Blogia
El Blog de Sergio del Molino

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

Veo un maravilloso documental incluido en el pack de cuatro pelis de Sam Peckinpah que acaban de sacar. Se titula Sam Peckinpah: legado de un renegado de Hollywood, y en él se repasa la vida y obra del objeto de mis amores cinematográficos mediante una narración leída por la voz de Kris Kristofferson y acompañada por multitud de testimonios de amigos, familiares e ilustres admiradores. Gracias a este documento he podido poner cara a Lupita Peckinpah Palacios, la última hija del genio. Nada dice la película sobre ella, salvo su fugaz intervención en un inglés hablado con fuerte acento español, pero me permito el lujo de recuperarla para el blog.

En 1965, Sam Peckinpah, henchido de orgullo tras el éxito de Duelo en la alta sierra, rueda en México una superproducción con Charlton Heston como prota. Es Mayor Dundee, el primer fracaso importante de su carrera. Descontrolado, desbordado por la magnitud de un trabajo que le venía grande, Peckinpah conoció a una joven actriz que empezaba a despuntar en el raquítico star system mexicano: Begoña Palacios. 24 añitos. Alegre, inteligente, tumultuosa. La compañía ideal para las farras de aquel cuarentón excéntrico que había mandado a tomar viento a su primera mujer. Se casaron, y de aquel matrimonio (dicen que lleno de amor por ambas partes) nació años después, en Ciudad de México, María Guadalupe Peckinpah Palacios. Lupita Peckinpah.

Lupita sólo atisbó a ver la etapa crepuscular de su padre, pero vivió con una viuda fiel a su recuerdo, que sobrevivió 16 años a su marido y que al morir en 2000, sin haber cumplido los 60, pidió que sus cenizas fueran esparcidas en la playa de Malibú, donde 16 años atrás se había hecho lo mismo con las de su añorado Samuel. Lupita ha vivido con el peso de un apellido enorme, y lo único que recuerda son los desvaríos de un drogadicto y un alcohólico empeñado en autodestruirse. Sin embargo, en cierta forma, ejerce de guardiana de su legado y participa en todos los proyectos que se hacen sobre su padre, respondiendo gustosa a todas las preguntas que se le ponen delante.

¿Y a qué creéis que se dedica Lupita? ¿Ranchera, novelista amargada, escultora en el SoHo, profesora de cine en la Universidad de Columbia, corista de Chavela Vargas? Sería lógico cualquiera de estos destinos. Digna heredera de su padre habría sido entonces. Pero no, ni por asomo. Aunque se dedica al cine, como papá y mamá, sólo que ella confecciona vestuarios. Es diseñadora. De hecho, tiene su propia marca de moda: Lupita Peckinpah-Vena2, y trabaja codo a codo con su pareja, el artista visual mexicano Luis Díaz Gordoa. Hay que joderse. Si alguna vez hubo alguien ajeno a modas, tendencias y artificios superficiales, ése fue Peckinpah. En casa del herrero, once again, cuchillo de palo. A no ser que Lupita diseñe sillas de montar y botas con espuelas, claro.

Ahora que me digan que los descendientes de Cioran (¿los tuvo?) son tertulianos en Salsa Rosa y me lo creeré (aunque Lupita parece una mujer inteligente. En eso habrá salido a papá (¿o a mamá?)).

Foto: Cartel de Fiebre de juventud, una de las pelis protagonizadas por Begoña Palacios, esposa de Peckinpah.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres