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El Blog de Sergio del Molino

HOTELES

HOTELES

Desangelados, fríos, viejos, de diseño, limpios, sucios, acogedores, sórdidos, históricos y anodinos. Los hoteles son mucho más que una parada para el viajero.

Dylan Thomas reventó de asco y alcohol en el Hotel Chelsea de Nueva York, y Robert Zimmerman se convirtió en Bob Dylan porque los aromas de esa decadencia llegaron unas cuantas calles más abajo, hasta el Village, donde él vivía. De refugio de escritores con ansias de malditismo se convirtió en centro de peregrinación rockera y contracultural. Jimi Hendrix dejó sin dormir a sus huéspedes muchas noches con sus orgías y sus improvisadas sesiones, y Leonard Cohen escribió: "Te recuerdo bien en el Hotel Chelsea. / Hablabas tan firme y tierno al tiempo, / arrojándome a la cama deshecha / mientras las limusinas esperaban en la calle". Nosotros no pasamos del vestíbulo. No teníamos dólares suficientes para pagar una noche de rock and roll y poesía de bourbon. Junto al hotel hay un restaurante llamado "El Quijote" y una tienda de guitarras donde un músico danés probaba pedales y el dueño, un tío corpulento de risa atronadora, se empeñaba en llevarnos a un concierto con cena en la calle 42, la que recorría desesperado Robert de Niro en su viejo taxi.

A mi amiga A. (que podría ser A. de Audrey) le encantan los desayunos de lujo; a S. le gustan los hoteles de la cadena AC porque tienen manzanas gratis para los clientes y está convencido de que como mejor se escribe es de noche en la cama después de un día de trabajo; lo primero que hace C. al llegar a una habitación es comprobar cuántos productos de baño tiene; Ch. recorrió por la cara unos cuantos hoteles escribiendo sobre ellos en una publicación de viajes, y yo todavía me relamo y me doy de cabezazos cuando recuerdo que me perdí el mejor desayuno de mi vida en un hotel de Sao Paulo cuyo bufet de delicias y frutas tropicales era kilométrico, pero que apenas probamos porque el avión se escapaba. No he probado mejores croissants que los que servía un hijo de exiliados republicanos españoles en un pequeño Logis de France en Carcasona. Siempre creí que el encanto de los bares de los hoteles era cosa de películas hasta que me emborraché en uno.

Bill Murray se enamoró de Scarlett en el bar de un hotel de cristal de Tokio en Lost in traslation. El grimoso Joel Cairo (Peter Lorre) se alojaba en el suntuoso Hotel Belvedere de San Francisco, donde Spade-Bogart se movía como un miembro más del personal en El halcón maltés. De San Francisco era también Hotel, una serie de los 80 protagonizada por Connie Selleca, que también salía en El gran héroe americano y de quien me pasé la infancia enamorado. No me perdí un capítulo de ninguna de las dos series. El escritor oscense Oscar Sipán tiene un repertorio de hoteles imaginarios y ha rebuscado en registros y libros de visita firmas y dedicatorias de personajes legendarios. Ian Gillan, el cantante de Deep Purple, deprimido a mediados de los 70 por las drogas, por abandonar el grupo y por no haber sido escogido para protagonizar Jesucristo Superstar, se compró un hotel entero para vivir en él y se arruinó. Entonces, escribió una canción para su amigo Ángel Manchenio, con quien había compartido una noche de borrachera en la azotea de un hotel de Beirut antes de la guerra. Charly García pasa el tiempo demoliendo hoteles y, de vez en cuando, se tira a la piscina de uno desde la ventana de su habitación. Jim Morrison construyó su propio hotel de vinilo y se instaló en él sin equipaje, dejando Love Street para siempre. Los amigos sabíamos que la noche de Malasaña había terminado cuando en el bar Hotel California sonaba la canción que nombraba al garito. Sabina relaciona el hotel, dulce hotel, con el amor fugaz y sin compromisos. Hemingway se separó de su amigo Dos Passos en el bombardeado Hotel Florida de Madrid, donde los corresponsales de guerra bebían hasta que dejaban de escuchar la artillería, y uno de los reportajes más disparatados que se le han hecho a Rosendo se publicó en el Tentaciones y consistía en una sesión fotográfica en el Ritz caracterizado como una rock star. Pero la cámara no la sostenía Annie Leibovitz.

Hoteles, qué lugares.

Foto: el Hotel Chelsea, en la calle 23 oeste de Manhattan.

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8 comentarios

Javier Albisu -

Mi amiga S. vive, como yo, en Shanghai. Suelo llamarla "Shanghai's Chelsea Hotel Landlady". Me encanta como ríe cada vez que repito la misma frase. Y a ella le gusta que se la repita. En ese sentido. Su risa es el mejor contrato que nunca he firmado. Ahora mismo S. duerme sola sobre sábanas de seda negra mientras yo escucho a Leonard Cohen. Ninguna limusina espera en nuestra puerta, aunque seguimos persiguiendo el dinero y la carne. También leemos, a veces, la el futuro en la palma de alguna mano, y desafinamos como el pájaro que se posa sobre el tendido eléctrico.
Bostezo tímidamente y la luz del domingo amenaza por la ventana.
I remember you well in the Chelsea Hotel, that's all I don't even think of you that often.

Anakrix -

Y en cuanto a la peli. No estoy segura, pero podría ser "playtime", de Jacques Tati

Anakrix -

En cuanto a los hoteles, una de mis manías es abrir la neverita y repasar todo lo que hay en ella. Nunca -o casi nunca- consumo nada, pero me encantan esas absurdas minibotellas de alcohol con las que apenas puedes apañar un cubata digno

Anakrix -

Un amigo colombiano adora Fashion TV porque le recuerda a su casa. En Cali, su ciudad, hay un bar que, en lugar de pinchar discos, siempre tiene puesto ese canal y \"ambienta\" con la música de sus desfiles televisados

Sergio del Molino -

Es verdas, es instintivo. n casa nunca pongo la tele si no la voy a ver, pero en un hotel no puedo estar sin darle un repaso a los canales. Muchas veces, hasta me duermo con ella puesta.
Fashion TV es también la no-televisión.
Respecto a los no-lugares, que también son los aeropuertos y las estaciones. ¿Puede alguien refrescarme la memoria? Hay un realizador que hace pocos años hizo un documental rodado íntegramente en aeropuertos de todo el mundo. La gracia estaba en que, como son no-lugares, era imposible saber en qué país, ni siquiera en qué continente estaban rodadas las escenas. Era como un retrato de la globalización. ¿Alguien recuerda quién fue el director en cuestión? Gracias de antemano, sabios blogueros.

Javivi -

Rara vez, cuando viajo y duermo en hotel, tengo tiempo para ver la televisión. Entre visitar el lugar, preparar la conferencia que haya de dar (el motivo fundamental de mis viajes en los últimos cuatro años), impartirla, cenar y tomar unos gintonics siempre se pasa el tiempo volando. Y aún así, lo primero que hago siempre, al llegar a la habitación del hotel, mientras lleno la bañera (en mi casa jamás lo haría, pero en hotel lo hacemos todas y todos) y, sin abrir tan siquiera la maleta, extrañamente es encender la televisión y pasar por todos y cada uno de sus canales. No entiendo bien por qué lo hago, pero lo hago siempre. Hay teles que te dan la bienvenida con tu nombre. Otras te invitan a pasarle en la factura a tus anfitriones ciertos canales de pago (casi siempre proyectan pornografía estadounidense). A veces, como en los NH, vienen con mando para jugar a la PS1. Algunos tienen (tenían) Canal+.
Pero alguien tal vez sepa decirme... ¿por qué demonios todos, sin excepción, tienen esa horterada de canal que llaman Fashion Tv?
Hoteles... algunos sociólogos (o antropólogos, ahora no recuerdo) los llaman "no-lugares". Pero a mí me encantan.

Sergio del Molino -

Gracias! Se me olvidaba, de todas formas, el hotel Corona de Zaragoza y su supuesta habitación encantada desde el desastroso y trágico incendio.

Antonio Pérez Morte -

Muy bien... Me ha gustado.
Mereces una suite con chica buena (o buena chica) y radiador!
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