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El Blog de Sergio del Molino

A VUELTAS CON JOHN BANVILLE

A VUELTAS CON JOHN BANVILLE

En otro blog muy visitado, el escritor Alejandro Gándara ha descubierto a John Banville gracias a “Imposturas” (Anagrama), una novela de los años 80. Por alguna sinergia extraña, y sin saber todavía quién era el premio Booker de este año –de haberlo sabido, mis prejuicios me hubieran llevado a no comprarlo- yo también compré ese libro hace unos meses en Madrid. Lo devoré como devoro pocos libros últimamente, pero todavía no he decidido si Banville me gusta o lo aborrezco.

Esta indecisión es habitual en mí. Divago mucho, pero soy muy mal juzgador. Me pasó durante años con Woody Allen: era capaz de argumentar por qué no me gustaba su cine, pero, a la hora de mencionar películas que me han dejado alguna huella, el maldito siempre colaba algún título. Acabé convenciéndome de que me gustaba.

Creo que algo parecido me va a pasar con Banville, aunque ya me he hecho con otra novela suya para ahondar un poquito más en esta sensación. En una primera impresión, “Imposturas” me repele por lo que tiene de totalizador. Banville condensa en la novela todo el siglo XX y la civilización occidental de hoy como quien no quiere la cosa. Resumiendo muchísimo, en “Imposturas”, un reputado y anciano filósofo de origen belga pero retirado en California llamado Axel Vander se va a encontrar en Turín con una joven que dice saber quién es en realidad. Vander no es Vander y, por lo visto, suplantó la identidad de un represaliado por los nazis. Con ese nombre falso, consiguió renombre. Un renombre conquistado también con meritos falsos. Dice Vander que mediante artimañas literarias logró hacer pasar por sofisticado pensamiento filosófico lo que no eran más que retales cogidos por los pelos. Así ganó cátedras y publicó una obra venerada en todo el mundo. La relación que empieza con su supuesta delatora es un delirio, una catarsis intelectualista que logra expandir en el cerebro del lector mil líneas de sugestión. ¿No es todo una gran impostura? ¿El vocablo “persona” no significa acaso “máscara” en griego?

Potente, ¿verdad? Para cogerlo bien desayunado. Así contemplado, no puedo más que descubrirme ante Banville y darme de cabezazos por no haber llegado antes hasta él. Pero antes de que mi cabeza toque la pared, mis prejuicios empiezan a cosquillearme. ¿No habrá jugado Banville con nosotros de la misma forma en que lo hace Axel Vander? ¿Toda esta profunda inmersión en los vericuetos de la identidad no será en realidad más que una broma intelectualizada? O peor que una broma: ¿no buscará tan sólo camuflar con apuntes de alta cultura un discurso que sólo sugiere porque es incapaz de encarar una respuesta?

No lo sé. Yo, de momento, voy a seguir leyendo novelas de Banville. Con “Imposturas” me he quedado con más dudas de las que tenía antes de leerlo, y eso me perturba. Algo tendrá este irlandés que me ha tocado dentro. Tengo que averiguarlo. Os invito a averiguarlo también.
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