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El Blog de Sergio del Molino

ZARAGOZA

ZARAGOZA

Bonito sarao el que se armó ayer en el parque Primo de Rivera de Zaragoza para protestar contra el absurdo e injustificable derribo del Rincón de Goya (confío en que el Ayuntamiento recule: no se puede tirar de Visa para traer este verano a toda estrella que cruce la Península y, al mismo tiempo, destruir los poquitos espacios que quedan para la música en esta maltratada ciudad). Yo estuve allí currando (os remito a la crónica que se publica hoy en Heraldo) y no pude tumbarme a la bartola en ese césped que se llevará el verano, ni estar mucho tiempo con la buena gente y los amigos que me encontré, pero disfruté el poco rato que me quedé. Hacen falta más movidas como esta. Enhorabuena a quienes la promovieron. Así es como se toma la calle y se hace verdaderamente público el espacio.

Días como el de ayer son los que me reconcilian con Zaragoza, que algunos inviernos adopta cierto aire inhóspito. Es oxigenante sentir el verdadero pulso de la ciudad y no el de esos políticos siempre metidos a la gresca con proyectos faraónicos que descuidan el lado cotidiano de la vida. Proyectos que, quizá, destruyan buena parte de lo que hace que vivir aquí sea un enorme placer.

Un grupo de amigos llegamos una noche a la conclusión de que Zaragoza posee una especie de tensión dialéctica entre lo que aspira a ser y lo que es. Siempre se respiran aires de cambio. Quien visita la ciudad alaba sus potencialidades y, en menor medida, su ser. La ciudad es un corredor dispuesto en la línea de salida, y todos esperan que eche a correr en cualquier momento, pero nunca lo hace. Hay siempre una expectación contenida. Siento que Zaragoza no se conforma con ser Zaragoza, pero tampoco sabe qué quiere ser. Es como un eterno adolescente. Al menos, lo será hasta que la Expo marque una de esas odiosas barreras históricas.

Me gusta ese aire indeciso. Cada vez soporto menos a quienes pisan fuerte, saben hacia dónde dirigen sus pasos y tienen respuesta para todas las preguntas. Los individuos así son unos pelmas inaguantables que pueden acabar en cualquier secta. Las ciudades así son caricaturas pretenciosas que fomentan una ciudadanía imbécil.

Hay quien quiere que Zaragoza tenga un "proyecto de ciudad" (¡no, por favor!), pero a mí me gusta que no lo tenga y que sea difícil definirla en un par de trazos. No es una ciudad pequeña, pero tampoco es una megalópolis inabarcable. No es tenida muy en cuenta en el resto del país, pero tampoco es ignorada. No se caracteriza por un movimiento cultural imponente, pero tampoco puede decirse que sea un páramo. Su tejido social no es el del pueblo de La casa de la pradera, pero es fuerte y tenso. En fin, no descolla en nada -salvo en el monstruoso transoceánico varado que tenemos a orillas del Ebro y que muchos llaman Basílica del Pilar, que desentona con el resto de la ciudad, dándole un aire de grandeza que no busca ni pretende-, pero tampoco pasa desapercibida. Es como esa chica del final de la barra eclipsada al principio de la noche por sus desinhibidas amigas, pero con la que al final acabas yéndote a la cama. Zaragoza no parlotea innecesariamente. Sólo habla cuando hay algo que decir, pero con humor somarda, gracia y rasmia, sin esa tristeza insoportable de los burgos castellanos, que parece que siempre están de funeral.

En Barcelona se organizan cada día movidas como la de ayer en Zaragoza. En Zaragoza, sólo cuando son necesarias, cuando persiguen un fin. Así, su sentido no se pierde en una ostentación repetitiva y folclórica.

Me gusta Zaragoza. Cada día la disfruto más.

Foto: para quienes todavía no conozcan la ciudad. En primer plano, a la izquierda, el torreón musulmán de La Zuda, junto a los restos de las murallas romanas. Detrás, la iglesia barroca de San Juan de los Panetes y, al fondo, la mole del Pilar, con sus cuatro torres.

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9 comentarios

Carlos Millán -

Pues nada, que a mí también me gusta Zaragoza, que estoy encantado de ser de esta ciudad y de contribuir, en lo que puedo, a que vaya hacia alguna parte (no hacia un lugar definido en ningún proyecto de ciudad, sino adelante,hacia donde queramos llevarla entre todos). Y me alegra que otros también lo digan abiertamente, porque estoy bastante harto de ese tipo de zaragozano (que existe y abunda) que sólo sabe lamentarse y quejarse de su ciudad, olvidándose de que la ciudad somos todos y la hacemos entre todos. Bueno, que me han alegrado la noche vuestros comentarios.

Francha Menayo -

El nombre se Primo de Rivera es ese por que sin Primo de Rivera el parque NUNCA se hubiera hecho me da lo mismo como se denomine, peo ya esta bien de tantos cambios POLITICOS irracionales, creo que si Primo de Rivera fue el impulsor de ese parque pulmon de la ciudad debe primar eso, indistintamente de sus signo politico, lo que no tiene razon de ser esque Zaragoza rinda tributo a gente que nada hizo por estaa ciudad y quien si lo hizo, sea del signo politico que sea no la tenga
Saludos

S. del Molino -

Creo que hubo una propuesta de cambiar el nombre, pero no se llegó a hacer. Yo también prefiero la denominación popular, pero lo de Primo de Rivera me recuerda a los años 20, y como es un parque muy belle époque, me parece que le va bien.

Javivi -

A mi también me gustaría vivir en Zaragoza! Quién sabe... Anakrix, estás completamente segura de que no cambiaron oficialmente el nombre del parque? Algo me quiere sonar. De todos modos, prefiero la denominación popular a llamarlo con el nombre de un dictadorzuelo, por muy juerguista, putero y cachondo que fuese.

Anakrix -

S.SM., no es por llevarte la contraria, pero el nombre oficial es parque Primo de Rivera. Lo de Parque Grande es la denominación popular.

S.SM. -

QUE !!!!
¿parque Primo de Rivera?
jODER SERGIO
te veia mas puesto
Solicito pido rectificacion
FE de RATAS
Parque Grande, dixit

Anakrix -

Yo siempre les digo a mis amigos de fuera que lo bueno de Zaragoza es que es lo suficientemente grande como para tener de todo, y lo suficientemente pequeña como para que no agobie. A mí también me gusta vivir aquí.

Severiano Delgado -

Sí señor. Zárágózá: la única palabra española con acento en las cuatro sílabas.

Los de fuera se sorprenden de varias cosas: es grande, es bonita, es moderna y la gente es simpática y amable. Y además no decimos "la Pilarica". O sea, algo hemos avanzado desde "Nobleza baturra".
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