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El Blog de Sergio del Molino

ENHORABUENA, PAUL

ENHORABUENA, PAUL

Hay algo triste en el hecho de que Paul Auster reciba el Príncipe de Asturias, y es que cuando un escritor empieza a recibir estos galardones a su trayectoria y a su obra, asoma cierto tufo a flores muertas, cierto aroma a velatorio anticipado. Son los homenajes merecidos para que el artista pueda morir en paz, con su labor reconocida. Pero yo veo a Paul Auster muy vivo. No ha recibido la noticia en su casa de campo sentado en una mecedora y contando batallitas a los nietos. Al contrario, Mr. Auster estaba en Sintra cuando sonó el teléfono, metido en un fregado cinematográfico de agárrate y no te menees y con la resaca de su última y preciosa Brooklyn Follies. Quiero creer que todavía tenemos Auster para rato, que tiempo habrá para homenajes.

Pero bienvenido sea el premio. Esto es una celebración literaria. Al gran lector que es Mariano García le parece (lo cuenta hoy en Heraldo) que la gran aportación de Auster es Creía que mi padre era Dios, la compilación de relatos enviados por norteamericanos de a pie que él reunió después de pedirlos en un programa radiofónico. Yo no sabría decir dónde está la crema, lo mejorcito de Auster. Yo sólo sé que se hace querer, que hay algo de calor de hogar y de entrañable refugio del hambriento en sus páginas. Algo tierno que nunca es cursi. Una ternura sobria, de barrio, de amigos de cafetería americana de sandwich y café de jarra. Auster establece una relación cálida con el lector que termina en algo parecido al afecto. Acabas queriéndole, acabas aceptándolo como amigo a través de sus palabras.

Parece un don, pero es un estilo. Un estilo trabajado duramente año tras año, desde su querido Brooklyn. Cristina dice que parece que su palabra fluye sola, que sus novelas parecen escritas de tirón, pero están muy trabajadas. Dolorosamente trabajadas, incluso. Se nota que es un escritor sufriente, que siente cada letra y la hace sentir al lector. Lleva años trabajando sentimentalmente esa poética del fracaso tan americana, tan jazzística y tan triste. Sus novelas son un blues de esquina.

El Príncipe de Asturias me da igual, pero soy un lector de Paul Auster, y los lectores de Paul Auster queremos a Paul Auster. Y si quieres a alguien, compartes sus alegrías. Así que hoy estoy feliz por Paul Auster.

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2 comentarios

S. del Molino -

Ya, pero a mí me sigue dando mal fario cuando dan estos premios a un autor que todavía tiene mucho que decir.

Anakrix -

¡Claro que es para estar muy contento! Y no creo que tenga nada de triste que le hayan dado el Príncipe de Asturias. Al revés, Auster rejuvenece el premio. Ya es hora de que homenajeen a tipos que todavía tienen mucho que decir y no a brillantes abuelos que dieron lo mejor de sí mucho tiempo atrás. Por una vez, el premio no es la despedida a una vieja gloria, sino una celebración de la vida y el talento de un escritor. ¡Viva Paul Auster!
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