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26/05/2008

LA NUEVA FRIENDS

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Día inútil. El sábado nos clavaron en la cena y nos pusieron garrafón en un bar. Por lo menos, nos reímos y hasta nos enteramos, allá a las tres de la madrugada, de cómo había quedado Chikilicuatre. Una pena. Lo del garrafón y la clavada, claro, lo del Chiki Chiki me da lo mismo. El domingo no estábamos para nada. Ibuprofeno mediante, he reescrito y corregido un capítulo de un libro que ya coge forma definitiva, pero el día ha sido bastante improductivo y lo hemos dedicado, básicamente, a ver unos diez o doce episodios de Cómo conocí a vuestra madre, la serie heredera de Friends que nunca podemos ver cuando la echan en la tele.

Lo he confirmado: es la mejor sitcom que se puede ver ahora mismo. Tiene altibajos de un pasteleo insufrible y, en la primera temporada al menos, los guionistas no terminan de pillarle el punto al clásico romance "ahora te quiero-ahora te odio" de los dos protas, pero ninguna de esas inconsistencias agua la serie, que es muy divertida, tronchante a ratos.

Para los que no la seguís: estamos en el año 2030, y Ted le cuenta a sus hijos la historia de cómo conoció a su madre, allá por los años 2005, 2006 y 2007 (y supongo, si la cosa no se agosta, que seguirá en 2008 y 2009). Nueva York, cinco amigos cuasitreintañeros, con la vida resuelta profesionalmente (o en trance de resolución) y muy majos y cachondos. Dos de ellos (ella y él) se gustan pero se complican la vida; otros dos están prometidos y planean su boda, y el último, Barney (cuyo actor fue aquel médico adolescente en una serie imposible de principios de los 90), es un crápula cínico y babosil. ¿Suena a Friends? Es Friends, no se han esforzado mucho por disimular el plagio. Incluso los escenarios (el apartamento desaliñado de Ted y Marshall y el bar donde se pasan la vida) están copiados de Friends. Pero, ¿a quién le importa? El plagio es soportable -hasta recomendable- siempre que se cumpla un precepto básico: que la copia intente ir un poco más lejos que el original. En ese sentido, creo que Cómo conocí a vuestra madre es más gamberra, más sucia, más subida de tono en algunos aspectos y un punto más desenfadada que Friends. Un botón de muestra revelador: en Friends, los protas tomaban café en una cafetería; en Como conocí a vuestra madre quedan en un pub para emborracharse. Y otra más: en Friends, Joey era un ligón caradura simpático con corazón tierno, pero su equivalente en esta serie, Barney, es un hijo de puta que vendería a su abuela y que es capaz de muchas bajezas por conseguir un polvo. Su personaje busca la carcajada del espectador, no su empatía. Lo dicho: va unos cuantos pasos más allá, pero es que no puede ser de otra forma, porque cuando el público se acostumbra a un tono, no vale ni volver atrás ni mantenerse igual, hay que echarle un poco más de pimienta al guiso o nos sabrá a lo mismo de siempre.

Ah, se me olvida comentar lo más interesante: la "Rachel" de esta serie es canadiense (la actriz y el personaje, por lo que su acento es un motivo más de comicidad) y se llama Cobie Smulders (la actriz). No tiene la vis cómica de Aniston ni su formación teatral, y se nota que los guionistas tienen en cuenta esas limitaciones y no le ponen pruebas demasiado duras. No importa, porque destila mucho morbo y se deja querer por la cámara. Sabe cómo hacer que el universo orbite alrededor suyo. Muy morena, casi sorollana, tiene una presencia y una sonrisa de dejar pasmado. Pero, sobre todo, gusta porque no es una chica Playboy: sus andares y sus gestos le dan un cierto aire de chicazo que le añade atractivo y morbo. ¿He dicho ya que me mola un montón? Cobie Smulders queda oficialmente incorporada a la galería erótica de este blog.

Foto: exactamente, es ella.

26/05/2008 01:42 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 11 comentarios.

20/05/2008

UN CARETO DE LOS QUE YA NO SE LLEVAN

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Si fuera escultor, volaría a Los Ángeles para hacerle una escultura. Sólo de su careto. Se llama Kevin McKidd, del clan McKidd de toda la vida, es escocés y actor (una combinación hasta ahora sólo sintetizada con éxito por Sean Connery) y los amantes de las series le descubrimos en la inigualable y despiadada Roma, donde fue el bravo Lucio Voreno. Quién sabe, quizá con él esté descubriendo mi lado homosexual, porque cuando aparece en la pantalla, me pego a ella cual mosca.

Su careto tiene una capacidad de atracción brutal. Como intérprete se defiende, incluso tiene algún chispazo de brillantez, pero no descuella precisamente. De hecho, dadas sus limitadas capacidades actorales, su mérito en Roma fue aguantar el tipo en un reparto de los de levantarse de la butaca (incluso de la del salón) y dejarse las manos en carne viva aplaudiendo. Ese Marco Antonio interpretado por un James Purefoy desconocido por estos pagos, pero muy famoso en los hogares ingleses por sus aclamados trabajos en la BBC; esa trágica y malvada Atia encarnada por la igualmente desconocida en España Polly Walker... Sus dos interpretaciones en las dos temporadas de la serie me recordaron lo muchísimo que puede llegar a emocionar un buen actor si le dejan hacer su trabajo.

Kevin McKidd no es un actor que emocione. Su talento no llega a tanto y está en otro sitio. Su fuerza está en su rostro antiguo. Es una cara de las que ya no se llevan, es un dios ario, un viejo icono nazi descontaminado y sonriente.

Con Roma le vino el éxito y el salto a Estados Unidos. Ahora interpreta a Dan Vassar, un reportero de San Francisco que viaja en el tiempo en una serie llamada (oh, originalidad) Journeyman. He visto los dos primeros episodios y es un bodrio sentimentaloide sin pies ni cabeza, pero merece la pena por ver su careto desfilando por la pantalla.

Pues aquí tenéis a un maromo-actor que me gusta, para que no digáis que sólo hablo de actrices escotadas.

20/05/2008 00:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

30/04/2008

OREGÓN TELEVISIÓN

Han tardado en encontrar su hueco, después de probar la fórmula del late night, pero al fin se les ve cómodos y en un programa que merece la pena. La gente de Lobomedia produce Oregón Televisión (que la autonómica redifunde de madrugada, por suerte para mí). Solo con este espacio ya considero bien invertido el dinero de todos que cuesta el ente utonómico.

Para los que no lo veais, y sobre todo para los que vivís fuera de esta extraña tierra, os cuento que Oregón Televisión es una parodia de los programas tipo España Directo. Los sketches son las conexiones de los reporteros, y cada uno de ellos dibuja una escena más o menos afortunada de la realidad aragonesa (u oregonesa, más bien). Tiene momentos tronchantes, especialmente para los que tenemos que lidiar día tras día con la pocas veces grata actualidad regional. Si alguien ha sabido captar el alma de lo oregonés y pasarlo por los espejos del callejón del Gato (o por los del laberinto de los espejos del parque de atracciones de Zaragoza, que sería más propio) han sido ellos. Chapeau.

Ahí van tres fogonazos en vídeo. La muerte y las madejas:

 

La publicidad de la Expo:

 

Y una de las entregas del temible Comando Almogavar:

30/04/2008 01:46 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

23/04/2008

DIRT

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La señorita (¿o debería decir señora Arquette?) Courteney Cox era una actriz segundona, más que secundaria. Uno de tantos moscones vampíricos esperando su momento en los títulos de crédito de las series y las pelis malas de Hollywood. Hasta que un buen día de 1994 se presentó a un casting de la NBC y la contrataron para el papel de Monica Geller en una nueva sitcom. En realidad -y ella no lo sabía- era el segundo plato, porque para ese papel ya habían contratado a otra chica desconocida del off Broadway llamada Jennifer Aniston, pero a los productores les gustó tanto que decidieron crearle otro papel a medida y buscar una sustituta para el personaje de Monica. La serie, todos lo sabéis, era Friends.

De aspirante sin suerte, a ídolo de masas. Friends se convirtió en un fenómeno generacional, universal y -sobre todo- multimillonario, y Courteney Cox se convirtió en una superestrella con 30 años. Cuando terminó la serie tenía 40 -muy mala edad para una actriz, y especialmente para una actriz de su caché-, mucho bagaje y muchas ganas de demostrar que su talento estaba muy por encima de los gags de una sitcom. En su fuero interno, todos los actores piensan que están destinados a grandes cumbres, pero son muy pocos los que lo demuestran.

Courteney fue viendo fracasar y enquistarse a todos sus compañeros de reparto en Friends: Matt LeBlanc (Joey), se dio un hostión de cuidado con su pésimo spin-off; David Schwimmer (Ross) se ha quedado entre bambalinas parodiándose a sí mismo; Mathew Perry (Chandler) repite su mismo personaje en comedias cutres, en un encasillamiento que ya suena a encasquillamiento, y Jennifer Aniston (Rachel) parece la novia abandonada (por Brad Pitt, todo hay que decirlo) que pena por los pasillos del castillo arrastrando la cola hecha jirones de su vestido de bodas. Sólo Lisa Kudrow (Phoebe, mi favorita) parecía haber escapado de la quema.

La presión y el miedo tenían que ser grandes por fuerza. Muchos la habían cagado y Friends es mucho Friends para quitárselo de encima. Quizá por eso Courteney ha tardado tres años en salir de su crisálida, pero se puede decir que ha salido convertida en una magnífica mariposa. Una cruel, despiadada y brillante mariposa.

Dirt es una buena serie. No diré genial, no echaré las campanas al vuelo. La tele americana nos ha malacostumbrado con productos sublimes y ahora los espectadores somos más exigentes. Quizá hace cinco años, Dirt hubiera resultado deslumbrante, pero tras Los Soprano y A dos metros bajo tierra, se queda solamente en un producto digno. De calidad, pero no prodigioso. Y esto no es una crítica, sólo la sitúo en el lugar que creo que le corresponde.

En Dirt, una serie hecha a la medida de las aspiraciones y del talento de Courteney Cox, la ex Friend es una agresiva directora de una revista del corazón de Los Ángeles. Una Cruella Deville sin dálmatas. Se ha preparado a conciencia y nada en su presencia ni en su interpretación recuerda a Monica Geller. Pero, sin embargo, sigue siendo Courteney Cox. Eso es talento. Eso es algo que está al alcance de muy pocos actores: mantener la propia y marcada personalidad sin dejar de lado al personaje. Que el personaje y la actriz hablen a la vez, en una compleja y sutil dialéctica. Eso es lo que se le pide a los grandes actores (y a los grandes escritores).

Por lo demás, Dirt -que están echando en Fox y espero que se vea pronto en abierto- es una serie entretenida, que fuerza los límites de la verosimilitud y que hace catas muy interesantes en el siempre fascinante mundo del morbo y de (va por ti, Rondabandarra) las miasmas. Se echa de menos un poco más de arrojo, pero dado que la propia Courteney Cox produce la serie, creo que no se le puede pedir mucho más: una superestrella no se pone a hacer arte y ensayo de la noche a la mañana.

Muy recomendable. Si no la habéis visto, tirad de la mula. Sospecho que se avecinan tiempos de crisis catódica, así que hay que acumular reservas para el largo ayuno. Y Dirt es nutritiva.

