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El Blog de Sergio del Molino

SEXO EN ZARAGOZA

SEXO EN ZARAGOZA

Zaragoza no es Nueva York (está más limpia y el asfalto de las calles no está levantado), ni yo soy la protagonista de Sexo en Nueva York, Carrie Bradshaw (más quisiera ella tener un vello corporal tan brioso como el mío y una elegancia en el andar como la que yo gasto), pero como mi compañera de fatigas laborales, y con la que comparto más horas que con cualquier otra persona del mundo, es fan de la serie, me he intoxicado de ese universo de bolsos de Prada, zapatos Manolos y brokers apuestos que te invitan a un combinado en el local más fashion entre la Tercera y la Cuarta. Por eso, hoy me siento como la exitosa y adorable Bradshaw que, fatigada de andar bajo las estrellas sin encontrar un taxi libre en todo el Downtown (¿será posible?, ¿para eso bombardeamos Hiroshima?), se encierra en su apartamento, abre la ventana para que la cortina ondee al suave son de la brisa, se recuesta en camisón (de Gucci) sobre la cama, en postura anatómicamente imposible, pero altamente seductora, y escribe en su portátil las reflexiones que los últimos acontecimientos de su desenfrenada y loca vida le han suscitado. ¿Qué pasa, que no os lo creéis? ¿No puede una mujer como yo, joven, soltera, de elevados ingresos y mucho tiempo libre, sofisticada, heterosexual y altamente atractiva ser inteligente al mismo tiempo? Cuánto machismo, por dios. Me asquea esto: ahora mismo le enviaré un mail a mi amigo gay afroamericano descendiente de los Sioux para dejar constancia de mi indignado estupor. Suerte tendréis si no os monto un pleito, trogloditas insensibles. Pero, antes, dejaré plasmadas mis interesantes reflexiones, que el guionista de la serie las está esperando.

Estaría bien, ¿verdad? Desgraciadamente, no soy Carrie Bradshaw y mis reflexiones no son tan interesantes ni versan sobre las relaciones humanas. Sólo puedo aspirar a copiarle el estilo, no la esencia. Mis dos frustraciones en la vida son que soy un frívolo demasiado serio y un vago demasiado trabajador. Pero no descarto que un golpe de suerte (la Primitiva, el Euromillón) permita aflorar mi verdadera naturaleza. Carrie Bradshaw, a diferencia de lo que haría yo, empezaría sus textos con alguna de estas preguntas: "¿Es la soltería el nuevo dogma moral?" "¿Por qué las mujeres inmensamente atractivas nos fijamos en hombres sexualmente hiperactivos?" "¿Desarrollará la ciencia alguna vez mujeres con dos vaginas y, en el futuro, usaremos una u otra en función de nuestro estado de ánimo?" "¿Cuántos zapatos he de comprar para superar mi fracaso sentimental?" "Es más, ¿no seremos las solteras unas fracasadas sentimentales que revertimos el fracaso para convertirlo en éxito social?" "¿Si un hombre te propone acostarte con él en la décima cita antes de invitarte a un combinado, está insinuando que te prostituyes o es que tus pantys no combinan con tu rimmel?".

Mi mundo es menos rico, y hoy, de resaca laboral (¿existen las resacas laborales?) después de una semanita intensa, sólo soy capaz de preguntarme: ¿Seremos los españoles adictos a las efemérides? Hablo del 23-F, que es la que me acaba de tocar. Por cierto, aprovecho para hacer propaganda: mañana domingo, Heraldo saca un número especial de Heraldo Domingo que nos hemos currado Victoria Martínez y un servidor sobre los 25 años del 23-F. No es porque lo hayamos hecho nosotros, pero ha quedado muy chulo, de verdad. A lo que iba: ¿somos adictos a las efemérides? Cada vez más, los medios dedican más espacio a todo tipo de celebraciones. Javier Marías hablaba hace poco de esta fiebre de centenarios y aniversarios que nos satura a todos un poco. Y es verdad que no hay día que no se celebren los 324 años de la toma de Alpedrete por los almogáveres o hecho similar. Y yo, como Carrie Bradshaw, antes de volver a mi vulgar ser, me pregunto: ¿no se deberá todo esto a que nuestro tiempo, tan democrático, tan parco en emociones, tan prosaico, nos parece un plomazo y echamos de menos el hambre, el frío, las batallas y los miedos de nuestros mayores? Son extrañas nostalgias, la verdad, pero sintomáticas. No sé de qué, eso que lo averigüen los sabios, pero son sintomáticas de algo.

Ahora que recuerdo, la ex ministra del PP Ana Palacio sufrió un cáncer y escribió y habló largo y tendido de su lucha y superación de la enfermedad, y una de las cosas que dijo me estremeció. Era algo así como (cito de memoria): "En los tiempos actuales y en un país desarrollado, donde no hay persecución política, donde no te van a meter en un campo de concentración ni hay perspectivas de que, como sociedad, vayamos a vivir un trauma colectivo parecido al Holocausto, vivir una enfermedad que te mantenga al filo de la muerte es la única forma de experimentar al límite, de probar hasta dónde llega la resistencia humana, de tener una vivencia trascendental". Lo decía como algo positivo, como una oportunidad maravillosa que le había dado la divina providencia. ¿Quién puede ser tan masoca? Me pareció horrible, la verdad. No considero nada positivo el sufrimiento. Personalmente, no tengo nada por lo que redimirme. Guárdense los cilicios, por favor. La desesperación de Pavese la quiero sólo en los libros, no en mi vida. ¿Será algo parecido a lo que dijo Ana Palacio lo que nos insta a mirar al pasado con tanta insistencia? ¿La falta de sufrimiento nos hace aburridos?

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13 comentarios

Chelita -

¡Qué alegría me ha dado que te hayas acordado del bueno de Tommy Bolin! Este chico, que podría haber sido una de las grandes estrellas del rock de los setenta si no fuera por su timidez patológica y su estúpida y joven muerte a causa de una sobredosis (que sí, que está muy bien eso de vivir al límite, pero así no hay quien disfrute de más muestras de vuestro arte) suele asociarse sólo a una época concreta de Deep Purple, como si sólo hubiera sido un simple músico de acompañamiento. Pero daba para más, para mucho más. Oye si no los dos LP que sacó en solitario: Teaser y Private Eyes. Rock del bueno llena de excelentes melodías. Recuerdo ver en mi infancia la portada del Teaser en la colección de vinilos de mi padre, y lo curioso que me resultaba ese chico o chica (tenía dudas sobre su género) algo andrógino y de exótico aspecto (explicación: era hijo de padre escandinavo y madre siria).

Sergio del Molino -

La lucidez del beodo, jeje. Me uno a los fastos del Maestro de las Pupas, aunque los Metallica de ahora me dan bastante grimilla. También se cumplen 20 años de la muerte del guitarrista Tommy Bolin y la disolución temporal (cadáver obliga) de Deep Purple. Cualquier día hace 30 años de algo que pasó hace 30 años. De todas formas, de la guerra civil habrá que hablar largo y tendido (me temo).

Javivi -

Post Data: Hay que ver qué cosas suelto un domingo a las 3 y media, bastante cocido, la verdad. Pero lo que ayer dije mediopedo, lo ratifico hoy resacoso: hay casos y casos. Pero siempre dependen de gobiernos y administraciones, y de su gestión de las políticas hacia el pasado (que cuando es reciente, suelen llamarse políticas de la memoria). La conmemoración del 92 me pareció repugnante y la del Quijote, abusiva, por citar de memoria dos casos. Este año tocan Picasso, Mozart, la Segunda República y la Guerra Civil. Extraño batiburrillo homenajeador. ¿Servirá esto para que se escuche más a Mozart? No creo: yo este año conmemoro (porque sí) los 20 años del "Master of puppets" de Metallica; pero creo que si se conmemorase oficialmente tamaño acontecimiento, ese disco lo escucharíamos los mismos. Sobre la Guerra Civil, sin embargo, creo que las cosas van a ser diferentes: en un país que no ha homenajeado nunca a las y los vencidos (de la guerra y de la "paz"), que no ha construido una memoria antifascista, que no ha buscado utilidad alguna (más bien al contrario) para ese pasado y que, en consecuencia, no ha articulado políticas de la memoria, creo que nos vendrá bien un baño de recuerdos. Ahora, también es verdad que, como decía ayer, se puede embotar la empatía. Pero eso no depende de la efeméride en sí. Depende de cómo se gestione.

Javivi -

¿Que qué opino de la cultura de la efeméride? Por un lado, me da asquito: tanta correción política y tanta omnipresencia (de la eféméride, cualesquiera que sea) acaba siempre embotando la empatía, por saturación. Por el otro, creo que hay que hacer distinciones. No es lo mismo conmemorar el Quijote, el Genocidio en América (1992) o el antifascismo, aunque sólo sea por sus influencias en el presente. La cultura de la efeméride está fuertemente ligada a lo que se "decide" que se "debe" conmemorar. Ojalá que, si para algo debe servir (que no lo tengo muy claro), sea para reivindicar los valores de la resistencia y el antitotalitarismo. Ojalá

Sergio del Molino -

jajajajaja. También el analfranil y esos 'space cake' que venden en algunas tiendas holandesas y que, por supuesto, nunca hemos probado. Yo hablo de oídas. Por cierto, Javivi, como experto que eres, me interesa mucho qué opinas de la cultura de la efeméride.

Javivi -

Sergio, hay un término medio entre el cilicio y el Prozac. Se llama Lexatin.
Perdon... es que los ciclotímicos somos impredecibles.

Sergio del Molino -

Por cierto, Cide, a lo mejor es mi impresión, pero te noto un pelín enfadado en tus últimos comentarios. Espero que no estés molesto por nada, de verdad, que aquí hablamos por hablar. Aunque a veces yo mismo pueda parecer cortante o demasiado agresivo, se debe a que me dejo llevar o a que lo busco, es mi tono.

Sergio del Molino -

Quizá estoy interpretando mucho lo que dijo Ana Palacio, no lo voy a negar, pero lo comento desde la sensación que me produjo, desde mi lectura personal, que puede estar muy equivocada. Yo no sé valorar las actitudes en "positivas" o "negativas". No sé de cosas "buenas" o "malas". Todo esto venía a propósito del vicio por las efemérides, y yo me sigo preguntando: ¿somos una sociedad aburrida que echa de menos antiguas penurias? ¿Algo íntimo y aventurero se rebela en nosotros y lo sacamos a relucir cuando, desgraciadamente, nos toca sufrir algo como una grave enfermedad?

Anakrix -

A ver, nadie está diciendo que sea bueno pasar por una enfermedad gravísima. Pero en caso de que te toque, me parece que la mejor actitud es intentar sacarle el lado positivo. Descubrir tus propios límites, tu capacidad de superación... y eso sí puede ser bueno

Sergio del Molino -

Entonces, ¿prescribirías dosis de sufrimiento para llegar a ser feliz? Soy penoso dando consejos, no me los aplico ni a mí, pero tengo una brumosa idea de cómo quiero vivir mi propia vida, y no quiero superar ninguna prueba ni atravesar oscuros valles para llegar a cimas soleadas como recompensa. No creo en paraísos ni infiernos terrenales. No creo en que "no hay mal que por bien no venga", sino en que todo es mucho más etéreo y que las moralejas las gastó todas Samaniego sin dejarnos ni una sola a los que vinimos después. Cada cual encuentra (o no) su forma de estar más o menos cómodo, pero rehuyo totalmente hablar de conceptos absolutos como "felicidad". ¿Es que la vida tiene algún objetivo aparte de la propia vida? Desconfío por sistema de las grandes enseñanzas y de los Saulos de Tarso que ven todo con claridad después de que la vida les somete a una dura prueba. Tampoco quiero una utopía como la de Huxley, pero algún término medio habrá entre el cilicio y el subidón de Prozac permanente.

Cide -

las televisiones tienen una función que deberíamos usar más a menudo. Se llama Power Off y se activa dándole al botón "Power" cuando la tele está encendida. A menudo accionar la función "Power off" proporciona una sensación de alivio, de "¿y ahora qué?", de ver la vida de otro modo, en fin, que a veces es mejor activar la función "Power off" que fumarse cinco canutos seguidos, echar 3 polvos en una tarde, o ver al Real Zaragoza meter 6 goles.

De lo que dice la ministra Ana Palacio, sólo puedo aportar que estoy de acuerdo. Cualquier psicólogo te dirá que después de una depresión es más fácil llegar a ser más feliz de lo que se ha sido antes de tenerla.

Carrie Bradshaw -

¿Habrán llegado los tiempos en los que el amor es como esa cosa amorfa y rancia que guardo en la nevera desde 1967? ¿Deberé dejar de preguntarme paletadas de Wisconsin algún día? ¿Será Ana Obregón mejor actriz que yo?

Anakrix -

“Sexo en Nueva York”… la verdad es que flipo un poco con el exitazo de esta serie. Hay días en que me entretiene. Me gusta ver los modelitos de las protagonistas, me hacen gracia sus conversaciones de amigas… pero en pequeñas dosis. He comprobado que cuando veo más de un capítulo seguido acabo harta de sus frivolidades y su superficialidad. Y, sobre todo, hay una cosa que no soporto: venden la serie como el retrato de la azarosa vida sexual de cuatro tías liberadas y tremendamente desinhibidas, pero, en realidad, es la típica y tópica historia de cuatro mujeres que buscan a su príncipe azul. Y me cabrea porque, en el fondo, lo que “Sexo en Nueva York” refleja es que todas las mujeres somos unas cursis románticas que buscamos un maridín que nos cuide y nos quiera. Eso no es ni bueno ni malo –allá cada cual con su vida- , pero afortunadamente esa es sólo una de las muchas opciones vitales que las mujeres podemos elegir. Cada una somos un mundo, demonios, a ver si los guionistas se enteran…
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