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El Blog de Sergio del Molino

CRÍTICOS

CRÍTICOS

El Futurible venía a decir dos artículos más abajo, al hablar sobre el ensayo de Asterix, algo así como: "¡Pa qué tanto! Pues lees Asterix, te ríes -o no- y no hay que andar sacándole cinco pies al gato". Dejando a un lado que nadie hace daño a nadie -salvo al felino en cuestión- sacando al gato todos los pies que sean menester, es cierto que mucha gente, empezando por los propios autores de las obras criticadas, opina que más le valdría al reseñista o estudioso de turno dedicarse a otras cosas más decentes, en lugar de ir hurgando impúdicamente en los entresijos creativos de los demás.

Recuerdo que, hace años, la sección de El Jueves "Para tí, que eres joven", de mis queridísimos comiqueros Manel Fontdevila y Albert Monteys, dedicó su espacio al asunto de los críticos. Una de las tiras presentaba a un ejemplar de esta especie hablando de una obra que le había fascinado: Teo va a la playa. Describía el librito infantil diciendo algo así como: "Un viaje iniciático en pos de horizontes ignotos, donde la mano de mamá materializa la angustia primigenia y existencial del ser humano. El objetivo de alcanzar la playa, donde el cubo, la pala y el rastrillo se muestran como herramientas para construir un nuevo mundo, deja muy a las claras la voluntad de cambio social del autor". Podría decirse que lo que ha hecho el antropólogo francés Rouviére con Asterix es algo muy parecido a esta parodia comiquera.

El asunto es que los críticos tienen mala fama, aunque luego sean muy leídos, y sus criterios, más tenidos en cuenta de lo que parece. La Polla Records les dedicó una canción que decía: "Siempre en tu guarida hablando de todos. / Eres una especie de diosecillo. / No das tu opinión, / impartes tu bendición. / Tuyo es el poder, / tuyo es el espacio en el papel." Cualquier musiquillo de los 40 principales se permite el lujo de criticar a los críticos, y de insultarles cuando no saben qué criticar. Un tópico de los directores de cine es que ellos esperan "el veredicto del público", que es para quien hacen sus películas. Buñuel mismo aseguraba que no le preocupaba un cojón (para campechano, el de Calanda, y no el rey) las críticas de sus películas, pero cuando murió descubrieron varios volúmenes con recortes de esas mismas críticas, con muchos pasajes subrayados y comentarios al margen.

¿Y en la crítica literaria? Editoriales que pertenecen a periódicos y periódicos que pertenecen a editoriales, con críticos que a su vez suelen ser escritores que publican libros en esas mismas editoriales que pueden o no pertenecer a esos periódicos. Uf, vaya lío, los editores de mis amigos son mis amigos. Vamos, que hay motivos suficientes para que el lector coja los suplementos y las revistas culturales con un distanciamiento más que brechtiano. Es una profilaxis que con frecuencia se convierte en paranoia. El lector acaba viendo conspiraciones donde no las hay, y las pasa por alto donde son evidentes. En ambos casos, el crítico acaba pagando el plato roto.

La imagen romántica del crítico habla de un tipo (nunca una tipa) amargado, cínico, feo, solitario a veces, y bebedor hasta más allá de lo que las transaminasas pueden soportar. La imagen bogartiana del fracaso. Como sucede con los mafiosos, que están encantados con el tópico que de ellos ha fabricado el cine y tratan de parecerse a él, algunos críticos -no me refiero a la llamada crítica académica o "seria", sino a la que vemos todos los días- cultivan esa imagen, con resultados patéticos la mayor parte de las veces. Sin embargo, cuando construyen bien el personaje, pueden perder el norte y acabar en una de esas clínicas tipo La montaña mágica, como le pasó a mi admirado Carlos Boyero, que se curró de puta madre su imagen pública pasada de rosca con la cocaína en aquellas inolvidables tardes de radio con Julia Otero.

Excéntricos o no, lo cierto es que los críticos son, sencillamente, buenos lectores (de libros, de pelis, de lo que sea), muy bien formados, que dominan el campo que critican sin cultivarlo necesariamente, y con una sensibilidad educada que se complementa con una gran capacidad para comunicarla, dos facetas que no tienen por qué ir unidas en una misma persona. Desgraciadamente, hay gente con muchas facultades comunicativas que no tiene nada que decir, y personas con mundos enteros ardiendo bajo su piel que no saben cómo expresar. Para mí, un buen crítico es imprescindible. Tengo al menos uno del que me fío por cada arte que me interesa. Su palabra me vale. Son mis consejeros. Si ellos dicen que algo es bueno, lo veré con buenos ojos. En el campo del teatro, por ejemplo, llevo muchos años siguiendo a ciegas los consejos de Joaquín Melguizo, que ahora es crítico de Heraldo y realiza unos textos mesurados, contenidos y respetuosos muy poco comunes en la crítica periodística de este país. No sé los demás, pero yo necesito a esos seres despreciables llamados críticos.

Foto: El Crítico, serie de animación protagonizada por un cínico y tramposo crítico de cine que hizo un cameo en Los Simpson. De hecho, fue creada en 1994 por dos currelas de Matt Groening, que se independizaron de Springfield con esta ácida producción. Es España sólo ha podido ser vista a deshoras y soltando pasta, para que luego digan que ver tele es cosa de vagos... Jay Sherman, el prota, es "el tercer crítico más popular de los programas de primera hora de la mañana en la televisión por cable de Nueva York". Un pez gordo, vaya.

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