Blogia
El Blog de Sergio del Molino

CIVILIZACIÓN

CIVILIZACIÓN

La historia la escriben los vencedores. Qué tópico más falso. La historia también la pueden escribir los fracasados, los resentidos, los ignorantes, los directores generales de las administraciones, los mafiosos, los presidentes del Atlético de Madrid y los padres divorciados. Menos los historiadores, todo el mundo puede dar su visión de la historia, no necesariamente los vencedores de nada. Las cosas son más complejas. Así, en España, según la comunidad autónoma en la que esté el colegio de turno, la unidad de España puede haberse fraguado en el siglo XV o en el XVIII. Incluso puede que no llegara a fraguarse nunca. La Corona de Aragón puede ser Corona catalano-aragonesa o catalano-balear-aragonesa. O confederación de reinos en función de qué consejería dicte los planes de estudio. La entelequia de España puede ser un simple estado-nación o un estado de naciones sin estado. Son cuestiones que podrían ser discutidas por los historiadores en sus congresos y movidas, y nos las podrían resumir en cómodas notas de prensa una vez llegaran a acuerdos en vez de tener a los políticos dando voces de un lado para otro. Pero en el asunto de la historia siempre tiene que meterse el presente.

Historiadores de Alemania y Francia (eso sí, al mando de un francés, no la vayamos a liar) han hecho algo inaudito: han redactado un manual de bachillerato de la historia contemporánea de ambos países posterior a 1945. Y lo han hecho sin pegarse, porque tenían ganas de ponerse de acuerdo y dejarse de tonterías. Por dejar en buen lugar el rigor histórico y evitar que en el futuro vengan cizañeros de uno y otro lado del Rhin, que bastante han pasado ya.

Quizá la iniciativa llegue 80 o 90 años tarde. Quizá me aventuro en mi análisis, pero no veo próxima una guerra entre ambos países. Ni siquiera tensiones en la frontera. Creo no equivocarme si digo que un francés puede pasearse por Berlín tan ricamente y lo mismo puede hacer un alemán por París. Incluso tengo entendido que ambos países forman parte de una estructura supranacional y que cualquier ciudadano de los dos Estados puede romperse una pierna en el país vecino, porque le harán radiografías y le escayolarán por la filosa en cualquier hospital público gracias a no sé qué tarjeta sanitaria europea. Vamos, que el gesto del manual de historia es bonito y simbólico, pero esas heridas ya no supuran. Incluso la arrogante Francia puede reconocer el derecho de Alemania a existir.

Alemania y Francia colaboran mucho en el terreno cultural. El canal de televisión Arte -de cuyas producciones se nutre La Noche Temática de TVE-, que emite unas 12 horas diarias películas y documentales bilingües en ambos países, es el mayor ejemplo de ello. Los contenidos en alemán se subtitulan en francés y viceversa. Están empeñados en dejar claro lo mucho que se aman, como un matrimonio que quiere guardar las apariencias y exagera empalagosamente su cariño delante de sus amigos. La iniciativa del manual quiere evitar que un posible ascenso de la extrema derecha tergiverse un periodo tan importante en la historia de ambos países. Es el primer paso hacia una enseñanza de la historia contemporánea europea más o menos consensuada, pero de momento es algo simbólico que en Francia ni siquiera obliga a los profesores de bachillerato, capacitados por la ley para escoger la bibliografía que consideren más apropiada. En Alemania, las competencias en educación son de los estados federados, que pueden mandar a tomar viento el manual si así les place y recomendar Mein Kumpf en su lugar. Lo dicho: un gesto bonito.

Sería hermoso que los políticos no tuvieran nada que decir en la enseñanza de la historia, como no lo tienen en la de las matemáticas o en la de la química, ¿verdad? Sería bonito que de vez en cuando mantuvieran sus enormes bocazas cerradas y dejaran que los historiadores nos dijeran que las discrepancias historiográficas y las diferencias de enfoque no son cuestión de vida o muerte y que pueden debatirse sin que los países se resquebrajen ni los cimientos del mundo se hundan. Es más, que ellos las debaten mientras los demás nos escupimos en la cara, y suelen llegar a consensos razonables en forma de estudios que nadie lee porque ningún tertuliano los recomienda.

Porque lo del manual franco-alemán será un gesto bonito y poco práctico, pero es civilizado. Y Europa presume de su civilización. ¿Qué mayor muestra de ser civilizado que el hecho de que los hijos de aquellos que estuvieron a punto de aniquilarse ahora se pongan a escribir juntos un libro? ¡Un libro! Eso sí que es civilización.

Foto: soldados alemanes en París, en julio de 1940.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres