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El Blog de Sergio del Molino

COMERSE AL PRÓJIMO

COMERSE AL PRÓJIMO

Hay algo oscuro en todos nosotros que asoma en los pliegues del tabú. La madre que le dice al hijo: "Te comería entero". El verso que suplica: "Devórame otra vez". El entrenador que, al sonido de la campana, grita al púgil desde la esquina: "¡Cómetelo, tigre!". Los directivos de una empresa, refiriéndose a una de la competencia: "Nos los vamos a merendar". Un amigo aficionado al frontón, el día anterior a un partido: "A este rival, con patatuelas". Y, cuando cae la noche, esos amantes que se devoran el uno al otro simbólicamente, dejándose en la piel marcas de dientes que remiten, quizá, a un reducto atávico y primitivo de sus mentes que ninguno se atreve a explorar a la luz de la mañana. ¿No seremos todos un poco caníbales?

En una controvertida versión sobre las verdaderas razones de la caída del imperio azteca, el antropólogo Marvin Harris (Caníbales y reyes) dice que las huestes de Hernán Cortés sólo supusieron el mazazo final a una civilización que llevaba siglos viviendo en una crisis profunda y sin solución. No podían avanzar ni consolidar sus conquistas. Vivían en un continuo estado de guerra que no les permitía asentarse. Para Marvin Harris, la clave estaba en el canibalismo: la fea costumbre de comerse a los enemigos, algo que escandalizaba y horrorizaba a los españoles, era lo que iba a destruirles. En resumen, para Marvin Harris, los romanos en Europa pudieron consolidar una civilización fuerte y poderosa porque, cuando conquistaban nuevos territorios, le decían a sus habitantes: "Si os rendís, disfrutaréis de las ventajas de nuestro mundo y seréis como nosotros", lo que permitía integrar a todas las tribus, que preferían vivir en ciudades con alcantarillado y diversiones sofisticadas. Sin embargo, los aztecas le decían a sus enemigos: "Si os rendís, os comeremos". Por tanto, luchaban hasta la muerte. Cualquier cosa antes de dejarse arrancar el corazón en el templo de Tenochtitlán. El terror de los aztecas no era efectivo a la larga. La invasión castellana dio un golpe de muerte a un mueble carcomido.

Se han documentado casos de canibalismo en todas las culturas del mundo, incluso en las de la Europa prerromana y en la misma Península Ibérica, pero Harris y sus discípulos sostienen que sólo las civilizaciones que han hecho del consumo de carne humana un tabú han logrado avanzar y consolidarse. Funciona mejor la zanahoria que el palo. Al fin y al cabo, "con-vencer" es otra forma de "vencer", diga lo que diga Unamuno. Desarmar de argumentos a alguien es dejarlo indefenso, desnudo y a tu merced.

Sea como fuere, el caso es que nos hemos papeado los unos a los otros amplia y sabrosamente a lo largo de la historia, aunque en la civilización actual el canibalismo ha quedado reducido a episodios desesperados o a casos de enfermedad mental. Pocas cosas hay más aterradoras que un caníbal, pero la literatura y el cine han explotado poco este terror, lo que da una idea de la magnitud del tabú. Quien nos devora suele aparecer en forma de vampiro, zombi u otro tipo de monstruo sobrenatural y, por tanto, no humano. Eso, en cierta forma, lo hace más soportable. Es terrorífico, sí, pero viene a ser algo parecido a ser devorado por un lobo, un oso o una bestia del bosque. Son escasas las historias de terror de caníbales reales, de seres humanos -y no sucedáneos, como vampiros o monstruos- que devoran a otros humanos. Con la resaca dominical soy incapaz de recordar una sola, y apelo a la erudición de los comentaristas para que citen alguna, porque no me voy a levantar a rebuscar en los estantes. Me quedo con El silencio de los corderos, pero seguro que hay alguna más.

¿Por qué ese tabú se ha tratado tan poco en la ficción? Se conocen infinidad de "historias reales", como ¡Viven!, y todos recordamos el reciente caso del caníbal de Rotemburgo -que, por cierto, está teniendo muchos problemas para materializarse en una peli-, pero la imaginación no se atreve a meterse en esos oscuros recovecos. Todos los relatos que conozco están basados o inspirados en episodios documentados históricamente, pero pocos se atreven a imaginar, simplemente imaginar, historias de caníbales. Quizá sea miedo a romper un tabú que no debe romperse. Miedo a abrir la caja de pandora... o el armarito de las especias, que Ferran Adrià tiene los fogones muy sueltos y no hay que darle ideas.

Foto: la gran pirámide de Txitzen Itzá, en la península del Yucatán. Los mayas, aunque con menos fruición que sus enemigos aztecas, también eran aficionados a las delicatessen antropófagas.

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3 comentarios

andres -

yo pienso q son pocas las historias horrorosas de canibales pero en un momento de nuestras vidas hemos sidos canibales al pensar en comernos,literalmente mujeres sensuales
no conosco a un canibal y no quiero hacerlo

S. del Molino -

Jajajajajajajaja.
Pues ni me acordaba. Es de esos libros perdidos que ya no sabes ni a quién dejas. Salud, gran maestre. Por cierto, he puesto frontón y debería haber puesto pelota. Ya sabes que la precisión léxica no es lo mío. No domino la gramática latina como usted, caballero de las navarras. Salud, Cacciatore. Siempre es un placer saber de usted.

Il cacciatore -

Con patatuelas, pim pam! Con una sartén y bajo pata si hace falta! Victoria fácil rediós!
Por cierto, mil perdones, tengo yo tu libro Caníbales y reyes, jeje...
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