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El Blog de Sergio del Molino

ADÉU, LLUÍS, ADÉU

ADÉU, LLUÍS, ADÉU

Después del largo artículo sobre Barcelona y la literatura en catalán, me había propuesto espaciar los temas catalanes un tiempo, para que no se asocien mis filias personales con las varias monsergas politqueras que nos saturan a todos. Pero actualidad obliga, y he de volver a cruzar metafóricamente el Segre. Lluís Llach dice adiós. Hoy ha anunciado que se retira, que se jubila de la música. Que esta primavera es la última. Es una pena, porque Llach es como los buenos vinos: mejor cuanto más viejo. No me gusta saber que no va a haber nuevos discos de Llach, que no habrá más conciertos. Sé de un amigo, mucho más que un fan de Llach, que lo va a sentir infinitamente más que yo.

En abril de 2004 entrevisté a Lluís Llach en Valencia. Iba a dar un concierto en el campus de Tarongers de la Universidad, y yo le asalté después de la prueba de sonido, por la tarde, bajo un sol horroroso. En realidad tenía concertada la entrevista con su manager, pero este individuo debió "olvidarse" de comunicárselo a Llach y mi llegada se convirtió en un asalto a mano armada. Pero Lluís, en vez de mandarme a escaparrar, como sin duda hubieran hecho muchos otros "artistas", se lo tomó con humor, canceló lo que tenía previsto, y me invitó a que charláramos durante un par de horas. Parte de esa conversación salió publicada una semana después en forma de entrevista en el suplemento dominical de Heraldo de Castellón. La recupero ahora para el blog:

Lluís Llach: "Si me tengo que etiquetar, me defino como aprendiz"

Siempre ligado a la ‘nova cançó’, el poeta de Verges es capaz de mezclar en un mismo recinto a adolescentes “de tejanos y bambas”, como él dice, con respetables caballeros de dignas canas. Ha dejado atrás los tiempos de “L’estaca” -aunque sigue convencido de que “si estirem tots, ella caurà”- y, desde hace un tiempo, un gorro de lana le resta unos cuantos años en las fotos y en las portadas de sus discos. En las últimas cuatro décadas ha enamorado a auditorios de toda Europa y ha hecho que algunas de sus creaciones se conviertan en partes irrenunciables de la identidad catalana moderna. Sin embargo, cuando se deja caer sobre la silla del camerino y comienza a hablar, convierte su marcado catalán ampurdanés en un vehículo cálido y afable que oculta, durante el tiempo que dura la entrevista, al Llach del Olympia de París y al Llach portavoz de la Cataluña que se negaba a claudicar ante el franquismo, para transformarlo, simplemente, en Lluís, un agradable conversador que ha venido de Verges.

¿Podemos interpretar su nuevo disco, “Poetes”, como un homenaje a los poetas catalanes del siglo XX?

No, yo no soy quién para hacerle un homenaje a nadie. Yo sólo soy un letrista pasable. El recital y el disco que le acompaña responden a la necesidad de desahogarme por la desaparición de un amigo muy querido, Miquel Martí i Pol. No es un trabajo que tuviera previsto en absoluto. Sencillamente, quise recoger algunos textos de los poetas que Miquel y yo admirábamos y que saltaban constantemente en nuestras conversaciones. Algunos han sido amigos comunes, otros no, pero no es un homenaje a nadie, sino una forma de desquitarme del dolor que me produce su muerte.

A pesar de esa intención, el disco es muy didáctico e incluye algunas notas sobre cada uno de los autores, que son prácticamente desconocidos fuera de Cataluña. ¿Cree que trabajos como el suyo pueden ayudar a paliar ese desconocimiento?

No lo creo y, en cualquier caso, no es algo preocupante. El idioma supone una barrera que todos asumimos cuando decidimos usarlo como instrumento artístico. Está ahí y no sirve de nada lamentarse por una elección consciente de la que sabemos sus consecuencias. Tampoco conocemos a los poetas serbios, por ejemplo, y no pasa nada. Cuando escogí expresarme en catalán ya sabía que estaba limitando la difusión de mis creaciones a un ámbito mucho más restringido que si lo hiciera en castellano, pero para mí constituía una obligación entonces y ahora. No sirve de nada lamentarse. Lo que me queda de esta experiencia es el clima que se crea con la gente. Recuerdo la sensación de gratitud que me transmitió el público al final de cada concierto de la Apolo y la emoción con la que acogió el espectáculo.

Pero esa emoción, en Barcelona, donde Martí i Pol era un personaje tan querido, es fácil de conseguir. Me imagino que la receptividad del público fuera de Cataluña, donde esos poetas no son una referencia tan sentida, será distinta.

Pues podría serlo, pero anoche actué en Ondara (Alicante) y el clima de emoción y gratitud fue muy similar al de la Apolo. El espectáculo es lo suficientemente íntimo y cercano para emocionar a cualquier público, dentro y fuera de Cataluña.

Cambiemos de tema. Después de tantos años, le han incluido en el cartel de uno de los festivales más vanguardistas de España, el Primavera Sound, que se celebrará dentro de unas semanas en Barcelona. ¿No le resulta un poco raro meter su piano entre tanto joven alternativo?

¿Por qué? No le veo el más mínimo inconveniente.

Inconveniente, ninguno, pero reconozca que no ‘pega’ mucho...

Bueno, según se mire. Es un festival de música independiente, ¿no? Pues yo llevo toda mi vida haciendo música independiente. En ese sentido, encajo perfectamente. Soy un músico que sigue activo y no veo ninguna razón para rechazar ninguna oportunidad de actuar. Vivo en Cataluña y el Primavera Sound es una de las citas culturales más importantes de mi país. ¿Cómo iba a negarme?

Pues insisto en que su nombre choca en ese cartel...

Bueno, si la denominación de ‘música independiente’ responde a una verdadera independencia, no tiene que resultar nada extraño. Pero si quiere decir otra cosa, una etiqueta convencional, entonces sí que reconozco que puede sorprender.

Hablando de etiquetas: ¿se siente cómodo bajo el término ‘cantautor’ o está un poco harto de él?

No, incómodo no puedo estar, especialmente, porque me he pasado media vida reivindicando con mucha vehemencia ese término y su papel cultural. Pero si tuviera que escoger una palabra que me etiquetara, me defino como un aprendiz, ya que lo de cantautor era más una proclama, la defensa de una actitud, pero lo que de verdad es vocacional en mí es el aprendizaje.

¿De quién y de qué aprende Lluís Llach hoy?

De casi todo. Hay que mantener los sentidos muy abiertos. Si te refieres a la música, pues constantemente me encuentro con pianistas o saxofonistas que me descubren nuevos matices, nuevas tonalidades y nuevas posibilidades expresivas, e incluso, nuevas actitudes.

Pero después de más de treinta años en la brecha, con un nombre tan consolidado, tendrá usted más cosas que enseñar...

Bueno, los nombres en la música se hacen y se deshacen de la noche a la mañana. No hay que tomar en cuenta ciertas cosas a la hora de enfrentarse al día a día.

Cuando Zapatero dijo, recientemente, que iba a introducir la sonrisa en el Gobierno, me acordé de un disco suyo, “I amb el somriure, la revolta”. ¿Cree que el presidente del Gobierno se ha inspirado en usted?

No creo, porque yo dije: “Con la sonrisa, la revuelta”, no “con la sonrisa, el poder”. Son cosas muy distintas. De hecho, sería una perversión de lo que yo quise transmitir con aquella idea, con la que quería animar a trabajar para transformar las cosas, pero sin malos rollos y sin suspicacias.

¿Y, desde esos planteamientos, cómo valora los primeros pasos del nuevo gobierno?

