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El Blog de Sergio del Molino

EL SOLITARIO ÁLBUM DEL SOLITARIO

EL SOLITARIO ÁLBUM DEL SOLITARIO

Oh, la, la. Sorpresa. En la playa de Matalascañas, a la sombra de las dunas de Doñana, cien chiringuitos de abalorios y morralla playera. Uno de ellos es una caseta de libros. Búsqueda vana de alguna cosilla para entretener una mañana bajo la sombrilla. Imposible: no sabemos si comprar el volumen VIII de El hombre y la tierra (anunciado en TVE, según la portada), los sabios consejos de Saber vivir (igualmente anunciado en el mismo canal que el anterior) o Arte y misterio de la tapa española (sin anuncio en televisión, pero con una señora que se parece a Elena Santonja sonriendo tras su delantal). Resistiéndonos a tan fascinantes reclamos, sorteamos una colección de clásicos con Stendhal y Dickens en letras doradas; pasamos por los tebeos de Zipi y Zape versión Panini (hay que ser cutre); seguimos por la sección “política”, con títulos como KGB. Rojos y asesinos o Don Javier, una vida y un ideal, y llegamos, al final de la caseta, a un inverosímil montón que nos deja boquiabiertos. Apilado en un rincón, el nombre de Antón Castro refulge misterioso, como el de un outsider incomprendido e incomprensible. ¿Cómo han ido a parar esos 20 o 30 ejemplares de El álbum del solitario a aquel chiringuito librero de Matalascañas? Además, no pertenecen a la edición original, sino que forman parte de una colección de autores españoles contemporáneos de Planeta de Agostini. ¿Sabe Íker Jiménez que Antón Castro intenta colarse entre libros de autoayuda y recetarios para guiris? Hacemos grandes alharacas ante el hallazgo y decidimos comprar al menos uno. Tres euros, nos dice la librera con cara de pensar que somos gilipollas por no llevarnos algún bonito atlas ilustrado de los usos y costumbres de la provincia de Huelva o un número atrasado de la revista Ser Padres, que se nos ve en edad de procrear. Ante su actitud hostil, no indagamos más y nos quedamos con las ganas de saber cómo ha ido a parar El álbum del solitario ahí. En fin, espero que Antón eche una firmita en el ejemplar, porque el increíble hallazgo bien lo merece. Seguimos caminando por los puestecillos, observando con atención, no vaya a ser que entre los abalorios se esconda un rubí a cinco euros, o entre los vestidos de tirantes, un Channel por seis. Visto lo visto, todo es posible en el mundo de la ganga.

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2 comentarios

S. del Molino -

¿Gatos? Cuatro y mal contados, pero bien avenidos.
Coincido en lo del gato Acuña.
Salud, Gato Negro, y no corras mucho por los tejados...

El gato negro -

Me duele, me duele, ver mi rostro por ahí y que nadie me haya pagado derechos de autor.
El libro no está mal: lo que más me gusta de él es la historia del gato Acuña, que no era negro, y un cuento de dos hermanas suicidas.


Bienvenido Sergio: vaya blog tienes.

Eso sí, hay pocos gatos.
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