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El Blog de Sergio del Molino

¿QUIÉN VIGILA A LOS VIGILANTES?

¿QUIÉN VIGILA A LOS VIGILANTES?

Por más fan que fuera Cortázar y por más pasión que le eche Antón Castro a sus evocaciones, mi cerrazón mental me impide ver la belleza del boxeo. Y, sin embargo, me emociono hasta las lágrimas con Toro salvaje, con Más dura será la caída, con el dickensiano John Garfield de Cuerpo y alma (dios, qué gran peli y qué gran tipo) y, en menor medida, con el clasicismo ralentizado de Clint Eastwood en Million Dollar Baby. Tampoco me siento a gusto entre tíos que resuelven sus problemas a hostia limpia, y todo lo que huele a mafia me da náuseas y escalofríos. Y, sin embargo, se me eriza el vello cada vez que veo a Michael Corleone coger la pistola escondida en la cisterna del baño de ese restaurante del Bronx, y no pocas veces he sentido una preocupante e intensa empatía por ese gordo cabrón que gobierna Newark a punta de pistola llamado Tony Soprano. En la vida real, se me revuelven las tripas sólo de pensar en una velada de boxeo. ¿Por qué, entonces, me emociono con obras que loan su belleza?

Por suerte, no soy siempre así de contradictorio. No me caen simpáticos los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (no es nada personal, sino una natural y saludable aversión al uniforme y a todas esas cosas), y tampoco soporto las pelis, series o novelas donde los héroes son ellos. No diré que me desagradan por igual las ficciones y las realidades, pero casi.

Dice El Lute que la Guardia Civil de ahora no tiene nada que ver con aquella que clavaba astillas en las uñas de gitanos analfabetos. Pudiera ser. Quizá debamos agradecerles que no nos tengan a ralla y que nos saluden con un buenos días sonriente en lugar de causarnos lesiones en el recto, pero yo les sigo prefiriendo lejos de mí.

Y sé que lo tengo muy chungo, porque la España democrática ha traído una proliferación de uniformes nunca vista por estos lares. Un amigo mío cree que la mayor estupidez del nacionalismo son las policías autonómicas: "¿Qué pasa, que un palo de un antidisturbio duele menos si es de la Ertzaintza? ¿Los Mossos d'Esquadra ponen multas más benévolas?". Así lo deben sentir, pero yo siempre he pensado que duele más un golpe de un amigo que uno de un enemigo. Ellos sabrán.

En España me he acostumbrado a todo tipo de uniformes (ahora se rumorea que al PAR le haría ilusión tener una poli autonómica aragonesa. Miedo me da), pero en el extranjero siempre te sorprenden. Recuerdo pasar por Downing Street a la una de la mañana y ser saludado amablemente por el bobby que velaba el sueño del prime minister. "Good evening, sir", dijo con una sonrisa. De haber sido la Moncloa y un guardia civil, ¿habría resultado igual? En Buenos Aires, después de las movidas del corralito, recuerdo una ciudad casi policial, con tipos de chaleco antibalas junto a cada sucursal bancaria y cada centro oficial. En Francia, un gendarme en prácticas nos paró en un control y fingió entender la documentación en castellano, por no quedar mal delante de sus compañeros, que se estaban riendo de él. En Nueva York creíamos que nos iba a caer la del pulpo en la aduana, pero no pasó nada de nada. En México los uniformes eran militares, y temíamos caer en la mordida cada vez que un retén cortaba la carretera en Chiapas. Cruzando a Marruecos desde Melilla vi como un gendarme pateaba a un chaval que iba en bici, mientras la guardia civil contemplaba la escena en su garita. Allá donde voy, y en mi propio barrio también, los uniformes y las pistolas me producen una aversión casi orgánica.

Creía que lo había visto todo en materia policial, hasta que una noche, después de cenar la mejor pizza de mi vida en Nápoles, vimos un coche patrulla aparcado frente a una delegación de hacienda. Era un coche policial normal, con su sirena, sus agentes uniformados y sus escuditos. Lo raro era el cuerpo al que pertenecía: Policía Financiera. ¡Y estaban custodiando la delegación de Hacienda! Me pareció casi encantador. Pensé que podría haber también una policía escolar, una policía melómana en la puerta de los auditorios, una policía cuccinaria que vigilara que la pasta se sirviera al dente y una policía divertida que se encargara de detener a los tíos muermos que cortan el rollo en las fiestas. He investigado un poco (cinco minutos de gugleo, vaya) y creo que sólo Italia y Argentina tienen policías financieras. ¿Los detenidos se pasan la noche cuadrando balances en el calabozo?

Bien pensado, quizá no nos vendría mal copiar la idea y poner el cuartel general en Marbella.

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2 comentarios

S. del Molino -

Sí, ha sido un artículo muy visitado y muy comentado, todavía hoy, pero no puedo o no sé poner los comentarios en portada. Te respondo aquí a tu petición sobre tratar más temas de memoria histórica en el blog. Se van tratando conforme la actualidad lo exige o conforme me van saliendo, pero este no es un blog temático. Cuando publique más reportajes sobre la memoria, los iré colgando aquí. Gracias por tu aportación, Alfonso.

Alfonso (Matrix) -

No estaría de menos leer los comentarios del alcalde muerto a manos de los nazis de fecha 7 de mayo de 2006.

Saludos.
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