Creo que hay un exceso de entusiasmo que puede ser peligroso. Debemos permanecer muy críticos y muy alerta frente a sus actuaciones. Hay muchos sectores de izquierdas que se han alegrado mucho por el cambio político, pero hay que mantener un escepticismo crítico. Han cumplido una promesa, ¡faltaba más! Eso es lo mínimo que hay que exigirles. Parece que Zapatero viene dispuesto a regenerar la mala imagen de los socialistas y que su propósito es firme, que lo va a hacer con hechos, pero yo, de momento, la única referencia que tengo de un Gobierno de izquierdas en España es la de Felipe González, y para mí fue nefasta en muchos aspectos. Es cierto que bajo sus gobiernos el Estado se modernizó y terminó de integrarse en Europa, pero hubo también desmanes muy graves. Muy graves. Y yo todavía no he escuchado una sola disculpa del PSOE por todo lo que hizo, así que creo que no se merecen la más mínima contemplación: son un Gobierno y, como tal, deben ser vigilados y criticados por los ciudadanos. No pueden esperar que les jaleemos.

¿Ni siquiera les va a conceder el beneficio de la duda?

En absoluto: tienen una responsabilidad y asumirla implica encontrarse con la ciudadanía crítica de frente, no apoyándoles.

Cataluña no anda menos revuelta que el resto de España. ¿También hay que mantener esa actitud con el tripartit?

Por supuesto. Yo he estado 23 años votando para que sucediera algo así en Cataluña. Tengo que reconocerlo: el actual Gobierno catalán es, desde mi punto de vista, lo mejor que le podía pasar a mi país, pero es cierto que han cometido una serie de errores y hay unas luchas internas que pueden acabar con ello. Cuando se organizó una campaña de acoso, secundada por CiU, yo salí públicamente a defender al tripartit y lo sigo apoyando, pero tampoco les puedo dejar mucho margen y, si no hacen pronto algo para enderezar la marcha, tendré que cambiar mi actitud.

¿No teme que esos apoyos públicos repercutan en una pérdida de credibilidad? ¿No teme que una formación política le adopte como símbolo, algo que hasta ahora no ha ocurrido?

No ha ocurrido porque, dada mi forma de ser, es difícil que suceda. La gente ya me conoce y, sencillamente, expreso lo que siento.

¿Y sigue sintiendo que “cal que neixin flors a cada instant”?

Ja, ja. Me río porque tengo un pequeño trauma con esa canción y he acabado cogiéndole manía. Así como otras composiciones mías, como “L’estaca”, se cantaban en fábricas o en manifestaciones, “Cal que neixin flors a cada instant”, no sé por qué, se cantaba en las iglesias. Y, claro, escuchar tu canción cantada por coros de monjas cada vez que pasas cerca de una parroquia, acaba creándote cierta psicosis...

Vamos, que ya no la siente como suya.

No, tanto como eso, no. Creo que el mensaje sigue siendo válido. Hace falta que la ilusión no se apague y que nos mantengamos siempre atentos a la belleza.


En cuanto a ilusiones, Barcelona anda ahora con el Fórum. ¿Le resulta interesante la aventura o le concede otra valoración?

En primer lugar, yo no participo en el Fórum por una cuestión de fechas y de plazos, pero me hubiera gustado mucho actuar en él. Dicho esto, siempre me sorprenderá que Barcelona tenga una imaginación tan desbordante como para inventarse algo como el Fórum. Todas las ciudades andan a la caza de exposiciones universales y de juegos olímpicos, pero Barcelona se ha inventado algo que nadie sabe muy bien qué es y que me parece estupendo como manera de transformar y renovar la ciudad, siempre desde una perspectiva cultural, no de especulación urbanística, claro.

Volviendo a su trabajo como músico. Al contrario que otros muchos artistas, usted no parece tener un proyecto global de su obra. Da la sensación de que ha hecho lo que le ha dado la gana.

