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El Blog de Sergio del Molino

TÓPICOS DE VERANO (3): LAS PAELLAS

TÓPICOS DE VERANO (3): LAS PAELLAS

Recuerdo dos momentos críticos en todo veraneo playero familiar. Primero: cuando tu padre, tras un vermú más largo de lo habitual, decide invitar a todos a degustar una paella en un chiringuito. Segundo: cuando tu tío, tras un vermú más largo de lo habitual, da una palmada destrozalomos en la espalda de tu progenitor y grita: "¡Cuñado, hoy hacemos una paellita!". En ambos casos, había que tener preparada una buena excusa para escaquearse, pero las buenas excusas siempre llegan al aparato fonador cuando ya han dejado de ser necesarias. La imaginación no entiende de efectividad.

En el primer momento crítico, la familia extensa se reunía en torno a una mesa con mantel de papel sujetado por unas pinzas pringosas que un señor de camisa blanca, pajarita y bigote colocaba con muy mal genio en cada esquina.

Pronto quedaba demostrado que éste era un recurso ingenioso, pero inútil: a la abuela se le caía el vino con gaseosa nada más empezar y los primos de Badajoz aprovechaban para romper a tiras el otrora mantel. Para cuando llegaba la paella, sólo quedaban unos jirones junto a las pinzas pringosas.

Cuando servían la comida, el primo regordete de Badajoz gritaba: "¡Yo quiero el socarrado!", y recibía por respuesta un capón de su padre. Violencia estéril, pues nunca se encontraba ni un recuerdo del socarrado por el que luchar.

La presunta paella eran en realidad unos puñados de arroz recocidos y apelmazados, con un exceso de colorante alimentario marca Acme y mucha judía verde. Sin olvidar lo más importante: los ojos. Nosotros lo llamábamos arroz con ojos, pues ésa era la única parte del cuerpo de la gamba que hacía acto de presencia. Del resto del crustáceo, nunca se supo.

Casi peor era la segunda situación crítica, cuando tu tío y tu padre organizaban un portentoso tinglado en el patio del chalé, vestidos con sendos delantales de "El mejor papá del mundo" y armados con las pertinentes espumaderas.

La cosa empezaba de forma amigable, pero acababa en duelo de esgrima con los utensilios de cocina como espada. Ahí se dirimían las grandes cuestiones que traen de cabeza a la humanidad: el arroz, ¿se echa antes o después del agua? ¿Se debe usar agua o caldo? ¿Las judías verdes son un recurso de muerto de hambre?

Y, después, las mismas discusiones de todos los años: "Claro, como a ti te pagó los estudios mi madre…". "Porque veía que de mí podía sacar partido, y no del cabeza de melón de su hijo…".

En fin, un duelo culinario de altura, tras el cual toda la paella acababa siendo socarrado, para regocijo del primo regordete de Badajoz. "Eso es cancerígeno", le decía mi madre. "¿Lo cuálo?", respondía él, rebañando con saña la paellera.

Cancerígeno, no sé, pero años después pidió un crédito para una liposucción de urgencia, después de arañar muchos fondos de sartén.

Y así es como empiezan las grandes guerras familiares. ¿O no?

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5 comentarios

Anakrix -

Yo también te he ido leyendo este verano, Sergi. Aunque mi favorito no es del veraneante, sino que me debato entre otros dos: el del socorrista acosado por las chicas y el de los "pantalones cortos de vestir", que no pueden faltar en el guardarropa de todo señor elegante y veraneante. Supongo que ya les llegará el turno de aparecer en este blog!

S. del Molino -

Gracias, será que lo del Veraneante lo escribí sin pensar. Creía que se había acabado la serie y me di cuenta de qué faltaba uno. Lo escribí a todo correr en el último momento, por eso quizá es el que mejor ha quedado.

Cide -

Me gustan estos artículos sobre los tópicos de verano. Pero igual que opinaban por ahí abajo me quedo con el del Veraneante que salió en Heraldo este domingo. Lo he traído a mi curro y ha hecho furor entre los que se consideran que son de pueblo. El resto, discreto silencio.

S. del Molino -

Pues yo al mío le pondría "Salmonelosis Garden" o "Molino's" o "La freuduría-bocatería-sandwichería-cervecería-cafetería-heladería del Sur".

Severiano Delgado -

A mí siempre me ha atraído la idea de montar un chiringuito playero, sólo para ponerle de nombre "El palacio de la zarzuela".
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