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El Blog de Sergio del Molino

EL EJECUTIVO ROCKERO Y TONEL METAL

Ya que Zaragoza empieza el año con conciertos de Obús y Mago de Oz y este blog empieza a ponerse también heavy, dejadme recordar a dos personajes inolvidables de las noches en las que yo todavía llevaba melena hasta casi la cintura.

En un bar de los bajos de Argüelles de Madrid que no sé si existe todavía, había dos personajes que debieron haber formado parte de un cómic o de un cuento pero que, por pereza, nunca salieron de las bromas privadas de mis amigos y yo. Si Garth Ennis se hubiera topado con ellos, los habría incorporado a la saga de Predicador. Fueron bautizados como el Ejecutivo Rockero y Tonel Metal. Había noches en que íbamos a ese bar con el único propósito de verlos en acción.

El Ejecutivo Rockero rondaba los 40 y vestía de ejecutivo: traje con americana, camisa, corbata y pantalón a juego. La gomina era discreta, pero se palpaba su brillo entre las melenas, los cueros y las tachuelas del resto de la parroquia. Su historia nadie la sabía. Era conocido por todos en el bar, pero no tenía amigos en él. Siempre iba solo. A sacudirse el estrés, probablemente. Los hay que se lo quitan con saunas y prostitutas de lujo, pero el Ejecutivo Rockero prefería una sesión intensiva de heavy metal. A la altura del tercer cubata, se convertía en el amo de la pista y se creaba un corrillo a su alrededor para que pudiera actuar a gusto con su guitarra eléctrica imaginaria. Con tan prodigioso instrumento hacía el playback de todos los riffs que atronaban por los altavoces, y así podía seguir horas, incansable, hasta que cerraran el bar (y esto era antes de que el alcalde Álvarez del Manzano decidiera poner coto a los horarios nocturnos).

Tonel Metal estaba más integrado y tenía un grupito de amigos, aunque eran un poco crueles y se reían de él. Pero a él no le importaba: tenía alma y corazón de metal encerrados en su obesa fisonomía, que le hacía sudar más de la cuenta su camiseta de Iron Maiden. Tonel Metal bebía compulsivamente, cubata del bueno, porque manejaba dinerito. Y se emocionaba hasta las lágrimas cuando creía reconocer una canción, que era casi siempre. Entonces, con el cigarrillo y el vaso en una mano, y el corazón agarrado fuertemente con la otra, entonaba en su peculiar inglés la letra del tema. A veces, llegaba a poner su voz por encima de los altavoces, tal era la fuerza de su pasión. Y otras veces, pobre, intentaba ligar con alguna de las chicas del bar, pero para entonces ya nos habíamos reído tanto que un puntito de mala conciencia asomaba en nuestros cabrones rostros.

A veces, volviendo a casa ya de amanecida, nos imaginábamos un dúo de psycho-killers formado por el Ejecutivo Rockero y Tonel Metal. Cometerían sus fechorías por los barrios viejos de Madrid rindiendo homenaje a sus ídolos: los hermanos Izquierdo, de Puerto Urraco.

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