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El Blog de Sergio del Molino

LA ÉTICA DEL ESFUERZO

LA ÉTICA DEL ESFUERZO

En un comentario de unos artículos más abajo, Gessus pide respeto para Alabarda y el heavy metal en general porque "puede que detrás de esas portadas haya mucho esfuerzo y dedicación". Me ha hecho pensar y me ha recordado viejas discusiones que he tenido con amigos sobre el esfuerzo y la pereza. Una obra de una expresión artística, cualquiera que esta sea, ¿debe ser valorada en función del esfuerzo y la dedicación que su autor o autores han puesto en ella? ¿Tiene más mérito un trabajo minucioso y detallista que otro deslavazado y simple? ¿Qué expresa más: un barco metido en una botella o unas pinceladas de Jackson Pollock trazadas en una noche de insomnio?

Creo que sobrevaloramos el esfuerzo, cuando no es determinante a la hora de decidir si una obra es buena o no, pero a la sociedad actual le gustan las cosas que se consiguen con sudor. Le gusta ver que la gente se lo curra, si no, no tendrían éxito Operación Triunfo ni ninguna de las series televisivas sobre esforzados profesionales, como Urgencias, C.S.I. o Anatomía de Grey. A mí, personalmente, me fatigan un poco, en el sentido literal: llegar de trabajar y encontrarme con gente que también trabaja mucho me deja exhausto. Será amoral, pero prefiero pasar el rato riéndole las gracias a un vago cachondo con una cerveza. Eso sí que es ocio para mí. Adonde quiero llegar con esto es que, hoy día, a la industria cultural le interesa vender que detrás de sus productos, más que genialidad, frescura, originalidad, distintos puntos de vista, experimentación o audacia, lo que hay es una gran currada: "Me he pasado toda la noche haciendo esto, así que no vayas ahora a decir que es una mierda". Cualquiera se atreve a decirlo. Dime las horas que has empleado y los másters que has hecho en Estados Unidos y te diré cuán bueno es tu trabajo.

Sin embargo, lo del esfuerzo, en el plano de la expresión, es algo muy relativo y secundario. A mí me interesa el resultado final, y puede que una cancioncilla popular de dos acordes me llegue más hondo que todo el dodecafonismo; o que un sólo poema de Alejandra Pizarnik me perturbe más que todas las novelas de Tolstoi, o que un cuadro de Pollock toque más fibras de mi sensibilidad que un mural realista y lleno de sugerentes símbolos. Sin embargo, me tropiezo cada dos por tres con novelistas empeñados en demostrarme lo mucho que se han documentado para escribir esa novela, cuando su sobrecarga de datos no me aporta nada y se me olvida tan pronto la leo.

¿Conocéis la polémica que se ha armado con el anuncio de un coche? El spot se basa en el cuento de la cigarra y de la hormiga, pero cambiando la moraleja, porque el auto en cuestión es tan asequible, que hasta el más gandul puede comprarlo sin tener grandes ingresos. Algunas asociaciones de padres han puesto el grito en el cielo porque el anuncio conculca el ideal del esfuerzo y del sacrificio que con tanto ahínco han transmitido a sus vástagos. Dejando de lado el hecho de que, por dios, sea sólo un anuncio, el asunto revela hasta qué punto valoramos el esfuerzo.

Pues yo digo, aun a riesgo de ser impopular, que el esfuerzo me importa más bien poco en el caso del arte, la cultura o como queráis llamarlo. Si una obra me llega, me gusta, me provoca algún tipo de sensación y es capaz de transmitirme algo, me da igual que el creador se haya deslomado o lo haya producido sin darse cuenta mientras viajaba en el metro. Es más, si lo ha producido sin darse cuenta mientras iba en el metro, tendrá más posibilidades de que me guste, porque tendrá más papeletas para ser algo espontáneo, fresco y verdadero. Pero lo que importa es el resultado, no cómo se ha llegado hasta él. El respeto va para la obra. Su autor me merece el mismo respeto que el resto de los humanos, pero no le admiro más por las horas que invierte. Mi amor y mi respeto no se ganan al peso.

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8 comentarios

Anakrix -

Yo también voto por Calvin (eso en el caso de que el siempre razonable Hobbes no se pronuncie). De todos modos, en esto de la reflexión sobre el arte creo que estoy un poco influida por la resaca de ARCO. Cada año, cuando llega esta feria, tengo claro que buena parte de lo que allí se expone no son obras de arte, sino productos hechos a la medida de un mercado que lo devora todo a golpe de talonario.

Sergio del Molino -

¿Entre Calvin y su padre? Calvin, sin duda. Por defecto.

Javivi -

En una tira de cómic, Calvin (el niño de 6 años al que siempre acompaña su tigre Hobbes) intenta venderle a su padre un dibujo, más bien un garabato, por un millón de dólares. Cuando su padre le pregunta por qué debería pagar tanto, Calvin le responde que seis años antes ni tan siquiera conseguía fijar la mirada. Que, por tanto, el garabato era valiosísimo (económicamente hablando), pues era el resultado de toda una vida de esfuerzo y aprendizaje.
¿Quién tenia razón?

Antonio Pérez Morte -

¡Es practicamente imposible!
El artista que repite y repite va, también, contra la esencia misma del arte.
Abrazos!

Sergio del Molino -

Cierto todo ello, Antonio. Por eso, pretender encerrar la creación en una fórmula o en un "método" (recuerdo una asignatura llamada "métodos de creatividad" que era una contradicción en los términos) es estéril. Por fortuna, todavía no sabemos producir arte en serie.

Antonio Pérez Morte -

El esfuerzo, por sí sólo, es ciertamente, un parámetro nulo para valorar el resultado de cualquier obra de carácter artístico.

No quiero decir con esto, que éste no sea necesario para poder llevarla a cabo satisfactoriamente.

Esfuerzo físico o intelectual o ambos al mismo tiempo, suelen ser, casi siempre imprescindibles. Sin embargo ese esfuerzo debe ir acompañado de algo mucho más importante: Conocimiento del área artistica sobre la que se desea experimentar o incidir y, sobre todo, buenas aptitudes, estilo personal...

Yo, imagino que como Sergio,
he escrito buenos textos en muy poco tiempo y he invertido horas en otros que han acabado en la papelera.

Los factores ambientales y sobre todo emocionales, también pueden jugar un papel primordial en la realización de las tareas creativas.

Sergio del Molino -

Yo no estoy hablando de eso, sólo decía que el esfuerzo es un parámetro inútil, por si solo, para valorar el lado "artístico" de una creación. Y el postulado punk lo que viene a decir es que, si tienes algo que decir, lo digas, sin preocuparte de si los gurús o los grandes sacerdotes de la cosa artística te acepten en su secta o no. Creo dos cosas contradictorias: que el arte es demasiado serio para dejarlo en manos de los artistas, y que, a la vez, es absolutamente prescindible, que podemos vivir sin él, que, de hecho, millones de personas viven sin él y no son por ello menos felices. Pero también millones de personas, cuando necesitan expresar algo que no saben manifestar con un discurso o con su lenguaje cotidiano, porque es tan complicado o doloroso que se resiste a ser codificado, se inventan cauces para sacarlo de sí mismos. Y no necesitan pasar por escuelas ni formarse en universidades: de ahí sale el flamenco, de ahí sale el jazz, por ejemplo.

Anakrix -

Sí y no, Sergio. Porque estoy de acuerdo con lo que dices, pero tu argumento llevado al extremo podría justificar ese postulado punk según el cual toda forma de expresión es artística. Y ahí discrepo. No creo que haya unas reglas claras que definan qué es arte y qué no. No depende del esfuerzo realizado, ni de la habilidad del autor, pero tampoco de la voluntad de éste de que la suya sea una creación artística. Hay algo intangible, un toque misterioso y mágico en determinadas obras que las elevan por encima del resto y las convierte en arte. Todos los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos la necesidad de expresarnos, pero no todos, ni mucho menos, somos artistas.
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