23/04/2008 02:15 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

03/04/2008

FUTURAMA MATH

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Sabía que Futurama era una serie extremadamente friki, pero hasta que no he visto los extras de El gran golpe de Bender no me he dado cuenta de lo fino que hila y de los mil recónditos guiños que hay para dar placer a los amantes de las matemáticas y de la física. De hecho, al menos tres guionistas de la serie son matemáticos. Futurama está plagadita de bromas que sólo pueden pillar los doctorandos en ciencias exactas. Y, de estos, sólo los que estén muy atentos. Afortunadamente para ellos, y para los legos-lerdos de letras que no nos enteramos de nada, una matemática estadounidense, Sarah J. Greenwald, ha estudiado todas estas referencias y las ha compilado en la web Futurama Math. De hecho, Greenwald utiliza capítulos de la serie en sus clases de la universidad. 

Os cuento uno de esos elaborados y enfermizos guiños. En un capítulo, Bender recibe una felicitación navideña de la máquina que le fabricó. En ella se refiere a Bender como su "hijo#1729". Pues bien, ese número no es casual, sino el protagonista de una anécdota de dos matemáticos de principios de siglo XX. El científico inglés G. H. Hardy le contó a su colega Ramanujan que se había montado en un taxi que llevaba el número 1729, y que no sabía por qué, el número le había llamado la atención, no se lo quitaba de la cabeza. Ramanujan le contestó, tras pensar un momento: "No me extraña que te llame la atención, porque es el número más pequeño capaz de ser expresado como dos sumas distintas de dos cubos". Efectivamente, lo es. En concreto, se puede obtener sumando 13 y 123 o 93 y 103. Desde entonces, a los números que resultan de sumar dos cubos se les llama "taxicab numbers".  En Futurama aparecen más veces, como en este diálogo, cuando Bender conoce a su doble malvado (según se mire), Flexo -que, por cierto, y esto es otro apunte friki, se distinguía de Bender por una pieza de metal a modo de perilla, como la perilla que llevaba el doble malo de Michael Knight en El coche fantástico-:

Profesor Farnsworth: Este es Flexo.
Hermes: ¡Benditas llamas de las Bahamas! Salvo por esa perilla, es igual que Bender.
Flexo: No te extrañe. Los dos somos unidades dobladoras.
Bender: Eh, brobot, ¿cuál es tu número de serie?
Flexo: 3370318.
Bender: ¡No fastidies! El mío es 2716057.
[Los dos ríen. Después ríe también Fry, pero para y parece no entender]
Fry: No lo cojo.
Bender: Los dos pueden ser expresados como la suma de dos cubos.
Flexo: Oooh!

(Esta vez no cito de memoria: he traducido el diálogo en inglés transcrito en la web de Futurama). 

También debe de haber un montón de citas ocultas a muchos científicos. Dice David X. Cohen, el cocreador de la serie, que el planteamiento de Futurama es que el 99% del público pueda reírse con los gags, pero que sólo un 1% los entienda realmente en toda su dimensión. Creo que lo han conseguido. Vaya frikazos de tomo y lomo. Les quiero. 

03/04/2008 00:24 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 11 comentarios.

02/04/2008

FILOSOFÍA EN TELEMADRID

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Si eras de los que pensabas que Telemadrid no iba a poder sobreponerse a la marcha de Sánchez Dragó y de su gato, sal de tu error ya, oh, progre incrédulo. Ahora, Esperanza Aguirre apunta mucho más alto. Ya no se conforma con escritores con alma de show-man friki mamporrero. La gran Esperanza, despechada porque en su partido no le hacen caso, se ha calzado unas sandalias, se ha puesto una túnica y ha marchado a pie hasta el monte Olimpo para invocar al más grande de todos los sabios. Y el más grande le ha concedido su deseo. Hoy, El País publica este titular: Platón asume funciones directivas en Telemadrid. Por fin el filósofo podrá aplicar las ideas de La República al ámbito del management. 

Lo curioso es que tamaña noticia, la resurrección de un filósofo griego y su fichaje como directivo de una cadena autonómica, no haya tenido más resonancia en los medios. Será culpa de la LOGSE. Quizá los periodistas no sepan quién fue Platón (¿digo fue? Es, en presente, pues ahí le tenemos, cobrando dietas y pluses de los presupuestos de la Comunidad de Madrid).

No importa. Lo que de verdad urge saber es cuál será el equipo de trabajo del nuevo directivo. Yo en su lugar apostaría por dejar los programas de divulgación científica en manos de Pitágoras, y los late night, en las de Nietzsche, con superhombres bailando en bolas y el Risitas haciendo de Zaratustra. Los informativos, para Descartes, que es un tío pulcro que dirá las cosas claras, y las retransmisiones deportivas, para Karl Marx, que sabrá interpretar el sentido de la confrontación dialéctica entre los contrarios. A Aristóteles le nombraría director de proyectos en potencia, por aquello de que sabe muy bien la diferencia entre la potencia y el acto. Los espacios del corazón, para Sócrates, que siempre le gustaba andar cotilleando con sus alumnos y tenía la misma malicia y gustos eróticos que Jorque Javier Vázquez.

El mundo espera ansioso. ¿Podrán los filósofos muertos recuperar la televisión de sus miasmas? Es una dura prueba la que debe afrontar Platón, y su predecesor intelectual, Sánchez Dragó, ha dejado el listón muy alto. Démosle un margen de confianza a Platón. Hasta las próximas calendas, por ejemplo. O hasta que Pericles convoque de nuevo a los ciudadanos en el Ágora.

Así que, mientras los sabios restauran la dignidad catódica de Telemadrid, yo voy a apagar el móvil y a disfrutar en DVD de una maravilla maravillosa que ha salido hoy a la venta y que me acabo de comprar: El gran golpe de Bender, el primero de los cuatro largometrajes con los que Matt Groening y el matemático de Harvard David X. Cohen han devuelto a la vida uno de los mayores monumentos de la historia de la televisión: Futurama. Estoy nervioso como un niño con zapatos nuevos. Digo, como un niño con un DVD de Futurama nuevo.

02/04/2008 13:50 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 6 comentarios.

06/03/2008

TERROR HIPERBREVE

Se habla mucho (con mucha boludez, que dirían allá en el Bajo) de la publicidad y de los admiradores de su creatividad. La verdad es que yo soy más de los que la aguantan con estoicismo, y si no he quemado las sedes de muchas agencias de publicidad es porque he aprendido a canalizar mis instintos violentos en videojuegos sádicos. Sin embargo, es cierto que este mundo ha dado pie para verdaderas genialidades, como estas que cuelgo aquí y con las que inauguro el uso del vídeo en este blog. Son las cortinillas del canal de cable Calle 13, especializado en el terror, el género policíaco y el misterio. Son maravillosos homenajes de 20 segundos a los tópicos más aterradores del cine. A mí me encantan.

Este es el del patito:

 



Este es de mis favoritos. Esa mano de mujer...

 



Terror en el parking:

 



Tiovivos fantasmales...

 



Six feet under...

 



El ascensor:

 



Y el peor para los que alguna vez hemos cogido el último metro en algún sitio extraterrestre, como Carabanchel o Puente de Vallecas:

 



Una aclaración: no cobro nada del canal Calle 13. Esto es genuina admiración. No sé quien firma estas joyas hiperbreves, pero estoy convencido de que a Borges le encantarían.
06/03/2008 23:32 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 6 comentarios.

24/02/2008

OUTSIDERS

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La Sexta ha emitido un Robin Hood de la BBC que, por lo visto, causa furor en el Reino Unido, pero que aquí ha pasado sin pena ni gloria. Lo han visto cuatro gatos mal contados. Como era de esperar, ya han salido los paladines de turno lamentando simultáneamente todas estas cosas contradictorias:

a) Que en España seamos tan catetos al no apreciar tan sublime producto de la BBC.
b) Que, por otro lado, el sublime producto de la BBC -una reinvención del mito de Robin Hood- era demasiado localista, imposible de cuajar en una sensibilidad no inglesa (vaya por dios, qué pena que nuestras toscas pieles endurecidas por el ibérico sol no nos permitan disfrutar de las deliciosas ironías de una civilización que aprecia el té).
c) Que -y aquí la cosa se pone patriótica subida-, qué cojones, que no necesitamos Robin Hoods de pacotilla. Como si la historia y el leyendario español no estuvieran saturados ya de bandidos, guerrilleros, espadachines y caudillos. Lo que pasa -y aquí seguro que Pérez Reverte daría un puñetazo en la mesa y haría tintinear sus espuelas- es que somos unos acomplejados, unas nenazas hipotensas indignas de recibir la viril inyección de gallardía ibérica que el cuerpo nos pide. ¿Para cuándo una serie sobre el Cid? ¿Para cuándo un Curro Jiménez revisited? ¡Que chispeen los facones en la serranía de Ronda! ¿Qué pasa con nuestros héroes, por qué no los sacamos del armario?

¿Cómo pueden hacerse esas preguntas sin ruborizarse? En fin, si no son capaces de responder a algo tan sencillo lo haré yo: en España nadie airea al Cid, a Curro Jiménez y a Agustina de Aragón (mezclando verdad y ficción a lo loco) como los ingleses airean a su legendario Robin Hood, básicamente, porque en Inglaterra nadie ha forzado a beber a un torturado aceite de ricino en nombre de Robin Hood.

No me hagan mucho caso, pero igual tiene algo que ver: no estamos hablando de mitología inocente, sino de un imaginario emponzoñado por un fascismo sanguinario. No hay detergente capaz de limpiar las manchas de sangre que lleva y presentarlo inmaculado de la noche a la mañana. Escuchen Adivina, adivinanza, del decadente Sabina, y aspiren los aromas que desprenden la fermentación de esos tópicos.

Y sí, los bandidos del siglo XIX, convenientemente idealizados por los románticos europeos, podrían cubrir ese hueco del leyendario popular. Y, de hecho, en buena medida, lo cubren, aunque su historia no se haya fijado en una literatura ni en un cine verdaderamente populares. Aquí, cuando un autor quiere sacar de paseo los tópicos del imaginario patrio tira por el lado de Don Juan, de la Celestina, de los Quijotes y Sanchos y de los perros del hortelano. Lo demás, mejor no meneallo.

En los años 80 hubo cierta fascinación por los hampones, por los Perros callejeros : Makinavaja , el Chino de Barcelona, Bajarse al moro , Macarra de ceñido pantalón... Eran los nuevos outsiders, esas figuras marginales que fascinan por su libertad. Eran la reinvención de los outsiders del western, que nunca han muerto del todo y que, según creo que escribió Borges, conforman la mitología del siglo XX. Pero los destellos de libertad de esos personajes funcionan siempre que no se les saque de su marginalidad: cuando un régimen totalitario los hace suyos y se los obliga a tragar a los escolares no como representación del triunfo del individuo frente a la norma establecida, sino como encarnación de valores mostrencos, pierden toda su validez. Por eso el Dioni, con su furgón y sus chatis de Ipanema, va a ganar siempre a cualquier bandido matafranceses.

24/02/2008 13:37 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 4 comentarios.

