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El Blog de Sergio del Molino

DE TAPAS

DE TAPAS

Pese a que algunos preferían cenar sentados, con sus posaderas relajadas, finalmente, los que abogábamos por la opción del tapeo nos impusimos a costa de humillar cruelmente al otro bando. Y es que hacía tiempo que no cenábamos de tapas por Zaragoza, y de unos años a esta parte, la zona de la calle Estébanes, con sus retorcidas callejas amenazadas por piquetas y andamios municipales, ha recuperado mucho saborcillo, mucha vida, y da mucho gusto ver cómo una zona de la ciudad se despereza, acostumbrados como estamos a verlas languidecer.

En torno a la veterana y casta Bodegas Dalmau, con su mostrador de madera y su olor a vino derramado, han ido abriendo en estos dos últimos años un razonable número de garitos taperiles donde tomar una caña o un vino de pie. Cada uno con su tapa especial: berenjenas con miel, anchoa con pepinillo, calamares, las ballenitas de la Ballena Colorá... Imaginación, buen rollo y modernidad. Dicen que Zaragoza es una ciudad gastronómicamente muy inquieta -pese a que no tenga restaurantes con estrellas Michelín-, y ya nos habíamos acostumbrado a cenar raciones de calidad y originales en un montón de locales, regados con afrutados tintos de Somontano o de Borja. Con platos aragoneses, reinventando las migas y el jamón. El otro día, Arzak elogió a esos jóvenes cocineros zaragozanos que están escarbando en las raíces de su tierra para sentar las bases de sus creaciones. Y eso está bien, pero, ¿qué pasa con la tapa? La tapa de toda la vida, la que se toma de pie, con palillo, entre amigos, haciendo la ronda de un sitio a otro.

Se hacían concursos, se había sofisticado mucho la cosa, pero yo echaba de menos algo como lo que está pasando en la calle Estébanes, donde se produce ese encuentro festivo y coleguil. Cada fin de semana, las viejas calles medievales, hechas una mierda hasta hace poco, se llenan de vida. Anoche, además, se inauguró una instalación en un solar cuyo muro ha sido derribado dentro del ciclo Los vacíos cotidianos, del festival En la frontera, que por tercer año consecutivo llena las calles de la ciudad de arte. La responsable del asunto, la italiana residente en Zaragoza Patricia dei Monti, saludaba a diestro y siniestro y estaba encantada del éxito de su idea, la de recuperar los miles de solares baldíos que hay en el Casco Histórico.

Pese a la incomprensible indignación de unos pocos (que miran con suficiencia las "intervenciones", dan codazos a su acompañante y sueltan una serranil carcajada mientras escupen: "¡No me jodas que esto es arte, Eustaquio! ¿Pues qué será lo que echo yo por el culo por las mañanas? Jajajajaja"), se entiendan o no los tinglados de En la frontera, es indiscutible que alegran el paseo, que dan nuevas perspectivas sobre la ciudad y que invitan a imaginar nuevas formas de vivirla. ¿Qué tiene eso de malo? A mí me encanta encontrar una sorpresa en calles que me sé de memoria. Y si me puedo tomar unas tapas mientras tanto, pues mejor que mejor.

Porque la tapa es una cultura que hay que entender y saber practicar, y no todas las ciudades saben. Cuando viví en Castellón, que tiene una infame zona que ellos llaman de "tapeo" y donde sólo hay cerdadas grasientas e incomibles, un amigo dijo una noche: "A los de Castellón les pasa con las tapas lo mismo que a los japoneses con el flamenco: que les vuelve locos, pero no lo entienden". En Zaragoza, por suerte, se entiende de tapas. Y la cosa va a más.

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3 comentarios

Rondabandarra -

Jodo, Valladolid. Vaya paraíso tripero. Las raciones en "La sepia" (de sepia, claro) son cojonudas; pero hay un restaurante cuyo nombre no recuerdo que ponía auténticas joyas gastronómicas en miniatura. Igual alguien lo sabe: tenía una tapa llamada "El secreto de Lucía" y otra era una cresta de gallo con no sé cuántas pijadas más que te dejaba levitando...Mmmmm...

Anakrix -

Has visto a Calamaro!!!! Qué envidia, Javivi. ¿Cómo ha estado? Llevo toda la semana queriendo comprarme el disco nuevo y no he tenido ni un minuto para escaparme a la Fnac. En fin, espero que lo hayas disfrutado...

Javivi -

Valladolid es una ciudad eminentemente tapera. Hoy he probado una tapa increíble: jamón, salmón, queso y cebolla confitada, todo ello con su aceitito de oliva. Además, este fin de semana está siendo (es que eso de "teniendo lugar" me parece una pedorrada) el Festival de Teatro de Calle, uno de los mejores de España. Para más inri, vengo de ver actuar a Andrés Calamaro, el mismo día en el que he visitado la feria de Arte Contemporáneo de la ciudad. Leches! Cuántas cosas para un solo fin de semana! Ya podían distribuirlas mejor a lo largo del año!
(SPQV: Sono Pazzi questi Vallisoletani)
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