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El Blog de Sergio del Molino

FIIIIIIIR... ¡MES!

FIIIIIIIR... ¡MES!

A ver si me aclaro. Según tengo entendido, el servicio militar obligatorio nació durante la Revolución Francesa como una medida progresista: la nación se defiende a sí misma de una amenaza exterior, no es el reino el que recluta siervos para proteger sus privilegios. A la derecha le daba mucho asquito todo lo que oliera a populacherismo revolucionario, así que se cargó casi todo, pero dejó la mili. De ella se encaprichó. A una Europa despojada de ritos de paso indígenas le venía bien dejar clara la frontera entre niños y hombres hechos y derechos. Total, que con ese glorioso invento de barracones, camaradería, piojos y aprendizaje del sublime arte de cargarse al prójimo, no hubo dificultades para montar dos grandes guerras en el siglo XX. ¿Se acuerdan?

Pero pasó la amenaza nuclear, llegaron la televisión en color y los videojuegos y los jóvenes decidieron que se estaba mejor en los futbolines que en la cantina de reclutas. También consideraron que para ir al campo bastaban una tartera y un poco de crema solar, pero que deslomarse en maniobras absurdas no iba con ellos, así que le dijeron al gobierno que a la mili fuera Rita. Oh, paradoja de las paradojas, la misma izquierda que armó los ejércitos de Napoleón y de Trotsky se negaba ahora a engrosar sus filas. Era la derecha pretendidamente liberal (esto es, asqueada de gregarismos y amante de la diferencia, al menos en su discurso) la que defendía la medida revolucionaria.

Aquellos años ya pasaron, y salvo en lugares de ficción, como Grecia -donde el servicio militar obligatorio dura dos años y las deserciones se castigan duramente-, Europa entera dejó en manos de mercenarios más o menos bien pagados la defensa de la nación. El pueblo puede pasar del tema y dedicarse a jugar al mus. No se le exige obediencia. Todos los blasillos pensamos: "stupendo". Por el camino quedaron algunos insumisos de los que tristemente ya nadie se acuerda, pero cuyo arrojo y valentía hizo posible que nos quitáramos de encima esa lacra absurda.

Lo teníamos clarito y ya nos disponíamos a salir a tomar unas cervezas con los amigos, sin temor de recibir una carta certificada llamándonos a filas, cuando Sarkozy en Francia ha despertado al fantasma. En un derroche de imaginación sin precedentes, el líder conservador quiere acabar con la afición juvenil a la quema de vehículos bien estacionados con unos meses de servicio cívico. Devuelvan al Estado lo que el Estado les da, dice, como si el Estado fuera un ente demiúrgico sediento de sacrificios. Verán como después de unos meses cosiendo banderas y entonando la Marsellesa se les pasan las ganas de andar montando follón. Sí, señor Sarkozy: usted sí que sabe como resolver problemas complejos.

Con todo lo que costó meter un poco de luz en el absurdo del "servicio al Estado", ¿resulta que ahora nos lo van a colar de refilón otra vez? "Quiero una Francia en la que los alumnos se levanten cuando entre el profesor", ha sentenciado el prócer. Y yo quiero que en los urinarios públicos haya papel, señor Sarkozy, pero no voy a hacer de mis delirios y de mis pequeñas frustraciones una cruzada.

En fin, que, incluso aunque la iniciativa cuaje y se exporte, a mí ya no me pilla, pero me gustaría que mis hijos crecieran sintiéndose tan solo ciudadanos, no deudos de un Estado que exige fidelidades a punta de pistola. Creía que la normalidad y las relaciones no esquizofrénicas estaban haciendo de este mundo un lugar un poco más habitable, pero ya veo que hay muchos Sarkozys empeñados en hacernos formar en el patio.

Recomiendo a Sarkozy que vea El sentido de la vida, de los Monty Python. Puede saltarse el resto de la peli si hiere su hirsuta sensibilidad, pero le rogaría que no se perdiese la parodia de la vida castrense, con Michael Palin haciendo de sargento que grita a sus reclutas: "¡Nada hay más importante en esta vida que el servicio a la patria! ¡Nada hay más importante que el Ejército! ¿Es que alguien tiene algo mejor que hacer que pasarse toda la tarde desfilando patio arriba y patio abajo?". Uno le contesta: "Esto... yo querría acabarme un libro". Otro: "Pues yo quedaría para ir al cine con mis amigos, si no es molestia". "Yo me iría a dormir".

Pues eso, Monsieur Sarkozy: reúna a sus cabezas pensantes y organice una brain storming para solucionar los problemas juveniles. Pero quédense un rato pensando cosas, lea lo que los expertos han escrito sobre el tema, consulte a la gente implicada... En fin, haga su trabajo, que lo del "servicio cívico" no pasaría la primera criba en ninguna discusión creativa.

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2 comentarios

S. del Molino -

Jajajajajaja.
Sí, es un poco Rompetechos, el pobre. Pero vamos, de ahí a compararlo con Hitler... Todavía no hay milicias gaullistas, aunque todo se andará.

Cide -

Este señor se ha debido escapar de un tebeo. Y eso da miedo. Hitler también parecía escapado de un tebeo con esa pose y ese bigotito y acabó armando la de Dios es Cristo.
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