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El Blog de Sergio del Molino

STRANGEHAVEN

STRANGEHAVEN

Macondo, Twin Peaks, la aldea gala de la costa de Armorica gobernada por Asuracenturix, el pueblo sin nombre de Amanece, que no es poco, Cicely, Innisfree, Springfield y muchísimos otros sitios que me dejo en el teclado. Todos tienen en común ser lugares imaginarios e imaginados con precisión y método, que constituyen pequeñas comunidades pobladas por personajes peculiares y excéntricos que rigen su convivencia por reglas condicionadas por la magia o el absurdo. Son micromundos, universos paralelos. A veces quieres vivir en ellos, y en otras, quieres huir de sus horrores. Pero, por encima de todo, son un pie forzado que permite al creador que su obra fluya y avance todo lo que le dé la gana y que cuenta con mucha tradición en la literatura y en la cultura popular.

Ahora que estamos en Semana Santa y muchos han echado el cierre vacacional, hay que añadir un nuevo nombre a esta lista de adorables lugares de descanso: Strangehaven. Esta vez, el descubrimiento viene del cómic.

El inglés Gary Spencer Millidge empezó a publicar hace una década la saga de Strangehaven. Él se lo guisa y se lo come todo: guioniza, dibuja y edita, en un stress polifacético muy poco habitual en el mundo del cómic, donde la especialización parece imponerse con fuerza. La serie acaba de llegar a España de la mano de Planeta de Agostini, que ya ha publicado en español los dos primeros volúmenes (Arcadia y La hermandad) y está a punto de sacar a la venta el tercero (Conspiraciones). He devorado estos días los dos primeros tomos y ya he reservado el tercero en la tienda. ¿Hace falta decir que estoy enganchado?

Alex Hunter, el prota y héroe, intenta superar un hondo desengaño amoroso haciendo un viaje estival por la campiña inglesa. Una noche, desorientado y perdido, tiene un misterioso accidente y recala en un pueblo que no aparece en ningún mapa: Strangehaven. Allí le miman, una chica se enamora de él y se siente en la gloria bebiendo pintas de la excelente cerveza local en el pub, pero tiene que retomar su vida. Sin embargo, cada vez que intenta salir del pueblo, se pierde en las carreteras y acaba volviendo a él. Así que se resigna a vivir entre sus extraños e inquietantes habitantes, que le ofrecen un nuevo trabajo y una bonita casa.

Con un dibujo obsesivamente realista, Millidge trabaja mucho la expresividad de los personajes, tratándoles casi como actores. Los dibujantes, por lo general y salvo casos geniales, suelen manejar un repertorio limitado de "caretos" para expresar miedo, alegría, tristeza o asombro, pero Millidge individualiza sus trazos con preciosismo, buscando acomodo en cada personaje, trabajando cada una de las complejas emociones que sienten los vecinos de Strangehaven. Su hiperrealismo, que incluye el paisaje y los escenarios de las casas y de las calles, puede llegar a ser molesto por lo prolijo, ya que se documenta muchísimo, como atestigua la gruesa bibliografía que incluye al final de cada tomo. No deja nada al azar: construye un mundo, pero con bases sólidas. Si dos personajes toman té, se asegura de que la bolsita tenga la forma adecuada a la marca que menciona el guión hasta en su más mínimo detalle. A veces abruma tanta exactitud, que desvía la atención del hilo argumental.

Pero, salvo esa leve molestia, sólo puedo decir que la historia es sólida, que los personajes son redondos, interesantes y realmente oscuros -no misteriosos de cartón-piedra-. Strangehaven inquieta. Millidge ha logrado con esta saga crear un cómic con matices, alejado de comidas de tarro preadolescentes o de seudoinquietudes místicas. Millidge cuenta una historia y pone todos los recursos que conoce y los que va aprendiendo al servicio de ella.

Un gran descubrimiento, una obra diferente al grueso de lo que está expuesto en las tiendas de cómic. Strangehaven es un buen lugar para ir esta Semana Santa, si me permitís la osadía de recomendar algo.

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3 comentarios

Javivi -

Bien sabes que si, pequeñuelo. De hecho, debo ser el único ser continental al que le gusta más Inglaterra que Escocia. Raro que es uno, oiga.

Sergio del Molino -

Haces bien en lo de no mezclar el placer con el trabajo, jajajaja.
Fale, I call you back. Aunque no sé si a un fan del colorido Lejano Oriente le puede producir emoción alguna la rancia e insípida Inglaterra.

Javivi -

Mmmm... aprovechando que estoy en Zaragoza... me los prestarias? Eso sí, tráetelos forrados en plástico pues, me temo, si quedamos pueden acabar regados en cerveza, vomitados, y hasta impregnados de heces líquidas (perdón).
Se que debería haber escrito algo en el anterior artículo, pero lo siento: he decidido no mezclar el placer con el trabajo. Abrazos.
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