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El Blog de Sergio del Molino

ALEJANDRO JODOROWSKY

ALEJANDRO JODOROWSKY

Será un farsante y un plasta. Yo lo veo como una expresión posmoderna de aquellos teósofos parisinos de principios del siglo XX, lo cual no le libra de ser un farsante y un plasta, pero sí le hace más entrañable. Alejandro Jodorowsky, famoso por sus estrambóticas apariciones televisivas, hace muchos años que es algo más que un referente del mundo del cómic. Sus guiones han sido dibujados por grandes ilustradores y sus series arrasan en toda Europa. Es un artista de culto, como suele decirse.

Chileno, pero residente en París desde hace muchos años, ha desarrollado toda su obra en Francia. Ha tenido incursiones en el cine y en la literatura, pero más vale que nos olvidemos de ellas. Quizá él quería ser escritor o director de pelis, pero el único campo en el que ha demostrado tener cosas que decir ha sido el del cómic. Y no es esto un desdoro, precisamente. ¡Mi brazo derecho daría yo por escribir los guiones que él escribe!

Dice la leyenda que Luis Buñuel estaba tranquilo en su casa de París una maravillosa tarde de mil novecientos sesenta y pico, cuando sonó el teléfono. "Allo?", dijo el de Calanda. "Saludos, maestro. Soy Alejandro Jodorowsky, desde Chile, y le telefoneo para anunciarle que en breve me desplazaré a París para resucitar el surrealismo". Supongo que don Luis colgó el auricular con cajas destempladas, pero ya es más difícil imaginar la cara que puso el cineasta cuando, meses después, el tal Jodorowsky se plantó en su puerta, dispuesto a cumplir su amenaza.

Verdad o mentira -poco importa-, así empezaron las andanzas de Jodorowsky, que mareó mucho la perdiz en todo tipo de ambientes parisinos hasta que, en los años 80, publicó El Incal, con dibujo del genial Moebius. Le guste o no, Jodorowsky selló desde entonces su nombre en la historia del cómic. Todos los tarots y pajas "new age" que va vendiendo por ahí no valen nada al lado de una sola viñeta de ese monumento gráfico.

Cuenta El Incal la tragicómica historia de John Difool, un fracasado detective de clase R de un planeta del futuro que vive con un pájaro de hormigón. Sin comerlo ni beberlo, Difool se ve inmerso en un meollo de dimensiones cósmicas en el que los sistemas planetarios luchan por hacerse con un cristalito (Hitchcock llamaba "macguffin" a este tipo de objetos que sirven para articular las tramas pero cuya definición importa poco en términos dramáticos) llamado Incal. Las aventuras de Difool, llenas de fantasía y de alegorías políticas (los planetas troglosocialik, que rinden culto a un paleo-Marx, están enfrentados con los aristos y sus aliados de la secta pantecno) han sido la matriz de casi toda la creación posterior de Jodorowsky. Los mundos y los personajes esbozados allí han sido desarrollados en unas cuantas sagas comiqueras que, a razón de un volumen por año, nos mantienen en tensión folletinesca.

Todo empezó con La casta de los metabarones, que le costó diez años terminar y narraba la historia de los antepasados del Metabarón, uno de los protas de El Incal, que es, a su vez, un final de raza, un renegado. Tras desarrollar otras series ajenas al meollo original y contar la historia de los Borgia con dibujo del italiano Nilo Manara, Jodorowsky atacó de nuevo el universo Incal y está inmerso ahora en la serie de Los tecnopadres, cuyo quinto volumen (La secta de los tecno-obispos) ha llegado hace pocos meses a las librerías españolas.

Las sagas de Jodorowsky son siempre retrospectivas y están narradas por un personaje que ha decidido enfrentarse a su destino, decisión que suele implicar el fin de una forma de vida, de unas tradiciones o de un status quo incuestionables hasta el momento. Con ese pie forzado, desglosa ese mundo que se rompe hasta hacerlo comprensible, hasta que el lector llega a la empatía y entiende el tormento que atenaza al protagonista. Este núcleo lo arropa con fantasía, con continuas referencias jocosas al mundo real, con mucho sentido del humor y unas pinceladas de erotismo salpicadas de una pizca de violencia. La fórmula es simple, pero le funciona porque tiene talento para armar tramas sólidas. Sin embargo, para mi gusto, ninguna saga alcanza la genialidad de El Incal, y ello se debe a que los dibujantes que han acompañado a Jodorowsky en sus últimas aventuras son excesivamente académicos y muy fríos. Moebius tiene un trazado algo goyesco, descuidado y nervioso, que le va muy bien a los personajes jodorowskyanos, pero las últimas sagas acusan cierto hieratismo y una solemnidad que no acompaña al cachondeo y a la agilidad del guión.

Lo dicho, que podrá ser un farsante y un megalómano insufrible, pero mientras siga haciendo buenos cómics, por mí, como si quiere fundar una secta teosófica o refundar el sintoísmo.

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2 comentarios

Dani Albors -

No creo que Jodoroswky sea un farsante y un plasta.
Enhorabuena por su blog, es mágnifico.

Anro Martin -

No se si conoces la faceta de Jodorowski como director de cine. A propósito de este tema ando escribiendo algunas cosillas. Estoy absolutamente d4e acuerdo que este tío es genial como guionista de comics. Hay un puesto de honor en mi biblioteca para la saga de los metabarones y naturalmente para el incal ¿conoces el monográfico sobre este comics en la página de Yeray-muad'dib?...Echale un vistazo.
Voy a seguir hablando de Jodoroswki, por si te interesa.
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