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El Blog de Sergio del Molino

LAS BATALLITAS DEL ABUELO (3)

LAS BATALLITAS DEL ABUELO (3)

Esta entrevista al poeta Luis García Montero fue publicada en enero de 2004 y responde a una larga conversación en el café de un hotel. En el horizonte, las elecciones del 14-M. Inmediatamente detrás, la guerra de Irak. Visto el protagonismo cultural que el abanderado de la poesía de la experiencia ha adquirido de un tiempo a esta parte, me ha parecido una buena ocasión para rescatar del olvido esta charla informal.

Luis García Montero: "Hay que hacer de la rebeldía un patrimonio de la gente normal"

No eleva la voz, pero sus palabras suenan claras al hilvanar un discurso sin medias tintas. Luis García Montero no pierde ni medio segundo en pensar unas respuestas que suenan extrañamente firmes en los labios de este poeta granadino, que no esconde su acento ni los restos de cierta timidez que la exposición mediática ha extinguido casi por completo. He aquí un brevísimo extracto de la conversación que mantuvo con DEDOMINGO.

Theodor Adorno escribió que después de Auschwitz ya no se podía volver a escribir poesía. Sin embargo, se ha escrito y mucha. ¿Qué lugar ocupa la poesía en estos tiempos bélicos?

Creo que tiene sentido y sería mal asunto que la mezquindad de los tiempos y el carácter bélico cortasen lo más profundo de la cultura y del ser humano que está representado, entre otras muchas cosas, por la poesía. Para mí, la poesía es una reivindicación de la conciencia individual. Escribir poesía no es unir palabras raras: la profundidad del género siempre ha sido una reflexión sobre lo que significa el individuo, la historia, la sociedad... y, sobre todo, una reivindicación de la conciencia individual. La poesía contemporánea, por una parte, se enfrenta a la homologación con las corrientes de opinión y a las modas para reivindicar la mirada del individuo sobre la sociedad y, por otro lado, reivindica la individualidad como diálogo, como vínculo o compromiso con la sociedad. Por eso creo que es muy necesaria la poesía en un tiempo mezquino como este.

En ese sentido, ¿usted cree que una palabra tan manida como ‘compromiso’ sigue teniendo vigencia en esta concepción individualista de la literatura?

Creo que tiene cabida. A mí siempre me gusta aclarar una cosa. Creo que la utilidad de la poesía empieza en el placer que nos da a los lectores de poesía. Yo me dedico a la poesía porque me emociona y porque parte de lo que he vivido y he aprendido lo he hecho con un libro de poemas en la mano. A partir de ahí, partiendo del placer que me da una buena poesía, como el placer que me da una buena novela o una buena copa de güisqui y una buena conversación con un amigo, sí me gusta buscarle un significado ideológico a la poesía. Por eso hablo de reivindicación de la conciencia individual, que me parece importantísima, porque estamos viviendo un momento de destrucción de los espacios públicos de diálogo entre la gente. El espacio público no sólo se destruye suprimiendo los lugares en los que se puede coincidir para hablar; también se suprime negando las conciencias individuales. El escritor debe reivindicar el pensamiento crítico como raíz última de la creación.

Hablando de pensamiento crítico, ¿qué le parece que algunos colegas suyos que han sido encuadrados en su misma escuela poética, como Luis Alberto de Cuenca o Jon Juaristi, hayan ocupado cargos públicos en las dos últimas legislaturas?

En primer lugar, sirve para recordar que el compromiso político no se da sólo en la izquierda, sino que también hay intelectuales comprometidos con la derecha. Hasta el punto de que creo que este Gobierno ha generado guardaespaldas mediáticos, más que periodistas o ensayistas, dispuestos a defender, en los medios que controlan, los intereses del Gobierno más allá de un análisis objetivo de su política. En el caso de Luis Alberto, no creo que haya tenido ninguna evolución política. Él siempre ha mantenido su pensamiento conservador y realmente su ámbito de actuación política se ha identificado desde siempre con lo que puede significar el PP. En el caso de Jon Juaristi creo que ha tenido un peso en su evolución el problema vasco. ETA y el terrorismo ha supuesto un impacto fuerte no sólo en la sociedad del País Vasco, sino en la forma de pensar de algunas de sus víctimas. Frente a la amenaza del terrorismo, Jon se ha ido sintiendo amparado por una postura como la del PP, que no es la mía, pero que yo procuro entender.

¿No cree que dentro de la poesía de la experiencia, con esa reivindicación del yo, puede existir una predisposición mayor que en otras propuestas a que surjan poetas de pensamiento más conservador?

Fíjese que considero muy peligroso identificar la reivindicación del yo con una determinada tendencia de pensamiento político. Creo que esa ha sido una de las trampas tradicionales de los análisis demasiado sociológicos de la izquierda. La individualidad es el lugar donde se plasma la historia. Yo concibo al individuo como un sujeto histórico. La manera que tenemos de concebir el amor, el erotismo o nuestra propia individualidad está marcada por la historia, porque nosotros no caemos de las nubes. Hay que tener cuidado muchas veces, porque la gente de izquierdas suele conceder al enemigo palabras que son decisivas para su propio proyecto, y una de esas palabras es la individualidad.

¿Puede entenderse el actual retroceso de la izquierda como un fracaso léxico?

Como un fracaso léxico, porque perder el lenguaje es perder el debate ideológico. La izquierda se ha avergonzado con mucha frecuencia de su propio pensamiento. Nosotros ahora hablamos de economía y parece que estamos ante una nueva religión que funciona con unas leyes, en este caso, científicas, e intentar darle una orientación social a la economía parece que es interrumpir, con buenas intenciones, ese engranaje científico de esa actividad.

Volvamos a la literatura. A muchos lectores les sonará a chino eso de la poesía de la experiencia...

Te confieso que a mí también me sonaba a chino. Es un término que no me merecía ninguna simpatía. Cuando empecé a escribir empleé el lema de “la otra sentimentalidad”, que es una frase de Antonio Machado, que veía la intimidad como una batalla ideológica. Pero me he acostumbrado a la poesía de la experiencia y he acabado cogiéndole cariño, porque se ha usado tantas veces como arma arrojadiza... Me confieso poeta de la experiencia de la misma forma que un alcohólico dice “yo soy alcohólico”. Algo debe tener ese término si ha creado tanta polémica. Por otra parte, creo que las discusiones poéticas están bien cuando por debajo hay un debate intelectual, estético. Y muchas veces, han tenido de todo, menos ese debate, convirtiéndose en guerras de vanidades. Y eso le hace mal favor a la poesía. Creo que en España se está escribiendo muy buena poesía, de muy buena calidad, y no se puede decir lo mismo de otros géneros...

¿Como la novela?

Pues mire, creo que la novela está muy por debajo de la poesía.

¿A pesar de Almudena Grandes?

Almudena Grandes me parece una excelente novelista, pero no son muy frecuentes los narradores que sean capaces de escribir bien y de crear un mundo narrativo.

Pero los poetas siguen firmando muy pocos autógrafos.

Es verdad, pero, además, tampoco hace falta que los firmen. Creo que la poesía no tiene un gran público: tiene lectores. Y las decisiones que tiene que tomar un poeta, tienen que ver con sus lectores. El peligro es que se crea que la calidad proviene de la soledad, la incomunicación, la falta de diálogo y los pocos lectores. Eso es mentira, porque, con esa concepción, la poesía acaba oliendo a cerrado. Poesías que han seguido el camino del ensimismamiento han acabado matando el género. En Francia y en Alemania, los poetas viven una situación penosa, sin ningún vínculo con los lectores. Y eso se debe a que triunfaron caminos de destrucción del lenguaje, de desconexión de la vida, de marginalidad, de desvinculación social...

Para zanjar la discusión de antes sobre el concepto de poesía de la experiencia: muchos críticos han negado el propio término, ya que toda poesía se construye a partir de experiencias.

Eso es como negar el concepto de Renacimiento porque todos los días renace el sol. Los términos adquieren consistencia cuando significan algo. Que toda poesía es experiencia es verdad, pero eso tiene muy poco que ver con la reflexión sobre poesía de la experiencia. El concepto me interesa porque alude a un debate ideológico que se produjo en España en los años 80. Tras un exceso de culturalismo absoluto, dominaba una determinada visión de la modernidad como fracaso: la modernidad había fracasado, el sujeto quedaba anclado a la Tierra y lo único que quedaba por hacer era estirar un poco más la crisis romántica del siglo XIX. Toda la mentalidad de la vanguardia no es más que una radicalización de la crisis del Romanticismo, que habla de las contradicciones de la sociedad, que renuncia a las grandes banderas y a las grandes ilusiones de la modernidad, como por ejemplo, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Pensaban que la sociedad era sólo egoísmo. En los 80 se abrió un debate en la posmodernidad progresista, que reivindicó las banderas que la propia modernidad había devorado. Era buscar una salida a los valores que habían fracasado en la crisis de la modernidad. Y en ese sentido, por ejemplo, hay una reflexión totalmente distinta sobre el lenguaje. Se reivindica el lenguaje como metáfora del contrato social. Otra de las grandes estupideces que ha cometido la izquierda ha sido la de creer que la rebeldía es propia de héroes. Si no hacemos de la rebeldía patrimonio de las personas normales, vamos fastidiados.

Pero quizá lo que falle sea la herramienta: es difícil comunicar a la gente estos presupuestos a través de algo tan inaccesible como la poesía.

Yo tengo claro que un minuto de un telediario tiene más repercusión que el mejor libro del mejor de los poetas. Por eso me parecen ridículos los que escriben poesía desde un púlpito, diciéndolo al lector lo que tiene que hacer. La poesía sólo es útil para los lectores de poesía. La aventura es ir ampliando el número de esos lectores y que su discurso llegue cada vez a más gente, pero no porque se rebaje, sino porque cada vez haya más gente preparada para leer poesía.

Hemos pasado por encima de debates y han quedado en el aire algunos asuntos que no han llegado a mencionarse explícitamente. No hemos hablado de los novísimos, el ‘lobby’ poético más poderoso de los años 70. ¿No hay nada aprovechable en ese legado, todavía vivo y activo?

Yo creo que la poesía española que se escribió en los 70 es bastante pobre. Los novísimos llegaron con petulancia, afirmando que la poesía estaba hundida y que no se había escrito nada bueno desde la Generación del 27 hasta que llegaron ellos. Creo que el proceso de enriquecimiento de la poesía española, más que en negar, se ha basado en recuperar todo lo que negaban los novísimos, que eran un último coletazo del franquismo. Las dictaduras entorpecen mucho la vida cultural de las sociedades y el franquismo provocó que, como no se podía hablar de política en los periódicos, se hablara de política en la poesía. Y hubo malísima poesía social, que generó una reacción que decía que todo el que hablara de la realidad, de Madrid o Valencia, en lugar de Versalles, estaba haciendo poesía de mala calidad.

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5 comentarios

Campanilla -

No sé por qué pero aunque tiene razón en muchas cosas, en él me suenan a hueco. Me recuerda demasiado al hombre que pone como ejemplo el profesor Kilroy en su "Ensayo sobre la honestidad intelectual" ("City", de Alessandro Baricco)

ENRIQUE -

Soy el que ha recomendado el libro. Me he olvidado de poner mi nombre. Lo pongo por si alguien quiere replicarme diciendo que es una bazofia de libro ;-) ¡Un abrazo!

Anónimo -

Para los que estén interesados en las reflexiones de García Montero acerca de la poesía, la otra sentimentalidad, la lectura progresista del discurso de la Modernidad y la Ilustración, etc., me permito recomendar su libro \"Aguas territoriales\" (Pre-Textos). De todas formas -vuelos poéticos a un lado-, lo mejor es, sin duda y como siempre, leer sus poemas.

Sergio del Molino -

Lo de Almudena Grandes fue una maliciosa trampa en la que le quise hacer caer, y que él fintó con elegancia. No sé si sabes, Cide, que Almudena es su esposa, por eso la mencioné.

Cide -

he descubierto hace poco a García Montero. Me gusta bastante.

Me resulta interesante la entrevista. Y a la vez me sorprende que hable de esa manera de Almudena Grandes como novelista. Resulta un poco triste comprobar son más leídos Almudena Grandes, Javier Marías, Dan Brown o Juan José Millás que Galdós, Miguel Delibes o Quevedo. En fin, cosas de la dictadura de la publicidad.
También es más oído Bisbal o las Ketchup que Leño o Javier Ruibal.
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