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El Blog de Sergio del Molino

MONSIEUR VERNE

MONSIEUR VERNE

Por cuestiones de biografía, que son las únicas cuestiones que no te puedes sacudir, Francia ocupa un lugar muy especial en mi imaginario. El bueno de Michel, fiel lector de France Football y seguidor a partes iguales del Angers (que creo que juega en la segunda división francesa) y del Real Zaragoza, se encuentra con un dilema de fidelidades ante el próximo España-Francia. Aunque yo creo que lo del dilema lo plantea para quedar bien ante la hinchada patria de la ciudad donde vive, pero en verdad tiene muy claro que los hijos de la Revolución le van a dar una republicana patada en las monárquicas nalgas a la selección española. Si fuera cristiano, rezaría por que los deseos de Michel se cumplieran y Luis Aragonés, con su caracter agrio de portero maleducado, se vuelva por donde vino. A ver si así volvemos a nuestra normalidad estatal autonómica.

Pero, ¿qué hago yo hablando de fútbol? Deben ser los calores, que me reblandecen la sesera, madre. El caso es que ahora que los berridos de Agustina de Aragón y los facones de Curro Jiménez van a hacerse notar en Alemania de nuevo contra er mardito gabacho, yo recuerdo muchas de las cosas que me unen al otro lado de los Pirineos, donde siempre que voy me encuentro como en casa. Es una sensación agradable: ya sé de antemano que no me sentiría extraño en caso de exilio, un extremo que nunca hay que descartar en este país tan aficionado a barrer de su solar patrio a quien no le mola.

Mucho antes de que aprendiese a decir una sola palabra de francés y de que sus calles, paisajes y voces pasaran a formar parte de mi, yo ya estaba ligado a Francia sin saberlo. Lo estaba a través de su literatura y de un escritor que entonces, a mis nueve añitos, consideraba el no va más: Julio Verne. A esa edad, alguien que ya se había dado cuenta de que yo para deportista no iba, decidió estimular mi presunta listura regalándome la colección entera de "Viajes extraordinarios", que todavía conservo y de la que no me desharía ni cayendo en la más mísera de las miserias.

Con una presentación que yo todavía no podía asociar al siglo XIX, algunos libros venían con unos grabados preciosos. Los devoré, y me aficioné especialmente a aquellos más viajeros y menos fantásticos. Ya había visto mucha tele y no me impresionaban las toscas técnicas de De la tierra a la luna o del Viaje al centro de la Tierra. Los que más me gustaban eran los que hablaban de sitios que podía situar en un mapa, aunque fuera vagamente, en alguna isla de los mares del sur: El piloto del Danubio, Un capitán de quince años, Dos años de vacaciones, El faro del fin del mundo, Miguel Strogoff, Héctor Sevadac, Las tribulaciones de un chino en China... Son mi infancia, la que me tocó, la que no pude elegir.

Verne hizo crecer en mí la curiosidad por un país que, desde entonces, me ha fascinado y me sigue fascinando. Cómo entendía a Goya. ¿Cómo no ser afrancesado en aquellos tiempos? Había que ser muy cerril para no lanzarse de cabeza a la tricolor. Verne fue mi puerta a la literatura y a la cultura francesas, que sigo leyendo y disfrutando. Y a la literatura en general.

Por eso comprendí tan bien al escritor Tomás Eloy Martínez, cuando escribía el pasado día 21 en El País sobre su relación con Verne y con Borges. En una de sus muchas boutades, el cuentista ciego vino a decir que Verne era una bazofia comparado con H. G. Wells. Buena parte del descrédito literario de Verne procede de ese capricho borgiano. Como todos, el joven Tomás Eloy Martínez pensó: "Si lo dice el maestro Borges, tendrá razón", por lo que se apresuró a renegar de Verne y a buscar dobles sentidos metafísicos en La guerra de los mundos y en El hombre invisible.

Pero hoy, despojado de sus imberbes ataduras literarias, Tomás Eloy Martínez reivindica a Verne. Y yo le alabo el gusto. Verne me ha hecho pasar muy buenos ratos y me invitó a cruzar el canal para conocer a un tal Stevenson que tenía un tesoro en no sé qué isla y se convertía en otra persona cuando se drogaba con una pócima. Una cosa llevó a la otra.