23/01/2008

IN THE GHETTO

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En el siglo XIX, en Inglaterra y en otros lugares de Europa eran muy populares los zoos humanos, precursores de las freak parades que retrató Tod Browning en su película de 1932 Freaks (monstruos, de donde procede el extendido y algo irritante término friki). Quien visitaba un zoo humano veía especímenes de todas las razas del planeta, convenientemente enjaulados, para regocijo y delicioso escándalo de las damiselas burguesas. ¿He dicho todas las razas? Perdón, quería decir, naturalmente, las inferiores, las que difícilmente podían considerarse humanas y sólo valían para darle con el machete a los granos de cacao.

Estamos en el siglo XXI, muy lejos de aquellos racistas días del Doctor Livingstone, supongo. Y, sin embargo... Pues eso, que TVE parece que no se ha enterado y nos ofrece su versión refinada de estos zoos humanos: Hijos de Babel, la Operación Triunfo para inmigrantes.

Será que TVE no considera que los inmigrantes sean dignos de participar en la Operación Triunfo de verdad -que debe de ser como un colegio concertado, que deja a la chusma fuera-, por eso les ha creado una segunda división del ridículo televisivo, para que se explayen para el regocijo multicultural de las dóciles clases medias patrias. Seguramente en los objetivos del programa aparecerá muchas veces la palabra "integración", y a lo mejor hasta se les ha escapado alguna "igualdad". Que sí, que claro, que por supuesto, que faltaría más. ¿Quién puede dudar de las buenas intenciones de una televisión pública que nunca jamás ha sucumbido al morbo infecto y que siempre se ha mantenido fiel a su compromiso cívico de servicio público y de cohesión social?

El nombre del concurso es ya repugnante de por sí, y no sólo por lo cursi pemaniano de su sonoridad, ni porque admite bromas sobre otros "hijos de...", sino porque deja entrever una mirada vetusta y prejuiciosa sobre la inmigración. Hace diez años quizá todavía podría justificarse cierto asombro ante el fenómeno de la inmigración, pero hoy en día, quien no lo asume como algo tan cotidiano como las rebajas de enero es que vive en un país irreal. De lo único que yo me sorprendo es de que todavía no haya un ministro nacido en Ecuador o en Rumanía, de que en el periódico donde trabajo -y en ningún otro medio que yo conozca- haya periodistas procedentes de una hornada migratoria trabajando en pie de igualdad con nosotros (hay extranjeros, sí, pero llegaron por otros cauces y en otros momentos), de que apenas tengan presencia pública más allá de la crónica de sucesos. De eso me sorprendo. Lo que no me puede flipar es su presencia.

Hijos de Babel se acerca a los inmigrantes en tono paternalista y les da una oportunidad... de divertirnos. Venga, bufón, canta para mí. A ver qué sabes hacer, negrito. Anda, si los indicietos también saben bailar algo que no sea la danza de la lluvia. Guau, qué integradores somos. Qué gran papel social estamos haciendo.

Los zoos humanos del siglo XIX se montaban en nombre del progreso y de la ciencia. Los del siglo XXI, en nombre del multiculturalismo y la tolerancia. El efecto es igual de repugnante en ambos, y el tufillo racista me llega hasta aquí a través de la tele. Así que hijos de... Babel, ¿no?

Para que ahonde en esta línea integradora, y para no marginar a una minoría que ha sufrido y sufre mucho en este país, propongo a TVE que organice un concurso titulado Operación Fregoneta. Presentado por el rubio de Cruz y Raya, 12 gitanos conviven en una chabola de Sevilla por ver si son capaces de superar a Camarón de la Isla en tronío y alma pendenciera. El ganador, además de la producción de una cassette de gasolinera, obtendrá una concesión vitalicia de venta ambulante en todas las poblaciones de la Costa del Sol en temporada alta de verano. Por supuesto, se admiten navajazos y bodas con niñas de 14 años, para que ningún tópico quede excluido de la apuesta multicultural y la sociedad española se acerque por fin a una cultura tan querida y tan distante. ¿No mola? ¿De verdad que no? Pero si viene a ser lo mismo que Hijos de Babel, pero con saborcillo ibérico.

23/01/2008 13:57 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

21/01/2008

NO PUEDE HABERSE HECHO EN SERIO

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Hay cosas que no pueden haberse hecho en serio. Cosas que, si no son una broma, deberían autodestruirse. Y si no, deberían ser leídas sólo en clave de broma, y los que se atrevieran a tomarlas en serio deberían autodestruirse. Combustión espontánea en el sofá.

Por ejemplo, Embrujadas. Que no, que no puede haberse hecho en serio, que tiene que ser lo que los pedantes llaman una autoparodia. Porque, si no es así, he hecho el canelo muchos domingos de mi vida.

Éramos vagos, teníamos resaca dominical y una nevera vacía, así que cogíamos el metro, nos cruzábamos medio Madrid hambrientos y dormidos y nos tirábamos en el sofá de I. Bueno, antes compartíamos una solemne comida dominical (algún pollo que salía medio crudo del horno o unas patatas churruscadas). Y después, adormilados, reclamábamos silencio para ver "la hora de las guarrillas", el bálsamo de nuestras resacas. No, no era porno, pero casi: era la serie Embrujadas, con la que llenábamos el domingo los asociales a los que no nos gustaba el fútbol.

Todo en esa serie es maravilloso: unas hermanas con pintas de zorrones rasurados (de ahí lo de "guarrillas") viven juntas en una casa victoriana de San Francisco. Resulta que todas son brujas, cada una con un poder distinto, y su misión es salvarnos de los ataques de los demonios, que son como actores porno trajeados que nunca se llegan a despelotar y que tienen muy mala baba. Así leído ya dices: ¿en serio? Venga ya. ¿Qué guionista o productor tiene la jeta tan grande como para endosarle semejante truño a una cadena de televisión?

Hace tiempo que no la veo, pero recuerdo que la experiencia era todo un subidón kitsch. Hasta la fotografía tiene unos tonos pastel de lo más empalagosos, como de revista cursi de decoración. En fin, que todo en ella parece una broma. Como El ejército de las tinieblas, de Sam Raimi, que es una parodia de un tipo de cine de terror muy determinado. Bueno, y luego está esa carga de erotismo soft con brillantina que apunta a las glándulas segregadoras de testosterona. Por no hablar de ese aire de videoclip heavy ochentero que emana cada secuencia. A ratos, parece la fantasía sexual de Van Halen.

Lo maravilloso de Embrujadas es que está en terreno fronterizo. Es tan mala que, cuando la ves, piensas que por fuerza ha de ser una parodia. Y como parodia funciona bien, se deja ver. Tiene un montón de referencias de pulp fiction televisiva que cualquiera puede reconocer y degustar fácilmente. Claro que luego te paras a pensar en que tiene demasiada producción para ser una parodia. Que nadie derrocha tantos recursos y energías en hacer risas de nada. Que sí, que nosotros la leeremos como queramos, pero que la historia va en serio.

Y entonces es cuando te echas a temblar.

21/01/2008 00:47 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 11 comentarios.

03/12/2007

FUTURAMA

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Cuanto más la veo, más me gusta. Futurama es lo mejorcito de Matt Groening, su obra más perfecta. Quizá por eso no tuvo la audiencia esperada y la suspendieron. Ahora sale en DVD, por aclamación popular, una nueva temporada. Directamente en DVD, sin pasar antes por televisión. Pues cojonudo: si prefieren los diarios de Patricia, que les den diarios de Patricia y que nos dejen nuestras series limpitas, en caja molona y sin anuncios.

"¿Qué fiesta es esta? Casi no veo alcohol y sólo hay una furcia". Grande, Bender, el robot doblador. Y grandísimas también las tonterías como esta:

Leela: No podremos repartir toda esta mercancía en tan poco tiempo.

Fry: Es cierto. La tiramos y decimos que la hemos repartido.

Bender: Bah, demasiado trabajo: mejor la quemamos y decimos que la hemos tirado.

Me gusta todo, pero en especial lo bien que sabe hurgar en todos los tópicos de la cultura popular del siglo XX y estrujarlos sin piedad, pero con los debidos amor y respeto.

¡Larga vida a Planet Express!

Foto: "¡Acabemos esto de una vez y vayamos a buscar unas robopilinguis!".

03/12/2007 22:58 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 5 comentarios.

13/11/2007

DEXTER

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Tenía que pasar. Tenía que venir una serie que me desilusionase: no siempre van a ser brillantes. Dexter, una de las promesas de la temporada, me ha parecido un bodrio, y lo lamento mucho, porque yo quería que me gustase.

Dexter es una secuela (comercial, no argumental) de A dos metros bajo tierra. Aprovechando el tirón de la serie de Allan Ball, han cogido a uno de sus protas, el interesantísimo actor Michael C. Hall (David Fisher en A dos metros...) y han montado un producto donde él es la estrella y el principal reclamo. Hasta ahí, estupendo. Yo soy el primero en picar en el anzuelo de Michael C. Hall, me interesa mucho su trabajo, pero podían habérselo currado un poco. 

El argumento de partida ya es delirante, pero unos buenos guionistas le podían haber dado consistencia: Dexter es forense de la policía de día y asesino psicópata de noche. Pero, ojo, que sólo mata a los malos que se lo merecen y que el sistema judicial, ese fiasco en el que los ciudadanos no pueden confiar, no condena. Es un justiciero que recupera el espíritu fachoso de Harry el Sucio. Pero si Harry el Sucio era un personaje interesante, Dexter es más plano que una tabla de planchar. Monologa interiormente (!) y sus anodinas reflexiones son un lastre machacón que no te deja meterte en la historia. Subraya una y otra vez que él es un monstruo, un tipo especial que ve el mundo con otros ojos y bla, bla, bla. El problema es que luego no lo demuestra. Tú puedes decir que eres especial y enigmático, pero si tus actos dicen que eres más aburrido y lerdo que un antenista en paro, te puedes ahorrar los monólogos.

Los guiones están cogidos con alfiler, y el buen trabajo de unos actores que no están nada mal no basta para salvar unas tramas que hacen agua por todas partes. No hay intriga, las víctimas no inspiran sentimiento de empatía o antipatía ninguno, y los crímenes del asesino en serie al que persiguen, y que reta a Dexter en un jueguecito que todos hemos visto en pelis como Seven, no logran despertar el más mínimo morbo o interés. Y, para colmo, cometen un error mojigato que anula absolutamente el planteamiento: si se supone que nos tiene que dar repelús la faceta asesina del prota, ¿por qué no muestran sus crímenes? Sólo se enseña el comienzo, cuando los apresa y los ata a la mesa, pero nunca vemos cómo los mata y descuartiza. Hay una pudorosa elipsis incomprensible. Te pasas todo el capítulo esperando a que mate a alguien, y cuando lo mata, viene el tío Paco con las tijeras del horario de protección infantil y pasa a la siguiente secuencia. Pos vaya. ¿Os imagináis que nunca vemos cómo Los Soprano se cargan o dan una paliza a alguien? ¿O que en Doctor en Alaska nos estuvieran diciendo todo el rato que viven en un pueblo perdido, pero las escenas se rodaran siempre en decorados y nunca viéramos cómo es el pueblo? Pues eso hacen en Dexter. Eso sí, con mucho monólogo trascendente. Michael C. Hall está muy bien, no es culpa suya que no le den material bueno para trabajar.

