Blogia
El Blog de Sergio del Molino

ESTOS ALEMANES ESTÁN LOCOS

ESTOS ALEMANES ESTÁN LOCOS

Este blog cada vez se parece más al Corte Inglés. Esta semana, por lo visto, celebramos "la semana alemana". Disfrútenla, amigos, porque espero que después de este artículo Alemania no aparezca por aquí en una temporadita. Hoy, sin embargo, no puedo resistirme a hablar de Günter Grass y de sus confesiones a media luz.

Se está liando gorda en un país siempre propenso al debate (costumbre que todos deseamos que se mantenga, porque cuando les da por ponerse de acuerdo y seguir a señores bajitos y chillones...). Grass dice en sus memorias a punto de publicar que perteneció a las Waffen-SS con 17 años, y la caja de pandora se ha desatado. Le están poniendo a caldo y algunos le piden que renuncie al Nobel y al Príncipe de Asturias, pues los ganó haciendo trampa. ¿Por qué se ha callado durante tantos años que perteneció al cuerpo encargado de vigilar los campos de exterminio? Es más, ¿por qué lo cuenta ahora? Las preguntas son un poco ociosas, y la indignación de muchos me suena a rencores reprimidos y a vendettas más propias de latitudes latinas que de sosegados parajes germanos. Mal remedio tiene el embrollo: esta temporada, el mundillo literario y periodístico alemán va a comer picadillo de Grass hasta hartarse. Se van a poner las botas, aunque no faltarán voces que le defiendan.

Al margen de que, según tengo entendido, el Nobel que le dieron a Grass fue debido a una obra literaria que tiene valor en sí misma sin que importe si su autor es tal o cual cosa, el asunto -y lo que te rondaré, morena- dice mucho de nuestro infantilismo y sectarismo. Infantilismo, porque nos comportamos como niños acomplejados que buscan referentes paternos sin mácula; niños que no soportan descubrir que sus papás no son como ellos imaginan. Sectarismo, porque vamos por la vida buscando referentes, luces entre las tinieblas, gurús adorables.

La culpa de todo, como dirían Def Con Dos, no la tiene Yoko Ono (aunque también), sino Émile Zola, que se sacó de la manga el concepto de intelectual. Desde entonces, el canon dice que el intelectual es una persona que ha alcanzado la excelencia en el campo de las artes, de la literatura, del periodismo, de la música o de la ciencia y, una vez alcanzado ese reconocimiento, aprovecha la proyección pública ganada por su labor para ser la conciencia de la ciudadanía. De ahí a convertirse en un referente, van pocos pasos. Esta concepción nos lleva a escuchar estupideces como esta todos los días: "Ahora no hablo como escritor/periodista/filósofo, sino como ciudadano". ¿Cómo? ¿Es que los escritores/periodistas/filósofos no son ciudadanos? ¿Tienen que bajar de la tribuna? Hay que joderse.

¿Cuál es el principal peligro de todo esto para el autor? Que su imagen pública termine valiendo más que su obra. Eso le ha pasado a Grass, que ya no era querido por ser un buen narrador, sino por sus discursos y artículos, por sus apariciones públicas abanderando una moralidad sin mancha. Cuando los alemanes han flaqueado en su sentimiento de culpa y han menudeado los discursos de contemporización con aquellos abuelos que, al fin y al cabo, vivieron la sociedad que les tocó vivir, Grass siempre ha salido al paso firme y atronador recordando a sus compatriotas que no hay contemporización que valga: Alemania es culpable del horror y todavía tiene mucha culpa que expiar, así que todo el mundo debe agachar la cabeza.

Un amigo que conoce bien la sociedad alemana siempre me insistía: "No hay país más avergonzado de su pasado que Alemania. Se nota en todas partes". Günter Grass es uno de los que han forjado esa conciencia de vergüenza, y ahora ha decepcionado a muchos que le creían faro en las tinieblas. Decepciones así pasarán siempre que nos empeñemos en buscar luces y no asumamos que hay que avanzar a tientas. Günter Grass es un ser humano. Un ser humano que, por azar, nació en Alemania en 1927 y que en 1944 era un chaval de 17 años. ¿Qué esperaban, que plantease una objeción de conciencia, que supiera entonces lo que ha sabido después? ¿Qué angustia, qué culpa y qué vergüenza ha arrastrado todos estos años? ¿Y para qué? Todo esto, ¿para qué?

