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El Blog de Sergio del Molino

MÁS STRANGEHAVEN

MÁS STRANGEHAVEN

Estas manitas que se han de comer la tierra ya tienen la tercera parte de Strangehaven, cómic británico del que ya se ha hablado en este rinconcito (copiad y pegad esta dirección en vuestro navegador, porque temporalmente no me funcionan los hipervínculos: http://sergiodelmolino.blogia.com/2006/041001-strangehaven.php). Recién editada en España. Una gran incorporación a la cada vez menos modesta sección "cómic" de mi biblioteca. No voy a repetir lo ya dicho, pues la historia sigue con los mismos planteamientos y la misma sobriedad enigmática que comenté aquí, por lo que os remito a lo ya dicho.

Esta nueva entrega del cómic de Gary Spencer Millidge viene con prólogo de Dave Gibbon (veterano historietista de DC, donde ha dibujado a Superman, a Batman, a Watchmen...). Un prólogo que no hace honor al libro que preludia. Su argumentación básica es que Strangehaven es un cómic muy británico. Y esto, en un momento en el que ciertas complejidades globales y ciertas amenazas terroristas conduzcan a que ya ni The Times (de capital australiano, por cierto) sepa qué coño es ser británico. Pero Gibbon lo tiene claro, y para sustentar su aseveración, dice: "Es un cómic muy educado. No reclama atención para sí mismo, no grita ni se pavonea (...). Es un cómic muy contenido (...). Es un cómic con los pies en la tierra (...). Es un cómic hecho con calma. Como el seguimiento de la pelota por los comentaristas de criquet, se desarrolla de forma medida y discreta (...). Es un gusto adquirido. Como la salsa HP, la Dark Mild o los huevos en salmuera (...), y la verdad es que no se hacen en ninguna otra parte del planeta".

Lo primero que hay que deducir de esto es que Gibbon tiene a sus compatriotas en muy alta estima: los británicos son educados, discretos, contenidos, calmos y originales. Ojalá pudiera decir yo lo mismo de mis vecinos. "No grita ni se pavonea" (¿como un hooligan, tal vez?). "Con los pies en la tierra" (¿como un parado de larga duración de Glasgow de vacaciones en Mallorca con un pedo fenomenal a las cuatro de la tarde y meándose en la vía pública?). "Como el seguimiento de la pelota por los comentaristas de criquet" (¿o como las orejas mordidas en un partido de rugby?). Vamos, Gibbon, no me jodas.

Lo que Gibbon atribuye a la "british way of life" no son más que generalidades aplicables a cualquier nacionalidad. Incluso el gusto por contar historias, que no he citado, pero que Gibbon considera el no va más de lo británico. Pues si algo tienen en común un esquimal canadiense, un jubilado coreano de Hyundai, una tatuadora ceilandesa, un delegado electoral suizo, un concejal de Guarromán (Córdoba), un multimillonario californiano y un niño perdido en el centro de Buenos Aires es, precisamente, que a todos les gusta contar y que les cuenten historias. Es un vicio anterior a la literatura escrita misma, y el cómic no es más que una de sus últimas manifestaciones (y, por supuesto, el cómic nació anglosajón, pero no británico).

Qué manía con nacionalizar las cosas, redios. Si Strangehaven fuera tan irremediablemente británico, no deberían esforzarse en traducirlo y editarlo en el extranjero, pues no íbamos a entender su idiosincrasia. Por fortuna, la realidad es que la historia transcurre en un pueblo pequeño, y gracias a la idea platónica de "pueblo pequeño", todos podemos entender los implícitos y las insinuaciones de la historia. Pero no se lo contéis a Gibbon, que se chinche y se quede con sus pastitas de té y su roast-beef con salsa de menta.

En fin, que me gusta Strangehaven y se lo recomiendo a todo el mundo, aunque no podamos disfrutarlo a los mismos niveles que un chaval de Essex que desayuna gachas.

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