Blogia
El Blog de Sergio del Molino

EL BRITÁNICO

EL BRITÁNICO

Para los urbanitas desalmados que nos aburrimos de ver plantas en el monte pero que nunca nos cansamos de recorrer bares, el cierre de un café veterano y añejo es tan doloroso como la extinción de una especie para un ecologista. Da igual que sea en tu barrio o al otro lado del mar: una ciudad pierde algo de su humanidad cuando la persiana de un café baja para siempre. Hoy ha cerrado el Bar Británico de Buenos Aires, en el barrio de San Telmo, en el cruce de las calles Brasil y Defensa. Hoy ha cambiado algo en el mundo. Ha cambiado de forma imperceptible, pero lo ha hecho a peor. Desde hoy, Buenos Aires tiene un sitio menos para visitar. Desde hoy, quienes entendemos la ciudad como un espacio para vivir, hemos retrocedido un pasito más en favor de quienes entienden la ciudad como un espacio para conquistar.

El Británico hace esquina en la parte baja de la calle Defensa, que es la arteria principal del barrio de San Telmo y nace, muy discreta, en un lateral de la plaza de Mayo. Adoquines rotos y viejas casonas coloniales con nombres de criollos vascos que forjaron la independencia del país, como Ezeiza, hablan de un pasado de guerras y mitos liberadores. Discos y fotos de Gardel en los anticuarios, empanadas recién horneadas en las terrazas y ese bullicio gritón hispanoitaliano que domina cada esquina a cualquier hora del día en la ruidosa Buenos Aires. Hay varios cafés en Defensa donde los argentinos se dan con alegría a su vicio nacional: la plática. Todos son de verdad, con sus mesas llenas de cruces de cuchillo, con la madera machacada por los millones de balletas que la han frotado y su camarero masculino de sapiencia veterana. En San Telmo las horas pasan lentas, al ritmo del ingenio del conversador y de los sorbos con los que se bebe la Quilmes, servida por litros y casi helada. Horas que también pasan lentas al ritmo de la prosa remolona y acongojada de Ernesto Sábato, que escogió estos rincones del Británico, con el parque Lezama y alguno de los caserones coloniales en ruinas en primer plano, como principal condimento de El túnel y Sobre héroes y tumbas, con la trágica, bella y engmática Alejandra paseando entre los bancos del parque.

Líos de herencias y rencillas familiares han acabado con el Británico, que desde hace medio siglo regentaban -en régimen de alquiler- tres gallegos bonachones y biencarados. En unas rayadas bandejitas de alumunio servían unas "picaditas" de queso, chorizo, jamón y patatas fritas que daban más sed y propiciaban una segunda Quilmes. También alargaban la conversación. Desde los ventanales se ve el parque Lezama, con su estatua al fundador de la ciudad, el cruel conquistador español Pedro de Mendoza. Era un sitio muy especial. Nuestros anfitriones nos contaron que, durante la guerra de las Malvinas, ante la ola anglófoba que recorrió el país, los tres gallegos se curaron en salud y borraron el "bri" de "británico" de la vidriera. Durante parte de los 80, fue el Bar Tánico. Por lo demás, nadie sabe nada de su origen, que se fecha en unos imprecisos años 20, ni sobre su nombre. Quizá tenga algo que ver con las invasiones inglesas que sufrió la ciudad a principios del siglo XIX: las tropas británicas entraron a sangre y fuego desde la Boca y arrasaron la calle donde durante décadas ha estado el café.

Una pena. Todavía me refresca el recuerdo de las Quilmes en el Británico, y me da rabia no saber dónde coño están las fotos que nos hicimos allí. Quizá todo esto no sea más que literatura barata y sentimentalismo ñoño, pero creo de verdad que Buenos Aires, y el mundo en general, son un poquito peores que ayer. Esta noche releeré a Sábato.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

5 comentarios

Majo -

Enhorabuena, el británico sigue abierto. Después de unos meses cerrado, volvió como siempre.
ps. Noño o no, caí de casualidad al blog mientras intentaba ordenar algunas ideas sobre mi último viaje (lisboa) y hace más de 2 hs que no despego los ojos de tus relatos. Coincidí demasiado con alguns comentarios que me despertaron sonrisas. Definitivamente Berlin está viva, como pocas (sino ninguna..) ciudades europeas. A NYC volvería incansablemente y a Baires, sino fuera casa, también. Todavía digo que viviría en algunos sitios y Rio de Janiero y Berlín llevan la delantera. Mientras aprovecho la experiencia de emigrada temporal en Barcelona.
Gracias por el buen rato de lectura.

S. del Molino -

Es el eterno dilema del viajero vocacional: menú degustación y estar poquito tiempo en muchos sitios, o menú de dos platos y gran postre, saboreando a fondo un lugar. Es irresoluble.

Anakrix -

Si yo tuviera dinero y vacaciones suficientes para volver a Buenos Aires siempre que quiera... pero el mundo es muy grande, yo tengo poco tiempo y el dinero justo y siempre que pienso en volver al Río de la Plata se me cruza otro viaje a un lugar nuevo que me hace desistir de la repetición porteña.

S. del Molino -

No hace falta que des mucho: sólo lo que piden las tarifas de Iberia o Aerolíneas Argentinas. Yo también me apunto a pasear otra vez por San Telmo. Incluso me apunto a vivir en San Telmo. A ver si me toca esa Primitiva y reabro el Británico!
Salud, Anakrix.

Anakrix -

¡Cierran el británico! Madre mía, qué recuerdos. Nos llevó allí la amiga argentina que nos abrió las puertas de Buenos Aires. Hubo Quilmes, picadita y compramos marionetas en un mercadillo que habían montado en la plaza de enfrente. ¡¡Lo que daría por volver a pasear por San Telmo!!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres