismo anticuado y paleto, la verdad.
Segundo punto del comentario: el cartón en sí. Por fin una cooperativa que habla sin tapujos de la zoofilia ganadera. Ya se sabe, son muchas horas de compañía mutua y, maldita sea, se le acaba cogiendo cariño a esas bestiezuelas. ¿Por qué ordeñarlas sin más, como si fueran un ligue de tercera división cazado en un after hours a las ocho de la mañana, cuando se puede mantener una relación completamente satisfactoria con ellas? A mí no me molan esos ganaderos que van directamente a meter mano en la teta, sin una caricia por el lomo, unos besitos o un paseo cogidos por el brazo. Así, sí, despacito, con su ritmo, su crescendo erótico. No me convence el "t'estimo" ahí tan grande. Suena forzado. Nadie le dice a una chica que la quiere así de sopetón. A ver si va a ser un donjuán de pacotilla, de los que encandilan a las jovencitas y luego si te he visto no me acuerdo... Eso no estaría bien, señor profesional del sector agropecuario cooperativista catalófono: no solo ha de ser fiel a su lengua y a su tierra, sino también a su granja.
Después de ver esa foto de los prolegómenos me queda otra duda: ¿la leche procede de la vaca o del excitado ganadero?
APOCALIPSIS CAMIONERO 2
Las muertes y los follones no hacen gracia, la verdad. Entiendo sus reivindicaciones, entiendo que paralicen el país. Entiendo menos el histerismo de la gente que llena los carros para un mes (¿en serio te vas a comer diez kilos de tomates antes de que se pudran? Suerte). Y mi comprensión se rompe completamente cuando muere alguien. ¿Tan furros son que se les va de las manos todo tan fácilmente?
En fin, quizá cuando leais esto la huelga esté ya desconvocada. Si no es así, os recomiendo que os entretengais con esta lista de canciones de camioneros que he encontrado en Blogcritics. Es una selección para tirar millas, pero echo de menos mi favorita, la más absurda: Space Trucking, de Deep Purple (algo así como "Conduciendo camiones por el espacio"). Si tenéis un amigo camionero, bajaos estos temazos de la mula y regaladles un CD chulo, que les alegrará estos días oscuros.
1. Six Days On The Road - Steve Earle
2. Lookin' At The World Through A Windshield - Son Volt
3. Truck Drivin' Man - Lynyrd Skynyrd
4. Highway Cafe - Tom Waits
5. Highway Junkie - Randy Travis
6. Bridge Washed Out - Larry Stephenson
7. Truckin' - Bread
8. 30,000 Pounds Of Bananas - Harry Chapin
9. Truck Drivin' Man (Give It All I Can) - Bottle Rockets
10. Tennessee Truck Driving - Ralph Stanley II
11. Will There Be Big Rigs In Heaven - Buck Owens & His Buckaroos
12. A Truckers Tribute To Red Sovine - Tom Lambert
13. Prisoner Of The Highway - Mark Wills
14. Roll Truck Roll - Terry Allen
15. East Bound And Down - (From "Smokey And The Bandit") - Jerry Reed
16. Keep On Truckin' - Eddie Kendricks
17. The Truck Song - Lyle Lovett
18. Drug Store Truck Drivin' Man - The Byrds
19. Girl On The Billboard - Wylie & The Wild West
20. Hey Truckers - Andre Williams
21. Big Wheels In The Moonlight - Dan Seals
22. How Far To Little Rock - The Stanley Brothers
23. Truckin - Grateful Dead
24. Truck Drivin' Man - J. Geils Band
25. I'm Truckin' - Spirit
26. Convoy - C.W. McCall
27. Roll On Eighteen Wheeler - Alabama
28. Roll On Big Mama - Moe Bandy/Joe Stampley
29. Ragged Old Truck - Johnny Paycheck
30. Eight More Miles To Louisville - Grandpa Jones
31. Truckstop Girl - Kelly Willis
32. Mama Was A Rock (Daddy Was A Rolling Stone) - Kay Adams/BR5-49
33. Truck Driver's Lament - Icicle Works
34. Truck Stop Girl - Little Feat
35. Big Ol' Truck - Toby Keith
36. Truck Drivin' Son of a Gun - Red Sovine
08/06/2008
DIME QUÉ PREGUNTAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES
¿Qué tienen en común un dirigente de la izquierda abertzale, un obispo y un pedante rancio? Que los tres aplican a sus interlocutores la máxima de "dime qué preguntas y te diré quién eres". Por eso todos se reservan el derecho de no aceptar preguntas o de responder con un regueldo a quien consideran que lo merece.
Desde que empecé en esta sufrida profesión que ejerzo tuve clara otra máxima que leí en un libro de uno de esos reporteros senior británicos de senectud tan pulcra: es preferible parecer imbécil y preguntar en exceso que callarse por miedo a la impresión del entrevistado. Es cierto que el arte de la entrevista tiene algo de juego de seducción o de partida de ajedrez, especialmente cuando el entrevistador busca entrar en un recoveco que el entrevistado no quiere poner al descubierto, pero a muchos periodistas les puede el ego y buscan la admiración del entrevistado. Disertan antes de preguntar, se pavonean, intentan demostrarle al músico, al político, al economista o al escritor que ellos saben tanto de música, de política, de economía o de literatura como ellos. Quieren dejarle claro al personaje que está ante un igual, que no son unos mandaos ni unos amanuenses. Puede estar bien asomar la patita, lanzar un par de estocadas para que el entrevistado no nos infravalore y se enquiste en los aterradores monosílabos, pero si el periodista se pasa de listo estropeará la entrevista. El ego es muy peligroso.
De hecho, os confesaré una cosa: hacerse pasar por lerdo da buenos resultados. El entrevistado se relaja, baja la guardia y suelta la lengua, porque piensa que eres inofensivo. Es una de las estrategias más recurrentes en Brenda, la subjefa de la policía de Los Ángeles experta en interrogatorios en la serie The Closer. Yo la empleo a veces con huesos desconfiados y duros de roer: les confirmo sus prejuicios de que los periodistas somos débiles mentales, así su imagen del mundo no se cortocircuita y me acaban contando lo que me interesa. Es una técnica infalible con la gente que tiene un ego hipertrofiado. Con otros, hay que buscar otros resortes de conversación.
¿A qué viene esta perorata de trucos de oficio? A un artículo que acabo de leer de la escritora catalana Imma Monsó en La Vanguardia (no lo encuentro en la edición digital, así que no lo puedo linkar). Se titula Monosílabos, y es una muestra de egomanía pedante formulada con una prosa ladrillesca enemiga del ritmo, la soltura y la armonía.
Cuenta Monsó, con trabajosa dificultad sintáctica, que estaba presentando un libro de su amiga Mercè Ibarz. Era un ensayo sobre Mercè Rodoreda, y las preguntas del turno de ídem se interesaban por las sutilezas estilísticas de la venerada autora barcelonesa, ya fenecida. Copio el párrafo que se me ha atragantado:
Las preguntas eran del tenor que un acto elegante como éste propicia, a saber: "¿Podríamos hablar de las dificultades de la construcción del yo literario de Rodoreda en el exilio?", en fin, preguntas sutiles, que apelaban a la razón y al intelecto, hasta que de pronto una señora que quizá había venido a sentarse porque le dolían los pies, pidió la palabra y preguntó: "¿Tuvo hijos?". Se hizo un silencio glacial. Acto seguido, Mercè Ibarz, autora del libro, respondió: "Sí". (...) En ese momento admiré su heroico laconismo: hay que tener muchas narices para mantener el "sí" mientras alguien del público te mira con ojos implorantes para que le cuentes detalles que tú conoces.
Es cierto, qué admirable laconismo. Podría haberlo rematado pegándole una patada en el estómago a la interrogadora impertinente. O quizá con un regio lapo lanzado a su rostro desde la tribuna. Sí, la mala educación y la soberbia resultan admirables.
Me dan ganas de haber estado en el acto para haber hecho frente común con la señora. Me habría levantado y habría preguntado: "¿Y la tal Rodoreda, follaba mucho allá en Francia? ¿Le gustaba hacerlo en la cama o al aire libre, en plan exhibicionista? ¿A sus hijos les daba mantequilla o margarina? En cualquier caso, ¿utilizaba la mantequilla o la margarina como lubricante en sus relaciones sexuales, o todavía no se había estrenado El último tango en París por aquel entonces? ¿Usaba bragas de encaje o las compraba tres por una en el Carrefour?". En fin, todo lo que siempre quise saber de Mercè Rodoreda y nunca me había atrevido a preguntar.
Por dios, brillantes-exponentes-de-la-literatura-catalana-actual, que la señora sólo preguntó si tuvo hijos. ¿Esas dos palabras bastan para deducir que la interrogadora es una maruja, una iletrada, una zampabollos que no sabe distinguir entre una obra de Brecht y un episodio de Matrimoniadas? Es más, si en un ensayo sobre la vida de Mercè Rodoreda, la autora obvia si tuvo o no hijos y su relación con ellos, apaga y vámonos. Porque Rodoreda, hasta donde yo sé y he leído (es cierto que sólo he leído Jardí vora el mar, y tampoco me emocionó en exceso), fue una escritora muy intimista, muy de hablar de sus cosas y de darle vueltas a lo que sucedía en su casa y en su mundo.
Pero, sobre todo, empatizo con la pobre señora a la que no sé si le dolían los pies (en cualquier caso, si a mí me doliesen los pies, antes me sentaría en un banco con mocos que tragarme ese peñazo de presentación de libro) porque a mí me pasó algo parecido hace dos o tres años. Tocaban Mötley Crüe en Zaragoza y la discográfica Universal me invitó a participar en un "meeting with the press" un par de horas antes del concierto, en el backstage. Yo era el único periodista de un diario generalista entre un selecto club de críticos musicales de revistas especializadas, y la verdad es que no sabía muy bien cómo le iba a sacar provecho a ese encuentro, porque la crónica tenía que ser para todos los públicos y con un toque simpático y colorido. El tono del "meeting" (una rueda de prensa corriente y moliente, vaya) era otro: a los asistentes les interesaban cosas muy concretas sobre la gira y sobre la situación del grupo que a mí, ni fu ni fa. De hecho, los frikis de las revistas -creo que ninguno era periodista, por cierto-, me miraban con desconfianza, como diciendo: "¿Qué pinta este tío aquí, si no lleva camisetas del grupo ni ha traído ningún disco para que le firmen un autógrafo?". Me devané mucho los sesos tratando de sacarle a Tommy Lee unas palabras que me sirvieran para la crónica del diario zaragozano para el que trabajo, y cuando me llegó el turno de preguntas, tiré por el camino de en medio y le pregunté en mi mejor inglés si habían podido ver algo de la ciudad o si sabían algo de ella. Con muy buen humor, Tommy Lee dijo que, "honestly", no tenían ni zorra idea de dónde estaban, más allá del nombre, y que no se había tomado la molestia de informarse, aunque una "ex girlfriend" (¿Pamela Anderson?), al ver el itinerario de la gira, le llamó la atención sobre Zaragoza, le dijo que conocía la ciudad y que se lo había pasado muy bien en ella, así que Tommy Lee intuía que aquel era un buen sitio. "En cualquier caso -añadió-, si hay putas y drogas, nos parecerá una ciudad estupenda". Le dije que podría tener ambas cosas en abundancia y me senté satisfecho. No era mucho, pero me había dado una frase para utilizar en el artículo.
Un mes después, en una de las revistas especializadas, leí una extensa crónica de aquel encuentro, y el tipo que la firmaba -en una prosa mucho peor que la de Imma Monsó- se permitía el lujo de reírse de mí y de tratarme de subnormal profundo por haberle hecho esa pregunta al gran Tommy Lee. Y lo decía un tipo que había aplaudido al grupo en la sala de prensa (¿dónde se ha visto una rueda de prensa donde los periodistas aplaudan? Joder, un poco de distancia profesional) y que se había hecho una foto de fan cogido del hombro de Tommy Lee. No, la mía no era una pregunta penetrante, ni sutil, ni tan siquiera simpática, pero era la única que me servía para mi trabajo. No pregunté por "las dificultades de la construcción del yo literario de Rodoreda en el exilio". Le pregunté si tenía hijos, y me quedé tan pancho. Supongo que la señora aquella también se quedó ancha y patilarga, y le importó un huevo la impresión que le ha causado a la estirada de Imma Monsó. Al menos, a mí no me respondieron con un monosílabo.
JO, QUÉ NOCHE

El viernes estaba de rodríguez, solo, reventado después de una semana demoledora en el trabajo y con ganas de disfrutar de mi mismedad. A eso de las once de la noche, salía del periódico y arrastraba los pies hacia el sofá, un copazo narcotizante y un DVD con alguna peli densa y violenta de las que sólo puedo ver yo solo. No me parecía mal plan, la verdad, pero entonces sonó el móvil. Descolgué:
-¿Te echas una birrilla, o qué?
Tachán. El punto de inflexión. Al decir que sí y dar media vuelta hacia el bar piensas: "Bien, una cervecita, desconecto un poco y me río con un par de tontadas antes de irme a cenar algo a casa". Los caminos del autoengaño son inescrutables. Es cierto: nada parece presagiar que allí se esté cociendo algo distinto a un par de cañas postlaborales. De hecho, no vas vestido para la ocasión y de tu hombro cuelga tu bolsa de trabajo llena de unos libros que esa misma tarde te han llegado desde Canadá y que habías pensado empezar a hojear después de la peli.
Y sin embargo...
3.30 de la mañana. Garito El Zorro, reputado y refinado antro del centro de Zaragoza que tiene algo de club clandestino y opiáceo. Sigo con la bolsa de trabajo al hombro llena de los libros que han llegado desde Canadá, aunque he estado a punto de olvidármela en otros dos tugurios. Llevo el cuello de la camisa subido y un botón desabrochado porque están pinchando música disco de los 70 y hay que ponerse a tono con el ambiente. Ejecuto unos movimientos espasmódicos y sísmicos que con mucho atrevimiento califico de pasos de baile y bebo a medias una cerveza con mi amiga A. (que también se mueve espasmódicamente a mi lado) porque ya no nos entra más bebercio en el cuerpo y tenemos que ir sorbo a sorbo. Muy cerca de nosotros, un tipo clavado al Loco de las Coles toca una pandereta, hay una boa de plumas que va pasando de cuello en cuello por todo el bar, una chica negra con un impresionante pelo a lo afro que baila poseída por el espíritu de María Caracoles y un señor bajito de unos 60 años, calvo, con bigote, gafas de sol y jersey a rayas que toca una trompeta al ritmo de la canción que suena. ¿Cómo he podido acabar así, cuando mi plan era apoltronarme con alguna vieja peli de John Carpenter? Todavía lo ignoro, pero en ese rato llegué a una serie de consensos con mi amiga A.:
1. El ambiente y la gente del bar El Zorro parecían sacados de una peli de David Lynch. Yo pensaba en el fantástico prostíbulo de Twin Peaks. A., en Mulholand Drive o asín.
2. El señor bajito de la trompeta se salía de los esquemas lynchianos y entraba en el universo de los hermanos Fesser (que también son muy lynchianos a su manera). Coincidimos en que se trataba de un músico de la Legión que se habían dejado olvidado en Zaragoza el día del desfile militar.
3. Las chicas negras no deberían alisarse el pelo nunca: el look micrófono mola un montón.
Por mi cuenta, saqué una única conclusión:
-No se me puede dejar solo. Soy demasiado voluble y no sé decir que no a la penúltima copa. Nunca llegaré a nada en esta vida.
Y me encogí de hombros.
Las noches más divertidas de mi vida siempre han empezado con un codazo, un guiño o un "venga, que te invito a una". Ninguna festividad programada, ninguno de esos días en los que hay que divertirse por cojones (Nocheviejas, bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, funerales de acreedores, aniversarios de boda o jubilaciones de jefes) merece pasar a mi historia sentimental de la juerga. Bueno, quizá hay un par de Nocheviejas que sí se merecen un puesto en esa lista, pero son raras. ¿Quién dijo el topicazo ese de que la vida es lo que pasa mientras planeas otras cosas? A veces olvido esa actitud. A veces me ato a lo previsible, como si viviera en una telecomedia española donde sabes exactamente lo que va a suceder en la secuencia siguiente.
