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El Blog de Sergio del Molino

ESTRAPERLO LIBRERO

ESTRAPERLO LIBRERO

Conversación escuchada el otro día en una caseta de la Feria del Libro Viejo (hasta el 9 de abril en Zaragoza).

Cliente: Es que tengo una habitación llena de libros de una herencia y quiero venderlos. No sé lo que valdrá aquello ni si tiene interés.
Vendedor-comprador: No se preocupe, yo voy y lo miro.

Un par de cosas me pasaron por la cabeza al escucharla:

1. Los libros que -supongo- con amor atesoró alguien (¿el padre del señor?) durante toda su vida no interesan a nadie. Son trastos de los que hay que deshacerse. Es triste.
2. Evidentemente, el librero tiene una perita en dulce frente a él. Si el heredero no tiene ni idea de lo que hay en esa biblioteca, el librero puede comprarla a precio de saldo. A poco que haya dos o tres libros medianamente raros y en buen estado, amortizará la inversión sin ninguna duda. Es triste que una biblioteca acabe malvendida al peso.

Pero así son las cosas. Gracias a la ignorancia de unos, a la picaresca de otros y a la codicia de todos, unos cuantos viciosos podemos escarbar en los cajones de las librerías de viejo. Los que acumularon esas bibliotecas particulares son unos sentimentales librescos, igual de ingenuos que los que rebuscamos en las casetas en busca de nuevas rarezas para los atiborrados estantes. Los estraperlistas del libro son el puente que nos une.

Algún bibliófilo impenitente debería escribir las historias de los libros de viejo. Por qué y cómo terminan en las casetas y en las destartaladas librerías de lance, por qué manos han pasado y cuántos kilómetros han recorrido.

Hay casos intrigantes. Esta semana he comprado unos panfletos de propaganda nazi editados en 1942 en Berlín en español, destinada a los españoles. Son fragmentos de discursos de Goering y Hitler para insuflar ánimos en un momento critico de la guerra, cuando el Eje todavía dominaba, pero su hegemonía en los frentes se veía amenazada por la reciente entrada en el conflicto de Estados Unidos. Es decir, un momento en el que los nazis tenían que meter la carne en el asador para que su retaguardia permaneciara con la moral alta. Pero eso es lo de menos. Lo que a mí me importa es: ¿cómo acaban esos panfletos en una caseta del centro de Zaragoza una tarde de primavera tantos años después? El librero, que por los títulos que exhibía parecía haber saqueado los fondos de la Fundación Francisco Franco, no me aclaró gran cosa. Los libreros de viejo, como los anticuarios, son gente reservada, que no se prodiga sobre sus fuentes de abastecimiento. Así que tendré que imaginar. Puede ser un buen relato: los libros nazis que pululan por el mundo.

Foto: Goering, autor de "Nuestra fe en la victoria", uno de los panfletos comprados esta semana.

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10 comentarios

Volskskats -

La obsesión de los pijoprogres por los nazis. En realidad les ponen cachondos y reflejan lo que a ellos, burgueses progres de mierda, flojos, afeminados y señoritos, quisieran haber sido.

Anakrix -

¡Es mucho más que un historión! Gracias por contárnoslo, Severiano. Y tú, Sergio, tira del hilo a ver si te sale un reportaje majo y nos cuentas todos los detalles en el Heraldo Domingo

Rondabandarra -

¡Qué gran establecimiento el de Salchichas Kurtz! ¡Cómo recuerdo aquellos sanjacobos de mi infancia!

Sergio del Molino -

Muchas gracias, Severiano. Es un historión. Veré si encuentro más cosas sobre ello.

Severiano Delgado -

Se trata de una historia muy poco conocida. He ido encontrando referencias a este asunto a lo largo de los años, pero sólo comentarios sueltos aquí y allá.

El caso es que durante la Primera Guerra Mundial los franceses invadieron el Camerún, que entonces era colonia alemana. Los colonos alemanes, varios cientos de ellos, se refugiaron en la Guinea Ecuatorial española, de donde fueron evacuados a España hasta que terminara la guerra. Primero fueron instalados en un campo de refugiados en Alcalá de Henares y luego se les dió permiso para elegir el lugar de residencia. Por razones que se ignoran, muchos de ellos eligieron Zaragoza.

Hacia 1919 fueron recibidos con gran alegría y contento en nuestra ciudad. Cuando terminó la Gran Guerra, muchos de ellos se quedaron en Zaragoza. De ese grupo nació el Colegio Alemán de la calle Cervantes, el Tinte de los Alemanes y las salchichas Kurtz. No sé si tendrá algo que ver con la Academia Kühnel. Parece ser que fueron ellos también quienes introdujeron, o popularizaron, el foot-ball.

Entre los alemanes del Camerún había de todo. La mayor parte eran gente de clase media. Durante años mantuvieron cierta unión, como una especie de casa regional. No sería de extrañar que el Reich alemán proveyera de propaganda a una de las pocas comunidades de lengua alemana en España.

Pero tampoco sería de extrañar que esos libros comprados por Sergio procedan de simples envíos masivos de propaganda a las bibliotecas públicas y universitarias.

Sergio del Molino -

Los alemanes del Camerún. Merece una explicación para los analfabetos.

Severiano Delgado -

Esos libros o folletos posiblemente procedan de los alemanes del Camerún.

Otro día más.

Sergio del Molino -

jajajajajajajajajaja.
No está mal, no está mal. Pero las traducciones y ediciones de los panfletos son del Ministerio de Propaganda nazi, aunque no dudo que contaran con la colaboración entusiasta de patriotas españoles.
Salud, Paquito Franco.

Paquito Franco Ibárruri (para servirle a Dios y a usted) -

Let me tell you something… Hace mucho tiempo, siendo mi padre joven tuvo una aventura con una señorita cuyo nombre obviaré. El caso es que siendo yo hijo natural y contra todo pronóstico, le cogí más cariño a mi padre que a mi madre, a pesar de que me dejara abandonado por su aventura africana. Emigrado en Alemania, y eso que aún faltaba mucho para los 70, seguí con verdadera fruición la limpia que hizo papi en la tierra patria. Entusiasmado por la Cruzada y trabajando por ella humildemente como linotipista, traduje textos del Führer y compañía para que mis compatriotas apoyaran lo que cualquier buen cristiano y persona cabal entendía como obligación moral y mandato divino. Te preguntas que cómo estaban en una librería de viejo; yo me pregunto cómo no había más, puesto que los enviaba a paletadas a España.
Te preguntarás también si sé algo sobre el oro nazi. Pues bien, el oro está en…está en….argh (ataque al corazón)….piiiii…piiii…piiii… (pitidos de la máquina y rayita horizontal continua)

ENRIQUE -

Ahí está el libro \"Leer para contarlo\" de Pepe Melero -el bibliófilo aragonés por antonomasia-, en la Biblioteca Aragonesa de Cultura.
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