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El Blog de Sergio del Molino

LEÑO

LEÑO

Que no, que no vuelven, pero casi. Rosendo, Tony y Ramiro presentaron esta semana un disco, el primero que publican con el nombre de Leño en 23 años. Lo presentaron en la SGAE, en ese palacete del centro de Madrid que gasta como sede, entre molduras nobles, moquetas de pase diario de aspiradora y joven recepcionista de inglés hablado y escrito en la puerta. Y canapés, y vinito del bueno, y lo que haga falta, que para eso Bautista, el viejo colega de futbolín, es el baranda del garito.

El salón se llenó de fans -incluso de fans jóvenes, de chavalines que ni habían nacido cuando ellos iban de pueblo en pueblo por una España irreconocible-. Ramiro y Tony, desacostumbrados de multitudes, se cegaron con el flash de las cámaras. Ni en sus mejores tiempos despertaron tanta expectación. Pero entonces eran un mito en formación, y hoy lo son con todas las de la ley.

 

Leño regala (diga lo que diga la etiqueta del precio, es un regalazo) la grabación del concierto que dieron en 1983 en la gira que Miguel Ríos organizó con el título de “El rock de una noche de verano”. Estaban a puntito de separarse, pero no porque las drogas hubieran resquebrajado su amistad ni porque sus egos se hubieran dado de barrigazos en uno de esos patéticos combates virtuales de sumo que acabaron con gente como los Beatles. En Carabanchel no había nadie parecido a Yoko Ono.

 

Se separaron y quedaron tan amigos, sin que nadie lo entendiera, cuando más arriba estaban, después de grabar su mejor disco. Rosendo siguió a lo suyo y, tras muchos bocadillos de mortadela y un buen montón de deudas, empezó a vender discos y se compró una casita en una playa de Almería. Tony y Ramiro desaparecieron en las bambalinas de las discográficas, asesorando, produciendo y haciendo encargos. Ramiro montó un grupo llamado Los Tranquilitos, y tan relajado se quedó que apenas sí se le escuchó. Ninguno ha podido escapar al mito de Leño. Los tres han vivido a su sombra todos estos años.

 

Los listos del márketing cogieron a todos los imitadores de Leño y les plantaron la etiqueta del “rock urbano”, una redundancia -el rock es una cultura ligada a la ciudad que no puede crecer en el campo- que ha tenido éxito. Billares, futbolines, calles de barrio que arden de rabia. Los temas conectaban muy bien con una juventud, la de los 80, que no se atrevió a ser punk de verdad. Leño, al menos, se acercaba.

(Publicado hoy en el suplemento Muévete de Heraldo de Aragón)

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2 comentarios

S. del Molino -

Hostia, por el Ramiro!!! Joder, qué suerte!

Javivi -

Ayer mismito me lo compré... estaba casi agotado en Madrid, y tuve que entrar en el pxxto Corte Inglés para hacerlo. Pero valiò la pena: a las 3 de la manyana, ya con un par de gintonics en el cuerpo, entra en El Botas (Lavapies) el mismisimo Ramiro, el bataca de Leno!!! Y yo con el cd en la bolsica... no pude evitarlo... tengo el cd-dvd autografiado!!!
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