Como Griffin Dunne en Jo, qué noche, todos necesitamos de cuando en cuando decir "qué cojones", coger un billete de 20 dólares y salir a tomar un café con una chica que vive en la otra punta de la ciudad y a la que apenas conocemos de nada. Luego, los 20 dólares pueden volar por la ventanilla del taxi y, sin dinero encima, podemos empezar a encadenar una serie de absurdos hasta el amanecer. Como a Griffin Dunne, al amanecer nos esperará de vuelta la vida, con sus cadenas y sus monótonos crujidos, pero siempre nos quedará la duda o la ilusión de que la verdadera vida estaba en el paréntesis, allí donde un señor bajito con gafas de sol toca una trompeta. De hecho, quizá el paréntesis sea el día y sus horarios.
Foto: fue una noche muy tonta en Londres. Dijimos: "una pinta, y a dormir". Horas después estábamos haciendo experimentos fotográficos con la sobreexposición a las luces de neón. Hay muchas fotos vergonzosas, pero esta quedó sugerente. Yo le tengo cariño.
04/06/2008
LA POLLA RECORDS
La cadena Vips está de enhorabuena: sus estantes van a recibir en breve la última maravilla de Taschen: El gran libro de los penes. ¿O debería llamarse El libro de los grandes penes? Un libro que es la polla, para que me entiendan. Un muestrario de colosales falos, de Black and Deckers humanos, de Vlads los Empaladores, de troncas navideñas, de gente que se desmaya con cada erección porque su corazón no puede bombear tanta sangre hacia el mismo sitio, de desgraciados que jamás han podido ponerse unos vaqueros ajustados, de individuos con fobia al calzón. Pues eso, un álbum de Príapos en papel cuché y en formato grande, para que no se salgan de la página. Echadle un vistazo a las fotos pinchando aquí.
¿Qué, acomplejadillos? Pues si sois gente ordenada y madrugadora y nunca habéis sucumbido a los turbios placeres de la teletienda de las tres de la mañana, aquí os dejo el impagable anuncio de Jes Extender:
Y para que veais que hablar de vergas no es algo privativo de los esnobs de la editorial Taschen, ahí va un greatest hit que también es la polla:
31/05/2008
PELEA SUCIA

Impagable hallazgo de arqueología periodística. Me saltó a los ojos en un Heraldo de 1972, como siempre, mientras buscaba otras cosas para otros reportajes. Dos mozas australianas restregándose en el barro para regocijo de la parroquia falocrática. Si tuviera un bar, me haría un póster con este recorte. El texto de abajo dice:
Tina, "La Tigresa", aplica una llave india al cuello de Carmel, "La Trituradora", durante un combate femenino sobre barro celebrado en Perth. Este tipo de peleas son la última novedad para entretener a los turistas que llegan a la capital de Australia occidental.
Llamadme cerdete, pero yo creo que Carmel, "La Trituradora", lo está gozando con la llave india de Tina, "La Tigresa".
29/05/2008
A LA GRESCA
Carnaza, más carnaza, por favor. Este país necesita sangre, sangre y esputos. En cuanto dos gallitos se lanzan dos pullas, alguien silba, nos pone sobre aviso y hacemos un apretado corro en la arena para ver cómo se destrozan los pollos. Nos da igual quien gane. Bueno, hay favoritos, claro, pero se repiten los mecanismos del boxeo: aunque tu racismo atávico inclina las simpatías hacia el púgil blanco, tu sentido común te dice que debes apostar por el negro. Ding, que empiecen las hostias, que se den fuerte, sin tregua.
¿Cómo no disfrutar de las intrigas del PP, que empezaron teniendo un aire shakespeariano y ahora apenas alcanzan para sainete de Arniches? ¿Cómo no gozar ante esos divos de la cocina sacudiéndose delantalazos? Se embisten con sus altos gorros como ciervos en berrea. ¿Cómo no llorar de puro placer cuando Jiménez Losantos y Gallardón se dan manotazos y tirones de pelo como colegialas de monjas? Vamos, queremos más bronca, que no pare.
Queremos que los dos pechos de Ana Obregón discutan a pezonzazo limpio. Queremos que el Dúo Dinámico se dinamice a hostias, que Ortega le dé lo suyo a Gasset, y Zardoya a Otis. Que Víctor Manuel le pise la estrofa a Ana Belén, que Faemino se acueste con la mujer de Cansado, que Andy le dé un sopapo a Lucas, que Labordeta le ponga los cuernos a su mochila con una Samsonite de las caras, que María Jesús descubra que su acordeón ha estado tocando con otra, que Almodóvar quede con Carmen Maura y le diga que es una zorra, que sólo fingió reconciliarse -y que Chus Lampreave diga algo ad hoc para rematar la escena-, que Héroes del Silencio vuelvan a hacer una gira un poco más larga, a ver si en esta se tiran de verdad de los pelos, que Anguita vuelva a repartir collejas a IU, que los taxistas nos cobren de más y que el vecino de arriba nos joda la siesta con sus zapatos de tacón (es que es un vecino fetichista), para que podamos cagarnos en sus progenitoras.
Así somos. Nos va la sangre. ¿Quién lo niega? Si existe el espíritu mediterráneo, ese espíritu lleva una navaja al cinto. ¿Y qué pasa? ¿Preferiríamos ser civilizados y tolerantes como los austríacos que secuestran a sus hijas en los sótanos de sus casas? ¿Banqueros presbiterianos de día y zorrones coprófagos de noche? Pues a mí me mola más así, el revoltijo nacional, el morbillo impúdico y cachondo de la plaza pública. A ver quién tira la próxima piedra. Y, por favor, que no esté libre de pecado, que no lo soportaríamos.
¡Viva el mal, viva el capital!
28/05/2008
QUIERO QUE LE DES UNA PALIZA

Qué torpe es Ana Obregón. Mucho Ana y los siete y mucha carrera de Biología, pero no ha visto una peli de mafiosos en su vida. ¿Qué es eso de "quiero que le des una paliza a Cantizano"? ¿Pero qué capo utilizaría una frase tan explícita, y con la Guardia Civil pinchando el teléfono? Se dice: "saca al perro a pasear", "ponle dos zapatos de ya sabes qué a ya sabes quién", "haz que el pájaro deje de cantar", "envíale un mensajito de mi parte", "que le quede bien clarito"... En fin, frases lo bastante ambiguas como para que un abogado hábil y con el pelo bien engominao te pueda sacar la cara ante un juez. Pero si quieres ser más explícito, al menos date el gustazo y entona el clásico e imperecedero "que parezca un accidente".
Y luego está la vulgaridad de la "paliza". Qué falta de clase y de imaginación. ¿Dónde quedaron las advertencias, los avisos, las inquietantes palmadas en la espalda? Se empieza con una visita confianzuda, le ofreces un puro y le dices: "Tienes una bonita cara, sería una pena que se te rompiera". Luego, vas incrementando el nivel. Le mandas una carta y en el remite pones la dirección de su madre, para que vea que sabes donde vive; otro día, paras el coche a su lado en la calle y le invitas a dar un paseo por las afueras, y para rematar le dejas la advertencia sublime: matas a su caballo y le metes su cabeza en la cama mientras duerme. En fin, Ana, ¿para qué está el cine? Dale un poco de color a tus tácticas matonas. La paliza está demodé. Es un impulso primario de brutos, no un acto de refinada maldad. Además, el gusto de la paliza estriba en darla tú mismo y quedarte a gusto. Por encargo no puede dar satisfacción.
Por cierto, coincidencias de la vida: en los capítulos de Dirt que estoy viendo ahora, un famoso agraviado está metiendo miedo a Lucy Spiller. Por supuesto, no se ha rebajado a encargar una paliza, sino que le está metiendo verdadero miedo en el cuerpo, dejándole en el maletero de su coche fotos en las que sale ella en su casa. Acoso y derribo de los de verdad, para que aprenda Anita cómo se hacen las cosas en Hollywood.
17/05/2008
NO ME CHILLES QUE NO TE VEO

Hay fotos impagables: Rita Barberá y Luisa Fernanda Rudi en el balcón del ayuntamiento de Valencia. La segunda, por aquel entonces era alcaldesa de Zaragoza. La primera todavía lo es de Valencia, y lo que te rondaré morena. Presencian una mascletà fallera y el fotero las sorprendió tal que así. Alguien por aquí ha propuesto hacer camisetas con esta secuencia. Seguro que triunfaban.
Feliz noche de sábado, criaturillas crapulosas.
15/05/2008
ADICTOS A LA NOSTALGIA

Si no existe ya, alguien con talento tendría que ponerse a escribir un ensayo sobre la sociedad de la nostalgia en la que vivimos. Claro que también tendría que resignarse a enseñárselo sólo a sus amigos, porque dudo que le interesara a ningún editor. Al fin y al cabo, los editores viven de la nostalgia y no van a permitir que un listillo les joda el chiringuito.
Cuando era (mucho) más joven, una tarde lluviosa de verano en Francia me puse a trastear con la radio y descubrí una emisora que me pareció horrible: Radio Nostalgie. Fue la primera vez que tomé conciencia de que había gente que podía sacar tajada de la sensiblería ajena. No sé si por entonces funcionaba ya M-80 en España, su equivalente, pero al menos M-80 no enuncia tan a las claras sus intenciones en el nombre.
Antes sólo tenían nostalgia los emigrantes. Si eran gallegos tenían morriña. Si franceses, mal du pays. Si pedantes, añoranza. Si iletrados, ganas de suspirar y un nosequé en el pecho. Ahora, la nostalgia la padece todo bicho viviente y, por supuesto, la de los inmigrantes no le interesa a nadie ya. Ahora la nostalgia se aplica a cualquier pasado, incluso a los pasados no vividos.
La industria cultural vio hace tiempo el filón y lo explota a conciencia: los grupos de la movida vuelven con su artrosis y sus caras chupadas a exprimir de nuevo sus años de gloria; George Lucas engrosa su indecente fortuna exhibiendo la nostalgia que siente de sí mismo; Lou Reed ya no se aguanta ni él de puro plasta; el rock y el pop viven en un bucle sin fin de revivals y resobeteos de lo ya sobado; para qué hablar de Cuéntame cómo pasó; eBay es un colosal y multimillonario rastrillo de nostalgias; YouTube, otro tanto, y lo más grave: hay toda una corriente literaria empeñada en decir sin decirlo (porque decirlo sería inaceptable) que aquella épica guerra del 36 fue un tiempo majo, de gente con principios y valerosa. Hasta de un bombardeo se puede sentir nostalgia.
Incluso La hora chanante (¡chanante!) vive de la nostalgia que inexplicablemente sienten los treintañeros de hoy por su infancia ochentera. Todo pasa por el tamiz de aquello que fue y ya no es, y mientras tanto, cada tres días, nos cuelan una efeméride, una conmemoración oficial y un ¿te acuerdas de cómo éramos?
Yo entiendo la nostalgia que siente mi tía, que se marchó de Madrid siendo una chavalilla adolescente y dejó un noviete en Zaragoza para irse a Venezuela con la parte exiliada republicana de mi familia. Hoy, casi medio siglo después, habla con acento venezolano y es una caribeña de pro, pero se ha pasado la vida añorando un país y una gente que sólo han existido en su imaginación. Cuando vuelve a España y comprueba que nada ni nadie se parece a lo que ella guarda en la cabeza, el desarraigo se recrudece. Mi tía sí que padece un dilema irresoluble, el mismo que sentirán y han sentido millones de inmigrantes en todo el mundo y que Sebald retrató en Los emigrados. Eso sí que es un sentimiento poderoso que puede arrastrar a una persona a fosas terroríficas. No hay nada agradable en él, ni puede acompañarse con una sonrisa candorosa y bobalicona.
¿Por qué nos hemos vuelto adictos a la nostalgia? ¿En qué momento dejaron de interesarnos el futuro y el presente? Es significativo que la ciencia-ficción ya no tenga el favor de las masas y que la novela histórica sea el género que se lleve el gato al agua en las listas de ventas. También lo es que las fantasías futuristas hayan menguado en el repertorio temático de los cómics, donde la nostalgia y el pasado han arraigado con fiereza: uno de los mejores tebeos del siglo XX, Maus, de Art Spiegelman, es una exploración escalofriante en la nostalgia menos complaciente.
Lo dicho, alguien con talento debería reflexionar sobre estas cosas en clave filosófica. Seguro que descubre cosas muy interesantes sobre lo que somos y por qué somos.
12/05/2008
HISTORIETAS DE MAYO DEL 68

No es porque lo hayamos hecho nosotros (qué va a decir un padre de su hijo), pero el último suplemento Heraldo Domingo nos ha quedado especialmente lucido. Ha sido una de esas semanas en las que acabas reventado y deslomado, pero contento con el resultado. Nos ha salido guapa la criatura. Las páginas sobre los aragoneses en el Mayo del 68 han quedado entretenidas y llenas de historietas, y la foto que conseguimos in extremis de Juan Alberto Belloch con 18 años paseando por París (sí, es ese, el de la portada) y las declaraciones en las que cuenta que participó en el asalto a la embajada de EE.UU. -él, que fue baranda de policías y fiscales- son geniales.
La cosa es que, aprovechando el aniversario, nos dio por preguntarnos: ¿será verdad que todos los que dicen que estuvieron en París en Mayo del 68 estuvieron realmente? Y nos dimos cuenta de que los que más fanfarroneaban de pasado "revolutionaire" en aquel entonces estaban muy lejos de París, algunos entonando cantos al Caudillo. Pero también descubrimos que había otra gente que, sin armar tanto ruido, resultaba que sí que había estado allí y lo había visto todo. Algunos, incluso habían participado.
Como este suplemento donde me deslomo sólo está en "analógico" kiosquero y se resiste a entrar en la era digital, aquí os cortipego las peripecias de Carlos Saura, que este jueves será ojomeneado en Cannes. Para los que no viváis en Oregón o no leais el periódico donde echo las tardes (o las dos cosas, que de todo ha de haber), los que ya lo leisteis en papel podéis pasar directamene a dejar comentarios hirientes o largaros a dar un paseo.
El estreno frustrado
Al otro lado del telefóno, en un breve receso en su comprimidísima agenda, Carlos Saura (Huesca, 1932), que está rodando en Roma parte de su nuevo proyecto, "Io, Don Giovanni", recuerda con jocosidad y distancia el Mayo del 68 en el que la casualidad le hizo protagonista. No hay asomo de nostalgia ni sombra de gravedad en sus palabras: "Uf, si aquello fue una tontería -dice-. Ni siquiera sé lo que van a hacer en Cannes, solo he recibido la invitación, pero parece que todo lo relacionado con aquel año se magnifica". Lo que van a hacer en Cannes es un homenaje y un acto de justicia poética. Como en 1968 Saura no pudo proyectar "Peppermint frappé", el festival, dedicado este año a la efeméride sesentayochista, va a pagar la deuda. Y no solo con el oscense, sino con todos los directores, actores y estudiantes que intentaron convertir el certamen francés en una reflexión sobre cómo el cine podía contribuir a la revuelta, como recuerda el libro "Les Cahiers du Cinéma, histoire d’une revue", de Antoine De Baecque, que se presentará la semana que viene.
Aunque Saura no le dé importancia, cuando coge carrerilla, las anécdotas y los recuerdos salen a borbotones de su boca, y este periodista tiene que tomar nota a todo trapo para no perder ripio: la madrugada alucinada de París, las palabras de Godard, las lujosas calles de Cannes tomadas por los obreros, los paseos con Geraldine Chaplin... Todo se amontona en el cuaderno en un amasijo casi indescifrable, con la misma fuerza y confusión con la que vivió todo.
En 1968, Saura ya era un cineasta con una sólida trayectoria y muy apreciado en la escena europea, emparentado por derecho propio con los miembros de la Nouvelle Vague. Su amigo Elías Querejeta había producido su nueva película, "Peppermint frappé", y su pareja, Geraldine Chaplin, la había protagonizado. El 18 de mayo estaba previsto su estreno en Cannes, y Saura y Chaplin decidieron salir de Madrid unos días antes para disfrutar de la primavera en París y bajar luego por carretera a la Costa Azul.
"Viajamos en plan tirado en una furgoneta Volkswagen que teníamos entonces -recuerda-. Nos plantamos en un hotelito de Saint-Germain-des-Prés donde solíamos alojarnos cuando íbamos a París, y justo esa misma noche estalló todo el follón". Era la la madrugada del 10 al 11 de mayo de 1968.
"No estábamos preparados para eso -continúa-. Yo no había visto nada igual. Luego creo que se dijo que la Policía se replegó para evitar males mayores, porque los disturbios fueron muy graves, y si los hubieran reprimido con contundencia, habría habido bastantes muertos. Sin duda". Asustados, sin atreverse a salir del hotel, la pareja pasó la noche viendo por la ventana la lluvia de adoquines. "A las cuatro de la mañana nos atrevimos a bajar a la calle, y el panorama era impresionante: toda la ciudad estaba patas arriba, destrozada".
