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El Blog de Sergio del Molino

AMIGOS

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Una de las cosas que menos soporto de mí mismo es que soy un malqueda para todo lo que no suponga rutina laboral, por la cuenta que me trae. Pero en el resto de ámbitos de mi vida pierdo teléfonos, olvido citas, pierdo mis propios números de móvil con agendas repletitas, y me acojo al "le llamaré mañana" y se pasan los meses. Es un problema casi psiquiátrico. Un problema fatal para quien, como yo, tiene amigos desperdigados por el conjunto de realidades nacionales de esta Península nuestra. Por eso, de vez en cuando, recibo un más que merecido rapapolvo en forma de telefonazo o de correo electrónico. El último procede de mi amigo David M., extremeño trasplantado a los Madriles que amenaza con inmolarse a lo bonzo ante la "fachada conservadora del Heraldo" para llamar mi atención.

No hará falta llegar a estos extremos, pero creo capaz de todo a David M. Durante su intenso paso profesional por Telemadrid (creo que cuando era Telegallardón y todavía no conocía la cólera de Aguirre), David M., dejándonos pasmados a todos los que confiábamos en su seriedad y rectitud, se convirtió en un redactor de Mamma Mía, el programa del corazón petardo que inspiró a Aquí hay tomate. Mamma Mía era el responsable de amenizar la Nochevieja en Telemadrid, y recuerdo cómo David M., armado de serpentinas y matasuegras, bailaba al otro lado de la pantalla en una absurda gala mientras Víctor Sandoval gritaba mariconerías varias. La pena fue que aquella Nochevieja me hice una contractura en casa de unos amigos poco antes de la cena y me dolía mucho al reírme, pero mereció la pena el dolor por ver la humillación laboral de David M. Además, el dolor desapareció al cuarto whisky.

Tengo en mente un cuento titulado El hombre que casi fue paparazzi inspirado en David M., cuya verdadera vocación era la prensa económica, pero -bien lo sabe él-, en esta vida hay que hacer de tó. Y David M. es un currela con todas las de la ley, que se echa sobre los hombros lo que haga falta.

Lo dicho, que soy un malqueda, pero intentaré compensarlo recordando alguna batallita confesable -y comprensible para el común de los mortales- más adelante en el blog. De quien tengo que hablar es de JJ de la F., compañero de piso eterno de David M., que me ha regalado algunos de los momentos más cachondos de mi vida (y con mayor peligro para mi integridad física). Sólo os diré que su pueblo natal es uno de los que tiene por costumbre arrojar la cabra por el campanario. Y JJ de la F., que tiene en propiedad una capa castellana como la que luce Ramón García en Nochevieja, es uno de los más firmes defensores de tan gloriosa tradición. Pero eso, para otro día.

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