Sí, básicamente eso es lo que he hecho, aunque en los años 60 me sentía obligado a expresar lo que expresaba. No he buscado una obra estructurada con coherencia porque creo que la verdadera coherencia está en hacer lo que sientes y te apetece. Y sigo así, sin tener proyectos a largo plazo. Este disco, sin ir más lejos, no podía haber entrado en ninguna planificación.

¿No tiene ningún proyecto?

Bueno, hay uno que me hace mucha ilusión: me han ofrecido componer la banda sonora de una película que se va a rodar sobre el último anarquista catalán ejecutado en el garrote vil por el franquismo, Salvador Puig Antich. Su muerte conmocionó a Cataluña y yo estuve muy involucrado en todos los sucesos, por lo que será muy emocionante para mí componer la música para el proyecto.

[La película empezará a rodarse en noviembre de 2004 bajo la dirección de Manuel Huerga, realizador de los Juegos Olímpicos, y reconstruirá el proceso y ejecución de Salvador Puig en Barcelona en los primeros meses de 1974].

Para terminar, volvamos al disco. ¿Qué echa más de menos de Miquel Martí i Pol?

Su conversación. Pasábamos horas y horas hablando, recordando poemas y dando vueltas en torno a la trascendencia de la vida... y de la muerte. Hablábamos mucho de la muerte. Siempre estaba presente en nuestras reflexiones.

¿Había pesimismo en el ambiente?

No, en absoluto. Esa pregunta indica hasta qué punto estamos condicionados por estereotipos culturales. ¿Por qué no podemos asumir la muerte como una parte más de nuestra existencia? Miquel tenía un gran sentido del humor y sabía bromear mucho sobre estos temas. Él tenía siempre un pie en el otro lado y hacía de la muerte un asunto muy recurrente [Martí i Pol padecía una esclerosis múltiple desde 1973, lo que condicionó buena parte de los últimos treinta años de su vida].

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7 comentarios

Ander -

Hola! Yo no hablo catalán... bueno... no hablaba porque soy de Bilbao... pero bueno... descubrí a Lluís hace como unos 15 años y desde entonces me declaro fan... agradezco todos estos años de maravillosas canciones y letras... y también porque gracias a él (y poco más) hoy en día hablo catalán con fluidez ;o)

Te echaré de menos...

Anakrix -

Lo explicas de maravilla, Jean. Llach me parece maravilloso aunque no entienda lo que dice, así que imagino que, si encima supiera catalán, sus canciones me llevarían directamente al cielo

Jean -

Mira, lo de la lengua simplemente lo he dicho porque es una seña de identidad de LLuis Llach. Lo de los amigos de la universidad hace más doce años.

Es cierto que no hace falta saber una lengua para apreciar la música y la poesía. Sin embargo, a mí me abrieron las ganas de intentar sentir en catalán. Por la emoción. No sé si lo explico bien.

Arenas de S. P. -

Sobre el posible sucesor del Fiscal Fungairiño: http://idd00527.eresmas.net/za40.htm

Anakrix -

Yo tampoco habló catalán, Jean. Y confieso que, hasta no hace mucho, sabía tararear L\'estaca y poco más. Pero un amigo me hizo adentrame en la obra de este músico genial y nunca se lo agradeceré bastante. No hace falta saber catalán para que discos como \"Poetes\" te provoquen un escalofrío de emoción. Es, sencillamente, maravilloso

Jean-R -

Es uno de los pocos artistas coherentes que existen.

Yo no soy cataloparlante, pero mis amigas de la universidad eran de La Vila-Joiosa, un pueblo de Alicante dónde todo el mundo es valenciano-parlante. Gracias a ellos escuché un concierto en el anfiteatro de la Universidad de Alicante, y sencillamente, me alucinó.

Anakrix -

Espero que al menos haya gira de despedida. Y cruzo los dedos para poder escaparme a uno de los últimos conciertos de este maravilloso artista con alma de poeta y voz de terciopelo
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