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El Blog de Sergio del Molino

TIRANOS DOMICILIARIOS

TIRANOS DOMICILIARIOS

El otro día, en un restaurante. Un hombre que come solo en la mesa de al lado se impacienta porque no le traen agua, y con aire señorial se lo dice al camarero que, sonriente, le trae el vino. Cuando por fin llega la ansiada agua, le echa un rapapolvo al camarero de los que duelen. En voz baja, con palabras cortantes y sin mirar a los ojos, con el toque experto de los maltratadores profesionales. La has cagado bien, estuve a punto de decirle al irritado comensal, pues ahora cada plato te va a venir con escupitajo de propina. Y la saliva del camarero no llegué a verla, pero sí que noté que tardaron un huevo en servirle y que no le traían nada bien: se olvidaban el pan, una cuchara... En fin, el servicio se esmeró para hacerle al señor nazi la velada agradable. Pero él se lo había buscado.

Hay dos gremios con los que no conviene enfadarte si no es necesario: los camareros y las enfermeras, pues de su humor depende que lo que comas se corresponda realmente con lo que dice la carta o que la aguja dé a la primera en la arteria buena y el vendaje no te corte la respiración. Es una regla básica, pero la impertinencia es una mancha negra que avanza sin remedio en nuestro mundo y que abunda especialmente en las cabezas menos adornadas por la inteligencia.

Hay otras profesiones a las que podría incluirse en esta nómina. Sé de alguien al que un guardia urbano detuvo cuando circulaba en dirección contraria. "Como se ha cambiado el sentido a la calle hace poco y casi nadie lo sabe, no le voy a multar esta vez, pero acuérdese de que el giro que acaba de hacer es ahora dirección prohibida". La respuesta que obtuvo el policía fue: "Uy, qué chulito. Pues que sepas que la moto que llevas te la he pagado yo". "Y otra mejor que me vas a pagar", zanjó el guardia empezando a rellenar la multa.

Y es que hay gente que no se calla ni debajo del agua y que siempre quiere quedar encima, no importa las tonterías que puedan decir ni la vergüenza ajena que puedan generar. Gente que cree que entre sus derechos inalienables se cuenta el de insultar, importunar y dar la matraca al prójimo. A mí me han llegado a llamar a la redacción gritando histéricamente y exigiendo una explicación por el hecho de que una empresa, persona o cosa no haya sido citada en un reportaje equis. La respuesta lógica y que te sale del alma es que si no ha salido es porque no le ha parecido oportuno a quienes han elaborado ese reportaje y que, si quiere publicidad, que consulte la hoja de tarifas. Pero como mi madre me hizo el flaquísimo favor de enseñarme a tratar a la gente con buenos modales, te tienes que tragar la mala uva y dar unas explicaciones que no merecen. Si fuera camarero, se iba usted a enterar del toque especial que le iba a dar a su plato...

Pienso en esas chicas de atención al cliente que tienen que aguantar estoicas tres mil quinientas broncas al día. Hay mucha mala uva suelta. Hay mucho tirano domiciliario reprimido que vuelca sus iras sobre el más débil y encima se cree Martin Luther King. Hay mucho amargado egoísta dispuesto a amargar lo que se le cruza por el camino. Alegrías de la huerta que un día se sorprenden cuando vuelven a su casa y sólo encuentran en ella una nota de despedida tan áspera como ellos. Gente mísera a quien nadie visita en los hospitales y a quienes las enfermeras ponen motes.

Pues que os aproveche la sopa con tropezones, salerosos.

Foto: ¡Cómo está el servicio!

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6 comentarios

deslucida -

olé

S. del Molino -

Me doy perfecta cuenta, pero no siempre se puede ser petardo. Esto sale como sale, sin orden ni concierto. Hay temas que creo que van a ser muy comentados y no les hago caso ni yo, y otros que creo que no les van a interesar ni a mi madre (que me lee con pasión de idem), resulta que son los que más afán comentarista despiertan. Pero no me preocupa lo más mínimo: escribo esto por terapia, para ahorrarme el loquero.

Mapi -

Yo no me voy a poner ahora a contar las mil y una batallitas de mis años de teleoperadora en Amena, pero tú te las sabes ya casi todas. Hay mucho amargado por el mundo, y si encima le quitas la barrera de llamarte gilipollas a la cara y te lo puede decir por teléfono, ¿qué mas pueden pedir a la vida?

P.D: Sergio, ¿te das cuenta que sólo hacemos comentarios a tus post cuando hablas de temas petardos?

S. del Molino -

Buena idea, sí señor. Los camareros también maltratan sin motivo, que tiranos domiciliarios se dan en todos los gremios.

Severiano Delgado -

Pues un amigo mío fue una vez a comprar pan y huevos, y le dice al dependiente:

-Deme una barra de pan, y si tiene huevos, una docena.

Y se fue para casa con doce barras.

Chewica -

Yo me pondré del lado del camarero aunque este fin de semana haya sido víctima del maltrato de una tirana portabandejas pechugona. Un buen truco para el puteo al cliente, si te toca repartir a domicilio. Para esos clientes que viven en un 7 sin ascensor y llegas calao hasta los huesos por la lluvia y no te dan un céntimo de propina. El siguiente pedido es bien fácil. A mitad de camino (lo más cerca del portal de la casa), agita las bebidas con toda tu mala baba. Y luego coge el dinero y corre.
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