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El Blog de Sergio del Molino

ROSCÓN ROCK, LOS GOYAS Y LATINOAMÉRICA

ROSCÓN ROCK, LOS GOYAS Y LATINOAMÉRICA

Domingo de trabajo (desgraciados que somos algunos). Un frío que pela. Debajo de mí, en el paseo de Independencia, uno de los escenarios del Roscón Rock, donde actúan Cinco Sentidos y Hotel. Entre pruebas de sonido y concierto, la redacción se convierte en un backstage absurdo lleno de decibelios. Pero me gusta. Trabajar en el centro de la ciudad es lo que tiene: que la alegría colectiva más o menos institucionalizada te toca un poco las narices. Pero prefiero mil veces esta ambientación, que me pone de buen humor, que la insorportable Semana Santa. ¡Viva San Valero, qué cojones!

Los de fuera de Aragón probablemente no sepan que el 29 de enero es festivo en Zaragoza: se celebra el patrón de la ciudad, el obispo San Valero, y se come un roscón en su honor, que es como una recena del de Reyes. Por eso se dice "San Valero rosconero y ventolero". Porque hay que coger fuerte el roscón, que el cierzo se lo lleva. El año pasado, unos cuantos grupos locales tuvieron una gran idea: llenar el centro de la ciudad de conciertos callejeros. Lo llamaron Roscón Rock, y en esta su segunda edición lo apadrina Amaral, que es la sorpresa del roscón, porque no se sabía en cual de los 25 escenarios iba a actuar. La idea me parece maravillosa, especialmente para una ciudad donde los carnavales no existen. Ya era hora de que tuviéramos una fiesta popular en esta zona tan aburrida del calendario. La única pega es que hace un frío horroroso para aguantar en la calle. A mí, como me pilla trabajando, no me preocupa: sigo el concierto desde la mesa.

El resto del país está más pendiente de los Goya, que premian lo que yo considero un año muy flojito en el cine español. Alguien ha dicho que estaba bien esta edición por ser muy reñida y no haber una película favorita, como sucedió el año pasado con Mar adentro. A mí, que estén reñidas por el lado mediocre no me parece que le dé emoción a nada. Ojalá hubiera una ganadora clara que sobresaliese entre tan poquita cosa. Mi pobre Fernando León, con Princesas, ha hecho su peor peli, pero algo se llevará. Y Montxo Armendáriz, cuya poética de artesano me ha dado muchos momentos de felicidad en peliculones como Tasio o Silencio roto, me aburre soberanamente con Obaba, que convierte las preciosas historias de Bernardo Atxaga en un pastelón deslavazado. Y son de los pesos pesados de este año. Las galas me parecen un petardo insoportable, así que ya me enteraré mañana o esta madrugada, cuando haya terminado toda la fanfarria.

Quienes sí se lo deben estar pasando teta son los escritores españoles y latinoamericanos que se han juntado en el sarao del Hay Festival de Cartagena de Indias, en Colombia. De entre las crónicas que han mandado los corresponsales me queda claro algo que ya sabía: que los narradores latinoamericanos suspiran por que alguna editorial española se fije en ellos, pues España significa llegar a todo el público hispano. Es impresionante el neoimperialismo cultural español: en casi nada pude diferenciar las librerías de Buenos Aires de las de Madrid o Zaragoza. Las de México, ídem, aunque en el triste y trágico país de Octavio Paz se nota que el analfabetismo (funcional y real) todavía es una lacra, que redunda en librerías pobretonas y mal surtidas.

El segundo dato con el que me quedo del Hay Festival son estas palabras del novelista colombiano Abad Faciolince: "Arrastro un trauma desde hace 18 años, cuando en Medellín los paramilitares asesinaron a mi padre, que era un dirigente de derechos humanos, un hombre de derechas y liberal. Durante mucho tiempo no he sido capaz de enfrentarme literariamente a esta tragedia que marcó mi vida, pero ahora sí, ahora me he lanzado de cabeza y sólo me faltan 30 páginas para acabar la novela". Enfrentarse literariamente a la vida. Salvando mucho las distancias, sin traumas de por medio, es una sensación que comparto: cuesta mucho enfrentarse literariamente a uno mismo. Yo no puedo escribir del dolor cuando estoy dolorido. Necesito que no me duela para poder enfrentarme y darle una forma literaria. Necesito tiempo. Creo que todo es cuestión de poso, de asentamiento en la persona.

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2 comentarios

Sergio del Molino -

Lo sé, a mí tampoco me ha hecho falta verla. Pero es que, de verdad, prefiero que me introduzcan astillas en las uñas antes de tragarme una gala. No es por culterío, es por aburrimiento.

Jean -

Se nota que venís por aquí gente "culta"... (lo digo por lo que dices en la presentación del blog). En toda la blogosfera no literaria, se ha comentado de todo sobre la gala. Yo, sin verla, sé que la realización, el sonido, el vestido de la ministra, todo, un desastre.
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