Blogia
El Blog de Sergio del Molino

CAFÉ NOSTALGIA

CAFÉ NOSTALGIA

Dice Steiner que lo que diferencia a la cultura europea -no occidental, europea-, su seña de distinción más acusada, lo que la hace inconfundible, es que se ha desarrollado al calor del café. No en torno a bares ni a restaurantes ni a pubs, sino en torno a los cafés. ¿Sabía esto el pobre soldado imperial que, exhausto tras una batalla contra el turco, regresó a Viena con un par de sacos llenos de bolitas negras? ¿Lo sabía cuando decidió ponerse detrás de un mostrador y preparar esas bolitas negras como había visto hacer a los infieles, inaugurando así, en el siglo XVI, el primer café de Europa? Cuánta responsabilidad sobre sus germanas espaldas. A veces pienso que, si muchos innovadores pudieran atisbar, siquiera por una ranura de un milímetro, las consecuencias de sus ocurrencias, se quedarían paralizados por el terror, abrumados por el peso de la historia. Quizá enloquecerían.

Pero imagino que el soldado se pudrió bajo tierra con tranquilidad de espíritu, sin calibrar lo que había hecho. El café, eje de la cultura europea. Hasta hace poco, hasta que llegó internet y el mundo digital, añadiría yo. A no ser que nos pongamos tremendistas y digamos que la cultura europea ha desaparecido ya, convertida en un mausoleo polvoriento y marmóreo del que nada nuevo puede salir ya. Uy, no abramos esa espita. Cafés, vayamos a los cafés.

Steiner diferencia el café del pub británico, cuya finalidad es más etílica y social que cultural, y del bar americano, que considera heredero del pub y donde las bebidas fuertes y el erotismo ambiente impiden entablar debate alguno. Tampoco tiene nada que ver el café europeo con los fumaderos orientales ni, por supuesto, con las teterías árabes. En los cafés de han planeado revoluciones, se han escrito novelas inigualables, se han librado atronadoras batallas verbales entre las más insignes cabezas del continente y se han inspirado los mejores poetas. Ninguna academia, ateneo, revista o universidad puede ni tan siquiera soñar con igualarse a los cafés en lo que a catalizador cultural se refiere.

Apenas quedan cafés. Ya no hay sitios donde puedas pasarte la tarde entera leyendo por el precio de un cortado sin que te sientas obligado a gastar más. Hay bares, hay cafeterías, incluso cafeterías que se llaman cafés, pero cafés-cafés quedan pocos. Y los pocos que quedan parecen empeñados en suprimir la conversación. No sé cómo estará la cosa en Madrid porque estoy descolgadísimo desde hace tiempo, pero, en Zaragoza, hilos musicales no solicitados van subiendo el volumen conforme avanza la tarde, invitando a lectores y apuntadores de cuadernos a guardar sus apéndices literarios. Pantallones enormes proyectan vídeos de la MTV en el Boticario, donde suelo ir a desayunar, y con el mal cuerpo que suelo tener yo por las mañanas, tanta coreografía aeróbica acaba por marearme. La sobremesa puede ser estupenda en el Babel si no hay mucho barullo y el chupito donde te sirven la grappa -la mejor de Zaragoza, aunque cuando el camarero es nuevo, no suele saber qué coño le estás pidiendo- está suficientemente frío. La Factoría es, oficialmente, el bar de trabajo y de las entrevistas, y seguro que mi grabadora ha registrado un montón de psicofonías de parroquianos que ya murieron, mezcladas con la cháchara de los vivos. A medio camino entre el café y el bar de copas, el Vinilo es un refugio maravilloso para esas noches en las que se nos suelta la lengua y acabamos contando esos secretillos que nunca creimos que fuéramos a decir en voz alta. Mateo, su dueño, ha sabido crear un garito que roza la perfección y del que yo soy fan, casi tanto como de ese tequila reposado que se hace traer de México y que sólo se atreve a servir de vez en cuando, cuando tiene algo que celebrar o sus sobrinos han hecho alguna de las suyas.

Bueno, a lo mejor, las cosas no están tan mal. Mientras haya cafés o remedos de cafés, seré capaz de mantener a raya mi misantropía.

Foto: Café de noche, de Van Gogh (1888).

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

3 comentarios

Jessica Acuña -

Sergio, por acá los cafés son bastante de moda. En el Paseo de la cultura hay uno más piola, pero hay la costumbre más de la conversa que de la creación misma o la lectura en ellos.

Sergio del Molino -

Según la hora del día que sea, un buen carajillo. La tortilla del Levante tampoco está nada mal. Antonio, cuando quieras, tienes mi mail, y en Heraldo estoy fácilmente localizable casi todo el día. Abrazos.

Antonio -

A ver cuando me "escapo"
y nos tomamos uno, bien cargado, en el Levante, que tampoco queda lejos...
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres