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El Blog de Sergio del Molino

POESÍA, GULAGS Y BRILLANTEZ

POESÍA, GULAGS Y BRILLANTEZ

Tuve una vez un profesor -eminente semiólogo, amante de las boutades, con una frivolidad un tanto pasada de rosca y una fallida pretensión dandy- que, mientras se burlaba de nuestras mediocres capacidades intelectuales con chistes no siempre ingeniosos, decía: "Un mal entendido humanismo democrático permite que mucha gente diga impunemente que no le gusta la poesía, cuando, en circunstancias normales, deberían estar recluidas en campos de concentración". Hablando de campos de concentración, cuando mis amigos y yo imaginábamos una futura República Ibérica Socialista Soviética, no tardamos en percatarnos de que íbamos a necesitar un gulag. La duda era dónde instalarlo: Soria se nos antojaba un sitio ideal para nuestros campos de reeducación, aunque otros prefirieran el norte de Palencia. Teruel tenía el inconveniente de estar cerca del mar y posibilitar la huída, por eso lo desechamos.

Pero el asunto era la poesía y los campos de concentración. Puestos a decir sandeces de pretendida profundidad (los mejores filósofos y escritores las han regurgitado por miles), Theodor Adorno dejó aquella de "después de Auschwitz no se puede escribir poesía".

Yo creo que, a poco que se escuche, asoma en cualquier rincón una chispa, un brote de genialidad que bien pudiera tener el mismo origen que esa imagen que se forma en la mente del poeta un instante antes de convertirse en verso. Por la calle pueden escucharse verdaderos monumentos literarios, dislocaciones de la lógica y planteamientos asombrosos no por involuntarios y accidentales menos maravillosos. Mirad, si no, el absurdo diálogo que "capturé" el otro día:

-Entonces, ¿las dos francesas...?
-No, que no son dos. Es una, pero es igual de fea que la otra.

En una línea, ni se imagina el autor los derroteros fantásticos por los que se está adentrando. Cortázar habría escrito un cuento maravilloso con las dos francesas que son una pero igual a sí misma.

Lástima que la genialidad no esté tan bien repartida cuando se le pone un corsé de profesionalidad y se vende en forma de libros, películas u obras de teatro. Por ejemplo, en el caso del actor Santiago Meléndez, cuya obra, Lo mejor de cada casa, he ido a ver hoy. La interpretación, genial, como siempre: muy por encima de unos monólogos más que flojos en algunos casos, aceptables en unos pocos y francamente malos en el resto. Meléndez es una bestia escénica, pero ni su ímpetu logra levantar unos textos que creo que ha escrito él mismo. No se puede ser bueno en todo, Meléndez. La genialidad se reparte de manera desigual en los propios genios, y a veces, por más que vayas en su busca, se te escurre de entre los dedos. Sin embargo, hay gente, como el chaval de la frase de antes, que tiene en sus manos el germen de una buena idea y lo desecha como a esa pobre chica francesa, demasiado fea como para que su dualidad compense el esfuerzo de seducirla.

Foto: Santiago Meléndez, en la serie Motivos personales.

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16 comentarios

Sergio del Molino -

Quizá, pero yo en esa no recuerdo haber tomado parte. Por mí, donde esté un buen bar, que se quite la calle.

Antonio -

¿Sería \"la batalla del botellón\" lo que rondaba en mi cabeza, cuando escribí los comentarios anteriores?

Antonio -

Estoy empezando a desvariar: ¡He confundido batallas y botellas!

Antonio -

¡Todas las "batallas" son absurdas!

Antonio -

¡Todas las botellas son absurdas!

Sergio del Molino -

Entonces, los campos de Soria serán testigos de una batalla absurda.

Antonio Pérez Morte -

¡Hasta que nos rebelemos los hijos tarados del franquismo!

Sergio del Molino -

Esos somos los peores, jeje... Los niños mimados de las libertades y la abundancia. Somos los protas de La naranja mecánica.

Antonio Pérez Morte -

¡Jo, que intransigencia y crueldad la tuya!
¡Y eso que naciste en democracia!

Sergio del Molino -

Sí, hombre, ¿desde cuándo los presos eligen su gulag? ¿Esto qué es, represión self-service? A Soria, se ha dicho, a trabajar en el duro frío mientras, para mermar la moral de los penados, suena por unos altavoces "Campos de Castilla" versión reggeaton rapeada por la última revelación de las discotecas panameñas.

Antonio Pérez Morte -

¡Sólo la idea me empalaga!
¡Mejor nos montamos "el gulag" en otro sitio!

Sergio del Molino -

... y si no dais muestras de creer en ello sin hacer preguntas, iréis todos al gulag de Soria, a fabricar mantequilla en trabajos forzados.

Sergio del Molino -

Algo así, pero tampoco seas hereje y vayas a buscarle explicación a la santísima dualidad. Es un dogma, te lo crees o no.

Antonio Pérez Morte -

A ver si me aclaro: Las francesas es una, que es dos,
pero que está en cada una de las dos por completo ¿no?
Osea como San Agustín y...
San... tiago (Meléndez) es uno que no puede ser dos,
porque da la talla como actor, + no como autor.
¿Sí?

Sergio del Molino -

Elemental, querido Rondabandarra, pero si nos ponemos a explicar, los absurdos pierden su gracia. Yo prefiero imaginarme a la francesa de dos cabezas.

Rondabandarra -

Se me ocurre una explicación que quizá insuflaría algo de lógica en el diálogo de besugos ese:

- Entonces, ¿las dos (son) francesas?
- No, que no son (las) dos. Es una (la otra será de otra nacionalidad), pero es igual de fea que la otra.

Peut être comme ça?
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