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El Blog de Sergio del Molino

NOSTALGIA CAVERNÍCOLA

NOSTALGIA CAVERNÍCOLA

En la contra de El País dice Juan Luis Arsuaga -el atapuerquista que, cuando tiene el día inspirado, exhibe una lucidez poética que ya la quisiéramos muchos- que los seres humanos actuales somos como los dioses griegos: podemos, gracias a los poderes de la tecnología, cambiar el curso de los ríos, levantar ciudades subterráneas y charlar a miles de kilómetros de distancia, pero tenemos sentimientos humanos. Ésa era la gran tragedia de los dioses griegos, y ésa es nuestra gran tragedia. Es hermoso verlo así.

Arsuaga conversa en esa página con la presidenta de IBM España, Amparo Moraleda, y a mí me da por pensar, tras mirarme en el espejo, en el "retrosexual" que la dictadura de la publicidad quiere imponer (ay, ¿qué fue de aquella otra dictudura, la del proletariado?). Según la nomenklatura de Benetton y Marlboro, este verano se llevan los hombres sin depilar, rudos y que acostumbren a beber latas de cerveza de siete en siete acompañadas por eructos capaces de apagar los fuegos gallegos. Los neanderthales de Arsuaga triunfarían en los pueblos de playa bailando la versión de King África de Paquito el Chocolatero...

Alta tecnología, dioses, neanderthales, Chuck Norris, José-Pepe Bono soltándose el cinturón después de un atracón de pisto manchego... El batiburrillo de imágenes me crea un malestar filosófico y me lleva a sentir nostalgia cavernícola. Es una sensación que me viene a veces y que supongo que sentirán todos los que trabajan con el coco y sólo ejercitan las puntas de los dedos al escribir sobre el teclado. No hago deporte ni me van las manualidades, y el sexo, por más calorías que queme, no lo considero actividad física. Pero de vez en cuando me dan arrebatos y necesito hacer algo con mis manos, necesito encontrarme con el homo faber que llevo dentro. Ésa es la razón por la que me engancho al canal de cocina y me paso algunos sábados provocando cataclismos en la encimera. Sí, soy un neurótico, pero un neurótico que no cocina del todo mal.

Hay mujeres esbeltas y estilizadas que fueron obesas en su infancia y ya no pueden quitarse nunca ciertos complejos de niña gorda. En la serie Friends, construyeron el personaje de Mónica Geller recurriendo a ese tópico. Pues bien, dado el machismo social realmente existente, el equivalente de una niña gorda es un niño torpe, y yo nunca me sacudiré de encima a aquel chaval enclenque que sólo logró meter un gol en su vida, y fue en propia puerta. Por eso, cuando termino una tortilla de patata con la jugosidad y el punto de sal correctos, cuando saco del horno una empanada doradita y crujiente y cuando el guacamole sale con la textura homogénea, me siento mucho más satisfecho que cuando le pongo el punto y final a un reportaje majo. Será porque ya doy por supuesto que sé hacer reportajes, pero nunca tengo del todo claro que un trabajo manual me vaya a salir bien.

Inseguridad de niño torpe y satisfacción de niño torpe. Cada plato servido es un corte de mangas retrospectivo a esa panda de mangarranes atléticos y manitas -en la clase de pretecnología también era un desastre: no sé a quién se le ocurriría poner un soldador de estaño en mis delicadas manos- que amargaron mi infancia. Pero hay algo más profundo que los complejos retenidos. Creo que detrás de este hobby culinario mío hay una nostalgia cavernícola real, un desfogue, una necesidad de sentir el cuerpo como herramienta -para cazar, para transformar, para destruir. Vivo entre símbolos, trabajo con símbolos, modifico símbolos. Me relaciono con gente tan asquerosamente civilizada como yo, que sólo recurre a la violencia verbal, y a veces de forma tan sutil que parece violencia verbal de guante blanco. No está mal desfogarse un poco de vez en cuando, sin necesidad de ser por ello un retrosexual full-time.

Pues eso, que somos dioses griegos, pero con mente y sentimientos de adolescentes, y así no vamos a ninguna parte. ¿O sí?

Foto: Juan Luis Arsuaga.

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7 comentarios

Anakrix -

¡¡Qué hambre me estáis dando!! Desde luego, si os marcáis de verdad el duelo culinario, me apunto de espectadora-catadora, jurado o lo que haga falta. Ah, y enhorabuena por el curro, Javivi!! seguro que estás encantadico de volverte pa' Zaragoza

S. del Molino -

Enhorabuena, profesor! Espero que te hagas odiar por tus alumnos e impongas tu vara de hierro en las clases, jeje.
Lo del blog, de verdad, yo no doy más de mí mismo: si hiciera ese blog tendría que renunciar a cocinar, por ejemplo, o a ir a trabajar, cosa que no conviene. Sin embargo, un compañero va a lanzar una página web gastronómica en los próximos meses. Ya la tiene registrada y diseñada, y supongo que cuando vuelva de vacaciones se pondrá a trabajar en ella. Igual le traslado esta idea por si quiere incluirla como apartado de su web.
Tus borrajas con almejas recuerdan a un "mar i muntanya" vegetariano. Lo siento, es que estoy leyendo al maestro de gourmets Josep Pla y no veo el momento de lanzarme, cucharón de madera en mano, con una de esas delicias que mezclan en un único y perfumado plato bichos que trotan y bichos que nadan, tan típicas del norte de Cataluña. Ese es mi próximo reto culinario.
¿Qué tal tus penne all'arrabiata? Parecen sencillos, pero si se te va la mano con el condimento, estropeas el plato. Creo que es una de las recetas de pasta que más me gusta. Espero que tengas buen pulso con el aceite, el ajo y la guindilla (o pimiento sustitutivo adecuado: ¿has probado con chiles?).
Y hasta aquí el rincón de Sergi Adrià.

Javivi -

Pues no te pongas a vivir con un siciliano, como es mi caso ahora, porque platos como las caponatas, lasagnas, la pasta alla norma, la parmigiana o la pizza las hacen como nadie. Yo contraataco con mi salmorejo, mi ternera con salsa de patata y champiñón, mis ensaladas de bacalao y naranja, mis vinagretas de miel y mermelada, mis penne all'arrabbiata, mis borrajas con almejas (excelete plato que inventaron en nosequé restaurante zaragozano) y, por supuesto, con toda la artillería de cocina familiar soriano-zaragozana. Las batallas son cruentas y las víctimas, muchas...
Por cierto, conmigo será más fácil coincidir a partir de noviembre, pues me mudo a la capital maña, gracias a un contrato en la Universidad. Habrá que celebrarlo, Sergio y amigas-os blogeras-os!
PD: tienes espacio para abrir otro blog, como el de los libros? Qué tal uno culinario, para compartir recetas (con preparación y foto final, claro)?

S. del Molino -

Duelos culinarios. En mis épocas de pisos compartidos sí que hemos hecho alguna competición, pero sin vencedores ni vencidos (así de fair play éramos). Con una compañera vegetariana aprendí los mil usos de la lombarda, otra me enseñó un postre de croquetas de arroz con plátano, mis queridos canarios me descubrieron los secretos de las papas arrugás y del arroz criollo con tostones de plátano macho, otra me enseñó que con una estufa no hacía falta horno para preprarar unas pizzas cojonudas; el cosmopolita Asier era el rey de las ensaladas con un toque crujiente, y cierta malagueña hacía unas crêpes que nos comíamos de seis en seis rellenas de mil cosas. He aprendido un montón de los demás, aunque mi repertorio de platos básico sigue estando inspirado en la mejor cocinera que he tenido la suerte de conocer: mi señora madre.
No estaría mal organizar una jornada de pringue de cocina colectivo. Lo difícil es coincidir...

Javivi -

¿Solamente el vino? A mí me encanta invitar a amigos para que vengan a casa a cocinar. Se aprende mucho viendo a otras personas manejando tus sartenes, hornos y cazuelas. Cuando viví en Londres, en casa teníamos por costumbre que mi compañero chino cocinase algo "suyo" y yo algo "mío", y después lo juzgaban las compañeras (argentina, gaditana y azerbayana). Las mezclas de risottos y gambas a la soja, de tortillas y salmones en papillote con washabi (¿se escribe así?), de la pasta al pesto (natural) y la pasta de arroz frita, eran simplemente espectaculares (amén de pantagruélicas). Al final, quien había cocinado peor, por veredicto popular, debía pasar por debajo de la mesa, como hacíamos de enanos en el futbolín. Cuando quieras, lo repetimos.

S. del Molino -

Claro, pero el vino lo pone el invitado.

Anakrix -

Puede que no vayamos a ninguna parte, pero tus sábados gastronómicos suenan de rechupete. ¿Invitas?
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