Cannes era otro mundo. La agitación todavía no había llegado y el glamur y el famoseo se paseaban tranquilos por los restaurantes y las salas de cine. Pero enseguida se contagió de la efervescencia que se vivía en Francia y, al arrancar el festival, las manifestaciones de estudiantes y obreros paralizaron el centro urbano.
"En esas condiciones -explica Saura-, los directores que participábamos, con Truffaut y Godard a la cabeza, decidimos en asamblea que el festival no se podía celebrar, y fuimos a comunicarle nuestra decisión al director, que aceptó que ’Peppermint frappé’ no se proyectase". Pero los animosos y comprometidos cineastas no las tenían todas consigo. Sospechaban que el director de Cannes, Robert Favre le Bret, no les iba a hacer caso: había mucho dinero en juego. "Por eso, a las 16.30, que era la hora a la que estaba programado el pase, nos plantamos en la sala y nos colgamos del telón para parar la proyección".
Aunque Saura asume que aquel fue un acto "muy valiente", en ese momento cree que no eran conscientes de lo que implicaba su toma de posición: "No había miedo, sino entusiasmo por lo que estaba pasando".
Lanchas y helicópteros
Quienes sí tenían miedo eran los productores y los magnates de la industria del cine, que "se atrincheraron en sus hoteles, aterrorizados". No podían salir de la ciudad porque se cortó el abastecimiento de gasolina. Pero lo solucionaron rápido: "De repente -cuenta Saura, riendo-, empezaron a llegar helicópteros que aterrizaban en las azoteas de los hoteles y lanchas que se paraban en la playa. Los productores salían corriendo con las maletas y huían por el aire o por el mar, y allí nos quedamos los directores reunidos en asamblea, mano a mano con los manifestantes. Fue muy divertido".
Providencialmente, el aragonés tenía algo de gasolina guardada en la furgoneta, y con ella, la pareja puso en marcha su vehículo y trató de llegar a España, cruzando los dedos y temiéndose las peores represalias al regresar: "Pero nadie nos dijo nada -apunta-. Como si no hubiera pasado".
Impasible ante las peripecias de la política, "Peppermint frappé" siguió su periplo y ganó el Oso de Plata en la Berlinale, convirtiéndose en una pieza clave de la filmografía sauriana. "Truffaut me envió un telegrama deseándome suerte y lamentando que la revolución fastidiase el estreno en Cannes". Pero eso ya es historia.
11/05/2008
VIVA LA BELLEZA EXTERIOR
Columna "Del revés". Publicada el viernes pasado en el suplemento MVT de Heraldo de Aragón.
"El problema de esa chica es que es de una belleza muy obvia", escuché alguna vez a alguien sobre una actriz de las que hacen temblar el misterio cuando echan a andar. Claro, ser obviamente bella debe ser un problema grave. Qué penita tiene que dar enfrentarse al espejo y encontrarse de cara con todo ese mogollón de hermosura sin esfuerzo, sin entrecerrar los ojos, sin buscar perfiles buenos.
No hago más que escuchar y leer que vivimos en una sociedad podrida por el culto a la belleza, donde los que no se ajustan al canon van dados y están abocados a la depresión, la anorexia, la bulimia y qué sé yo cuántas cosas más. Pues yo pienso que sucede al contrario, que es la belleza la que está mal vista, casi criminalizada. En ciertos ámbitos, no puedes decir alegremente que te gusta tal o cual persona solo porque, hablando en plata, que para eso va a reabrirse -el Plata, digo-, está buena. O bueno. Solo se acepta ese supuesto si hay algo más: "Fulanito es encantador, sensible, inteligente, tiene un master en Podología y, además, unos abdominales que crujen". Eso sí, eso se puede decir, pero solo si se deja caer el asunto físico al final y como una guinda que decora las verdaderas y sustanciales virtudes.
¿Y por qué narices no podemos admirar a una persona sencillamente porque es bella? ¿Porque es innato y no tiene ningún mérito? Hay personas que nacen con una inteligencia y una agilidad mental notablemente superiores a la media y reciben toda clase de alharacas. ¿Por qué alguien cuyos genes han sido agraciados con otro don no va a poder recibir la admiración de sus congéneres sin disimulo ni medias tintas? A veces, parece que los guapos tengan que hacer un sobreesfuerzo para demostrar que no son lerdos. Algunos hasta parecen pedir disculpas.
¿Es sexista caer rendido ante un cuerpo ajeno? ¿Está bien si lo hace un pintor, pero es repugnante si lo hacemos los demás? Cuando la publicidad televisiva se llena de voces horrísonas y de alegres michelines desacomplejados (olé por ellos), hay que confesar sin miedo que nos gustan los cuerpos bien hechos.
10/05/2008
UNA NUEVA IGLESIA
Un compañero prepara un reportaje sobre alguna controversia en torno al cambio climático, y conforme recaba datos de los científicos, se va escandalizando cada vez más y no puede reprimir compartir su indignación con nosotros: "Vamos a la catástrofe. Nos vamos a tener que ir a vivir todos al Ecuador". Una compañera muy inteligente con la que suelo estar de acuerdo interviene: "¿Y qué? ¿Qué pasa porque Europa se hiele o se achicharre? Son cosas del planeta. Europa ya estuvo cubierta de hielo, ya ha habido extinciones masivas, ya ha habido cambios climáticos muy grandes. Volverá a haberlos". El compañero primero la mira perplejo y creo que dice algo así como que es "nuestra responsabilidad" frenarlo, ya que somos conscientes, y entonces ella le da la puntilla y dice en alta voz lo que algunos pensamos y no nos atrevemos a decir: "¿Por qué? Tienes que dejar de mirar al planeta desde una perspectiva moral. La naturaleza no entiende de valores, el planeta va a su bola. ¿Qué más da si nos extinguimos? No pasará nada. Otros se han extinguido antes que nosotros y el planeta ha seguido con sus cosas. Y seguirá".
Yo no soy científico ni sé nada de cosas serias. El campo del saber del que soy especialista son las chorradas y las series de la tele. Pero del contacto periodístico que he tenido con estos temas, de lo poquito que he leído al margen de los medios y de todos los expertos a los que he entrevistado sobre el particular he sacado algunas conclusiones:
1. Por mucho que la ONU y Al Gore quieran fijar una doctrina, los sabios no se terminan de poner de acuerdo sobre si el cambio climático lo ha provocado la acción humana o responde a un ciclo natural de la Tierra. Algunos creen incluso que eso nunca se podrá saber con los medios y herramientas de que disponen ahora. Hay quien me ha insinuado que es muy antropocéntrico creer que en 200 años de industrialización (en Europa y en parte de Estados Unidos, en el resto del mundo la industrialización no tiene ni 50 años) hemos logrado alterar ciclos de millones de años, que ya quisiéramos nosotros ser tan poderosos.
2. Los sabios coinciden en que hay un cambio climático en marcha, eso no lo niega nadie. Pero, a partir de ahí, sólo están de acuerdo en que están en desacuerdo. Los más cautos dicen que es muy pronto para hacer proyecciones y decir en qué sentido va a cambiar el clima. La mayoría habla de "calentamiento global", pero otros dicen que esto sólo es el comienzo de un "enfriamiento global" y que estamos a las puertas de una nueva Era Glaciar. Para unos, nos achicharramos. Para otros, nos congelamos.
3. Hay miedo en la comunidad científica. Miedo a salirse del discurso "buenista" que recibe las subvenciones y los premios Nobel. Por eso, en las entrevistas, estas cosas te las dicen "off the record": "Si publicas que he dicho esto, lo negaré", amenazan. Nadie quiere dar el primer paso y decir que el emperador va desnudo. Hay una confianza ciega y religiosa en la ciencia, y los científicos no se atreven a decir que, en realidad, saben más bien poquito.
Yo sólo sé que ver estas cosas desde un punto de vista moral roza lo ridículo. Por supuesto que esto no invalida que reciclemos, que no seamos unos guarros, que no derrochemos recursos, que reforestemos y que intentemos restituir el daño que hacemos a la naturaleza. Pero hagámoslo por convivencia, entre nosotros y con el resto de especies que comparten planeta con nosotros. Hacerlo inspirados por un sentido profano de redención es de locos. Yo no quiero salvar ni que me salven de nada. Si el cambio climático nos fríe o nos congela, pues mira tú que bien. No hay dilema moral posible: si ese cambio lo hemos provocado nosotros, nos tenemos merecida la extinción, por idiotas y por suicidas, y si responde a un ciclo natural del planeta, ¿para qué sufrir tribulaciones por algo que no podemos controlar?