Por supuesto, la fotografía y la música mu rebonicas. Cada plano es perfecto, con el encuadre y la luz embriagadores y misteriosos. Tan perfectos, que cansan: el capítulo es una sucesión de Caravaggios insoportables. Además, al contrastar con la pobreza del guión, este alarde técnico todavía subraya más la inanidad de la serie.

Lo dicho, una decepción. Me quedo con el Michael C. Hall de A dos metros..., donde los guionistas le dieron la posibilidad de demostrarnos a todos que es un actorazo. Mejor suerte otra vez. 

13/11/2007 14:17 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 11 comentarios.

20/10/2007

GRANDES FRASES: FUTURAMA

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Dice Bender, al borde del llanto, cuando Lilla está a punto de ser devorada por un extraterrestre:

"Sé que sólo eres una insulsa forma de vida basada en el carbono, pero en el fondo de mi corazón siempre consideré que estabas hecha de titanio".

También Bender, en el funeral de Fry, llorando su pérdida:

"Cuando decía que mataría a todos los humanos, siempre añadía en voz baja: 'menos a uno'. Fry era ese uno, y nunca se lo dije".

A Bender le han instalado una bomba que se activa cuando dice la palabra culo. Intentan quitársela, pero no lo consiguen y deciden cambiar la palabra de activación por otra que no usa nunca. Bender intenta adivinarla:

"¿Una palabra que nunca uso? ¿Cuál es? ¿Por favor, gracias, lo siento, sin alcohol? 

20/10/2007 13:57 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

18/09/2007

THE FAMILY IS BACK

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Por fin estoy viendo la sexta y última temporada de Los Soprano. Se suponía que iba a salir en DVD en junio, pero no ha aparecido hasta este mes, cuando precisamente acaba de ganar el Emy a la mejor serie dramática, aunque mi amado James Gandolfini se ha ido a casa sin premio. Podéis leer tranquilos, que no voy a reventar nada de las tramas.

Sólo diré que los cameos son tremendos en esta temporada (Lauren Bacall, la gran Lauren Bacall asoma la nariz haciendo de sí misma en un capítulo), y Steve Buscemi se aviene a dirigir un episodio. Nuestra querida familia se enfrenta a situaciones bastante jodidas, no ya por el acoso del FBI sino por su necesidad de adaptarse al siglo XXI. Menos mal que Tony mantiene las cosas en su sitio y sabe evitar que cuestionen su liderazgo.

Una idea que no sé si he propuesto ya en este blog: habría que hacer un libro de recetas con los platos que salen en la serie. A lo mejor, incluso daba para dos tomos. Qué barbaridad, qué manera de comer, y qué gusto. De hecho, esta idea existe con la mafia real: el ex mafioso neoyorquino Joseph Iannuzzi, que dejó el crimen a cambio de integrarse en el programa de protección de testigos del FBI, publicó en 1993 un best seller: The Mafia Cookbook, donde explica cuáles eran las recetas favoritas de los capos, cómo les gustaba comerlas y, lo más morboso, qué les apetecía comer antes o después de un ajuste de cuentas. Iannuzzi era su cocinero.

Mi libro de Los Soprano sería más light. Al fin y al cabo, es ficción. Estaría el pollo a la marsala que prepara Carmela y los escalopines de Artie Bucco. Me encantaría cenar un día en el Vesuvio y que Artie Bucco me agasajara con su plato del día. En fin, os dejo, que me está entrando hambre.

18/09/2007 02:15 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

12/09/2007

TANIA RAYMONDE

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Nueva incorporación a la galería erótico-fílmica de este blog. Es una actriz muy joven (19 imponentes añitos), pero destila un morbazo poderosísimo. Su carrera está empezando ahora en el cine: dentro de poco se estrenarán dos pelis indies que coprotagoniza y le auguro un porvenir brillante si la dejan crecer profesionalmente.

En realidad la descubrí hace unos años, cuando fue Cynthia, la seudonovieta de Malcolm en unos pocos capítulos de Malcolm in the middle. Tendría entonces 14 o 15 años. Sí, sí, ya sé lo que pensáis: pederasta, pervertido y esas cosas, pero os puedo asegurar que no. El personaje de Cynthia era el de una niña cómica, y como tal lo leí, por más que Cris repitiera a mi lado que esa niña apuntaba maneras y que iba a ser una mujer impresionante (como a la vista está). Ahí se quedó, como una niña actriz con una gran vis cómica y talento para dejarse querer por la cámara.

Sin embargo, ayer, en el segundo capítulo de la tercera temporada de Perdidos, apareció fugazmente, ya convertida en este bellezón, y no me lo pude creer. Corrí al IMDB para cerciorarme de que era la misma actriz y, efectivamente, lo es. Un aliciente más para ver la serie de los naúfragos aéreos. En esta temporada, interpreta a Alexandra Rousseau, que todavía no ha desvelado su función en la trama, pero que se vaticina importante. Su papel en Perdidos ya le ha generado una pequeña corte de seguidores a la que me añado desde hoy. Espero que sus pelis se puedan ver en España. Así que recordad este nombre: Tania Raymonde. 

12/09/2007 02:43 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

06/09/2007

LOS PEORES ANUNCIOS DE LA TELE

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Aun a riesgo de hacer el juego a los publicistas que han diseñado las campañas (que hablen de uno, aunque sea mal, y esas cosas), no se me ocurre mejor forma de inaugurar la temporada televisiva que haciendo un Top-5 de los anuncios más irritantes que actualmente emite mi idolatrada caja tonta. Pero es que me enervan, transmutan el buen rollo que las series y las pelis me transmiten en odio hacia la humanidad, y por eso he de reseñarlos, para no sentirme tan solo y comprobar si a vosotros también os alteran el sistema nervioso central. Renovaré periódicamente esta lista de odios. De momento, la cosa queda así, de menos a más:

On number five...

  • Carefree. "No importa las braguitas que lleves, te sentirás bien en cualquier momento". Menos cuando veas ese anuncio. Los contoneos de esa pija -por más que su anatomía casi al descubierto me inspire otras emociones que no vienen al caso- merecen el cadalso. No por lúbricos, sino por estúpidos. Su risa idiota del final me provoca pensamientos de anciano: "Ay, hija mía, tú lo que necesitas es haber pasado una guerra para enterarte de lo que es estar bien de verdad".

On number four...

  • Kangoo. Unas toallitas para que los niños se limpien el culo. Sale un grupo de querubines haciendo una coreografía y cantando una canción sobre las bondades de limpiarte el culo tú solito. Ya sabéis, el rollo freudiano de que si te mola tu caca eres una persona creativa. Nada que objetar ni a la mierda infantil ni a la debida higiene, pero la mascota del anuncio es una especie de rana bípeda que enseña sin rubor cómo usar las toallitas de papel. Sin embargo, en la demostración, la ranita en cuestión se introduce una toallita por el culo y hace un gesto de "qué guay". Yo creía que la estimulación anal se practicaba a otras edades, y tampoco entiendo esa filia erótica por la celulosa.

On number three...

  • Micralax. Seguimos con lo escatológico. En un arranque presuntamente cómico, se nos presenta a una pobre y atolondrada chica inmersa en un viaje organizado en autobús. Un enano que hace de guía dice: "Cinco minutos para la visita", y a ella se la ve agobiada y pisoteada por mil turistas estresados. Al final, el grupo llega al hotel, ella entra en la habitación y saca del neceser un paquete de Micralax, "edemas higiénicos contra el estreñimiento ocasional". Suena una cadena de WC derramando su beatífica cascada y ella dice -con el intestino ligero, se supone-: "Con Micralax, estoy tranquila". Pos bueno, pos fale, pos malegro. Pero, ¿qué tienen que ver los viajes organizados con el estreñimiento ocasional? ¿Que en ambos casos se acumula mierda? Me habría gustado asistir a la brain storming de este anuncio y ver en qué punto se asociaba no cagar con ir en un autobús a ver Florencia.

On number two...

  • Polaris World. Si no tuvimos suficiente con Anne Igartiburu y Marina d'Or, este año ha llegado Camacho con Polaris World en Murcia. Como son murcianos, han hecho un anuncio ad hoc (quizá este comentario hiera a muchos, pero un amigo mío decía que Murcia es a España lo que Texas a Estados Unidos, y que si nos empeñáramos el resto de españoles, conseguiríamos desgajar la región y empujarla hasta que se uniera con Argelia, y que les aguantaran ellos. Pero yo no suscribo tales dislates, o lo hago sólo en parte). Después quitaron a Camacho paseando por la playa, porque quizá vieron que como reclamo glamouroso no pegaba, y metieron a un blasillo que dice ser presidente de Polaris World, cuando a todas luces es un hombre de paja de la mafia rusa. Quizá para reírse de él, el guionista le hace decir: "Pague por su vivienda un precio justo en el que probablemente sea el mejor resort de Europa". La gracia está en que el blasillo es incapaz de pronunciar "probablemente" y le sale algo etílico y parecido a "pmmnte". Por lo demás, y no sólo como residente en Aragón, sino como habitante de la aldea global, me irrita mucho tragarme las bondades de unos campos de golf construidos en el desierto. Pero eso quizá sea otra historia.

And the winner is...

  • Noolor. Sí, lo siento, los anuncios de productos de higiene ganan por goleada (cuatro de cinco), pero la realidad es así de dura. Los anuncios de Evax se caracterizan por su elevadísimo nivel de irritabilidad, que aumenta cuando sabes que la firma de Isabel Coixet está detrás de muchos de ellos. Te acercarías al plató y abofetearías uno por uno a todos los miembros el equipo. Pero los abofetearías, nada de golpearles con dignidad para que se cuadren y se defiendan. Abofetearles como a colegialas ñoñas. En este caso, "Evax te invita al mundo noolor". Y siguen: "Noolog a música, noolog a nieve y noolog a inosensia". Esta última, con piruleta gigante de regalo. Oh, qué fantástico. Y se quedan tan anchos. Doscientos años de dolorida lucha feminista, con miles de mujeres que lo han sacrificado todo en el combate contra el machismo, y llegan los de Evax con su noolog y mandan a todas a la mierda. Ay, pobre Mary Woollstonecraft, pobre Virginia Woolf y pobre, pobre, pobre Sylvia Plath. También pobre Margarita Nelken -por poner una española, que haberlas, haylas- y pobre Simone Weil y la otra Simone, la de Beauvoir. Espero que vuestros fantasmas atormenten a Isabel Coixet con pesadillas llenas de mugre y de Homers Simpsons. ¿Prevendrá la asignatura de Educación para la Ciudadanía contra los anuncios de compresas? Señorita Coixet: la menstruación es un proceso fisiológico asumido con normalidad por la inmensa mayoría de las mujeres de la humanidad. Tenga la bondad de ahorrarnos la metafísica, que todos sabemos lo que es una compresa manchada.
Hasta aquí mis fobias publicitarias.
06/09/2007 00:43 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 15 comentarios.

22/08/2007

UNA DE ROMANOS

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Cuando la pusieron en Cuatro no pude seguirla (en contra de lo que le suele pasar a la gente con horarios decentes, yo sólo puedo seguir las series que echan a partir de la medianoche). La he visto ahora en DVD y, aunque muy tarde, por fin estoy en condiciones de hablar de ella.

