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El Blog de Sergio del Molino

EL AÑITO DE LA IGLESIA

Por estricta obligación laboral, porque no soy muy dado a hacer balances de fin de año, he recordado las grandes noticias de 2005, y no me queda más remedio que suspirar por los benditos doce meses que nos ha hecho pasar la santa madre iglesia.

Me resultaban indiferentes, de verdad. Bueno, me provocaban algo de urticaria y he de confesar que hace unos años en Madrid sufrí extrañas alucinaciones y encuentros en la tercera fase con monjas de todas las órdenes, que parecían perseguirme por las calles. Sí, algo de sana paranoia tenía, pero me daban igual. Allá ellos con sus cruces, pensaba.

Pero después de este añito, ya no les aguanto. Y escuchen una cosa, obispos, beatos y demás moscas cojoneras: tan cierto es que España es un país católico como que es profundamente anticlerical. Nuestra tradición de quema de iglesias, abolición de órdenes religiosas y violaciones de monjas en masa es tan larga y fecunda como la de las romerías y los autos de fe inquisitoriales. Además, en 1835 empezó un proceso de desamortización que se quedó sin acabar, y no estaría mal que una parte de la ciudadanía instara al gobierno a concluirlo. En definitiva, que no es más español su cristo yacente que mi ateo y anticlerical Galdós.

Nunca hemos alcanzado un equilibrio, y la iglesia, que debería ser una cosa privada, con normas para sus socios y para quienes quieran seguirlas, parece deseosa de instaurar una República Católica en este país. Qué afán de echar por tierra el laicismo europeo. Qué perra les ha entrado. Pues lo diré las veces que haga falta: No queremos ser catequizados. Que no, que no y que no. Que hagan esas cosas en la intimidad, que nos dejen en paz, que dejen a la escuela en paz, que dejen de desgañitarse como gallinas histéricas por sus anacrónicos y antidemocráticos privilegios en el terreno educativo. Que ya está bien, hombre, que ya está bien.

Créanme, me gustaría no hablar de ustedes, quisiera ignorarles, pero es que me ponen de una mala leche... A ver si en 2006, parafraseando el dicho castizo, cada uno se queda en su casa y dios en la de ustedes. Y sin que nadie ande escandalizándose como señoritas palaciegas ante el rudo pene del jardinero. Vivan y dejen vivir, por favor.

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