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El Blog de Sergio del Molino

CINE Y COSAS NECESARIAS

CINE Y COSAS NECESARIAS

Hablando de centenarios, ayer preguntaba Manuel Rivas por Mozart (250 añitos) en su columna de El País. Es verdad, no se le oye en ningún sitio. Una ausencia que no lamento: después del "quijotazo" del año pasado, no tengo cuerpo para amadeusadas. Que le adoren en Salzburgo y en Viena y que los Alpes y los Pirineos se mantengan altos y enhiestos para alejar sus fastos de tufo rancio y ministerial. Para compensar, Billy Wilder está sonando en su centenario y sus pelis se han programado en algunas cadenas. Y es que, para genios admirables, el chistoso señor de las gafas de pasta gana por goleada en afecto al repipi niño prodigio palaciego. Que te zurzan, Mozart.

Como se recuerdan cosas de Wilder, también se rememoran sus fracasos taquilleros, que fueron casi tantos como sus bombazos. Encuadrado en el clasicismo, llegó un momento en el que su cadencia y sus buenas maneras cómicas dejaron de interesar al público, pese a que sus producciones eran igual de brillantes. Y él lo asumió con mucha dignidad. Dijo algo así como: "Yo trabajo para tener éxito, pero si la gente no quiere ir a ver mis películas, no puedo hacer nada". Un director español -o uno europeo abonado al plañidero chollo de la "excepción cultural"- jamás enunciaría una frase parecida. En la pacata y mafioseta España, el ingrato público es el culpable. Es ignorante y no sabe apreciar lo bueno. Los directores y los actores se esfuerzan por ofrecerle lo mejor, pero ellos se empeñan en ver a Jean Claude Van Damme. Maldita, deseada y desagradecida zorra: ahí te pudras. Ése viene a ser el tono que productores, actores, directores y críticos apuntados al carro desgranan en entrevistas y reportajes. Y el Ministerio de Cultura ( y los editorialistas) les ríe las gracias y les enjuga las lágrimas de cocodrilo.

Borja Hermoso, en el blog de cine de El Mundo plantea con acierto una pregunta: En asuntos de cine, ¿de quién se preocupa el Ministerio de Cultura: del público o de la industria? Cabe suponer que, como administrador de los intereses de los ciudadanos, apoye medidas encaminadas a que el público se forme, se informe y disfrute mejor del cine como una de las más importantes manifestaciones culturales de la actualidad. Sin embargo, ha anunciado crear una Agencia de Cine Español (o con un nombre parecido) que va a promover la exportación de pelis patrias por estos mundos de dios. Alégrome, y que les vaya muy bien en su misión evangelizadora, pero, ¿qué hay de lo mío? Quiero decir: ¿qué hay de ayudas a los exhibidores que se arriesgan a proyectar las pelis como Billy Wilder (es decir, Dios) manda y no las doblan sino que las subtitulan? ¿Qué hay de los millones de españoles que viven fuera de Madrid y Barcelona y no llegan ni a oler los aclamados estrenos festivaleros de los que tanto hablan los críticos de la prensa? ¿Qué hay de esas filmotecas de horarios imposibles y dotaciones presupuestarias cómicas? ¿Qué hay de la mutilación y el maltrato que practican impunemente las televisiones con las películas que emiten? ¿Qué nos importará a nosotros que un señor de Estocolmo vea o no la última de Amenábar? En fin, que los amantes del cine nos tenemos que tragar el desprecio de directores mediocres que nos insultan por no pasar por taquilla para ver sus pajuelas estilísticas, con la ministra asintiendo de fondo y amenazando con darnos en el culito. Para colmo, hemos de consentir con una sonrisa que se mantenga con nuestros impuestos una industria hipersubvencionada.

Y yo me pregunto: ¿es obligatorio hacer cine? Si el público no ve sus pelis, asúmanlo como hizo Wilder (aunque carezcan de su elegancia y, sin duda, de su talento) o dedíquense a otra cosa, pero no aspiren a un funcionariado encubierto. Si lo hacen, al menos digan abiertamente que sólo quieren chupar del bote y no nos cuenten milongas.

Foto: Billy Wilder.

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7 comentarios

Antonio -

S@LUD!

S. del Molino -

Sentar cátedra, ¡qué palabrotas!
Muchas gracias por el link, Antonio. Salud!

Antonio Pérez Morte -

Sin duda el tema es complejo y da para mucho mucho más...
pero tampoco se trata de sentar cátedra de nada.

Como dice el biógrafo de Cortázar, tu blog es divertidísmo y en momentos bajos, levanta el ánimo.
Me gusta tanto el tono desenfadado del texto, que te he linkado.
¡Abrazos!

PDT: ¡Y después de los treinta seguirás siendo tú!

S. del Molino -

No estoy tan guerrero, tendría que matizar mucho lo que digo aquí, aunque en esencia es lo que pienso. No sé qué pasará después de los 30, pero sospecho que mi cinismo se acentuará un tanto. Sólo espero ver las cosas siempre con el necesario humor. Como decía Wilder: "Sólo hay algo que odie más que no ser tomado en serio, y es que me tomen demasiado en serio".
PD: A mí también me gusta Rivas. Probablemente más que Mozart porque le siento más próximo. Y menos, Amenábar.

Antonio Pérez Morte -

Me gusta Manuel Rivas casi tanto como Mozart y el cine de Wilder. No tanto Amenábar.
Odio a Van Damme, pero me da tanta pena el Sr de Estocolmo...

Quiero decir que estoy de acuerdo, sólo en parte, con lo que dices, pero me encanta verte tan guerrero: ¡Ánimo chaval, que esto sólo dura hasta los treinta o poco más!

S. del Molino -

El apartamento... Es de esas pelis que lo tienen todo, y Wilder no se quedó contento con ella. Después de estrenarla, todavía le daba vueltas al guión y pensaba que el personaje de Lemmon debería haber tenido algún tipo de discapacidad, como una cojera. Para mí, es perfecta tal como está, pero el detalle dice mucho de la sinceridad creadora de Wilder.

Anakrix -

Estoy de acuerdo en todo, Del Moulin. Y en cuanto a Wilder, el otro día llegué a casa a las mil, agotada y pensando sólo en irme a dormir. Pero puse la tele y ahí estaban Jack Lemmon y Shirley MacLaine metidos en "El apartamento". Ya no pude despegarme del sofá, claro. Y aunque estaba muerta de cansancio, allí me quede, disfrutando como una enana, hasta que el The End apareció sobreimpresionado mientras Franz y Baxter jugaban a las cartas. ¡Qué peli más bonita!
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