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El Blog de Sergio del Molino

A COCINAR, A COCINAR (y 2)

A COCINAR, A COCINAR (y 2)

Sin ánimo de convertir este fumadero de opio cibernético en una página para gourmets y cocinillas, me apetece hablar un día más de la relación entre los fogones y la letra impresa. Las circunstancias vacacionales me han dejado solo con el suplemento Heraldo Domingo y, por tanto, ayer me tocó corregir con minuciosidad las pruebas de todas las páginas. Y he de decir que, con permiso del resto de compañeros y de yo mismo, que también firmo unas cuantas hojas, lo que más he disfrutado ha sido la sección "Pucheros y placeres", que escribe con elegancia y tronío el gran José Luis Solanilla. En serio, creo que el maestro Solanilla -que no engorda un gramo pese a tener la mesa llena de invitaciones de restaurantes- está haciendo el mejor periodismo gastronómico que se ha hecho nunca en esta pequeña gran región de la Unión Europea. En una parcela periodística tan dada al compadreo, al capillismo y a la publicidad encubierta, José Luis se guía por su solo criterio y su buen gusto, y eso acaba por notarse.

Ayer le dije que su prosa se acerca cada día más a la de los clásicos, transmitiendo una serenidad que abre el apetito de la más anoréxica. Él se lo toma a cachondeo, pero es verdad. Es más, a ver cuando nos obsequia con un librito que recopile esos artículos semanales. Tendrá que darse prisa y aprovechar el tirón, porque la gastronomía está de moda también en las librerías. Ya se han acabado los tiempos en que los únicos libros de cocina eran recetarios con erratas y faltas de ortografía. Ahora, la competencia se ha puesto dura: algunos escritores han descubierto que no se les da mal la agradecida afición de gourmet, y algunos cocineros -menos, muchos menos- han descubierto que con la palabra pueden ser casi tan sublimes como con la cazuela. No es el caso, siéntolo mucho, de Sergi Arola ni de Ferran Adrià (de quien un pajarito me ha dicho que no sabe hilvanar dos frases seguidas sin decir "hostia puta", "joder", "mecagüen").

Uno de esas 'rara avis' que combinan los dos talentos es Abraham García, que se ha hecho famoso por sus artículos en El Mundo, que participa en varios blogs gastronómicos y, de cuando en cuando, nos obsequia con un librito. Todavía ninguno de ficción, pero ha confesado alguna vez que tiene escritos unos cuentos con el mundo de las setas y de los montes de su infancia como denominador común.

El estilo de Abraham es como su cocina: de una austeridad castellana que tiende a desbordarse por el lado barroco de la adjetivación y la metáfora, pero sin caer en extremos caribeños. Creo que leer su prosa y comer en su restaurante, Viridiana, son experiencias parecidas. Yo sólo he comido una vez en Viridiana (muy cerquita del Retiro, en Madrid), pero nunca olvidaré esa presa ibérica preparada en una olla de piedra poblana y servida en tortillas mexicanas, ni esos huevos de corral con foie. Dios, qué hambre me está entrando. Viridiana es un pequeño local muy discreto, que pasa desapercibido al paseante, pero que durante muchos años ha sido referencia y punto de encuentro de cierta "gauche divine" madrileña. En sus mesas han fumado puros y bebido copas García Márquez, José Hierro, muchos directores de cine y muchos actores extranjeros de visita en la ciudad. En realidad, cualquier amante del exceso y de la carcajada tiene un hueco en el lugar, siempre que pueda pagarlo (la cuenta se gana allí el apelativo de "dolorosa") o logre ser invitado por el dueño.

Ahora, Abraham está viajando por todo el mundo para documentarse para su gran proyecto: escribir el gran libro de la casquería. De sus peripecias por Albania, país virgen para los gourmets, dejó un ramillete de artículos preciosos. Es un gran cronista que da la impresión de estar dejando de lado los hornos por la pluma. En fin, que cunda el ejemplo y salgan más cocineros como él. Mediáticos, sí, pero no fashion.

PS: Como no podía ser menos, Abraham admira mucho a Josep Pla, que ha sido, es y será el gran escritor gastronómico de este país. Pero eso es otra historia.

PS 2: Me olvidé de comentar mi tragedia culinaria en tierras portuguesas. Nada que objetar a las maravillosas tascas ni a los restaurantes, pero un día, comiendo en la Alfama, vimos que el telediario cubría la información del "día de las francesinhas". ¿Lo qué? Al parecer, se celebraba en Oporto y consistía en algo parecido a la Octoberfest pero con una especie de sandwiches extraños en vez de jarras de cerveza. Un tipo gordo y hermoso hablaba a cámara satisfecho de haberse zampado unas 350 francesinhas sin apenas inmutarse. Al día siguiente, pasamos por un sitio que ofrecía francesinhas, y a mí se me antojó una. A ver que es esto, me dije. Grave error. Lo que me sirvieron fue un sandwich de carne de cerdo (imposible adivinar de qué parte del animal) recubierto por queso de gratinar pasadito por el grill de un microondas y servido en una cazuela metálica inundada literalmente por un mar de salsa concentrada de carne Perrins. Woody Allen dijo que la tortilla de patata del Ritz parecía "vulcanizada". Pues pídase una francesinha en Portugal, Mr. Allen, a ver qué cuerpo se le queda. Yo me tuve que lavar los dientes a conciencia después de aquello.

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1 comentario

columna -

Parece ser que tienes mucha relación con zaragoza. Bien podías haberte dado una vueltecica pr Cálamo que celebraba sus 25 años aguantándonos.
Un saludo.
S, Manrique.
http://manrique,6x.to
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