Se la recomendé a una amiga seriéfila y me dijo que no le llamaba la atención, que aquello tenía un tufo a BBC yoclaudista que tiraba para atrás. Supongo que a mucha gente le pasará lo mismo, y entiendo los prejuicios: a mí también me resultan insufribles las recreaciones históricas de la BBC, que parecen como de Estudio 1, tan teatrales, tan falsas y con esos actores shakespearianos tan blancuzcos que creen estar interpretando delante de la reina Victoria. Pero es que Roma, aunque esté la BBC de por medio, no tiene nada que ver con Yo, Claudio. Es una serie del siglo XXI para espectadores del siglo XXI, sin pretensiones de ser un manual de historia.

Me gusta Roma. Y me gusta precisamente por todas esas cosas que le han reprochado sus detractores: me gusta que la acción se centre en las ficticias andanzas de dos soldados inspirados en otros dos que aparecen citados en un párrafo de La Guerra de las Galias, Lucio Voreno y Tito Pullio; me gustan los primeros planos de los actores, que rompen con los referentes visuales del cinemascope y nos devuelven una Roma de romanos (esto es, de personas humanas) con la que sí que podemos sentir empatía; me gusta que se folle y que se coma en abundancia, y me gusta el atrezzo, inspirado en Pompeya, tan reconocible para cualquiera que haya paseado por la ciudad maldita del Vesuvio. Y, por supuesto, me quedo tonto con la fotografía, especialmente en las secuencias callejeras, con esos ocres tan bien marcados. 

Dicen algunos historiadores que, a diferencia de Yo, Claudio, no nos cuenta nada de la historia romana, de porqué y cómo cruzó César el Rubicón, pero no creo que la pretensión de la serie sea enseñarnos historia antigua. Roma es una serie de gestos y de personajes que viene con la filosofía de HBO, que no es otra que la de eliminar las imposturas de género. Los actores parecen haberlo entendido y están a la altura, por eso aguantan tan bien sus primeros planos y por eso saben imponerse al decorado. Si lo único que nos importase de la serie fuera la exactitud con la que se ha reproducido el Senado romano, habrían fracasado. HBO y la BBC han contado una historia de la vida cotidiana, como siempre, pero esta vez en la antigua Roma, con excusa histórica. Es decir, no han hecho épica (de ahí que no necesiten cinemascope ni grandes planos abiertos), sino lírica.

En otras palabras: es cierto que no se dan las claves por las cuales Roma pasó de una República senatorial a un Imperio de déspotas, pero resulta mucho más interesante ver a Lucio Voreno debatirse entre su sentido del deber, el amor a su familia y su recta moral republicana. ¿Por qué? Sencillamente, porque el dilema de Lucio Voreno lo viven todavía hoy millones de personas cuando salen de su casa por la mañana para ir a trabajar. Éso es lo que distingue a los narradores que quieren captar el espíritu diferenciador de una época de los que buscan la universalidad aglutinante de los sentimientos humanos. Cambian las políticas, las formas de relacionarse, las estructuras sociales, todo cambia. Pero la amistad, el amor, la traición, el deseo, el miedo, el odio y el resto de miserias humanas las reconocemos en cualquier época y cultura, ya sea en un Ulises atado a un mástil o en una oficina silenciosa y gris a las cuatro de la tarde.

Qué le voy a hacer si soy así de superficial.

22/08/2007 12:34 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 4 comentarios.

04/08/2007

ADIÓS A ESTRAVAGARIO

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No entiendo qué coño pasa con los programas sobre literatura en este país, y mucho menos entiendo que retiren Estravagario de la pantalla la próxima temporada. ¿Por qué tanto baile, tanto cachondeo? ¿Por qué la tele pública anda tan preocupada por las audiencias?

Vamos a ver, y al margen de cifras. Cuando alguien prepara un programa sobre atletismo, lo hace pensando en la gente a la que le gusta el atletismo, y se adapta a su lenguaje y sus maneras. En ningún momento buscan captar al público que aborrece el atletismo. Cuando se plantea un programa sobre cine (salvo Cine de barrio, claro), ocurre lo mismo. Y ocurrirá lo mismo con los toros, con la caza con perdigones, con el flamenco puro de Cádiz y con la cocina popular sanabresa. Si alguien plantea un programa temático, y no un concurso generalista, busca enganchar al público interesado en ese tema. Por más divulgativo que sea su tono, no está ahí para fomentar conversiones: ellos predican para su parroquia, como los judíos, y quien quiera unirse al club, que se una, pero que sepa que los demás no van a bajar el ritmo para que él se suba al tren en marcha: tendrá que esforzarse por ponerse a la altura. Por eso, la rentabilidad de estos espacios siempre está cuestionada y su lugar natural es una tele pública que anteponga la calidad a la cantidad (en esto de la rentabilidad hay excepciones, como el maravilloso programa sobre setas de la tele catalana, Caçadors de bolets, que es líder de audiencia en Cataluña).

Entonces, me pregunto yo: si los programas de atletismo, cine, caza con perdigones, flamenco puro de Cádiz y cocina popular sanabresa están pensados para los amantes del atletismo, del cine, de la caza con perdigones, del flamenco puro de Cádiz y de la cocina popular sanabresa, ¿por qué coño los programa de literatura se tiene que hacer para que los vean los que no son lectores ni aman la literatura? ¿No es obvio que quien no lee libros no verá nunca un programa de libros? ¿Por qué coño hay que dirigirse al público en general y no a los que somos lectores y amantes de la literatura? ¿Por qué se nos margina de esta forma? ¿Es que acaso la lectura es una obligación que tiene que hacerse por cojones y que tiene que gustar a todo cristo? Siguiendo un ideal ilustrado -y los intereses mundanos del sector editorial-, habría que contestar que sí, pero habrá que entender que siempre, incluso en la sociedad más culta y armoniosa, el vicio lector se cultiva voluntaria e individualmente, como cualquier otro vicio o afición. Y, como cualquier otro vicio, sus recompensas sólo se sienten tras una dura iniciación: cultivar la sensibilidad, acomodar el gusto y despiojarlo lleva mucho tiempo y esfuerzo. Es una dedicación laboriosa y voluntaria. ¿Por qué los aficionados a ella no podemos tener un espacio en la televisión donde se trate la actualidad de nuestro vicio de una forma satisfactoria? ¿Por qué los aficionados al atletismo pueden ver entrevistas a los atletas que despuntan y nosotros no podemos ver por televisión a los escritores que despuntan, y conocer sus gestos, su forma de explicarse y hablar de su obra? Pero, ¿qué hemos hecho de malo los lectores?

Además, ¿es incompatible un programa de fomento de la lectura con otro para lectores ya formados? Todos los países cultos tienen su gran programa literario donde se debaten las tendencias y los autores que están pegando fuerte. Tendrán más o menos audiencia (en Alemania y Francia tienen muchísima, es cierto, pero no están sometidos al vaivén de cada legislatura ni les cambian el horario y el día de emisión cada semana), pero ahí siguen, respetados y respetables. Nuestra TVE cambia de espacio literario con cada gobierno. ¿Por qué se cargaron a Sánchez Dragó? Será lo que sea, pero creo que hacía un programa de libros estupendo. No menos estupendo que Estravagario, ciertamente, pero, si algo funciona, ¿por qué quitarlo para colocar a tus amigos? ¿Es que no ha cambiado nada en este país desde los tiempos de Larra?

Ahora ya se ha confirmado: los lectores nos hemos quedado sin programa en TVE. Se ve que estamos muy por debajo de los aficionados a los toros o al bricolaje. Además, los programas de televisión formarán a espectadores de televisión, difícilmente formarán a nuevos lectores. Porque la única manera de formar a un lector es leyendo. El programa de televisión se dirigirá a lectores ya formados. Pero qué sabré yo, que no soy directivo de TVE ni nada.

04/08/2007 11:50 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

10/06/2007

EL FIN DE LA FAMILIA

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Hasta The New York Times le dedica hoy un paginón. No es para menos: Los Soprano se acaba esta noche, después de seis temporadas (siete, en realidad, porque la última tiene dos partes, la primera de ellas a puntito de salir en DVD en España) y los fans de Tony contienen la respiración. HBO emite hoy domingo el último episodio, el número 86. Hoy es un día grande y triste para la tele.

Tres posibles finales rodados, de los que no se ha filtrado nada, salvo que uno de ellos -según el creador de la serie, David Chase- incluye la posibilidad de que Tony Soprano acabe traicionando a su familia y convirtiéndose en soplón del FBI. Infartante sería eso, después de tantos episodios en los que hemos visto cómo despachaba a quienes caían en la tentación de colaborar con los federales o, simplemente, se convertían en un estorbo para los propósitos de la familia. "Sólo pido que me matéis sin dolor", acertaban a suplicar algunos. 

Yo sólo le pongo velas a una virgen en la que no creo para poder comprar pronto la sexta temporada y saciar mi sed de yonqui. Los Soprano han marcado un antes y un después en la historia de la tele, y esta vez no es un tópico, es real: han roto definitivamente los tabúes sobre lo implícito y lo explícito, han adaptado el cine más sublime a los registros televisivos y han demostrado que "la masa" no sólo consume alfalfa de Gran Hermano y Operación Triunfo "porque es lo que pide la audiencia". Cuando esa "masa" se enfrenta a una historia con mayúsculas, contada con un talento fílmico y narrativo indiscutibles y que coquetea con todos los puntos flacos de la sensibilidad social y moral del espectador, la respuesta nunca puede ser la indiferencia. Se van Los Soprano, pero dejan una tele nueva; una tele que está dejando en ridículo a su hermano mayor, el cine. Aunque bien es cierto que ha trazado un panorama a dos velocidades: ha creado una televisión "para elites" culturales cada vez más sofisticada, y otra televisión que se regodea en sus heces por contraste. Por lo menos, ahora se puede elegir: se acabó el igualitarismo catódico, ése que nos condenaba a dos únicas opciones, la de apagar o encender el aparato. Al menos, en Estados Unidos. Está por ver que en España eso vaya a suceder para los que no quieran o no puedan pagarse la tele por cable.

Por cierto, que la página de televisión de The New York Times está encuadrada dentro de la sección "Arts", junto a las críticas de teatro, de música y de las novedades literarias. Vamos, integrada en la sección de cultura y espectáculos como merece, y no en un rincón como si fuera una apestada. En España sigue considerándose un hueco de relleno que adorna las parrillas del final.

10/06/2007 13:08 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 3 comentarios.

17/05/2007

MADEROS CHUNGOS

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Sé que dije hace no mucho que prefería a los desastrados detectives de gabardina mugrienta antes que a los policías impolutos de las series de ahora. Entre ellos, hice una alusión muy velada a la subjefa Brenda Johnson, la prota de The Closer, genialmente interpretada por Kyra Sedgwick, una actriz prácticamente desconocida por estos lares, pero muy popular en Estados Unidos por sus trabajos en televisión (es una cara habitual de los late nights de Jay Leno y Conan O'Brien). Con su interpretación en The Closer se llevó un Globo de Oro en la última edición. Cuatro emitió parte de la primera temporada, pero creo que la audiencia no acompañó y no sé si seguirán emitiéndola. Se puede ver en Calle 13 y, por supuesto, con un poco de paciencia, se puede descargar de "la mula".

