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El Blog de Sergio del Molino

VISITAS DE ULTRAMAR

VISITAS DE ULTRAMAR

Una pifia telefónica me ha dejado sin ADSL y con un cabreo considerable con los señores de Wanadoo. Creía que hasta ahora me estaba librando de engrosar el colectivo de consumidores agraviados, pero ya me veo formando parte del montón. Los complejos entresijos de las redes de alta velocidad ocuparon gran parte de mi martes de descanso, que se preveía plácido y onanista.

Menos mal que hoy he recibido dos alegrías. Dos visitas inesperadas que animan mi vuelta al trabajo. Como una aparición, mi amiga I. se ha dejado caer por las orillas del Ebro directamente desde Mineápolis, para alegría de quienes la queremos. Vuelve a España por unos días para un triste asunto, pero aprovecharemos para ponernos al día entre desmedidas dosis de alcohol. Ella dice que está embarazada -así que beberé yo por los dos-, pero no se le nota nada, por lo que sospechamos que nos miente. Insiste en que ha aprovechado el viaje para hacerse una ecografía, porque allá por las Américas deben estar escandalosamente caras, y lo que dice llevar dentro parece ser una niña española que nacerá entre gringos. Sigo sin creérmelo. Para mí, I. siempre será la alegre carcajada de las madrugadas de invierno, cuando ya se nos habían acabado los bares y sólo su casa y su bien surtido mueble-bar me acogían hasta que el sol decía basta. Lo siento, no la veo de madre. Ya me resultó bastante duro asistir a su boda -tanto, que no me quedó más remedio que emborracharme-. Lo de ahora es demasiado.

Y hoy también he visto -y presumo que esta noche cenaré con ella- a M., nuestra anfitriona bonaerense, la cicerone que hizo de nuestra excursión argentina una delicia. Nuestro enchufe en el mundo austral. M. lleva un tiempo dando vueltas por Europa y va a pasar lo que le queda de viaje en Zaragoza, ciudad que ya conoce y le encanta. Nunca he comprendido por qué a la gente de fuera le suele gustar tanto Zaragoza, pero se lo pasan en grande. Argentinísima, ya ha conquistado a todo el mundo con su acento tanguero y su amabilidad porteña, aunque a mí me ha recriminado los pelos y las barbas que llevo, más largos que cuando estuve en el otro lado del Charco. "Sergio, vos estás hecho un Neanderthal", me ha soltado la muy perra. Lástima que ella esté estupenda y no pueda devolverle el "cumplido".

Para completar el trasiego oceánico, mi tía ha aterrizado desde la Caracas donde vive desde hace décadas, y ha vuelto a negarse a cocinarme un zancocho o unas arepas. No hay forma de que me haga un maldito plato criollo. "¿Mi madre, cocina criolla? -dijo una de mis primas en otra visita-. Pero si no le gusta nada. Allá siempre está haciendo guisos españoles". Una lástima, ciertamente. Mi estómago se lo pierde.

Así que ando un poco desbordado con tanto transatlantismo. América está demasiado presente en mi vida y eso debe querer decir algo. ¿Otro viaje? ¿Un cambio de aires? Ojalá creyera en los presagios. En fin, las visitas me han desviado de mis preocupaciones, porque yo pensaba escribir sobre la feria del libro viejo y sobre unos simpáticos panfletos de propaganda nazi editados en Berlín en 1943 que he encontrado en una caseta. Los recuperaré para otro artículo.

PD: Atención, fans de Urgencias y de series de médicos, quedaos con este concepto: "hospital haunting" (caza de hospitales). Según cuenta I., que anda muy preocupada con este tema, en Estados Unidos lo habitual es que, durante el embarazo, vayas mirando tarifas de hospitales para parir como quien mira casas para comprarse. Los hay caros y baratos; con muchos servicios y con pocos; con cirujanos brillantes y con matasanos desaprensivos. En cualquier caso, la media de un parto sin cesárea está, siempre según I., en unos 6.000 euros. Y eso, subrayo, sin cesárea. Vaya fomento de la natalidad se traen por aquellos lares, ¿eh?

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2 comentarios

Sergio del Molino -

Hombre, es imposible que deje de quererla, pero se me hace difícil imaginarla. Va a ser un duro proceso de adaptación.

Jean -

Te aseguro que nadie me veía de madre...

Quizás hasta la quieras más. Te hace más segura, mejor persona, vuelves a los amigos y te hace pensar que las segundas oportunidades (las que dejaste pasar) ahora serían una buena solución.

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