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El Blog de Sergio del Molino

MEN IN BLACK

MEN IN BLACK

En duermevela, con el auricular puesto de cualquier manera en la cama, escucho Milenio 3, de Iker Jiménez, que dedica el programa a los hombres de negro. Muy interesante, de verdad, aunque finalmente caí roque y no llegué a escucharlo entero. Sí que oí, por ejemplo, que muchos personajes vivieron con la paranoia de ser perseguidos por extraños y hieráticos individuos. Contaron que el torero Manolete vivía aterrorizado porque, en todas las corridas, veía en el tendido a un enigmático hombre de traje gris (y Sabina no había nacido todavía). Cuando había aplausos y peticiones de oreja, el hombre de gris permanecía sentado e inmutable. Cuando había abucheos y almohadillas, el hombre de gris tampoco cambiaba su postura. Manolete pedía a veces a un subalterno que subiera a la grada para enterarse de quién era ese personaje, pero cuando lo hacían, el hombre de gris había desaparecido. A Manolete le aterrorizaba aquel ser.

Contaron también que Mozart recibió en 1791 la visita de un hombre vestido de negro que tapaba su rostro. El emisario le pidió que compusiera un réquiem a cambio de una fuerte suma de dinero, la que Mozart le pidió, y que él no discutió. Mozart no llegó a terminar el encargo, pues la muerte le sorprendió antes, y parece ser que los días previos al óbito gritaba: "El hombre de negro me ha envenenado".

Vamos, que lo que pretendían demostrar era que, desde tiempos lejanos, se cuentan historias de oscuros emisarios cuya función es vigilar, intimidar, persuadir y controlar. No sé si lograron su empeño (los de Milenio 3, digo), porque me quedé frito antes, pero la intención era buena.

En los tiempos modernos se asocia a estos individuos con la CIA, con encubridores de sucesos que los gobiernos quieren escamotear a la opinión pública. "Usted no ha visto nada" es su frase de cabecera, tomada prestada de los mafiosos clásicos de traje a rayas. El cine los ha exprimido a gusto, incluida su vertiente cómica, con las divertidísimas entregas -a pesar del infumable Will Smith- de Men in Black. La serie Expediente X refinó el tópico mezclando distintas referencias y tradiciones. Cogió despojos de la era atómica y del Proyecto Manhattan, husmeó en el caduco cine político de los años 70 -género casi desaparecido que trata de atentados a personajes y espionaje e investigaciones secretas de alto nivel- y picoteó un poquito en el comedero del periodismo de investigación y sus gargantas profundas. El resultado de semejante pastiche fue "El Fumador", esa ambigua figura gubernamental que está al tanto de todo y juega a dos bandas con encuentros secretos y medias palabras.

No he leído El código Da Vinci porque me lo prohibió el médico, pero intuyo que también pulularán hombres de negro por sus páginas (¿con sotana, quizás?). Su presencia es sinónimo de conspiración, y las conspiraciones nos encantan. Parece que nos gusta sabernos vigilados y controlados. Nos aterroriza, luego nos gusta, pues hay una sutil relación entre el terror y el placer que no está sólo reservada a tipos patológicos. Bien lo saben los maestros del género. En épocas no tan remotas, buscábamos ese oscuro placer en las bestias de los bosques, en las brujas, en los animales marinos o en otros animales necesariamente deshumanizados como Jack el Destripador. Hoy, el terror está en un ministerio, en un despacho con muebles de caoba o en unas secretas instalaciones militares. Hoy, el terror somos nosotros. Drácula y el Sacamantecas no tienen nada que hacer frente al Opus Dei o al gobierno paralelo que da órdenes al gobierno títere elegido en las elecciones.

Qué prosaicos y asustadizos nos hemos vuelto: nos da miedo un vendedor de enciclopedias con gafas de sol. Como diría mi abuelo: hay que joderse...

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3 comentarios

El futurible ingeniero -

El erudito era yo... pero era para pasar desapercibido por aquello de la fama

S. del Molino -

Uy, Erudito, eso suena a argumento de "hombre de negro"...

Erudito -

A veces aunque parezca ilógico, se nos hace más fácil creer en una conspiración que creer que el resultado es la suma de muchas cosas simples.
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