Para los que no la hayan visto. La acción transcurre en Los Ángeles, en un departamento de Policía cuestionado por sus pasotes racistas y violentos y sometido a un férreo control gubernamental. En el proceso de limpieza del departamento, se ficha a una brillante investigadora procedente de Atlanta que se pone al frente del grupo especial de homicidios, la élite del cuerpo. La vieja guardia la recibe de uñas, y ella tiene que ganarse su confianza demostrándoles que es la mejor en su trabajo. Su currículum incluye una formación en la CIA como interrogadora, y ése es su punto fuerte y el que da nombre a la serie: the closer es el cuarto donde los policías interrogan a los sospechosos y consiguen su confesión. Y la subjefa Brenda sabe cómo hacer que un asesino se derrumbe.

Siguiendo un recurso muy explotado en las últimas series de éxito, la gracia de The Closer está en el contraste entre la brillantez y precisión del personaje en su trabajo, y su dispersión, inmadurez y desequilibrio en la vida privada. Brenda tiene una relación casi enfermiza con su madre; se echa un novio que la quiere un montón, pero con el que rehuye comprometerse demasiado; su jefe, el que le ha fichado para el puesto, es un antiguo amante que sigue perdidamente enamorado de ella, y ella deja siempre abierta una falsa puerta porque es incapaz de enfrentarse a una conversación emocional seria con él. Pero su rasgo distintivo más poderoso es su adicción (de nuevo, la debilidad de Sherlock Holmes). Una adicción que la consume y se apodera de sus energías: la bollería industrial. Brenda no puede ver un donuts, porque se pone enferma. El azúcar es su kriptonita.

The Closer es excelente, con una música (rockera) y un ritmo dignos de las grandes series policíacas de la historia de la tele; los guiones, ágiles y tan enrevesados como una novela de Raymond Chandler (parece mentira que todavía se puedan escribir crímenes orginales y complejos), y la interpretación, brillante, aunque a veces se nota que Sedgwick, acostumbrada a otros registros, se esfuerza por contener al histrión que lleva dentro.

Y The Closer es Los Ángeles, cuna de muchas historias policíacas contemporáneas. La ciudad está retratada, es visible, se hace notar como un personaje más, y eso siempre me gusta. Cómo no pensar en las novelas de James Ellroy (de digestión más dura que un cocido del Boñar de León, local madrileño responsable de muchas malas siestas mías. Un lugar donde se comprometen a no cobrarte la cuenta si consigues terminarte lo que te ponen en la mesa; he de decir que yo siempre he tenido que pagar) y en una película de Curtis Hanson, el director que se atrevió a adaptar a Ellroy y nos regaló L. A. Confidential.

Otra recomendación para los amantes de las tramas policíacas: Hollywood Station, la última novela del maestro -y ex poli de Los Ángeles, qué miedo- Joseph Wambaugh, recién publicada en España por Belacqua. La estoy rematando estos días y espero daros un veredicto más amplio dentro de poco.

Una advertencia: por motivos de próximos viajes, mis lecturas e intereses de las semanas siguientes van a tener mucho que ver con la cultura norteamericana. Si me pongo muy pesadito con el tema, no dudéis en gritarme Yankee go home!, que yo no mido mis obsesiones.

Foto: Kyra Sedgwick.

17/05/2007 01:32 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

01/05/2007

MALCOLM IN THE MIDDLE

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La 2 de TVE fue pionera, como tantas otras veces. España fue el segundo país del mundo, después de Estados Unidos, donde empezó a emitirse Malcolm in the middle, en mayo de 2000. Programada por las tardes, duró poco en parrilla y fue comprada por Antena 3, que la ha encajado en los fines de semana a unas horas imposibles para los que nos gusta salir por la noche. Ahora, Fox la emite desde el principio sustituyendo a Los Simpson al mediodía, y a mí me alegran la hora de comer, qué queréis que os diga. Hoy por hoy, siete años después, Malcolm no ha terminado de cuajar en los gustos españoles (o las teles no han sabido estar a la altura de los productos que emiten, vaya usted a saber), pero se mantiene con un público fiel, aunque no masivo.

Malcolm es una de esas series que demuestran que cuando se quiere, se puede. No hacen falta presupuestos de escándalo ni 70 minutos de duración para hacer buena tele (¡70 minutos duran los infames capítulos de Los Serrano!). Ni siquiera hace falta tener un concepto "artístico" del negocio. Receta simple: guionistas ágiles, directores con oficio y actores que entiendan que su trabajo es algo más que recitar unas frases como gramófonos con patas. Con esos ingredientes basta y sobra para hacer una serie fuera de serie (ejem, también hacen falta guionistas que no se atrevan a escribir conatos de chiste como el que acabo de poner).

Malcolm in the middle es una sitcom familiar al uso que no le tiene miedo al absurdo y que no entiende el humor con medias tintas edulcoradas. En ella se cumple la regla de oro de toda sitcom: al final de cada capítulo, la situación debe quedar como al principio. Esta artimaña servía, además de para proporcionar continuidad y unidad al producto, para mantener el tono conservador y ejemplificante de las tramas. ¿Cómo consigue Malcolm in the middle seguir esa regla de oro sin ser conservadora ni ejemplificante? Estableciento un punto de partida desquiciado. Por tanto, al final de cada capítulo, todo debe volver al desquiciamiento original, y no al orden familiar clásico. Una vieja y sencilla artimaña que hace de Malcolm una de las mejores series de humor de la historia de la tele.

En un suburbio de una ciudad estadounidense desconocida vive una familia canadiense de clase media baja. Malcolm es el hijo superdotado, el prota que habla mirando a cámara y encogiéndose de hombros ante la locura ajena. Un chaval cenizo con unos amigos muy frikis entre los que destaca Stevie, un chaval paralítico y con asma. Con él vive Reese, su hermano inmediatamente mayor, un matón borderline, y Dewey, el inquietante pequeño que grita más que habla y se hace amigo de moscas y payasos imaginarios, rozando el autismo. Los padres, Lois y Hal, poli malo y poli bueno, sobrellevan como pueden el caos y viven presos de sus propias hormonas, que les mantienen en un estado de cachondez sexual constante. Con los niños, Lois es partidaria de la mano dura, de la zapatilla en el culo y de los castigos épicos, mientras que Hal es un pobre calzonazos que sólo quiere escuchar sus vinilos en el garaje, patinar y ocultar a su mujer las tropelías de sus hijos -o las suyas propias, comprando su silencio con un billete de 20 dólares-. El hijo mayor, Francis, está en una academia militar de Alabama, donde su madre le envió, harta de que se metiera en líos. Francis es un intelectual de la farra, un tipo extremadamente inteligente y persuasivo que vuelca todas sus energías en montar fiestas y travesuras de colegio mayor, y lo hace con minuciosidad, persiguiendo la gamberrada perfecta. Es un líder para sus compañeros de la academia.

Eso es lo que hay. Nada del otro jueves, ningún Mediterráneo descubierto, pero más que suficiente para enganchar y seducir al espectador. Con chistes buenos, diálogos desternillantes, una puesta en escena y una realización a la altura de las circunstancias y unos actores que saben lo que hacen y que no cruzan la pantalla como zombis monocordes, se puede bordar cualquier cosa. ¿Que hacer esto requiere esfuerzo y unas dosis de talento que los churros hispanos al uso no reclaman? Claro que sí, siempre será más cómodo hacer Los Serrano, pero que no nos vendan motos: la diferencia con las series americanas no es sólo presupuestaria. Ay, si sólo fuera un problema de cuartos...

¡Viva Malcom!

01/05/2007 01:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 8 comentarios.

14/04/2007

DEADWOOD

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Seth Bullock, canadiense, irascible y abstemio, ha llegado a Deadwood, y a Al Swearengen no le gusta. "This is not good for my business", murmura con ese maldito acento inglés que tanto odian los irlandeses que frecuentan su saloon. La llegada de Bullock al pueblo no es buena para su negocio, pero sí lo es para los adictos a las buenas series. He tardado demasiado en descubrir Deadwood, pero ya estoy metido hasta el cuello en su barro, su mugre y sus partidas de póquer. Esta tarde he sucumbido y me he llevado la primera temporada a casa, que disfruto a oscuras, a falta de whisky, con unas botellitas de cerveza Kwak (¡se ha levantado la veda etílica!).

Esta serie de HBO creada por David Milch (que se fogueó como guionista en Canción triste de Hill Street, serie que no me explico que todavía no esté en DVD) se basa en una historia real: la construcción del pueblo de Deadwood en 1876 en territorio indio, y de cómo acabó formando parte de Dakota del Sur. Empezó siendo un lugar sin ley, al margen de los Estados Unidos, ya que se situaba fuera de los límites del tratado que el general Custer había firmado con los indios. Durante unos años, Deadwood no tuvo alcalde, ni sheriff, ni juez. Lo único que tenía era la promesa de conseguir mucho oro en su río y la garantía de ser un refugio para los fugitivos. Éste es el escenario histórico sobre el que David Milch construye su ficción, con personajes igualmente históricos como protagonistas.

Más allá de lo que se dio en llamar western crepuscular, Deadwood es lo que necesitábamos los amantes de la frontera y de la mugre. Qué grande que a alguien se le haya ocurrido volver su vista al western, pero no al de John Ford. Deadwood es Peckinpah desnudado de épica y de romanticismos. Es Peckinpah sin lealtades. Un Peckinpah adaptado a la sensibilidad del siglo XXI. Por eso aparece tan potente y seductor.

Qué gusto da que alguien vuelva su mirada hacia la frontera, hacia esa frontera que pone todo al límite, que subyuga y condiciona cada detalle de la existencia de los personajes. Qué gusto da que alguien hurgue en la historia y encuentre el nombre de Seth Bullock, un buscavidas canadiense que curiosamente se cuenta entre los fundadores del parque de Yellowstone y que, en 1876, se convirtió en el primer sheriff de Deadwood. Al igual que Paul Newman en El juez de la horca, él tendrá que aplicar la ley "al Oeste del río Pecos".

En fin, ya tengo una nueva serie de la que soy fan. La caja tonta sigue asombrando.

14/04/2007 23:52 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

09/03/2007

GUIONISTAS LOBOTOMIZADOS

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Me gusta demasiado la tele como para perder el tiempo viendo Los Serrano, pero la muerte de Belén Rueda no me la quería perder. Llegué muy tarde (cosas de mi curro, que me tiene encadenado a deshoras) y sólo alcancé a ver los últimos 20 minutos del episodio. Suficientes. De sobra, de hecho. Podía haberme ahorrado 19 de esos 20 y habría saciado mi curiosidad igual. Me pertreché de un bol de Frosties de Kellogg's (poderosa energía) y, empuñando una cuchara, esperé con placer de sádico el fatal desenlace. Dios, dios, que la destripen con un cuchillo jamonero y que sirvan sus vísceras como tapitas en el bar. O que la degüellen con el filo de un CD del grupito que montaron los pequeños monstruos de la serie. O con un DVD de la primera temporada. O que caiga intoxicada por un esputo de Jiménez Losantos. ¡Venga, vamos, el pueblo pide sangre!, clamaba desde mi democrática poltrona, llenando la pantalla de copos de Frosties de Kellogg's (poderosa energía).