Si por lo menos con esto aprendemos que el tiempo de los héroes quedó en la Odisea, la confesión de Grass tendrá un componente de catarsis social que trascenderá su catarsis personal. Pero como sustituiremos a Grass por otro escritor de voz potente y ademanes dignos -pongamos Saramago, por ejemplo, que también tiene un Nobel en su vitrina-, me temo que el autor de El tambor de hojalata ha ofrecido su cabeza en vano. ¿Seremos tan lerdos como para leer ahora sus libros con otros ojos, como hemos hecho con otros autores? ¿Cuándo dejaremos de ser tan infantiles y tan sectarios? A un escritor hay que pedirle buena literatura y adjetivos certeros, y de eso, el pobre ha dado ya buenas raciones. Ha cumplido.

El día que los artistas dejen de ser intelectuales, todos podremos ser ciudadanos de verdad.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

8 comentarios

Alberto -

Nuy buena discusión. Les recomiendo estos artículos sobre Grass y el nazismo en el Blog:

http://fliegecojonera.blogspot.com/

un saludo¡¡¡

Severiano Delgado -

Cuando se empieza a hurgar en el pasado de la gente, en tiempos revueltos de guerras y destrucción política y moral, nunca se sabe lo que va a salir.

Luis Ciges, el actor (1921-2002), era hijo de Manuel Ciges Aparicio, notable periodista y escritor de la época de la República, hoy olvidado. Ciges (padre) era amigo de Manuel Azaña y ejerció de gobernador civil de varias provincias, la última de ellas Ávila, donde le sorprendió el golpe militar. Los sublevados primero le encarcelaron y luego lo fusilaron. Una vez oí decir a Ciges (hijo) en la tele que él vio cómo fusilaban a su padre. Nunca pudo superar la amargura.

He tomado por ahí un fragmento de una entrevista (El País,12-12-02). No lo puedo poner entero porque es de pago, pero os podéis hacer una idea. ¿Quién podría reprocharle a Luis Ciges que se alistara en la División Azul? Yo no, desde luego.

Luis Ciges murió en el asilo donde llevaba internado los últimos meses. Los restos del actor serán incinerados hoy en la Almudena, a las doce del mediodía. "José Luis García Sánchez y yo intentamos visitarlo, pero no quiso vernos, no quería saber nada de nadie", dijo ayer Luis García Berlanga. "Era un hombre instalado en su peculiar amargura y también en la soledad, arrastraba una depresión que probablemente empezó en 1936", añadió José Luis García Sánchez, que lo dirigió, entre otras, en La corte del faraón y El vuelo de la paloma.

Ciges vivió una adolescencia atroz. Nacido en Madrid en 1921, tenía 15 años cuando un grupo fascista acribilló a balazos a su padre, el gobernador republicano de Ávila Manuel Ciges Aparicio, que acababa de salir de la cárcel y que ya tenía los papeles para irse a Cuba con su familia. Ciges, su madre y sus tres hermanos fueron obligados a recluirse en un convento ("mi madre y mi hermana se fueron a un convento de clausura, y yo y mis hermanos, a uno de frailes castigados", recordaba en una de sus últimas entrevistas el actor). "No comíamos, nos trataban fatal, era una cosa horrorosa. Cuando acabó la guerra, nos dieron a elegir: seguir allí o entrar en el Tercio de Orden y Policía. Así que nos fuimos, mi hermano pequeño y yo, a Elizondo, con los requetés, a andar las vías del tren por si había petardos, y a cerrar los burdeles que viéramos abiertos".

Terminada la guerra, el joven Ciges se ve obligado a otra misión: alistarse como mercenario (enviaba su sueldo a su madre, hermana de Azorín) en la División Azul: "Estuvimos de octubre a octubre, en Polonia, Leningrado... Yo era el despistado número dos y me mandaban las cosas más raras. Cruzar el campo de batalla con una carretilla. Subir una montaña en trineo...".

En la División Azul, Ciges conoció... (aquí sigue de pago)

S. del Molino -

Severiano: gracias por la aclaración.
Anakrix: no sé realmente que refleja este retraso en la confesión, de lo que no me cabe ninguna duda es de que no hacía falta que nos diera explicaciones, por lo que hay que agradecerle el gesto.
Cide: no sé, con Cela hay algún punto oscuro de mayor calado, como el asunto de las delaciones, sin contar con que literariamente fue un oportunista en todo momento y lugar, y colaboracionista activo con el régimen. El caso de Cela, en el que se ha leido "La familia de Pascual Duarte" como un alegato antifranquista cuando es precisamente una justificación de la Cruzada en los términos ideológicos que gustaban en quienes la dirigían, me alucina. Lo cual no quita para que leamos su obra sin prejuicios, pero teniendo en cuenta que, sobre todo en su primera etapa, política y literatura anduvieron de la mano.
jcuartero: Lo de Berlanga, sí y no. Porque Berlanga (y creo que el fallecido Luis Ciges, con quien coincidió) nunca ha pretendido ocultar ni disimular su pasado. Siempre lo ha asumido y nunca ha tenido reparos en hablar de ello. Grass lo ha mantenido oculto y respondía vagamente cuando se le preguntaba por la guerra.

jcuartero -

Un caso que guarda cierto parecido es el de Berlanga y la División Azul. Circunstancias personales le hicieron enrolarse en esa pozoña, lo que no resta ningún mérito a sus películas, ni a la legitimidad moral para reflexionar sobre ciertos temas como la libertad o la pena de muerte

Cide -

parecido pasa aquí con la relación que tuvo Cela con la censura. Nadie se acuerda de los problemas que tuvo para publicar La Colmena, pero nos gusta mucho recordar que fue censor. De una revista de monjas, eso sí, que eso tampoco se dice.
Mariano Constante nos contó en una conferencia sobre su paso por Mauthausen que el 80% de los alemanes tenían el carnet del partido nazi. Tienen razones para avergonzarse de su historia. Igual que aquí no podemos olvidar que la plaza de Oriente se llenaba para aclamar al caudillo.

Anakrix -

Pensé lo mismo que vosotros cuando leí la noticia. Como dices tú, Sergio, la confesión no afecta a la calidad literaria de la obra de Grass. Pero es que, además, se le está crucificando por algo que hizo durante apenas tres meses cuando tenía 17 años. No es justo. Su trayectoria posterior, sus muchos años denunciando la barbarie nazi y defendiendo la democracia han limpiado de sobra aquel error. Es cierto que podía haberlo confesado antes, pero en mi opinión, ese retraso sólo refleja la profunda vergüenza que Grass ha arrastrado durante décadas por algo que no fue más que un accidente de juventud.

Severiano Delgado -

Se me olvidaba. Las Waffen-SS no se ocupaban de la vigilancia de los campos de concentración. La SS (Sección de Seguridad, se puede traducir) era la milicia del partido nazi y tenía tres secciones: SS-Allgemeine (SS-general, para asuntos administrativos), SS-Totenkpof (SS-Calavera, para la vigilancia y administración de las prisiones y campos de concentración) y Waffen-SS (Armas-SS, con funciones puramente militares).

Las Waffen-SS estaban siempre en el frente de batalla, con el ejército (Wehrmacht). De modo que Grass no tuvo nada que ver con los campos de concentración.

Severiano Delgado -

Estoy muy de acuerdo contigo, Sergio. Lo que dices más arriba se parece mucho a lo que pienso sobre el asunto, pero bien escrito. Günter Grass es un buen escritor, una buena persona, un buen ciudadano europeo, con independencia de los premios que le hayan dado. No veo motivo para que se metan con él por el hecho de que a los 17 años se apuntara (o le apuntaran) a las Waffen-SS, cuando ya se encontraba, desde los 15 años, en el servicio militar obligatorio. Eso mismo le pasó a miles y miles de alemanes. Desde 1945 hasta nuestros días, en la construcción y funcionamiento de la República Federal Alemana han participado millones de personas que, de grado o por fuerza, tuvieron relaciones con el nazismo. Realmente, mientras duró el régimen de Hitler era imposible vivir en Alemania sin tener algún tipo de relación con el nazismo.

Lo que ha hecho Grass más bien me parece un rasgo de honradez.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres