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El Blog de Sergio del Molino

VOLARE, OOOOOH!

VOLARE, OOOOOH!

De vez en cuando -supongo que cada vez que pierden una maleta o pierden una conexión y se quedan ocho horas tirados en una terminal de las Islas Vírgenes-, los cotizados predicadores con jeta de los periódicos (por la fotito que suele acompañar sus textos, mucho más favorecedora que la que tengo yo aquí en el blog), también llamados columnistas, dedican su rincón a echar pestes de las compañías aéreas, del aeropuerto de Barajas o de lo feos que eran los azafatos que les han tocado en suerte. Y quedan bien. Es de buen tono. Todos pensamos: "Es verdad, cuánto hijo de puta volador hay por ahí suelto. ¡Con lo bien que se viajaba en diligencia o siendo porteado por diligentes chinos mientras disfrutábamos de nuestras pipas de opio!". Esta semana ha sido Carlos Ruíz Zafón en el Magazine de La Vanguardia, con un artículo titulado Air Merde.

Para caer bien en una reunión social hay que convenir en que volar es horrible: la gente en los aeropuertos es fea y habla demasiados idiomas, las compañías rompen y pierden maletas sistemáticamente, las azafatas son unas bordes asexuadas, los aparatos son cochambrosos y parece que buscan las turbulencias premeditadamente, las pelis que proyectan insultan gravemente la inteligencia y la comida es rancho de soldadesca, por más que en los sobrecitos del aceite ponga que la ha cocinado Ferran Adrià. Desde luego, no seré yo quien rompa una lanza en favor de corporaciones tan repugnantes como las líneas aéreas, pero a mí es que me gusta volar, aunque es un vicio que tengo que confesar en voz baja, para no parecer un degenerado.

Tengo amigos a los que les da miedo y, después de facturar, se drogan con pastillas para pasar el mal trago en un soportable colocón. Una amiga dice que los aeropuertos son lugares siniestros, como tanatorios del aire, y los aviones, ataúdes con alas. Si se te ocurre hacer un chiste sobre la peli Viven en esos momentos, el que puede acabar en un ataúd eres tú. Otro amigo siempre piensa que no va a sobrevivir al aterrizaje porque no se fía de un aparato que toca tierra a más de 300 kilómetros por hora. El corazón de Cris no vuelve a latir a ritmo normal hasta que no ve su maleta apareciendo en la cinta de equipajes, pues siempre piensa que se ha quedado tirada en algún charco de la pista.

Yo soy consciente de todo lo horrible que puede resultar volar. Lo único que llevo mal son las tediosas esperas. Un error en la reserva nos mantuvo unas seis horas tirados en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires y yo creía que me iba a comer los higadillos de algún azafato, pero, salvo imprevistos, disfruto de los viajes, lo que me convierte en un bicho raro. Si tengo que esperar en el aeropuerto, me parece estupendo: tiempo para leer. Y, si estoy en una terminal extranjera, tiempo para comprar mamarrachadas a los amigos. Luego, en el avión, se dirá lo que se quiera, pero plantarte en la otra punta del mundo en diez horas me parece una maravilla. Comer en Madrid y cenar en Nueva York me sigue pareciendo digno de asombro, qué quieren que les diga. Vamos, que tendrá sus cosas y sus miles de abusos, no digo que no, pero el hecho en sí de volar me encanta, lo disfruto.

¿Tengo remedio, doctor?

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14 comentarios

Sergio -

En eso estamos en lo mimo. En lo que discrepamos en es que yo no pienso que Rayuela sea una demostración de músculo, sino una obra profundamente vital y visceral.

Severiano Delgado -

En el fondo estamos en lo mismo. En las novelas tiene que haber vida, por lo tanto tiene que haber personajes, y a los personajes les tienen que pasar cosas. Sobre todo, el lector tiene que sentir que le están hablando de la vida.

Luego esas historias, esos personajes, esas vidas, podrán interesar más o menos. Como en el mundo real. Pero si el lector nota que todo eso que está ahí escrito es una mera demostración de músculo por parte del autor, para que todos veamos lo bien que escribe, entonces el libro se te cae de las manos.

Sergio del Molino -

Por supuesto, yo sólo quería decir que a mi me gustan las novelas por las historias que cuentan. Si los personajes me dejan fríos y no me interesan sus vidas, me importa un bledo el estilo. Es decir, que no soy como esos críticos a los que aludías.

Severiano Delgado -

Seguramente serán historias apasionantes. A cada uno le interesan las historias que le interesan. Pero ya te digo que me dormí antes de lograr interesarme por las historias de Horacio y compañía.

Sin acritú.

Sergio del Molino -

Y para mí la historia es fundamental. ¿Qué es lo que crees que me enamora de Rayuela? Horacio, Oliverira, Traveler, Talita... Sus historias. Eso es lo que me enamora.

Severiano Delgado -

El Ulises de Joyce es también una castaña, francamente. Es uno de esos libros que gustan mucho a los críticos porque \"rompe moldes\", \"abre nuevas vías\", \"interroga los límites de la escritura\", etc. Pero para el público normal es una castaña porque le da mucha más importancia al estilo que a la trama.

Hay novelistas que piensan que el truco de la buena escritura consiste en tener un estilo sublime, sin importar la historia que se supone estás contando. Por lo general estas obras son infumables, pero a los críticos les encantan y las ponen en los anaqueles del olimpo literario.

A mí me parece que en una buena novela la historia es fundamental. Hay que mantener la atención del lector, y para eso hace falta tener un estilo invisible: contar muy bien las cosas pero sin que se note lo mucho que dominas el idioma y las técnicas novelísticas.

Confieso que desde hace tiempo leo poca novela. No por nada en particular, sino por falta de tiempo. Leo otras cosas, libros de historia y tal. Pero me encantan, por ejemplo, las novelas de Georges Simenon. Donde esté el comisario Maigret, que se quite Ulisses, qué quieres que te diga.

Jean -

No me malinterpreteis... por supuesto a mí no me gustan todas los libros \"imprescindibles\"...

Sólo he querido dejar patente que eme apasiona Rayuela. Nada más.

Otro saludito a todos

Sergio del Molino -

No se es nunca un imbécil por detestar un libro considerado \"imprescindible\". Las obras de arte entran o no entran, y hay tantas sensibilidades como receptores de esas obras de arte. \"Si no te gusta tal, es que eres cual\" es una frase que odio. Aunque Unamuno hubiera dicho que le encantaba el Ulises, tú no tienes por qué sentirte imbécil por detestarlo.
Un saludo.

Cide -

a mí me encanta Rayuela, pero entiendo que alguien lo aborrezca. Es un libro que o te entra o no te entra.

Lo que sí he comprobado es que le gusta más a las chicas que a los chicos. Como el Opel Corsa, que lo compran más las chicas que los chicos.

Entre las \"obras maestras\" que he aborrecido está el Ulises de Joyce. Me parece horrible. Me calmó bastante leer lo que Unamuno opinaba de él, para entender que yo no era ningún imbécil por haber detestado el Ulises, \"ese libro imprescindible\"

Jean-R -

Pues yo no creo que sea normal que no te guste Rayuela.

En lo de los aviones, a mí me apasiona llegar a aeropuerto. ¡Esa sensación de hoy aquí y dentro de un rato allá me vuelve loca!

Será ese ansia de aventura y comerme la vida.

Sergio del Molino -

Con lo de Cortázar, absolutamente normal. Tengo comprobado que Rayuela produce dos tipos de sensaciones: o lo amas o lo detestas y te parece soporífero. Yo lo amo, pero entiendo perfectamente que a alguien le parezca un coñazo. Sin embargo, todavía no me he encontrado con nadie que diga que le deja indiferente o que lo lee sin más. Es un libro de reacciones extremas.

Severiano Delgado -

A mí me gusta volar, me gustan los aviones y me gustan los aeropuertos. La comida no me gusta pero me la como igual.
Con lo que no he podido es con Rayuela. Una vez intenté leerla y, cuando ya llevaba ciento y pico de páginas (en varias sesiones), me quedé dormido sin marcar la página. Recuperé el hilo y volví a intentarlo, pero me pasó lo mismo. Así que decidí hacer frente a la triste realidad y desde entonces, desde hace muchos años, digo sin rubor: \"Rayuela es una castaña.\" De Cortázar me gustan mucho los cuentos y las historias de cronopios y de famas, pero las novelas son un dechado de aburrimiento.
Me gustan los aviones y me aburren las novelas de Cortázar. ¿Seré normal? ¿Qué me pasa, doctor?

Sergio del Molino -

Leer Rayuela en Marsella, no está mal. Pero en esa ciudad hubiera sido más adecuada, como lectura cortazariana, Los autonautas de la cosmopista.

Cide -

me pasa lo mismo que a ti. Y eso que en Marsella me pegué casi 8 horas en el aeropuerto entre pitos y flautas. Habría estado mejor en el sofá de mi casa, pero al menos me dio tiempo de acabarme Rayuela.
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