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El Blog de Sergio del Molino

NORTE Y SUR

NORTE Y SUR

Se podrá decir lo que se quiera de su personaje, pero Loquillo es una fábrica incesante de frases impagables. No me gusta su rollo mártir, esa faceta que le gusta explotar de hombre íntegro de sólidas e incorruptibles creencias. Me fatiga un poco esa pose, pero sus frases -y no pocas veces, su música- me gustan. Tiene rasmia. En una ocasión dijo que una banda de rock no debía buscar el aplauso del público ni su empatía. Una banda de rock tenía que asustar, irrumpir en el escenario y plantarse ante el público hasta doblegarlo, sin mendigar unas palmas o un estribillo. Una actitud punk que los Ramones hubieran aprobado.

Hoy se ha publicado una entrevista que le ha hecho Víctor M. Amela en La Vanguardia, y entre la mucha paja de las respuestas, sobresale este precioso granito: "Respeto mucho a los gitanos y su arte, tío, pero... ¿por qué tengo yo que dar palmas? Ahora parece que todos tengamos que dar palmas, vivir en jaimas y fumar marihuana. ¡Pues no! ¡Estoy harto! No es mi cultura pasar el día dando palmas. Yo miro al norte: me gusta el norte de España, ¿pasa algo? Y me gusta la cultura irlandesa, el folk, el country, el pop británico, The Who, la cultura francesa: Brassens, y también Johnny Hallyday y Eddie Mitchell, ¡que por sus versiones me llegó a mí el rock! ¡Ésa es mi cultura!".

De acuerdo. También Europa es mi cultura, Loquillo. Y América y el rock y el cine y los vaqueros del Far West y Charly Parker y Times Square iluminado a las tres de la madrugada y toda esa mandanga. Y también estoy un poco cansado del buenrrollismo de moda y de Macaco y de Chambao a todas horas con su matraca ONG y su piensa-global-actúa-local (que, como todos los clichés, instan a no pensar y a no actuar), pero tampoco hay que pasarse, loco del tupé: sería un imbécil redomado si le hiciera ascos a una fuente de pescaíto frito, a una buena copa de manzanilla y ¿por qué no? a unas buenas y raciales palmas en una noche sudorosa en Cádiz. Sería sencillamente un necio si, teniendo la oportunidad, me negara el placer de perderme en una medina marroquí. Ya que tenemos la suerte de tener al alcance de la mano mundos tan distintos, ¿por qué negarnos el placer de disfrutarlos todos? Yo no cambio Londres por Sevilla. ¿Pochas o gazpacho? ¿Ribeiro o fino? ¿Labordeta o Camarón? ¿Celaya o García Lorca? Que no me den a elegir, porque no sé a qué carta quedarme. Pero claro, yo no soy un viejo rockero de creencias firmes y hablares altivos.

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2 comentarios

Javivi -

Estoy más de acuerdo con Sergio que con Loquillo, aunque a este último (bocazas, pretencioso, mal músico y bastante iletrado...una especie de Ramoncín talla XXL) haya que reconocerle que da en el clavo. Es verdad: ahora hay que llevar rastas y/o barbas (incluso combinaciones tan ridículas como alopecia-rastas traseras-barbas) vestir como un mamarracho, adorar a Ojos de Brujo, Macaco, El Bicho y la madre que los parió... y ¡ay de tí!, si te resbala y/o te parece hipócrita el buenrollismo imperante. Por suerte, el pescaíto frito, el buen flamenco, las medinas maroquíes, Caños de Meca, no son exclusiva de la legión de neo-rastafaris que inundan La Magdalena, Lavapiés, Grácia, El Rabal o El Carmen.

Anakrix -

Olé.... vamos, que tienes mucha razón
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