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El Blog de Sergio del Molino

MISTER BEAN, MAHOMA Y EL HUMOR DANÉS

MISTER BEAN, MAHOMA Y EL HUMOR DANÉS

El asunto de las caricaturas de Mahoma, que se está desmadrando de una forma que me recuerda a los Versos satánicos del amigo Rushdie, da para más de una animada discusión. Menos mal que viene un relevo, porque una conversación más sobre la ley Antitabaco y me lío a fumar fumadores ofendidos y pesaos sin filtro ni nada. Pasemos, pues, a Mahoma, que siempre ha sido un tema más interesante.

El Gobierno español, muy paternalista él, declara que debe existir una conciliación entre el derecho a la libertad de expresión (artículo 20 de la Constitución española) y el respeto a las creencias religiosas (artículo 16 de ese mismo y famoso texto). Mal. Porque el artículo 16 garantiza el derecho de los ciudadanos a "la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y de las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público". A mi entender, lo que cualquier ciudadano diga o deje de decir, en los términos que buenamente le plazca emplear y con los medios que considere oportunos, sobre cualquier creencia religiosa no atenta contra esa libertad en absoluto. Resumiendo: tanto derecho tiene usted a profesar sus creencias como yo a criticarlas y satirizarlas. Con mis burlas, le puedo ofender, pero no impido que usted vaya a la mezquita, iglesia o sinagoga cuando le venga en gana, ni que se reúna con otros creyentes para realizar las actividades que ustedes crean convenientes, ni que profesen su fe en público o en privado. Sin embargo, usted sí que restringe mis derechos y libertades si me dice cómo y cuándo debo hablar de su religión. Me está, sencillamente, amordazando.

Mister Bean (el cómico inglés Rowan Atkinson) lo aclaró de forma sencilla y genial en una comparecencia en octubre pasado en la Cámara de los Lores a solicitud de la propia cámara, que debatía en esos momentos una proposición de ley para penalizar "la incitación al odio religioso". Preguntó Atkinson: "¿Qué tiene de malo sentir odio o antipatía por algo o alguien y expresarlo? ¿Qué tiene de malo sentir odio contra una religión o religiones?" La raza, la nacionalidad, la etnia, el idioma, el sexo o la orientación sexual -proseguía- son cosas con las que se nacen, que forman parte del núcleo irreductible de la personalidad del individuo, señas de identidad que no elegimos. Pero la religión no pertenece a ese núcleo irreductible: es un sistema de creencias que se acepta o no, y su aceptación -al menos si hacemos caso a la declaración de derechos humanos- es libre y voluntaria. Burlarse de ella, por tanto, no supone menospreciar ni dañar la dignidad del individuo que la profesa. No es equiparable, viene a decir, a ridiculizar a una persona por ser de una u otra raza, uno u otro sexo o una u otra orientación sexual. Lo único que pueden exigir los seguidores de una religión -concluyó Mr. Bean- es respeto para su propia libertad de expresión. Y eso, creo yo que no está amenazado.

Chapeau. Convenía recordar este genial alegato ahora que unos encendidos caballeros (que tienen todo el derecho del mundo a sentirse ofendidos y a expresar ese sentimiento de ofensa, claro está, siempre que esa expresión no incluya decapitaciones) quieren rebanar el cuello de los caricaturistas. Un chiste o un dibujo puede o no hacer gracia, puede ser tierno u ofensivo, puede o no herir sensibilidades, pero en ningún caso puede suponer una condena a muerte para su autor. Ni siquiera una condena al silencio. Gustará o no, pero para gustos están los colores. Por eso, la declaración del Gobierno español al respecto, falsamente conciliadora y paternalista, con un llamamiento implícito -pero no por ello menos alarmante- a la autocensura en materia religiosa, me parece un error de bulto. El Gobierno no debería haberse pronunciado sobre esta materia, que no le compete ni le incumbe, pero ya que ha decidido hacerlo, la única respuesta posible era lanzar un mensaje de firmeza y sin dobleces a favor de la libertad de expresión. Y no lo ha hecho. Es un pasito atrás, señores.

Dicho todo lo cual: he visto las caricaturas y no me gustan, no me hacen un pelo de gracia. Pero, de la misma forma que defiendo el derecho de los religiosos a profesar una fe que ni comparto ni entiendo y que llega a enervarme (y ofenderme también) en muchas ocasiones, también defiendo que los caricaturistas hagan en sus dibujos lo que se les antoje. Aquí cabemos todos o no cabe ni dios, nunca mejor dicho.

Podrán decirme que contemplo el problema desde una perspectiva occidental, que el asunto tiene muchos más bemoles y que es sólo la punta del iceberg de un embrollo histórico de consideraciones cósmicas. Y tendrán razón, pero soy europeo, y me niego a que analizar las cosas desde una perspectiva europea, laica, universalista y democrática sea un defecto.

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3 comentarios

El futurible ingeniero -

La foto va que ni al pelo.... muy buena Sergio. Suscribo lo que tu has dicho

Sergio del Molino -

Pues, Católico, yo no llegué a probarlo, pero imagino que, o lo cogió un maestro del horno a fuego bien lento, o aquello quedó correoso, correoso. Que con tantos padecimientos, la carne no podía quedar tierno. Yo preferiría comerme un Buda, bien melosito y en su punto.

Católico -

Y el "Cristo cocinado" en Canal Plus....¿Qué?
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