Veo en el horizonte una nueva Iglesia liderada por Al Gore, y yo no soy de misas. Yo reciclo, uso transporte público siempre que puedo (y en ciudad uso tracción animal, la de mis pies) y nunca como en McDonald's, pero no le doy la brasa a nadie.
05/05/2008
¿SOTANA O JERSEY DE CUELLO ALTO?
Alzheimer. Y galopante. Después de cenar vamos a tomar algo a un garito que aglutina a gente de todos los talantes y que, como el Monopoly, tiene público de 9 a 90 años. Antes íbamos mucho, ahora apenas lo pisamos. Una chica se me queda mirando y me saluda toda confiada. Pienso que me confunde con otro porque no me suena de nada, por más que rebusco en todas las capas de mi cerebro, pero disimulo. ¿Qué tal va todo? Bien, bien, ¿y tú?, respondo de perdido al río. Pone cara como de que no le van muy bien las cosas, a lo que yo respondo con la mejor de mis sonrisas: Bueno... esto... Rezo al dios en que no creo por que no se le ocurra contarme ninguna pena. Entonces ella hace una pregunta que demuestra que sabe a quien saluda, que no se ha equivocado: ¿Qué tal va todo por el Heraldo? No sé cómo logro zafarme de ella sin ser descortés, pero enseguida me veo en la barra, lejos del peligro. Uf, qué mal rato.
Hay temporadas en las que me pasa muy a menudo. Hay gente que me saluda, a veces con cariño sincero, y yo soy incapaz de ubicarlos en ningún mapa. Me apena mucho este problema de memoria que tengo, y sólo aspiro a que no se me note demasiado. En cualquier caso, lo curioso no es esto en sí, que supongo que es algo relativamente normal que le ha pasado a todo el mundo alguna vez, sino que estas personas suelen responder en serio a la pregunta "¿qué tal estás?". Ponen cara de circunstancias, esbozan un gesto torcido, empiezan a contarte que no encuentran curro, que su perro murió, que intentan dejar las drogas y no pueden... Qué sé yo. Horror, terror y pavor.
Mucha gente es incapaz de percibir el valor retórico de un saludo. Están deseando soltar sus miserias a la mínima de cambio, y se las largan al primero que pasa. Quizá por eso triunfan los programas como Hablar por hablar. Yo creía que triunfaban por el morbo cotilla del que escucha, pero ahora creo que es más poderosa la pulsión narradora de quien necesita desahogarse.
La pregunta es: ¿por qué yo? No me entendáis mal: me halaga que mis amigos me confíen sus miedos y sus problemas como yo se los confío a ellos, lo que no entiendo es por qué lo hacen personas a las que no les he dado una confianza previa. Quizá necesiten depender de la amabilidad de un desconocido, como Blanche DuBois.
Una de las cosas que más llaman la atención de un europeo en Estados Unidos es el ambiente de los bares nocturnos. Hay mucha gente que sale sola que no llama la atención. Lejos de interpretarse como un signo de patetismo o desesperación, los americanos salen solos con total normalidad. Y salen a conocer gente. Y se encuentran a mucha gente sola que también ha salido a conocer gente en los bares. Si tú llegas a un bar, tomas asiento en la barra y pides una cerveza, muy pronto se acercará alguien y entablará conversación contigo. Puede ser para ligar, pero lo normal es que sólo quieran charla. Cualquier excusa sirve para empezar a hablar, pero si eres extranjero el pie forzado es tu país de origen: "Tú no eres de aquí, ¿de dónde vienes?", y así empieza la charla, que puede derivar a cualquier cosa. Aunque se suele mantener en un tono hábilmente intrascendente que rehúye con naturalidad cualquier tema que pueda resultar conflictivo, especialmente la política y la religión, es fácil que acaben contándote su vida y, tras dos cervezas, ya has hecho un amigo nuevo. O has ligado. Pero se trata de una dinámica social muy fluida donde nadie busca un terapeuta de guardia: de lo que se trata es de relacionarse, no de lamentarse.
En España esto no funciona así, y lo que he comprobado es que las conversaciones etílicas que he mantenido con gente a la que he conocido en bares han resbalado rápidamente hacia la llamada de socorro. El alcohol suelta la lengua y te das cuenta de que tu interlocutor sólo busca echar fuera toda la mierda que lleva dentro, y mejor hacerlo contigo que con un amigo al que probablemente tenga ya harto. Los bares exacerban las pulsiones depresivas, y no deja de ser lógico que tus desgracias afloren cuando hay tantas personas fingiendo ser felices a tu alrededor.
Creo que tengo imán para ese perfil de hablador nocturno, y el Alzheimer que sufro al no reconocer a la gente que me saluda me hace más vulnerable. Me pillan con las defensas bajas. Así que tengo un dilema: no sé si salir por ahí con sotana y alzacuellos o con jersey de cuello alto de psicoanalista.
Exagero. Como siempre, exagero. Pero algo falla por ahí cuando tanta gente suplica ser escuchada y está tan poco interesada en escuchar.
Así me siento yo cuando me pasa una cosa de esas, como el prota de Jo, qué noche (está en inglés sin subtitular, lo siento):
02/05/2008
EL CUENTO DE SIEMPRE

Columna "Del revés" aparecida hoy en el MVT de Heraldo.
Pongámonos pedantes, que para eso es viernes de puente y el calor y la holganza nos han reblandecido la sesera. En el lejano siglo XX, mucho antes de que las cafeteras Nespresso e Ikea sacasen a la humanidad de su primitivismo, dos filósofos alemanes llamados Theodor Adorno y Max Horkheimer se dedicaron a teorizar sobre la "industria cultural". Ellos, que a comienzos del siglo XX empezaron a convivir con el cinematógrafo, con los dibujos animados de Walt Disney y con los pintores plastas de París, se dieron cuenta de que su viejo mundo de salones, música de cámara y deliciosas cenas con baile de gala estaba siendo conquistado por las pestilentes masas. La cultura popular, que hasta entonces solo era un repertorio de cancioncillas de pastores, estaba ganando mucha fuerza y seduciendo, inexplicablemente, a personas de sólida formación y elevadas miras. A Theodor Adorno le repateaba especialmente ese engendro llamado jazz, una chirriante bazofia que destruía el legado de los grandes compositores mediante una técnica infernal: la síncopa. Echaba sapos y culebras cuando le hablaban de la síncopa.
¡Gentuza! La civilización occidental se iba por el sumidero, y la culpa la tenía esa industria cultural. Uno se imagina a Adorno y a Horkheimer como dos cascarrabias pasados de moda rumiando su resentimiento mientras la juerga seguía en la calle, sin que a nadie le importara la rancia opinión de esos dos carrozas.
Esta semana ha salido a la venta el videojuego de los videojuegos: "GTA 4", la cuarta y acongojante entrega de la saga "Grand Theft Auto", hiperviolenta, hipernegra, hipersádica e hipersofisticada. Es como una película de Tarantino rodada por Scorsese. Es un juego para mayores de 18 años, pero ni esa advertencia ha servido para aplacar las protestas de los Adorno y los Horkheimer actuales. Se han escuchado lamentos apocalípticos y admoniciones indignadas. Hablan del fin de la civilización, de una sociedad sin rumbo, sin valores, de una Sodoma con su Gomorra. Hoy como ayer, siguen sin enterarse de dónde les viene el aire.
Foto: Theodor Adorno escuchando a Los Violadores del Verso.
21/04/2008
EL SIGLO XIX SE DESVELA
"Si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya". Mariano Rajoy, en unas declaraciones pronunciadas en 1888.
Lo llevaba sospechando desde hacía tiempo: los ordenadores, el AVE y el porno casero son sólo decorados virtuales hechos de ceros y unos. Vivimos en una engañifa postmoderna, pero si nos tomamos la pastillita de Matrix, podremos ver que realmente seguimos viviendo en el siglo XIX. Elija usted, caballerete: ¿liberal o conservador? ¿azucarillos o aguardiente? ¿cañas o barro? ¿Fortunata o Jacinta? ¿sables o pistolas?
Poco a poco, el decorado se va desmoronando y el siglo XIX asoma su patita. Por ejemplo, el otro día leí que las enfermedades venéreas están repuntando porque la gente está dejando de usar condones, ya que el miedo al sida ha bajado. ¿Qué mayor síntoma de decimononismo que el mal francés?
Es normal: en el XIX andaban obsesionados con el sexo. Y seguimos igual. Mirad cómo eran las mujeres de ese siglo y a ver si notáis diferencias:
Otro síntoma: Ruiz Zafón (no me digan que no tiene nombre del XIX) triunfa con tochos de 500 páginas escritos a la maniera decimonónica. De hecho, si no escribes como en el siglo XIX, difícilmente te comerás un rosco en el panorama editorial.
Más síntomas: el racismo ambiente con las milongas sobre la inmigración y el miedo al otro. Decimonónico total.
Últimamente he mirado mucha prensa aragonesa de finales del XIX y principios del XX. ¿Se pueden creer que buena parte de los debates que se tienen ahora ya se planteaban entonces? Y con la misma cansinez.
Los comentarios sobre la ministra de Defensa: decimonónicos con pedigrí.
¿No salió hace poco un científico teorizando sobre la inferioridad de la raza negra? Et voilà!
Echando un vistazo al mapa de España uno se da cuenta de que siguen existiendo Soria, la playa de la Concha, las facultades de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santurce, Bilbao, Despeñaperros y Reus. Todos ellos son enclaves claramente decimonónicos que nos indican que aquel siglo persevera en nosotros.
La última vez que estuve en Madrid, hará un par de semanas, me descubrí caminando despistado del Portillo a la Arganzuela, y por la calle de Alcalá, con la falda almidoná, y los nardos apoyaos en la cadera, la florista iba y venía.
Por las carreteras de Navarra y de Euskadi vimos carlistas con la boina roja. No iban a caballo, sino en coche patrulla, pero estaba claro que andaban a la caza de alfonsinos.
El otro día Valle-Inclán escribió que el coronelito Hugo Chávez tocaba el guitarrón (Tirano Banderas ya es de comienzos del siglo XX, pero nos sirve como decimonónico).
El presidente del Gobierno es un señor de León y el líder de la oposición se declara "un señor de provincias". La política, dominada por dos señores de provincias. ¿Y quién entretiene mientras tanto a la pobre Regenta, tan sola en su lóbrega casa?
El señor más poderoso de España se llama Amancio Ortega. ¿Cabe nombre más del siglo aquel?
Vamos, que sí, que partido liberal y conservador. Está claro que seguimos viviendo en aquellos años. Gracias, don Mariano, por quitarnos la venda de los ojos.
Ahora, caballeros, si me disculpan, he de ir a la oficina postal para enviar una carta a la embajada de Prusia en Ceilán. A ver si puede salir en la diligencia de las siete.
19/04/2008
ESCUELA DE CALOR

En esta primavera tan rara, me he despertado pensando en el calor. Ahora que no lo siento, lo pienso. Será que me preparo para lo que se avecina.
Quienes me conocen saben que me llevo muy mal con el calor, que odio estar al sol, que no puedo disfrutar de la playa sin una sombrilla cerca, que respiro y sonrío cuando llega por fin el otoño con sus remolinos de aire y sus cielos nublados. Siempre he odiado el calor, ha sido una losa paralizante. Lo sufrí mucho y me resultó insoportable, hasta que lo sentí de verdad.
Fue en 2005, en las ruinas de Palenque, en el corazón de Chiapas. Jamás de los jamases había sentido ese calor. Eran las ocho de la mañana y ya era insoportable, con una humedad tropical que lo llenaba todo. Con mover un dedo, ya sudabas. Y daba lo mismo estar al sol o a la sombra. El día se me iba a hacer muy cuesta arriba y no iba a disfrutar de las ruinas mayas, pensaba con mucho fastidio. Hasta que algo hizo clic. ¿Revelación divina, misterio tántrico, pura locura? No lo sé, pero empecé a notar que disfrutaba de ese calor, que me hacía percibir mejor las piedras que sobresalían entre la espesura, que escuchaba con más claridad los sonidos de los insectos de la selva, que parecían sacados de una película de terror. Recorrí Palenque en un estado de alucinación, como si me hubiera tomado una droga buena, y lo gocé tan física y carnalmente que me asusté un poco.
Ahí cambió mi relación con el calor. Desde entonces, no lo sufro como antes, no me aplasta, no me impide ser yo. Y también he revisado mi relación anterior con el calor. Me vino a la cabeza una higuera enorme que había en la puerta de la casa que mi abuelo se compró en su pueblo natal cuando se jubiló. Estaba al otro lado de una tapia que había enfrente de la casa. La tapia era de adobe, muy vieja, y en sus desconchones había telas de araña que brillaban por la noche. La higuera era verano y el verano era calor. Un calor irrespirable de 40 grados. Tapaba toda la vista de la casa, por eso la familia celebró que el alcalde acabara con esos huertos y echara abajo tanto la tapia de adobe con sus telas de araña como la fenomenal y centenaria higuera que había detrás. Entonces, ante la puerta de la casa se descubrió la sutil y áspera belleza de la vega del Jalón, con su cielo bajo y su horizonte chato. Daba gusto (da gusto) sentarse en la puerta y mirarlo todo comiendo un buen tomate de agosto con sal, pero a mí me gustaba más la higuera. Y en la mirada de mi abuelo creía entender que a él tampoco le había hecho mucha gracia la tala. Hay cosas más importantes que las vistas. Cosas a las que uno se acostumbra, me imagino.
Hasta que no redescubrí el calor en Palenque, el recuerdo de la higuera estaba enterrado en algún sitio inaccesible. Mi nueva relación con el calor destapó esa y otras muchas cosas más. Ese mismo día, en Chiapas, recordé unas palabras de la Maga en Rayuela, que, desde la primera vez que las leí, me provocan una angustia difícil de verbalizar. La Maga cuenta un traumático episodio de su infancia en Montevideo. Dice así:
"Mi papá tomaba mate en la puerta. Hacía un calor que usted no puede entender. Todos ustedes son de países fríos. Es la humedad, sobre todo, cerca del río, parece que en Buenos Aires es peor. Esa noche yo sentía la ropa pegada, todos tomaban y tomaban mate, dos o tres veces salí y fui a beber de una canilla que había en el patio entre los malvones. Me parecía que el agua de esa canilla era más fresca. No había ni una estrella, los malvones olían áspero, son unas plantas groseras, hermosísimas, usted tendría que acariciar una hoja de malvón. Las otras piezas ya habían apagado la luz, papá se había ido al boliche del tuerto Ramos, yo entré el banquito, el mate y la pava vacía que él siempre dejaba en la puerta y que nos iban a robar los vagos del baldío de al lado. Me acuerdo que cuando crucé el patio salió un poco de luna y me paré a mirar, la luna siempre me daba como frío, puse la cara para que desde las estrellas pudieran verme, yo creía en esas cosas, tenía nada más que trece años. Después bebí otro poco de la canilla y me volví a mi pieza que estaba arriba, subiendo una escalera de fierro donde una vez me disloqué un tobillo. Cuando iba a encender la vela de la mesa de luz, una mano caliente me agarró por el hombro, sentí que cerraban la puerta, otra mano me tapó la boca, y empecé a oler a catinga, el negro me sobaba por todos lados y me decía cosas en la oreja, me babeaba la cara, me arrancaba la ropa y yo no podía hacer nada, ni gritar siquiera porque sabía que me iba a matar si gritaba y no quería que me mataran, cualquier cosa era mejor que eso, morir era la peor ofensa, la estupidez más completa. ¿Por qué me mirás con esa cara, Horacio? Le estoy contando cómo me violó el negro del conventillo".
El calor es una violación de un negro que huele a catinga. Quizá no sea muy políticamente correcto, pero sí angustioso.
También me acordé del verano en Madrid, de cómo nos metíamos debajo de los aspersores de detrás del Clínico y de cómo, cuando llegábamos a Moncloa diez minutos después, estábamos ya secos. De lo que no conseguí acordarme fue de la playa de cuando era niño.
