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El Blog de Sergio del Molino

¡LE ORDENO QUE ME QUIERA!

¡LE ORDENO QUE ME QUIERA!

¡Le ordeno a usted que me quiera! Así titula Emilio Ruiz Barrachina su libro sobre el amor imposible de Francisco Franco, Sofía Subirán. La joven no correspondía a las peticiones del militar y, en una de las postales que le enviaba, desesperado, sacando ese genio que todos los españoles conocieron años después, Franco le soltó esta lindeza. ¿Cómo pudo resistirse Sofía a semejante reclamo? Es algo inexplicable. Pocas frases tan seductoras se han escuchado.

Los militares tienden a hacer las cosas por obligación. ¡Porque sí, cojones! Si hay que limpiar letrinas, se limpian; si hay que hacer guardias, se hacen; si hay que querer a fulano, se le quiere. El amor como obligación. Causará risa, pero esa forma de concebir los afectos no es exclusiva del gremio del uniforme, sino que se hace extensiva a muchos de los que se les llena la boca con la importancia de la familia y corren a contárselo al Papa estos días próximos en Valencia.

Hace poco, un juez sentenció en contra de un hombre divorciado que solicitaba un régimen de visitas para el perro que compartía con su ex esposa, un golden retrieber como el de la foto, que es Goyo. El régimen de visitas estaba contemplado en el acuerdo de separación, pero la mujer lo había incumplido y el hombre acudió a los tribunales, con tan mala suerte de que se encontró en la sala con uno de esos jueces metomentodo que se consideran por encima del bien y del mal. El togado motivó su sentencia negativa argumentando que acceder a la petición del hombre supondría equiparar los afectos de un perro con los de un hijo. Ah, bueno, siendo así, que le jodan al pobre hombre. Que se compre otro perro y santas pascuas, ¿no?

Según el señor juez, a unos hijos hay que quererlos ("le ordeno que les quiera", podría haber dicho) más que a un perro. El juez no quiere equiparar los cariños porque supongo que tendrá una tabla objetiva de afectos en su despacho con rigor matemático. Será algo así: a un hijo se le quiere más que a un amigo, pero menos que al cónyuge. Pero uno puede tener varios cónyuges a lo largo de la vida, aunque con unos tiene hijos y con otros no. ¿Están los primeros por delante de los segundos en la tabla de afectos del señor juez? Yo, como modesta contribución, propongo esta escala de afectos para el caso de varón adulto de entre 30 y 50 años, con ánimo de que se incorpore al Código Civil y se aplique siempre:

Grado 1: Madre, que no hay más que una.
Grado 2: Padre, si es que puede demostrar que lo es.
Grado 3: Hijo primogénito varón.
Grado 4: Resto de hijos varones.
Grado 5: Hija hembra, si no queda más remedio.
Grado 6: Cónyuge legal hembra.
Grado 7: Amigos varones de la mili.
Grado 8: Amigos varones de la universidad.
Grado 9: Amigos varones del trabajo.
Grado 10: Amigas hembras, si no queda más remedio.
Grado 11: Amantes y mantenidas.
Grado 12: Superiores jerárquicos en la escala profesional.
Grado 13: Ídolos televisivos.
Grado 14: Perros y/o gatos.
Grado 15: Iñaki Gabilondo.
Grado 16: Hámsters y otros animales de compañía machos.
Grado 17: Hámsters y otros animales de compañía hembras.

Con esta tabla, se resuelven fácilmente conflictos, como ha hecho el señor juez.

Por desgracia, y según tengo entendido, los afectos no están regulados por ley, por más que existan instituciones que a lo largo de la historia hayan intentado regularlos, con muy poco éxito por otro lado. Pese a la existencia del matrimonio y otras instituciones jurídicas, la gente tiene la fastidiosa manía de querer y odiar a quien le suele dar la gana. Y sí, hay padres que no quieren a sus hijos, e hijos que no quieren a sus padres. Y matrimonios que se odian hasta la muerte. Y hermanos que se hacen putadas tan gordas que incluso la Biblia se ha hecho eco de ellas. Y sí, por mucho que les pese a quienes les gustaría darnos órdenes sobre a quién debemos o no debemos querer, hay quien quiere a su perro más que a nada en el mundo. Incluso hay gente que no quiere a nadie, y no cometen ningún delito por ello. ¿Por qué a este hombre se le niega la oportunidad de disfrutar de su perro, al que probablemente quiera con locura? ¿Porque a un juez le repugna el cariño canino y prefiere el cariño filial? Pues ese es su problema y su preferencia: a él nadie le prohibe querer a sus hijos.

Claro, que siempre podemos obviar estas menudencias, poner en práctica la tabla de los afectos y regular el amor por decreto. Viviríamos en una sociedad más funcional y menos desviada. Benedicto XVI estaría orgulloso de nosotros, porque la religión que dirige te ordena amar a tu prójimo. Claro, que los empleados de su emisora radiofónica son los primeros en saltarse ese mandamiento a la torera...

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13 comentarios

Antonio -

Sofía Subirán, que fue durante muchos años, vecina de mis tías (Blasa y Elisa) en la calle Santa Isabel de Zaragoza, recordaba que cuando "Paquito" (Franco) veía volver a su padre (militar también) el futuro dictador, salía por piernas:
¡Lástima que no corriera lo suficiente y se quedase cuarenta años!

Mapi -

Qué quieres, es deformación profesional...

S. del Molino -

De nada hombre. Acabo de vaciar las escupideras, así que sírvase a gusto.

S. del Molino -

Ya salió la de las puntualizaciones. Anda, que entre tú y M.G.C., me tenéis frito.

Mapi -

Una solución es que incluyas mentalmente a Julia Otero dentro de ídolos televisivos, y todos contentos.
Una puntualización: como bien indica M.G.C. en el reportaje que publico en el suplemento en el que tú trabajas, Franco nunca llegó a escribir realmente esa frase en sus postales amorosas. Eso sí, debió ser un auténtico coñazo acosador.

S. del Molino -

Es que vamos como motos.

Antonio Pérez Morte -

Ea! Ea! Que tu blog se acelera sólo de pensarlo!

El mensaje anterior se ha duplicado:
¡A ver si luego me vas a culpar del subidón de azúcar!

S. del Molino -

Ay, Antonio, la melena me la menguan los disgustos. Ya no me hundo con ella...

Antonio Pérez Morte -

¡Con esta tabla y esa melena no te mantienes a flote, chaval! ¡Abrazos!

S. del Molino -

Lo haría encantado, pero la tabla sigue fórmulas binarias exactas inalterables. Es tan precisa y fiable como una maquinaria suiza.

Antonio Pérez Morte -

Sergio:
¡Te ordeno que sustituyas a Iñaki Gabilondo por Julia Otero!
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