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El Blog de Sergio del Molino

SANTAOLALLA, EL PHIL SPECTOR DEL SUR

SANTAOLALLA, EL PHIL SPECTOR DEL SUR

El año pasado, Jorge Drexler, y este, Gustavo Santaolalla (Buenos Aires, 1952), Oscar a la mejor banda sonora por Brokeback Mountain. Algo le pasa a Hollywood con Latinoamérica. Parece que está de moda. Drexler me dio un poco igual, con la pantomima esa que se montó con Antonio Banderas y la ofensa y el "maltrato" que dijo sentir el uruguayo al no poder interpretar su canción en la ceremonia (ya quisieran muchos ser maltratados con un Oscar: mientras no te den con él en la base de la nuca...). Sin embargo, Santaolalla no sólo me cae muy bien -su holograma mediático, al menos, ya que en persona no tengo el gusto-, sino que me parece un músico como la copa de un pino y una de las mejores cosas que le han podido pasar a la cultura latinoamericana en los últimos años.

Le vi en Buenos Aires, en un pedazo de concierto en una sala del barrio de San Telmo. En su ciudad, rodeado de amigos, en su salsa, con su música y (creo) su proyecto más querido: Bajofondo Tangoclub. Tango electrónico, según la etiqueta. "Un paisaje sónico de la vida en un impredecible y simultáneo estado de peligro, tristeza, bronca y amor", según el porteño verbo de Enrique Lopetegui. Una música cojonuda, según mi limitada capacidad expresiva. Porque, para mí, como para Frank Zappa, sólo hay dos clases de música: la que me gusta y la que no. Y Santaolalla, cuando se pone a componer, me gusta.

Pero me gusta sólo cuando se pone a componer o a tocar con sus amigos, porque en su faceta de productor y promotor de bandas no siempre me ha tocado las fibras. Santaolalla está detrás del éxito, por ejemplo, de Juanes (que no me gusta, por si hay dudas), Café Tacuba (que sí me gustan) o Molotov (que pueden llegar a ser muy irritantes). Él es al ’boom’ musical latinoamericano lo que Carlos Barral fue para el ’boom’ literario de hace cuarenta años: el ángel bueno en la sombra, el sabio titiritero. El Phil Spector de América Latina.

Ahora vive en Estados Unidos, pero su corazón está en Buenos Aires. Pionero del rock argentino a finales de los 60, con grupos como Arco Iris, Santaolalla tiene alma de milonga y arrastra la sempiterna nostalgia del exiliado argentino. Por eso se puso detrás de Bajofondo Tangoclub, un proyecto nada comercial, la cara opuesta a Juanes o Molotov. Bajofondo es un grupo cambiante y ecléctico que busca, desde las formas musicales más modernas, aprehender el aroma del viejo tango de facón y gomina. Para los puristas del género son unos herejes, pero para los demás, su herejía es un valor añadido y la celebramos. Del útero polimorfo y abierto de Bajofondo ha salido, ni más ni menos que Cristóbal Repetto, que reinventa en CD el sonido de los viejos gramófonos y eriza el vello con sus viejos versos pasados por el tamiz canalla de su garganta.

Otras obras maravillosas del gran Santaolalla han sido las bandas sonoras de Amores perros y 21 gramos. Ninguna de las dos películas se entendería sin esos acordes mínimos, intensos y angustiosos que compuso para la sinfonía audiovisual de Iñárritu. Esos dos trabajos, y el de Brokeback Mountain, le están afianzando como compositor cinematográfico, siguiendo la estela de Henri Mancini y Ennio Morricone. El cine ha dado grandes músicos, pero hoy podemos decir que el cine está recibiendo a un grande que, como los buenos cocineros, sabe mejorar cualquier receta fílmica con sus secretos "sónicos": Gustavo Santaolalla.

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5 comentarios

enrique lopetegui -

Loco, soy porteño, pero del puerto de Montevideo. Mi esposa es argentina y todo bien con los argentos, pero soy uruguayo. Muy bueno el blog.

mario -

Ver a Repetto en uno de sus conciertos es una de las experiencias mas saludables para el alma. Un viaje

Anakrix -

Sí, unos 3.761.724 km cuadrados... je, je. Es broma. Argentina no sé, que no me la conozco toda, pero Buenas Aires es la leche...

Cide -

¡qué grande es Argentina!

Anakrix -

Y qué lástima que casi nadie se enterara de que Repetto tocó en Zaragoza en noviembre pasado!!! Ese hombre hace magia con la garganta. Escuchar sus tangos es como oír una vieja gramola. Pero no hay trampa ni cartón, es sólo su increíble voz la que consigue ese efecto desgarrado, de disco viejo y gastado. Reppeto, cantando solo, es un fenómeno. Pero la mezcla con el neotango de Bajofondo aún es más impresionante. Con su ayuda, Santaolalla une lo más clásico del tango con los sonido más vanguardistas y consigue un efecto alucinante. Ojalá que el Oscar sirva para que sus trabajo crucen el charco y sea más fácil ver por aquí a los chicos de Bajofondo.
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