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El Blog de Sergio del Molino

EL CEMENTERIO VIEJO DE SAINT JEAN PIED DE PORT

EL CEMENTERIO VIEJO DE SAINT JEAN PIED DE PORT

La señorita Lebrun contrajo feliz matrimonio en la aciaga década de los 50 con el señor Laserre. Cientos de personas bajaron de los caseríos hasta Saint Jean Pied de Port y, pese a que eran años tristes y la muralla todavía tenía agujeros de disparos y memoria de los resistentes muertos por los nazis, comieron grandes tortillas de pimientos de Espellette y queso curado de oveja y bebieron sidra y pacharán y cantaron hasta muy entrada la noche. Todo el mundo comentaba, no sin una pizca de mala intención, que el señor Laserre había hecho un negocio redondo al quedarse con la dote de la codiciada Lebrun, que renunció a su reconocido apellido como era ley.

Las vacas flacas pasaron y el matrimonio vio prosperar de nuevo el pueblo, década tras década. Su hijo mayor marchó a París a estudiar y allí se metió en indeseables asuntos políticos que llevaron a la vieja casa familiar muchos disgustos y generaron muchas maledicencias en Saint Jean, pero los ardores guerreros acabaron esfumándose y el chaval sentó al fin la cabeza tras salir de la universidad. Quizá feliz, quizá desgraciado, lo cierto es que el señor Laserre murió una primavera de 1991, a los 60 años de edad, y su esposa se empeñó en que recibiera sepultura en la tumba familiar de los Lebrun, donde reposan todos sus antepasados desde las postrimerías de la Revolución. Rota de tristeza, la señora Laserre, nacida Lebrun, siguió a su marido un año después, y el tarambana de su hijo hizo colocar una placa de mármol sobre la tumba familiar para recordarla a ella por encima de todos los demás, incluido su padre. Hoy, ambos, convertidos en abono para el olvido, siguen en el cementerio viejo de Saint Jean Pied de Port, rodeados de cruces torvas, lápidas rotas y tierra removida que nadie se preocupa de cuidar.

Los cementerios guardan cientos de historias. Estúpidas, anodinas las más, como este presunto relato de los Laserre, que hablan de dos extremos: el olvido y la veneración, aunque gana por goleada el primero. El cementerio viejo de Saint Jean Pied de Port tiene, además, el encanto de lo tétrico, un encanto vetusto que en España sólo se percibe en algunas necrópolis recónditas y pueblerinas, pero que en el País Vasco francés asoma a cada paso, en cada villorrio.

El ayuntamiento de Saint Jean Pied de Port ha colocado unos absurdos letreros en muchas tumbas: "Esta concesión antigua ha sido retomada por la municipalidad. Por favor, contacten con el ayuntamiento". Al lado, un fragmento de lápida con una fecha: 1766, 1803, 1841, 1799. ¿Quién va a contactar con el ayuntamiento a estas alturas? Parece una llamada espiritista.

Me encantan los cementerios viejos. No sólo por las historias que se sospechan bajo sus lápidas rotas y abandonadas, sino por su existencia en sí, por el hálito romántico de ruina y olvido. Qué sé yo. Me atraen, y en España no abundan. Al menos, no con la profusión y naturalidad con las que aparecen en Francia y en el mundo anglosajón, que es la Europa que yo conozco.

No me gustan las masificadas y mitómanas necrópolis parisinas, pero cada pueblo francés tiene dentro de sí un inverosímil monumento a la muerte, perfecta y maravillosamente integrado en la sosegada vida de los vivos. Sí me gusta la quietud de Holloway en Londres, con su monumento a Marx, pero mucho más el ordenado y escalonado cementerio de Edimburgo, con el venerado David Hume en un rincón, sin llamar mucho la atención, como filosofando desde el más allá. Aunque en el mundo angloparlante, la palma se la lleva el cementerio colonial de Wall Street en Nueva York, cuyas cruces blancas con nombres de fieros y devotos colonos británicos y holandeses parecen una performance que quisiera agredir al urbanismo de los rascacielos. Una performance mucho más hiriente desde que el World Trade Center dejó de dar sombra a sus lápidas y surgió en su lugar un descomunal -y carísimo- solar.

Me quedan muchos cementerios por visitar y muchas lápidas rotas que pisar.

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2 comentarios

Esther y Tony -

Creemos que tenemos aficiones y opiniones comunes y ,por ello,te invitamos a visitar nuestro blog"Imatges de pedra i de silenci"sobre arte funerario.Esperando sea de tu agrado,hasta luego

Dominika -

si te ecantan los cementerios tienes que ir a Polonia. Los polacos tienen debilidad, por llamarlo de alguna manera, por los cementerios, cuidan mucho de ellos y pasan mucho tiempo alli con su familia. El Dia de Todos los Santos en Polonia es una experiencia inolvidable:la reflexion en silencio de toda la nacion. Amen de los cementerios actuales hay muchos cementerios del pasado, pues Polonia sobrevivio muchas guerras y las viejas tumbas que se habian quedado nos impresionan mas aun.
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