Blogia
El Blog de Sergio del Molino

SUICIDAS LITERARIOS

SUICIDAS LITERARIOS

Seguro que os ha pasado alguna vez. Estáis en la cama, a punto de dormiros, en ese sopor tan maravilloso, y de repente, una pierna o un brazo reciben un estímulo, como un calambre que no controláis. Es algo común, pero muy revelador de lo complejos (o simples, según se mire) que somos. Al parecer, según cuentan los expertos, el proceso de quedarse dormido es parecido al proceso de morirse: el ritmo cardíaco se reduce, los músculos se relajan y toda la actividad del cuerpo entra en una especie de stand-by. Pues bien, en ese trance hay veces en las que el cerebro no sabe muy bien si nos estamos durmiendo o nos estamos muriendo y, para comprobarlo, envía un impulso a los músculos para ver si responden. A eso se debe el respingo que damos en la cama, a un puro instinto de supervivencia. Somos seres vivos y, como nos enseña la biología desde Darwin, estamos diseñados para perpetuarnos a nosotros mismos y a la especie.

Todos hemos visto crecer hierba entre las rendijas de un páramo cubierto por hormigón. La vida lucha por prolongarse en cualquier lugar. Por eso, de todos los actos humanos, el suicidio es el que resulta más incomprensible, porque va en contra de ese instinto básico de supervivencia que se supone llevamos todos en nuestra dotación genética. Y, sin embargo, es una práctica muy común y muy extendida en todas las culturas y épocas de la historia. ¿Por qué nos suicidamos? ¿O por qué nos embarcamos en procesos autodestructivos que vienen a ser suicidios a cámara lenta, como la drogadicción o el alcoholismo? Psicólogos y sociólogos se han pasado el siglo XX y lo que llevamos del XXI dándole vueltas sin llegar a una respuesta convincente. Mientras, el "autoasesinato" sigue siendo uno de los grandes tabúes. Se producen miles a lo largo del año, pero los medios de comunicación, por acuerdo explícito, no informan de ellos.

Al Alvarez, poeta y crítico literario británico, fue un suicida frustrado y, como amigo de Sylvia Plath, vivió muy de cerca su suicidio, en 1963. La muerte de su amiga le causó una impresión tan honda y un sentimiento de culpabilidad tan intenso, que pasó los siguientes diez años leyendo e investigando sobre el fenómeno del suicidio. El fruto de ese calvario fue El dios salvaje, un libro que no se publicó en castellano hasta 2003. En él, Alvarez busca respuestas a sus más dolorosas preguntas, y el resultado es un ensayo sobre la relación entre literatura y suicidio. Su lectura me inquietó casi tanto como la poesía de Sylvia Plath (de la que, por cierto, Visor tiene una antología bilingüe más que estupenda) y, como toda buena reflexión, me dejó con más dudas que certezas.

Alvarez sólo habla de la literatura anglosajona, que es la que él conoce, pero en la española también hemos tenido lo nuestro. El mejor museo de Madrid, que para mí no es ni el Prado ni el Reina Sofía ni el Thyssen, sino el Romántico (en la calle Hortaleza: lo reconoceréis porque nunca va nadie, no hay colas, cosa extraña en Madrid, y podéis verlo a vuestras anchas), guarda la pistola con la que se mató Mariano José de Larra. Siempre que la veo me produce una desasosegante atracción.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

8 comentarios

cristina fernandez -

Cuánta tinta sobre el suicidio. Acaso no es lo mas natural morirse de cualquier forma? Es un acto privadísimo, sobre el que habría que ser más púdicos.

Luis -

Los profesores de Literatura y Filología de la Universidad de Huelva Pablo Zambrano, Regla Fernández, María Losada y Eloy Navarro han publicado la obra 'Estudios sobre literatura y suicidio' (Ediciones Alfar), un libro que en el que analizan el interés que diferentes autores y épocas han mostrado por la muerte involuntaria desde la Grecia clásica hasta el siglo XX.

En declaraciones a Europa Press, Zambrano explicó que, a lo largo de la historia, la literatura ha reflejado la continua preocupación del hombre y la sociedad en general por el tema del suicidio, "abordando las razones morales, filosóficas o culturales que lo han rodeado".

Asimismo, señaló que dicho asunto, al que consideró como "una fuente de inspiración ininterrumpida", ha generado numerosos ejemplos de obras cumbre de la literatura que comienzan en el mundo clásico con 'La Eneida' de Virgilio y que continúan con las obras teatrales de William Shakespeare 'Macbeth' y 'Hamlet', pasando por 'Madame Bovary' de Flaubert y las obras de Dostoievski, entre otras.

Igualmente, incidió en que las variadas perspectivas desde las que la literatura ha abordado el asunto del suicidio ilustran la evolución del debate sobre este asunto, "con la virtud de no sólo hacer espejo de posturas morales encontradas sino también de arrojar sobre el tema la luz propia de las manifestaciones artísticas".

Zambrano inicia esta obra, compuesta por cinco estudios, con un capítulo titulado 'Literatura y suicidio: breve historia del debate', un recorrido histórico desde el mundo clásico hasta siglo XX, que hace hincapié en algunas obras destacadas.

A continuación Regla Fernández y María Losada, analizan en sendos capítulos el suicidio en la tragedia clásica y en la literatura inglesa, deteniéndose en esta última en la influencia que ejerció en los escritores del siglo XVIII el suicidio del literato romántico Thomas Chatterton.

Posteriormente, Eloy Navarro analiza el suicidio en la literatura española, abordando uno de los casos que mayor trascendencia y repercusión tuvo en la literatura nacional de los siglos XIX y XX, como fue el suicidio del escritor madrileño Mariano José de Larra.

Por último, el libro se cierra con el estudio 'Flaubert y Dostoievski: suicidio, trascendencia y cambio de paradigma', también de Pablo Zambrano, quien consideró a tales autores como "los escritores que anticiparon la concepción moderna del tema en la literatura".

La pistola de Larra -

Tanta fascinación me produce a mí este artilugio romántico, que he puesto este nombre a mi blog. Felicidades por el tuyo.

Sergio del Molino -

Jaja, se puede disfrutar incluso con los peñazos, todo depende de la actitud del lector. Me quedo con Horacio Quiroga, aunque a Aurelio Aguirre no le conozco.

A. C. -

Disfrute, disfrute, es un poco peñacico.

A mí hay dos suicidas que me impresionan mucho: el joven poeta gallego Aurelio Aguirre, que se arrojó al mar de A Coruña, y el escritor uruguayo Horacio Quiroga.

Y Bohumil Hrabal, que se arrojó al vacío, aunque luego se dijo que había intentado coger una paloma.

Sergio del Molino -

Lúcido, viejo y después de haber trabajado como un animal toda su vida... para disfrute nuestro, claro.

Antonio Pérez Morte -

Muy bueno este artículo sobre Literatura y Suicidio.

Un apunte: Resulta reconfortante que el autor que más escribió sobre el suicidio, el filósofo rumano afincado en París, E.M. Ciorán, muriese completamente lúcido y de viejo.

Cide -

Larra, Reinaldo Arenas, Hemingway, Cesare Pavese, Gil de Biedma,...

Tienes razón, no me había dado cuenta de esta relación entre literatura y suicidio.

Fantástico artículo. Gracias.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres