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El Blog de Sergio del Molino

EL TESTAMENTO DE JAMES COBURN

EL TESTAMENTO DE JAMES COBURN

Para quienes no nos gusta el fútbol y consideramos el domingo un maldito día de transición entre la resaca inactiva y la inminencia de una nueva semana, el DVD supone una grata salvación. Una buena peli alivia el hastío y te ayuda a ubicarte en este día tonto. Hoy, el aparatito de mis amores nos ha regalado Aflicción, el testamento de uno de mis mitos más queridos, el actor James Coburn.

Rodada en 1997 y dirigida por Paul Schrader (de dilatada filmografía ya, pero que por mi parte se ganó el cielo cuando firmó el guión de Taxi Driver y se lo sirvió en bandeja a Scorsese), Aflicción es una extraña e inquietante película que, pese a que pierde mucho fuelle en su segunda mitad, deja suficiente cancha para que James Coburn se bata en duelo interpretativo con Nick Nolte, que en esta ficción son padre e hijo. Coburn, que tenía entonces 69 años, ganó el Oscar al mejor actor secundario por este papel. A la vejez, viruelas, que suele decirse. El premio sirvió para que el bueno de James viviera dulcemente los cinco últimos años de su vida, mimado por una industria que le había dado la espalda hasta que Schrader rescató su rostro y su físico pasados de moda. Después de Aflicción, participó en 12 producciones, entre ellas, Monstruos, S. A., donde puso voz a Henry J. Waternoose III. Pero Aflicción fue su testamento como actor, un hermoso canto de cisne que sus admiradores tomamos como un regalo.

James Coburn nació en la América profunda, en las profundidades del estado de Nebraska el año anterior a la Gran Depresión. Su cara dura y su mirada penetrante, con esos desconcertantes ojos claros, hicieron de él un pionero, un inadaptado, un tío duro. Su forma de moverse, desconfiada, altanera y parca, y la media sonrisa cínica que le hizo famoso, cautivaron a una generación de cineastas que creció viendo los westerns de John Ford, pero que no soportaba que no hubiera polvo en sus películas, ni que se notase que las montañas del fondo estaban pintadas, ni que John Wayne luciera impoluto su pañuelo atado al cuello. Coburn, entre otros, dieron forma a esa maravilla que se ha llamado western crepuscular y que, en los años 70, generó uno de los mayores genios del arte de contar historias con imágenes: el salvaje y violento Sam Packinpah.

James Coburn es el rostro de Sam Peckinpah. Está en sus mejores películas, como su fetiche, como la pieza que hace que todo encaje y se forme en la garganta un nudo por aquel mundo de miserables hijos de puta que se viene abajo, que se derrumba a golpe de ferrocarril y de ganaderos ambiciosos. James Coburn fue el traidor Pat Garrett que acaba con su amigo Billy the Kid; fue el Samuel Spotts de Mayor Dundee; el melancólico sargento Steiner en La cruz de hierro; en La gran evasión fue Louis, y dejó su huella en otras producciones, como cuando se convirtió en el dinamitero loco de Agáchate, maldito. Su presencia siempre está ligada al sol, al polvo, a la intemperie y a los nómadas. Fue el eterno secundario, la columna hierática del fondo a quien los directores confiaban el sustento del edificio narrativo.

Su carrera, además de muy irregular y plagada de olvidables apariciones televisivas, impresiona por su extensión. Trabajó en casi 200 producciones desde 1957 hasta su muerte por un ataque al corazón en 2002. Todo un currante incansable que no paró quieto nunca, pero que encontraba tiempo para aprender artes marciales con Bruce Lee o jugar al póker hasta el amanecer cuando su canalla ludopatía le cosquilleaba el cogote. Son muchos los secundarios dorados, currantes a destajo, que han dejado marca en el cine. Mi otro gran secundario es Peter Lorre. Algún día, alguien tendría que escribir un libro sobre estos eternos segundones, actores de oficio, eficaces y camaleónicos.

En los últimos años de su vida, Coburn cambió su fibrosa delgadez por una discreta obesidad con algo de reumatismo, circunstancias que le ayudaron a dar forma al turbio personaje de Aflicción, un padre alcohólico anciano, maltratador de sus tres hijos y su mujer -que acaba de morir de frío porque no se ha molestado en arreglar la calefacción-, que vive aislado en una ruinosa granja de un poblacho del norte de New Hampshire donde sólo hay nieve y fracaso. Coburn firmó un agridulce, pero magistral, testamento fílmico. Qué grande fuiste, James.

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4 comentarios

lilian galvan -

acabo de ver!agachate maldito!realmente espectacular la prescenciade james que a pesar de ser segundo(rod steiger era el principal) se destacaba con su porte,SENCILLAMENTE BELLISIMO!

LILIAN GALVAN -

HOLA SERGIO ME ALEGRO HABER ENCON TRADO TU BLOG BUSCABA TODO DE "FLINT" ...tu comentario acerca de "afliccion " no hizo mas que tratar de encontrar esta peli ,todo lo que lei fue estupendoamo a james coburn sobre todo sus labios y su sonrisa...creo que estoy enamo RADA.HASTA PRONTO

Sergio del Molino -

Salud! La conozco, pero no la he visto. El cine de Schrader es lo que tiene, que no deja indiferente: o lo detestas o te encanta. Es un tipo interesante.

Rondabandarra -

¡Hola Sergio! No sé si conoces “Light Sleeper” (http://www.imdb.com/title/tt0102307/), otra peli de Schrader donde Willem Dafoe es un “dealer” con todo lo que un personaje salido de la pluma del amigo Paul conlleva: pasado turbulento, inestabilidad emocional, necesidad de redención… A mí me encantó, pero aviso que es una de esas pelis con tantos admiradores como detractores; en especial, la banda sonora, a la que le dan una importancia tremenda y que a mi me gusta mucho, pero si te das un garbeo por las opiniones de imdb.com, algunos la ponen de vuelta y media y otros la defienden a capa y espada.
Saludos
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