Verne sí que es un buen introductor al placer de leer. Una de las rémoras más graves que tiene España es que, mientras en Europa se imaginaban y se exploraban maravillosas aventuras bajo soles fascinantes, en el mugriento Madrid, los escritores de mesa camilla y tertulia escribían coñazos patrios que sólo se pueden dar a leer a los niños como castigo. Es imposible formar lectores nuevos con Galdós o con Clarín, y no digamos ya con los alegres noventayochistas. Nuestra tradición espanta a los niños como una tía abuela chocha con olor a orín. Así que, señores pedagogos -sin ánimo de meterme donde no me llaman-, más Verne, más Stevenson y menos Fuenteovejuna y Fortunatas.

Y muchas gracias a todos esos escritores que cultivan esa ingrata y difícil parcela de la literatura infantil y juvenil. Ánimo, porque estáis trabajando en un campo que nunca antes se había sembrado en España.

PD: Vive la France!

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4 comentarios

S. del Molino -

Javivi: probablemente me equivoque, pero Vázquez Montalbán fue el que puso de moda los escritores fumboleros. Gracias a él, ahora los periódicos están llenos de escritores orgullosos de fumbolmanía. Sin ir más lejos, Antón Castro, en Heraldo, está escribiendo un "diario del mundial". Pero Vázquez Montalbán siempre me ha parecido bastante falso tanto en su pasión fumbolera como en su faceta de gourmet. Creo que había algo esnob en esa actitud, por eso prefiero la de los escritores latinoamericanos, que tienen un contacto más sincero, visceral y natural con el fúmbol. Por lo demás, mi dedo meñique roto es poco sacrificio. Si eso es todo lo que sabe hacer el fatum para apartarme de mi camino, debe ser que al fatum le entrena Luis Aragonés.
Rondabandarra: dios, el puerto de Nantes, une petite amie (mais grande dans ton coeur), los ecos de Verne... Para que luego digan que ser aragonés y tener sentimientos está reñido. Es curioso, pero pese a que he estado mil veces cerca de Nantes, nunca he llegado a estar. Queda apuntada la sugerencia. Ah, y Los hijos del capitán Grant también es de mis favoritos. Salud!
Cide: pero que le dejen ser académico, que su ego no va a quedar satisfecho si no. Es más, que le den el premio Nobel y el Cervantes para ver si así se retira ya de una vez y deja de sofronizarnos.

Cide -

No sabía muy bien dónde dejarte esta joya, así que lo hago en este espacio para comentarios.

La Fiera Literaria estrena web. Y entre las joyas que ha colgado en su primera edición, quiero destacar esta carta a la RAE para pedir que Javier Marías no sea admitido como académico. Sé que la disfrutarás:

http://www.lafieraliteraria.com/cartaRAE.html

Al final hay una lista de errores garrafales del presunto escritor. Mi favorito es:

"Aun se entretuvo en la sección viril, ahora probó dos aromas en el envés de sus sendas manos, pronto no le quedarían zonas incontaminadas por los perfumes dispares."

Rondabandarra Grant -

Hace no muchos años, tenía yo una “petite amie nantaise” y pasé una temporada en la ciudad donde nació don Julio. Allí, al pie del puerto fluvial por donde en tiempos los negreros recibían sus “pedidos”, hay una casona que parece contemporánea de Verne y que es sede de su museo, donde hay reunida una barbaridad de material sobre el autor, sus libros y personajes. Si os pasáis por Nantes, no dejéis de ir a verlo.
P.S.: Mi preferido es “Los hijos del capitán Grant”.

Javivi -

Perro traidor... Las huestes de Federico, herederas de las de Onésimo, no te perdonarán nunca que te alíes con la anti-España. Tu primer sacrificado ha sido el dedo de tu pie, pero que sepas que no pararemos hasta que acabes envuelto en la rojigualda, con tus barbas pintadas de los colores nacionales, y gritando por las calles "a por ellos, oe".
(PS.: ¿Para cuándo un post sobre, por ejemplo, Manolo Vázquez Montalbán y sus querencias futboleras? Los fumboleros semos personas humanas, y tenemos corazón)
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