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El Blog de Sergio del Molino

CÓMIC Y POLÍTICA

CÓMIC Y POLÍTICA

Pese a la desaparición hace unos meses de El Víbora, el cómic español vive un buen momento. Siguiendo un proceso de concentración empresarial del que no se libra ni el tebeo, El Jueves se ha convertido no sólo en la decana, sino en prácticamente la única referencia comiquera de este país. Pese a quien pese, todo el que pinta o dibuja algo en este país -incluyendo algunos de los jóvenes zaragozanos de Malavida- acaba pasando por sus páginas. Hay relevo generacional, muchas firmas nuevas que se van incorporando al circuito y viejos tótems que se retiran a descansar. Entre las firmas punteras de los últimos años yo me quedo con Miguel Brieva, un sevillano que trastoca los códigos de la publicidad y utiliza los grandes iconos del siglo XX más allá del movimiento pop.´

Sí, el cómic español vive un buen momento, pero lo vive con discreción. O más bien, con normalidad, bien instalado y bien considerado por el mundo de la cultura "oficial". Pero no siempre fue así. Hubo momentos explosivos, como explosiva era la época que tenían como decorado. Momentos en los que todo estaba por hacer, las tinieblas que había dejado Franco tras de sí eran muy oscuras y todo el mundo parecía empeñado en utilizar su parcela creativa como herramienta del cambio. De aquellos mimbres tenemos estas cestas, y especialmente las cestas que hablan del pronunciado sesgo político del cómic español, rasgo que le distingue del europeo (cuando se habla de cómic europeo se habla en realidad de cómic belga y, en ocasiones, de cómic francés. El resto apenas cuenta). El tebeo de este país ha vivido hasta hace bien poquito a la sombra de quienes se hicieron un hueco en la Transición. Uno de ellos fue mi querido y admirado Carlos Giménez, autor de la imprescindible serie Paracuellos, pero que a mí me conquistó con España, una, grande y libre.

España, una, grande y libre se editó hace pocos años en un solo volumen, porque antes eran tres (España una, España grande y España libre), y recogían las historietas -a una tinta- que Giménez publicó en El Papus entre julio de 1976 y octubre de 1977. Poco más de un año en el que, semana a semana, el dibujante comentaba la convulsa actualidad política del país. Es, por tanto, el testimonio de una época, pero por encima de todo son historietas que se pueden leer y disfrutar hoy aunque algunas referencias resulten incomprensibles por lo circunstanciales que fueron y la visión del autor resulte a veces demasiado ingenua para el descreído lector actual, que no sabe de marxismos ni de revoluciones.

La violencia política, el franquismo ultra que se negaba a morir, la legalización de los partidos, la amnistía... Toda una época en unos pocos cientos de viñetas. Una época muy reciente que aparece terriblemente lejana. Tendría que escuchar muchas horas a Jiménez Losantos para reconocer en la España de hoy el país que aparece en esas páginas. Habla de una sociedad atemorizada, gris, apocada y amedrentada a la que le costaba mucho esfuerzo conservar la dignidad y tirar hacia adelante por la transición democrática. Pero, para un comiquero, España, una, grande y libre es, sobre todo, un gran ejemplo de cómo una obra ciscunstancial hecha al calor -a veces, abrasador- de las noticias del día puede llegar a convertirse en una obra duradera leída por otras generaciones.

Como es fácil suponer, la gente de El Papus molestaba. Hasta tal punto, que el grupo terrorista ultraderechista de la Triple A puso una bomba en su redacción de Barcelona que mató al portero del edificio. Los terroristas reivindicaron su proeza con esta líneas: "Que el hijo de puta de Echarri y su camarilla no se den por salvados, pues tienen, por parte de nuestra organización, una pena de muerte". Giménez escribió una historieta al respecto, titulada El hombre del teléfono, y al final incluyó este párrafo: "El autor de estas páginas (uno de los que forman la camarilla de Echarri) es consciente de lo que hace y de por qué lo hace y de lo que arriesga y, por supuesto, tiene miedo, pero como no le gusta vivir de rodillas, piensa seguir dibujando y opinando y... mira tú, algún día hemos de morirnos". Pese a los escépticos, me alegra saber que voy a vivir en un país donde los héroes ya no son necesarios. Si todo sale bien y lo de Euskadi no se agosta.

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5 comentarios

Sergio del Molino -

¡Manara! Lo tengo apuntado para hecer un post sobre ese monumento que dibujó llamado \"El clic\". El gran maestro del cómic erótico, sí señor.

Javivi -

PD. Y yo he mencionado el cómic italiano olvidando a Manara. De existir los Nobel del erotismo, se lo habrían concedido varias veces. Iré a ese templo-bar de Arturo Soria: me encantan los sitios ultra-fetichistas, como la Venta de Vargas, en San Fernando (Cádiz), empapelada con fotos de Camarón.

Anónimo -

PD: He mencionado Les Humanoides y no hablo ni de Tintín ni de Asterix, los personajes que hicieron grande al cómic en francés. Javivi, si te gusta Giménez, hay un bar en Madrid, en la calle Arturo Soria, a la altura del 240 y pico -perdona, pero no recuerdo el nombre, es que una amiga mía vivía justo ahí- que tiene las paredes llenas de dibujos originales de Giménez. Él vive por ahí cerca, es (o era) parroquiano y les ha regalado cientos de dibujos -espero que no fuera para pagar sus abultadas cuentas-. Salud.

Sergio del Molino -

Imperdonable mi omisión del cómic italiano, debido a mi tendencia a simplificar, es verdad, pero el \"hollywood\" del cómic europeo tradicionalmente ha sido el mundo francófono con editoriales como Les Humanoides.
Paracuellos y Los Profesionales son las dos obras mayores de Gimenez, pero España, una, grande y libre me gusta por lo que tiene de crónica apresurada y también porque muchos de sus guiones -los mejores, la verdad- los firma el llorado Ivá. Salud.

Javivi -

Giménez es una maravilla, aunque si en un caso extremo (del tipo muerte inminente o reclusión mayor perpetua) tuviese la posibilidad de releer un cómic español, séría sin duda no "España una..." sino la magistral serie de "Paracuellos". Otras obras suyas, como "Los Profesionales" (que a Sergio seguro que le encanta, por el tema periodístico) serían altares del cómic universal, si no fuese porque la sombra de Paracuellos, como la del ciprés y la de los gobernadores civiles, es alargada.
PS: me siento ofendido, como lector empedernido de cómic italiano, por tu menosprecio al cómic no-belga y no-francés. No sé cómo andarán las cosas en Bélgica, pero te aseguro que, en Italia, todos los meses llega a todos los kioscos de prensa una colección de diferentes series de cómic que ya la querrían para sí en París (y para nos en Zaragoza o Madrid). Un ejemplo: la serie "Dylan Dog" lleva acudiendo a la cita mensual con sus lectores-as casi 250 veces, con un cuidadísimo trabajo de guión, dibujo y entintado. Creo que hay pocos ejemplos parangonables en Europa.
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