En algunos ratos muertos del viaje por México, empecé a escribir una historia que no se ha publicado en ningún sitio, y que es ciertamente impublicable. Es una paja mental de uso estrictamente personal que no merece llamarse literatura, pero permitidme que rescate un pequeño pasaje que probablemente corresponda a una alucinación debida al calor. Sed buenos y perdonad todos sus increíbles defectos y su pésima adjetivación -que ya no se me ocurriría utilizar-, porque no está pensado para ser publicado. El escenario es la calurosísima y tórrida Mérida, capital del Yucatán y una de las ciudades más importantes (y lindas, que dirían ellos) de México:
"Calurosa, asfixiante Mérida. Fue muy cerca del zócalo, en una calle de nombre imposible de recordar (¿43, 67, 81?). Había un restaurante nuevo, limpio, cuidado con mimo europeo, que miraba desdeñoso a las mugrientas loncherías de moscas y platos de papel. Le recordó a París, a Madrid o a Barcelona. O a Amsterdam. ¿Qué más daba? Olía a Europa tropical. La noche del Yucatán daba un poco de tregua a la camiseta, que se había negado a absorber una gota más de sudor. La noche siempre da facilidades. Había pasado de día por la puerta del restaurante sin que le llamara la atención, pero bastó una luz resbalando sobre un nombre maya para seducirle. Dentro, un patio con velas en las mesas y un grupo de jóvenes compartiendo sus planes de trabajar pronto en el D.F. y abandonar de una vez el ponzoñoso clima yucateca. Would you like some beer, sir? No, no, no, no me hable en inglés, soy español. Y sí, una Montejo muy fría, por favor. Cómo no, señor. Aquí tiene la carta, por si gusta ordenar algún antojito. Gracias. A la tercera Montejo, se enamoró de la que parecía la novia de uno de los chicos de la mesa de enfrente. A la cuarta, una pizca de sentido común le impidió liarse a navajazos con el pánfilo pedantillo que la cogía de la mano. A la quinta, entró Ernest Hemingway con su mujer, y la mestiza perdió todo interés, como lo hubiera perdido al recibir los primeros rayos de sol a su lado en la cama. Eso que se ahorró. Las velas del patio apenas iluminaban nada y Ernest Hemingway llevaba unos cuantos lustros criando malvas, pero aquel presocrático de pantalón corto y camisa de jazzman resultaba fascinante sobre el claroscuro. Homérico. Si no era Hemingway, no le quedaba más remedio que serlo. Y si el mundo se rigiera por las fantasiosas leyes de la lógica, la aparición debiera haberse puesto a declamar ahí mismo, a predicar la necesidad de la violencia como profilaxis social o a recitar salmos. Pero, sorprendiendo a su único espectador, sólo sacó un cuaderno de dibujo y un lápiz, y se puso a hacer trazos mientras su mujer, asténica, rubia y pálida, bebía a sorbos una chelada.
¿Qué dibujaba aquel yanqui que hablaba en perfecto español a los camareros? ¿Otra Montejo? Sí, por favor, y tráigame también unas quesadillas. Sí señor. No parecía retratar nada del local. Apenas levantaba la vista del cuaderno y no le dirigía ni una palabra a su mujer. Si es que era su mujer. Pero esa barba sólo podía ser de escritor. De escritor atolondrado y pomposo. Quizá su afición era el dibujo. Bien sabía él la paz de espíritu que dan unos trazos desgarbados sobre un papel grueso, pero, ¿qué sosiego necesitaba un ser barbado y grande como aquel en medio del trópico? ¿Qué beneficios terapéuticos obtendría del dibujo ese gigante cuya tensión nunca se habría disparado por encima de la parsimonia? Lo sigue pensando ahora, mientras la carretera por la que sube parte en dos los miserables poblachos del norte de Chiapas y no hay nadie con un caballete recreando la selva en óleo. Porque la selva barroca sólo puede recrearse en óleo; la acuarela pierde su sentido cuando abandona las inofensivas colinas de Europa. Por no hablar del pusilánime carboncillo. Lo sigue pensando ahora, en mitad de la nada, entre ciudades separadas por cientos de kilómetros de sofoco verde, donde no hay cafés ni yanquis locos con mala conciencia de ser yanquis".
Foto: servidor, en las ruinas de Palenque, con una inteligente camiseta negra (no importa, había mucha sombra), a punto de enloquecer de calor.
17/04/2008
ASÍ CELEBRO YO EL BICENTENARIO DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Pues sí, chers amis. Donde esté un roquefort, que se quite el cabrales; donde esté un Burdeos, que se quite un Rioja, y donde esté una lánguida y escotada muñequita parisina con las axilas sin depilar, que se quiten las mozas morenas de Sorolla. Vive la France, cojones!
El otro día en La Sexta emitieron un reportaje de historia-ficción imaginando cómo viviríamos hoy si la República hubiera ganado la guerra. Yo voy más allá, y me pierdo en ensoñaciones donde las tropas de Napoleón pasan a cuchillo a las Cortes de Cádiz y prohiben, bajo pena de guillotina genital, el uso del idioma castellano (y del catalán, del euskera, del gallego, del aragonés y de la neolengua que hablan los de La Hora Chanante). Nos veo creciendo altivos y felices en una Seville sin Semana Santa, en una Pamplonne sin San Fermín y en una Saragosse con una Vierge du Pilar gabacha sin remedio. En este bicentenario de 1808 me declaro afrancesado por los cuatro costados.
Y aquí me podéis ver, bajo una gloriosa tricolor ondeando en el plomizo cielo galo, soñando en voz alta con una España verdaderamente francesa y jacobina.
Vive l’Espagne française!
¿Alguien se anima a celebrar los Sitios de Zaragoza conmigo de esta guisa?
15/04/2008
UNA MOZA DE PROVECHO

Columna publicada en el suplemento MVT de Heraldo el viernes pasado.
Debería hacer esta confesión con nombre falso y con un pasamontañas cubriéndome la cabeza, pero ya que la gente de La Costa Brava dice que adora a las pijas de su ciudad, y no han sido apedreados por su desfachatez, me siento libre para confesar mi enfermiza pasión por Paris Hilton.
No confundirse: no es una pasión esnob, frívola o seudoprovocativa. Lo que yo siento es simpatía de verdad, me cae muy bien, me hace gracia y creo que merecería salir de la crónica rosa para encumbrarse a icono pop postwarholiano del siglo XXI. Se lo está ganando a pulso.
Alguien ha escrito por ahí que su mayor mérito es ser la campeona mundial en el campo de montar números desquiciados y etílico-drogadictos. Y no es un mérito menor, porque hay mucha competencia en este terreno. Es más fácil ser el mejor matemático o el mejor músico que la mejor borracha. No voy a discutir esto, y felicito a la interfecta en lo que vale, pero a mí Paris me interesa como personaje de ficción, como protagonista de esa serie maravillosa llamada "The Simple Life", que no entiendo cómo no se emite en abierto y en ’prime time’.
Ya sabréis de qué va esta historia que ha arrasado en Estados Unidos: Paris y su amiga (o ex amiga, ya no me aclaro) Nicole se montan en un carricoche y se van a la América rural a hacerse unas mujeres de provecho. A ver cómo se las arreglan estas dos pijas en una rústica granja de cerdos. A ver cómo hacemos de estas inútiles muñequitas unas buenas mozas.
Se supone que deberíamos reirnos de sus remilgos de niñas bien, de sus mohines de asco y de su incapacidad para enfrentarse a los problemas triviales del día a día, pero no sé por qué extraña conjunción de astros, acaban cayendo muy bien. Paris demuestra ser una tipa con un gran sentido del humor, que se hace querer por la gente del campo -pese a los desastres que va produciendo a su paso- y que cautiva viciosamente al espectador. No por su discutible morbo erótico, sino por su desparpajo.
Es genial. Dudo mucho que alguna de las divas de otros tiempos hubiera superado una prueba parecida. Cuando el cambio climático nos arrase, solo sobrevivirán los insectos y Paris.
¡Olé sus Hilton!
11/04/2008
MÁS FALSIFICACIONES

Viene muy al pelo del post anterior y, de paso, me hago un poco de publicidad. En el número de abril de Historia de Iberia Vieja, la revista que desde hace unos meses dirige Bruno Cardeñosa y donde se ha incorporado buena parte del plantel de La rosa de los vientos, el programa del desaparecido Juan Antonio Cebrián, sale un artículo mío sobre La Mano Negra. Los historiadores todavía discuten sobre si esa supuesta organización secreta anarquista existió en Andalucía a finales del siglo XIX o fue un invento de fiscales y policí