Mira que hay formas de matar. Y sin salir de España, que por aquí se mata mucho y con talento. Pues nada, los guionistas de Los Serrano no se enteran. ¿Cuánta pasta se levantarán al mes por no pensar? Después de tanta espera, Belén Rueda sale de plano y, acto seguido, se oye un frenazo y ¡crash! Los personajes se vuelven con una cara de susto con la que no hubieran aprobado primero de Interpretación en la escuela de teatro del Centro Cultural de Valderrobres y yatá. Luego se aparece en plan fantasma diciéndole a un Resines que huele a Oscar y a jamón rancio lo mucho que le ha querido y bla, bla, bla. Vamos, que mis diástoles y sístoles ni se inmutaron. ¡Que me devuelvan el dinero!, empecé a gritar. ¿Es que ni siquiera vamos a verla desmembrada en la cuneta?

Me imagino cómo fue el asunto. El guionista termina el episodio, lo imprime y se lo pasa al director, que hojea el final y dice:

-Oye, pero, ¿no era en este capítulo cuando matábamos a Belén Rueda? Es que no encuentro la secuencia por ningún sitio.
-Hostia... -diría el guionista-. Es verdad. Joder, es que ayer nos dieron las tantas con unas tordas en el Tropicana y se nos ha ido la perola mazo. Tengo una resaca... Joder, qué cabeza, ya no me acordaba de que la diñaba la piba esta.
-Pues habrá que reescribirlo.
-Uy, reescribirlo, dice. Con el embolao que tengo, que todavía tengo que terminar la secuela de Verano Azul. ¿Tienes un boli? Si esto te lo apaño yo en un momentico de na. Déjame la espalda pa' apoyarme, que te escribo la muerte de la tronca en este posavasos. ¿Atropellar es con "ll" o con "y"? Bah, qué más da, si es tele y no lo van a leer. Hala, ya lo tienes. Listo pa rodar. Me voy a echar unas cañas, ¿te vienes?

Y si no fue así, peor me lo ponen. En serio, ¿con cuántas lobotomías consigues ser guionista de Globomedia? O director general, vaya. Porque por el sueldazo que ganan, yo me hago una lobotomización frontal con el pico de la cama y echo el currículum mañana mismo.

PS: Chers amis, este blog va a estar irregularmente activo durante los próximos días. El sábado estaré volando a París, y puede que, cegado por su luz y por sus precios, me olvide algún día de actualizar este garito. En cualquier caso, y si las redes wifi lo permiten, mandaré algún parrafito con el portátil desde la Place de la Republique, mientras bebo un pozal de café au lait y me solazo con la mugre del Marais. Bonne chance, monsieurs et dames!

09/03/2007 01:14 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 12 comentarios.

01/03/2007

ZAPING LATINO

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Zapeo impagable por un rincón de mi operador de cable que nunca frecuento: los canales latinoamericanos, un mundo de sensaciones que nos confirma que hay muchas cosas que no son dignas de admiración en el continente de Cortázar y de Rulfo. En resumen, ésta es la fórmula para acercarse a la América hermana: literatura y comida, sí; tele y parásitos intestinales, no.

No recibo las mexicanas, lo cual es una pena, porque en México me hice fan del sensacional concurso Cien mexicanos dijeron, con el impagable presentador ¡Marco Antonioooooooooo Regilllllll!, que parece un calco (mejorado) de nuestro Larrodera. Tampoco veo Univisión, fastuoso canal de hispanos en Nueva York donde todos los anuncios son de: "Aprenda inglés en cinco días para mejorar en su empleo o acceder a una colocasión mejor". Una pena, pero tengo otras joyas un poco más aburridas.

Caracol TV, colombiana con participación del grupo Prisa de por medio, es la mejor en cuanto a calidad de las producciones. Hechas con dinero, lujo y colombianas cañón en el papel protagonista de las principales novelas. Con algunos desnudos parciales de espaldas y todo. ¿Lo malo? Que es muy aburrida la constante sucesión de culebrones didácticos con políticos incorruptibles y sus abnegadas esposas de pechos operados. Si yo fuera un sicario, no me iban a redimir con esas fábulas.

Si uno quisiera hacerse una idea de cómo es Venezuela viendo Venevisión, concluiría que Venezuela es ese país de mujeres morenas, esbeltas, de interminable y sedosa melena y piernas larguísimas que se pasan la vida platicando en enormes sofás con galansotes y estrellas emergentes del reggeaton. Ni Chávez, ni Aló presidente, ni villas miseria. Aquí todo es ideal, salvo los concursos de talentos, que dejan pequeño a nuestro histórico Semáforo en cuanto a frikismo y sordidez, con chillones imitadores de Cantinflas y niños que se tiran pedos con el sobaco.

De Ecuavisa y Ecua TV sólo decir que, tras echarles un vistazo, comprendo que los ecuatorianos salgan en estampida de su país. Si ésa es la televisión más presentable y exportable del país andino, es que verdaderamente las cosas están muy malitas allá. Canal 44 o cualquier tele evangelista de Móstoles le da mil vueltas en estética, en producción y en ambición a la tele ecuatoriana. Una pena, de verdad. Es tan triste que hasta da cosa reírse. La estrella de Ecuavisa es un señor con un grave problema de sobrepeso que todavía no ha comprendido que si grita mucho a un dedo del micrófono, se distorsiona la voz y no se le oye un carajo. Aunque, total, para lo que estará diciendo, lo mismo da que no le oigamos.

Un poquito mejor (pero sólo un poquito) es Chile TV, donde parecen querer decirnos que, pese a que el país se ha modernizado y su economía va de puta madre, ellos siguen vistiéndose con la ropa heredada de sus primos. ¿Para qué gastar en vestuario si con un jersey con coderas solucionamos la papeleta? Son informales, digámoslo así. Como de andar por casa. Menos mal que las tramas de las telenovelas están a la altura del atrezzo, que si no... El otro día pillé una en la que unos amigos hacían una sesión de espiritismo, y lo que más miedo daba era el bigotito de pederasta que gataba el prota.

Mi favorita, en cualquier caso, es Cubavisión, el canal donde nunca pasa nada y la felicidad socialista es eterna. Sus producciones de ficción más recientes datan de los años 70, y narran las hazañas de un coronel cubano en Angola o las heroicas incursiones guerrilleras de unos tíos barbudos en una selva llena de imperialistas. Reconozcámoslo: estas son tramas que podrían estar bien si las rodara Spielberg con una buena millonada de presupuesto, pero que cuando las coge el camarada Oswaldo con una cuenta de gastos de cinco pesos y un plato de arroz con pollo, la cosa queda un poco deslucida. Vamos, que se nota que la terrible explosión no es más que un petardo de los que venden en las papelerías y que el temible ejército imperialista no son más que cinco gansos con palos que simulan rifles.

Tengo también un canal argentino, pero ese no cuenta porque es temático. Se llama Utilísima y es como una revista femenina televisiva, con programas sobre decoración, belleza y cocina. Un coñazo con acento porteño, créanme.

En fin, señores del cable, que estas ya me las sé. Espero ansioso las novedades catódicas de Belice, Trinidad y Tobago y la Guayana holandesa. Así que, si me hacen el favor de incluírmelas en el pack, les quedaría muy agradecido.

Foto: el gran Marco Antonio Regil, un ídolo de masas en México y Estados Unidos.

01/03/2007 02:31 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 9 comentarios.

27/01/2007

HBO, PATA NEGRA

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Se cierra un círculo, el de A dos metros bajo tierra. Estoy viendo la recién comprada cuarta temporada en DVD, y la semana que viene saldrá al mercado la quinta y última, que no se ha emitido en televisión en España. Una excelente serie que ha sido impunemente maltratada por quienes dicen defender un modelo de televisión diferente, ese que proclama la segunda cadena de TVE.

Aunque, pensándolo bien, parece que las cadenas españolas le tienen especial inquina a las series de la factoría HBO, a la que pertenecen A dos metros..., Los Soprano, Roma, Sexo en Nueva York, el neowestern Deadwood, la policíaca The Wire y la que se anuncia como revelación de la temporada, Big Love, sobre una familia mormona de Utah. Repasando el trato que han recibido estas joyas en España, se hace uno una idea cabal de la inteligencia media de los programadores -o de la inteligencia media que le presuponen al público-. A dos metros..., en La 2, a trompicones, a deshoras, con los episodios desordenados y con interrupciones sin previo aviso; Los Soprano fue mimada para una selecta minoría en Canal Plus, pero La Sexta la somete a un maltrato inconcebible y no la promociona casi nada; Roma, emitida en Cuatro cuando el canal de Prisa estaba en pañales y no tenía audiencia, por lo que pasó desapercibida; Sexo en Nueva York tuvo su público en Canal Plus, pero al pasar a abierto, Antena 3 la utilizó como relleno cutre de las madrugadas; Deadwood y The Wire sólo se han pasado en canales de pago, y habrá que ver qué pasa con Big Love.

Es una pena que estemos condenados al DVD, al pirateo de internet o a apoquinar las facturas del cable para disfrutar medianamente a gusto de los productos de HBO. Porque lo que esta cadena (de pago) estadounidense lleva haciendo durante la última década es sublime, y ha logrado poner a la caja tonta por delante del cine en muchos sentidos. HBO (Home Box Office) nació en los años 70 como un pequeño canal de pago hecho por y para los teléfilos. y el lema que se repite en sus cuñas, "It's not TV, it's HBO", resume su realidad. Es cierto: HBO se ha empeñado en romper moldes, en dinamitar los inamovibles formatos televisivos, en destruir tabúes.

El canal empezó en Nueva York en los años 70 emitiendo películas y conciertos, y en los 80 empezaron a producir algunos telefilmes, pero no fue hasta mediados de los 90 cuando el baranda, Michael Fuchs, decidió apostar fuerte por contenidos atípicos y a contracorriente que incidieran sin tapujos y con audacia en asuntos que la televisión comercial aborda con mojigatería o doblez: el sexo, la violencia y los miedos de la sociedad occidental. Ahí explorarían. Ése sería el terreno por el que se adentrarían. Y les ha salido tan bien, que han cambiado la televisión americana y han arrastrado a las grandes majors comerciales, como la NBC o la Fox, que le han perdido el miedo a las tetas, a la sangre y a lo políticamente incorrecto.

El modelo de HBO es elitista, qué duda cabe. Sus ambiciosas series, rodadas como si fueran pelis de autor por gente que procede del mundo del cine, no buscan la universalidad, no buscan esa insipidez blanca que contenta a todo el mundo. Y, sin embargo, aunque muchos no entiendan sus series, y otros muchos, entendiéndolas, las tachen de pedantes o pretenciosas, HBO tiene unos 40 millones de familias abonadas en Estados Unidos. Para ser un canal de pago, eso supone un éxito arrollador. Pero, en España, no se enteran o no se quieren enterar.

En contra de lo que sucede en la televisión "normal", a los guionistas de HBO se les insta a olvidarse de formatos, horarios y pausas para la publicidad. La extensión y el ritmo de la serie se adaptarán a las necesidades de la historia que se quiera contar, y muy pocos writers saben trabajar bien con tan débiles pies forzados, acostumbrados como están a mil componendas esquemáticas. Ésta es una de las circunstancias que ha hecho que el sello de HBO sea para una serie tan fiable como el de la denominación de origen de Jabugo para un jamón. Puede no gustaros -como puede no gustaros el Jabugo, hay gente para todo y los paladares de esparto existen, vive dios-, pero si la serie que os disponéis a ver empieza con una careta de Home Box Office, dadle una oportunidad y prestad atención, porque estáis ante una serie pata negra.

27/01/2007 00:43 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 6 comentarios.

08/01/2007

LA TERCERA DE HOUSE

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9 de enero. Estreno doble de la tercera temporada de House. En Cuatro y en el canal de pago Fox simultáneamente -tres capítulos seguidos en este último-, y yo me perderé ambas por motivos laborales. ¿Cómo seguirán las andanzas del trasunto médico de Sherlock Holmes? He resistido la tentación de husmear en internet para saberlo, pero no he podido evitar pensar un par de cosillas sobre la serie.

Me sigue gustando y la sigo disfrutando, pero creo que la trama está más que agotada. A partir de más o menos la mitad de la segunda temporada, los guionistas empezaron a hacer malabares para mantener una tensión muerta. Después de casi liarle con Cameron y sacarle de la manga una ex mujer de lo más sosainas, necesitan un relevo erótico. En los capítulos que empiezan, si no aparece ningún perdido amor juvenil, pondrán el acento en la tensión sexual entre House y Cuddy, y lo harán de la forma más insulsa y ramplona posible. By the American way, of course, con cenitas horteras y ñoñeces de deshojadora de margaritas. ¿Y qué más da? Lo importante es que ese señor desagradable siga diciendo burradas y siga resolviendo crímenes con forma de enfermedad. Lo demás es sólo envoltorio, aunque entiendo que puede llegar a estorbar la inverosímil búsqueda del amor de ese gruñón Mr. Scrooge.

También entiendo que pueda fatigar la continua genialidad de House, siempre con la frase ágil y certera en la boca. Entiendo que canse y que contribuya a generar una incómoda aura de irrealidad en torno a él. Pero es que a mí me recuerda a gente real que siempre tiene esa frase cabrona e inteligente que a lo mejor a tí se te ha pasado por la cabeza, pero siempre te cuidas mucho de decir. El cinismo cuasipuro es así, y ese aspecto de la serie y del personaje me parece que está logrado.

Le sacaría muchos más peros (todos ellos argumentales, narrativos o dramáticos: me importa un comino si las enfermedades, los tratamientos y los protocolos médicos que enseñan son así o no; eso lo dejo para los simplones incapaces de disfrutar de nada), y se los seguiré sacando, sin duda, pero voy a continuar enganchado. Porque soy un adicto a estos telefolletines y porque disfruto con el sadismo vicario: me mola ver cómo maltrata a la gente mientras la cura, algo que me resultaría insoportable en la vida real. Pero, sobre todo, la veré y la gozaré pensando que probablemente sea la última o la penúltima temporada. El personaje ha demostrado que no da más de sí: si evoluciona, si revela más matices, se cargará la serie, y si no lo hace, la convertirá en un enorme topicazo. En cualquier caso, los guionistas saben que están en un punto muerto. Les queda poca mecha y tienen que aprovechar para lanzar los mejores cohetes en la traca final. Ya me contaréis cómo empieza el asunto, porque servidor estará currando a esas horas y no sé cómo grabar las cosas de la tele desde que nos pusieron el cable, así que tendré que esperar mejor ocasión.

08/01/2007 22:56 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

24/12/2006

I'LL BE THERE FOR YOU

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¿Qué puede hacerse un sábado antes de Nochebuena, aparte de pasar la tarde acumulando bolsas y deslomándote acarreando paquetitos con perritos piloto para el nene y para la nena? Pues ir al cine. Un clásico, vaya. Otros años, dedico ese día a trabajar, pero esta vez (vaya por dios: el trabajo a veces es un buen refugio contra otras responsabilidades que eludimos) me tocaba librar. Así, tras la obligatoria visita a San Corte Inglés y después de ponerle unos vendajes y hacerle unos mimos a la tarjeta de crédito, que no entiende la razón de tanto meneo en tanta caja registradora, nos fuimos al cine. Sin exigencias, que es Navidad. Con tal de no ver algo así como Pinkie and Winkie meets Santa Claus o Rudolph, el reno aficionado a los clubs de carretera y al bourbon de garrafón, nos conformábamos. Por eso acabamos viendo Scoop, la de Woody Allen con la imponente Scarlett (de la que hablaré otro día).

La peli, floja, flojísima. Claro que Allen, a estas alturas, puede hacer lo que le salga de las canas, pero... Es una farsa con un guión muy poco trabajado, que pretende no sé si homenajear a las comedias de enredo americanas que, a su vez, están emparentadas con los sainetes y los vodeviles que alegraban las frías noches de nuestros abuelos. Si buscaba eso, no lo logra. Scarlett no tiene vis cómica para este tipo de obras, y Woody apenas se reserva un par de chistes sobre judíos para sus frases. No sé si me sonreí un par de veces en toda la película, pero la tónica general fue de aburrimiento. Por eso, me dediqué a observar al público que llenaba la sala (ajá, así que es aquí donde os escondéis de vuestras familias, pensé). Creo que ya he escrito en otra ocasión que lo que menos soporto de Woody Allen es la gente a la que le gusta Woody Allen, lo que puede equivaler a una declaración de misantropía muy poco navideña, lo sé. Pero es que alucino con la predisposición del público, que se comporta como un perro de Pavlov. Primera secuencia, primera frase: risotada general. ¿Por qué? Porque es de una peli de Woody Allen, ergo gracioso, ergo me río. ¿Tiene gracia? Qué más da, es de Woody Allen, hemos venido por la marca, no por el contenido. Y así, toda la película: no importaba lo insípido o malo del chiste en cuestión, mis compañeros de butaca se desternillaban.

Este curioso fenómeno social, unido al aburrimiento, me llevó a pensar en las series de televisión que tienen risas. Y pensé en las que tienen risas de verdad, no enlatadas, como Friends, que se grababa con público en directo. Y entonces recordé que Enrique me había pedido en un comentario que diera mi opinión sobre esa serie en cuestión algún día en el que no supiera de qué escribir. Y creo que hoy es ese día. Por hablar de otra cosa que no lleve turrones y esas cosas.

Me incorporé a la serie tarde, muy tarde. Pasé de ella las cinco o seis primeras temporadas. No me atraía lo más mínimo la vida de esos individuos. Me la traía al fresco, y me la hubiera seguido trayendo al fresco de no ser por la insistencia de varios amigos a los que considero inteligentes, cultos y sensibles. Gente con criterio cuya opinión siempre valoro mucho. Me dije: algo tiene que tener la serie si estas personas a las que quiero y admiro me la venden con tanta pasión. Y, poco a poco, tuve que reconocer a regañadientes que me había equivocado al juzgar Friends. De hecho, acabé patéticamente enganchado a ella y recuerdo haber sentido auténtica pena cuando se emitió el último capítulo y la casa se quedó vacía. Tengo en casa todas las temporadas en DVD (ocupan un estante entero, junto a Los Simpsons y Cheers) y, de vez en cuando, nos tragamos algunos capítulos en versión original, porque descubrimos que el doblaje ha hecho papilla parte de la ironía de la serie.

¿Por qué me gusta Friends? A ver, intentaré improvisar algo, porque siempre es más fácil argumentar por qué no te gusta una cosa que lo contrario. Las afinidades proceden del estómago y de las vísceras y son más difíciles de diseccionar. En primer lugar, me gusta porque me parece graciosa, sin darle más vueltas, pero, si voy un paso más allá, me gusta porque ennoblece el desprestigiado humorismo blanco, es decir, un humor sin sesgo político o ideológico, que no persigue justificar ningún discurso previo y que tiene una acusada tendencia universalista. Es decir, que podamos reírnos todos independientemente de nuestra condición social, país, sexo, trabajo o raza de animal de compañía. Por supuesto, no hay altruísmo detrás de esa voluntad, tan sólo una natural expansión de mercados de consumo: si limas los argumentos de localismos, jergas, acentos y referencias políticas y geográficas, obtendrás un producto exportable para todas las televisiones del mundo. Ni más ni menos. It's business, my friend. Pero hacer eso bien es muy complicado, porque el resultado más probable es el de una serie plana, y ejemplos hay miles. Pero plano no es lo mismo que blanco: el humor, para serlo, debe tener aristas. Lo plano no hace gracia ni emociona ni nada. Ni contenta ni disgusta, sólo deja indiferente.

El mérito de Friends fue que consiguió esa universalidad sin perder intensidad en la acidez de su humor. Sus guionistas (y sus actores, que entendieron muy bien qué tipo de interpretación se requería de ellos) supieron incluir en cada episodio un sinfin de registros: desde el zafio chiste camionero hasta la más elevada humorada de universitarios de Harvard. Todo el mundo tenía su ración adecuada a sus necesidades. Tomaron como base el cine de comedia de los años 60 de Rock Hudson y Doris Day, le limpiaron la caspa y el tufo reaccionario de guerra fría y le añadieron unas cuantas dosis de mala leche. Luego, eligieron unos personajes que estuvieran entre los 25 y los 30, en una edad difusa, donde todavía no se han (no hemos, pues estoy en esa horquilla) asumido muchas de las servidumbres de la edad adulta pero se ha perdido la mayoría de las adolescentadas. Por tanto, hay una buena porción de público que puede identificarse con ellos: los jóvenes y adolescentes se ven reflejados en algunos aspectos, y los más adultos, en otros. Ahí está el núcleo de la serie. Sólo les faltaba darle un aire teatral y ubicarlo en un espacio reconocible: Nueva York, tierra soñada por mí. Era muy difícil que el asunto fracasara, aunque bien podrían haberse estrellado con todo el equipo.

Total, que a mí me hace mucha gracia y creo que Friends ha sido la última gran manifestación mundial de humor blanco, un humor que en España cultiva gente como Gomaespuma, por ejemplo, con Cándida como última expresión cinematográfica.

PS: Scarlett Johanson no tiene vis cómica, pero Jenifer Aniston (en la foto, la Rachel de Friends, aunque en un principio, los productores la contrataron para el papel de Mónica) tiene tanta, que se ha encasillado. Le acaban de rechazar un papel en la serie 24 porque ha perdido crédito como actriz dramática. Y eso que era la intérprete más preparada del reparto de Friends, la única que procedía de los exigentes circuitos de teatro alternativo del off Broadway. Qué malo es encasillarse, maños.

24/12/2006 13:55 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 8 comentarios.

19/12/2006

EL PAPÁ DE PENÉLOPE

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Ha muerto el papá de Penélope. No de la Penélope que aspira a un Oscar. Tampoco de la de Ulises, que nos pilla muy lejos. Ha muerto el papá de mi Penélope, de la grandísima Penélope Glamour, que competía con el malvado Pierre Nodoyuna en Los autos locos y que luego tuvo su propia serie, Los peligros de Penélope Glamour. Ha muerto Joseph Barbera, pareja de hecho de William Hanna, fallecido en 2001. Barbera tenía 95 años y llevaba mucho tiempo jubilado, pero muchos de nosotros le debemos casi media infancia.

Desde finales de los años 50, Hanna y Barbera crearon un estilo propio de hacer dibujos animados. Con ellos, el cartoon alcanzó su máxima expresión y sólo fueron superados por la factoría Warner, que tenía mejores dibujant